No es necesario abrazar al Gobierno de Maduro, ni siquiera simpatizar con él; sólo hay que entender cómo funciona la geopolítica y no perder de vista que todo conflicto nacional está condicionado por los intereses de las potencias.
Arantxa Tirado / www.elcritc.cat
El pasado 10 de septiembre, el Congreso de los Diputados votó a favor de una simbólica proposición no de ley del Partido Popular (PP) que instaba al Gobierno español a reconocer al líder opositor venezolano, Edmundo González Urrutia, como “presidente electo” de Venezuela. En la intervención de defensa de la proposición, Cayetana Álvarez de Toledo interpeló a la izquierda: “Hay una izquierda tuerta que sólo ve dictaduras de derechas o que piensa que Maduro es un dictador pero, al menos, es nuestro dictador. Al blanquear a Maduro, se ensucia a sí misma”. E instaba a la izquierda a aprender el presidente chileno, Gabriel Boric, quien se ha pronunciado en varias ocasiones denunciando el “régimen de Maduro”, tildándolo abiertamente de “dictadura” y posicionándose del lado de una izquierda “profundamente democrática que respete los derechos humanos sin importar el color de quien los vulnere”.