Si los principales actores de la nueva constelación de la política internacional se comportan como obedientes y pasivos testigos de la prepotencia de Estados Unidos, limitándose a emitir sonoras pero inconducentes declaraciones como respuesta a crímenes como el actual bloqueo integral en contra de Cuba, Washington no tardará un minuto en arremeter con todas sus fuerza contra esos países.
Atilio Borón / Rebelion
Los acontecimientos de los últimos años fueron testigos de una significativa mutación del sistema internacional. El equilibrio de fuerzas que había prevalecido desde el derrumbe de la Unión Soviética, signado por el predominio incontestable del unipolarismo estadounidense, fue erosionándose sin pausa y a un ritmo cada vez más acelerado en la medida en que actores y países de la periferia se convertían en pujantes centros de creación de riquezas y protagonistas de formidables avances tecnológicos.














