domingo, 11 de enero de 2009

Puerto Rico: El movimiento independentista (1)

James M. Blaut* / Claridad
(Fotografía: Monumento a Ramón E. Betances, Plaza de la Revolución de Lares, Puerto Rico).
Debo decir una palabra, al menos, sobre la evolución de la lucha por la liberación nacional de Puerto Rico. La lucha por la independencia comenzó plenamente con las instrucciones conectadas en Cuba y en Puerto Rico en 1868. En Cuba, éste fue el comienzo de una guerra mayor. La Primera Guerra de Independencia. En Puerto Rico, la rebelión, “El Grito de Lares”, fue suprimido en cuestión de semanas. Se ha dado un gran debate sobre las causas de la derrota, y, como veremos, éste es parte del debate sobre la cuestión nacional (¿hubo un genuino movimiento independentista en ese momento en Puerto Rico?). Baste decir ahora que "El Grito de Lares" fue una insurrección policlasista, no, como muchos alegan, un movimiento de solo un sector de la clase terrateniente, y que su fracaso se debió principalmente a 1) la relativamente gran presencia militar española en esa pequeña y estratégica colonia, y 2) la traición de las fuerzas rebeldes antes de que obtuvieran la mayor parte de sus armas.
En todo caso, las insurrecciones cubana y puertorriqueña y el nivel del sentimiento anticolonial en Puerto Rico tuvo un efecto considerable sobre la política española. La emancipación de los esclavos —algunos de los cuales pelearon en el "Grito de Lares"— se sucedió rápidamente, en el 1873, y parra el 1897, España había virtualmente capitulado, concediéndole a Puerto Rico (y Cuba) el estatus autonómico que era no más colonial (ciertamente menos dependiente) que estatus del Canadá en relación a la Gran Bretaña de aquel tiempo. Por supuesto, en el 1898, el estatus cambió nuevamente, esta vez a una colonia de los Estados Unidos.
Cómo debe uno considerar el movimiento pro-independencia en Puerto Rico durante las primeras tres décadas del régimen Norteamericano es verdaderamente una cuestión de qué escalas se usan para medir. Los historiadores puertorriqueños a quienes llamaré más tarde en este mismo ensayo los “excepcionalistas puertorriqueños”, porque contemplan los procesos históricos en esta colonia como diferente a los de otras colonias en el mundo en períodos comparables, tienden a destacar la debilidad y la ausencia de organización independentista durante ese período, las tres primeras décadas del siglo 20. Yo prefiero destacar el hecho de que las fuerzas independentistas ni estaban organizadas ni fueron efectivas en la gran mayoría de las colonias europeas durante esa época. El desacuerdo de nuevo converge sobre la cuestión nacional. ¿Estaba Puerto Rico, por alguna razón, menos inclinado en este tiempo a desarrollar un movimiento de liberación nacional que las demás colonias; y explica esto, o ayuda explicarlo, el hecho de que Puerto Rico aún sea una colonia?
De todos modos la resistencia armada fue sofocada casi inmediatamente después de la invasión de 1898 y todos los procesos políticos aparentes fueron canalizados a través de una legislatura impotente electa por un sufragio muy limitado; el resultado fue un consejo legislativo típicamente colonial. Previsiblemente, el cuerpo legislativo representaba mayoritariamente a los sectores burgueses y mayormente respondía a las ambiciones personales de los políticos. Sin embargo, la posición independentista era probablemente la posición mayoritaria en el un tanto amorfo Partido Unionista que dominó la Legislatura hasta el 1912, y de allí en adelante los partidos independentistas eligieron representantes aún cuando no ejercieron influencia alguna en el estatus colonial de Puerto Rico. Añadieron confusión al asunto estaba el hecho de que el así-denominado Partido Socialista, levemente social-demócrata y arraigado en el incipiente movimiento laboral, que se encontraba bajo la influencia de la Federación Americana del Trabajo de Samuel Gompers, no respaldaba la independencia, manteniendo una posición mal definida de que los derechos del trabajador se habían alcanzado plenamente en los Estados Unidos y de que la asociación con los Estados Unidos, por lo tanto, podría resultar deseable para los trabajadores puertorriqueños.
La pregunta de si la mayoría de la clase trabajadora puertorriqueña, y de la población en su totalidad, favorecía la independencia en este período no puede ser contestada. Probablemente no tiene una contestación determinada, por la misma razón que los plebiscitos en las colonias son considerados sin sentido. (Todos los estudiantes del colonialismo recuerdan el plebiscito francés celebrado en Algeria en 1958 que mostraba que el 97% de la población deseaban permanecer bajo el régimen colonial. Cinco años más tarde, después de la liberación, se celebró otro plebiscito y exactamente el 97% no deseaba ninguna relación con Francia). Durante el período en que el colonizador parece mantener su poder impugnable, el pueblo colonizado tiende a tratar la política electoral de un modo esencialmente pragmático: vota por aquello que le parece alcanzable. Fue de hecho el reconocimiento de la realidad por el Partido Nacionalista en 1932 —la realidad de que la política electoral en ese momento no podía ser el instrumento de liberación— lo que introdujo la nueva época para el movimiento independentista, la verdadera primera época de efectividad independentista desde la invasión norteamericana.
Continuará…
Tomado de: Aspectos de la Cuestión Nacional en Puerto Rico – Escritos de: Loida Figueroa y James M. Blaut

sábado, 10 de enero de 2009

Perú: La democracia por construir

Sí existe un proyecto y una práctica democrática distinta, la que está en las comunidades indígenas. Es la democracia del “mandar obedeciendo”; de la reciprocidad, la equidad y la complementariedad. Un sistema en el que todos trabajan y todos disfrutan del fruto de ese trabajo. Una economía que no es para la acumulación sino para la satisfacción de las necesidades de todos y todas.

Wilmer Vilca Quispe / ALAI

El año 2006, en el Perú ocurrió algo sorprendente: Alan García Pérez volvió a Palacio de Gobierno, luego de haberlo dejado 16 años antes con una grave crisis, cuyos signos más evidentes eran una hiperinflación de cuatro dígitos, decenas de casos de corrupción en la administración pública, múltiples denuncias sobre violaciones a los derechos humanos y el país virtualmente cercado por el terrorismo de Sendero Luminoso.
Pero el García que volvía en el siglo XXI no era el mismo de su primer gobierno. Aunque en la segunda vuelta electoral, en la que compitió con el out-sider Ollanta Humala, aludió a la defensa de la soberanía nacional y de los derechos de los trabajadores para quitarle votos a su contrincante, lo cierto es que, apenas vuelto a Palacio, García se esforzó por demostrar su “cambio” a la derecha con la que se había reconciliado. Y desde entonces se ha dedicado a profundizar el modelo neoliberal, iniciado con la dictadura de Alberto Fujimori, y que ninguno de los sucesivos gobiernos (Valentín Paniagua, Alejandro Toledo) se atrevió a tocar ni con el pétalo de una rosa.
Curioso: en su primer período (1985-1990), García usó la demagogia populista precisamente cuando en el mundo emergía la globalización neoliberal. Y en el segundo, se aferra al neoliberalismo cuando en todo el orbe este modelo entra en crisis y es cuestionado incluso por sus propios iniciales promotores (Banco Mundial, por ejemplo).
El eterno candidato del APRA ganó la presidencia en nombre de la defensa de la democracia. Sin embargo, a lo largo de su gobierno no ha hecho otra cosa que seguir recortando sistemáticamente todos los espacios democráticos y los derechos humanos, económicos, sociales y laborales, que sustentan, por lo menos en teoría, la democracia.
Y violenta también los derechos de ese nuevo actor político que emerge en continente: los pueblos indígenas. Derechos que son reconocidos por instrumentos internacionales (Convenio 169 de la OIT, Declaración de la ONU). Lo hace en el afán de seguir privatizando y concesionándolo todo a las empresas multinacionales, adecuando la legislación a los tratados de libre comercio y, en resumen, continuar condenando al Perú a su papel de proveedor de materia prima y mano de obra de barata en la división del trabajo internacional. ¡Y hace todo esto en nombre de la modernidad!
Junto a esta profundización del modelo neoliberal, como la otra cara de la misma moneda, está la criminalización del ejercicio de derechos. El signo más visible de esto son los decretos legislativos emitidos en julio del 2007, que penalizan la protesta y dan “licencia para matar” a las fuerzas del orden en las manifestaciones.
Son cientos los dirigentes, líderes y luchadores sociales perseguidos, procesados, presos por defender sus derechos. Se interceptan los teléfonos y los correos electrónicos; se acosa a las organizaciones y organismos no gubernamentales vigilando sus cuentas; se permite la actividad parapolicial y paramilitar de las empresas mineras. Y la gran mayoría de la prensa solo hace el triste papel de coro áulico del gobierno aprista.
¿Se parece lo que aquí hemos descrito a una democracia? Obviamente no. Todo lo contrario. El gobierno aprista está convirtiendo cada vez más al Estado peruano en un Estado panóptico, que constriñe las libertades esenciales y los derechos individuales, colectivos y de los pueblos indígenas. El Perú vuelve al oscurantismo, con “modernas” inquisiciones y extirpaciones de idolatrías.
¿Hay salida para esto? ¿Cómo transformar una falacia de democracia en una democracia real, de todos y todas, para todos y todas? Una de las consignas del Foro Social Mundial es: “democracia sin fin para que el capitalismo tenga fin”.
Sí existe un proyecto y una práctica democrática distinta, la que está en las comunidades indígenas. Es la democracia del “mandar obedeciendo”; de la reciprocidad, la equidad y la complementariedad. Un sistema en el que todos trabajan y todos disfrutan del fruto de ese trabajo. Una economía que no es para la acumulación sino para la satisfacción de las necesidades de todos y todas.
Para hacer viable esta democracia, se necesita reestructurar totalmente el Estado uninacional y excluyente heredado de la Colonia y construir un Estado Plurinacional que exprese y promueva la diversidad.
Es un modelo que recoge nuestras raíces y se proyecta al futuro. Todos deben tener lugar en él. El autogobierno y el control de las autoridades no serán exclusivas de las comunidades indígenas, sino que se construirán de abajo hacia arriba, desde los barrios, los distritos, las provincias, las regiones…
La salud y la educación interculturales, el reconocimiento legal de la justicia originaria (“el derecho mayor”), son algunas de los temas que debe resolver el futuro Estado plurinacional. Y a esa tarea estamos convocados todos.
El autor es Maestro en Derechos Humanos y miembro del Comité Consultivo de la CAOI.

MST: 25 años de obstinación

La hegemonía del capital financiero y de las transnacionales sobre la agricultura, no consiguió, felizmente, acabar con el MST. Por un solo motivo: el agro-negocio no presenta solución alguna para los problemas de los millones de pobres que viven en el medio rural. Y el MST es la expresión de la voluntad de liberación de esos pobres.
João Pedro Stedile / LA VENTANA
En enero de 1984, había un proceso de reascenso del movimiento de masas en Brasil. La clase trabajadora estaba reorganizándose, acumulando fuerzas orgánicas. Los partidos clandestinos ya estaban en la calle, como el Partido Comunista Brasileño (PCB), el Partido Comunista del Brasil (PCdoB), etc. Habíamos conquistado una amnistía parcial, pero la mayoría de los exiliados habían regresado.
Ya se habían conformado el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y el Congreso Nacional de las Clases Trabajadoras (CONCLAT), impulsada por los comunistas que más tarde se fundió en la CUT. Amplios sectores de las iglesias cristianas ampliaban su trabajo de hormiguita, para ir generando consciencia y núcleos de base en defensa de los pobres, inspirados por la teología de la liberación. Había entusiasmo en todo lado, porque la dictadura estaba siendo derrotada y la clase trabajadora brasileña, a la ofensiva; luchando y organizándose.
Los campesinos en el medio rural vivían el mismo clima y la misma ofensiva. Entre 1979 y 1984 se realizaron decenas de ocupaciones de tierra en todo el país. Los posseiros (1), los sin tierra, los asalariados rurales, perdieron el miedo. Y fueron a la lucha. Ya no querían migrar más a la ciudad como bueyes que marchan al matadero (en la expresión de nuestro recordado poeta uruguayo Zitarroza).
Fruto de todo eso, nos reunimos en Cascabel, en enero de 1984, estimulados por el trabajo pastoral de la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), líderes de luchas por la tierra de dieciséis estados brasileños. Y allá, después de 5 días de debates, discusiones, reflexiones colectivas, fundamos el MST: el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.
Nuestros objetivos eran claros. Organizar un movimiento de masas a nivel nacional, que pueda concienciar a los campesinos para que luchen por tierra, por reforma agraria (implicando cambios más amplios en la agricultura) y por una sociedad más justa e igualitaria. Queríamos, en fin, combatir la pobreza y la desigualdad social. Y la causa principal de esa situación en el campo era la concentración de la propiedad de la tierra, conocida como latifundio.
No teníamos la menor idea de si eso era posible. Ni cuanto tiempo llevaríamos en busca de nuestros objetivos.
Han pasado 25 años. Mucho tiempo. Fueron años de muchas movilizaciones, muchas luchas y de una obstinación constante, de siempre luchar y movilizarnos contra el latifundio.
Pagamos caro por esa obstinación. Durante el gobierno Collor fuimos duramente reprimidos, con la instalación inclusive de un departamento especializado en sin tierra en la Policía Federal. Después, con la victoria del neoliberalismo del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, hubo luz verde para que los latifundistas y sus policías provinciales ataquen al movimiento. Y tuvimos en poco tiempo dos masacres: Corumbiara y Carajás. A lo largo de esos años, cientos de trabajadores rurales pagaron con su propia vida, por el sueño de la tierra libre.
Pero seguimos la lucha.
Frenamos al neoliberalismo eligiendo el gobierno Lula. Teníamos esperanza de que la victoria electoral pudiese desencadenar un nuevo reascenso del movimiento de masas y que, con eso, la reforma agraria tendría más fuerza para ser implementada. No hubo reforma agraria durante el gobierno Lula. Al contrario, las fuerzas del capital internacional y financiero, a través de sus empresas transnacionales, ampliaron su control sobre la agricultura brasileña. Hoy, la mayor parte de nuestras riquezas, producción y distribución de mercancías agrícolas está bajo control de las empresas transnacionales. Ellas se aliaron con los hacendados capitalistas y produjeron el modelo de explotación del agro-negocio. Muchos de sus portavoces se apresuraron a preanunciar en las columnas de los grandes periódicos de la burguesía que el MST se acabaría. Equívoco engaño.
La hegemonía del capital financiero y de las transnacionales sobre la agricultura, no consiguió, felizmente, acabar con el MST. Por un solo motivo: el agro-negocio no presenta solución alguna para los problemas de los millones de pobres que viven en el medio rural. Y el MST es la expresión de la voluntad de liberación de esos pobres.
La lucha por la reforma agraria que antes se basaba sólo en la ocupación de tierras del latifundio, ahora se presenta más compleja. Tenemos que luchar contra el capital. Contra la dominación de las empresas transnacionales. Y la reforma agraria dejó de ser aquella medida clásica: expropiar grandes latifundios y distribuirlos en lotes a los pobres campesinos. Ahora, los cambios en el campo, para combatir la pobreza, la desigualdad y la concentración de riquezas, dependen de cambios no sólo de la propiedad de la tierra, sino también del modelo de producción. Ahora, los enemigos son también las empresas internacionalizadas, que dominan los mercados mundiales. Significa también que los campesinos dependerán cada vez más de las alianzas con los trabajadores de la ciudad para poder avanzar en sus conquistas.
Felizmente, el MST adquirió experiencia en estos 25 años. Sabiduría necesaria para desarrollar nuevos métodos, nuevas formas de lucha de masa, que puedan resolver los problemas del pueblo.

Nota
(1) Campesinos que tienen posesiones precarias de tierra, sobre todo en la Amazonía, que, sin embargo, no tienen títulos de propiedad.


- João Pedro Stedile es miembro de la Coordinación Nacional del MST y de la Vía Campesina Brasil.

La digna rabia y la otra política

La rabia emerge como una opción, una oportunidad, en una acción que reivindica el fin del colonialismo. Primero se manifestó contra los españoles y hoy se enfrenta a los criollos oligarcas y terratenientes apoyados en sus aliados, las empresas trasnacionales.
Marcos Roitman / LA JORNADA
Para algunos, el levantamiento del EZLN en 1994 se inscribe dentro de los proyectos fracasados. El adormecimiento de las conciencias y creer vivir en el mejor de los mundos posibles arranca este perfil de crítica fácil, llena de resentimiento. No había motivo para la insurrección y si los hubo se perdieron en el camino. En quince años han cometido muchos errores, han perdido apoyo y mueren de éxito. El mayor, el enfrentamiento entre su dirigencia y el candidato Andrés Manuel López Obrador en las pasadas elecciones presidenciales. No prestaron su colaboración, su militancia no hizo campaña y además utilizó un lenguaje soez. Por ello, son responsables de su derrota. ¿Pero había que apoyarlo? El PRD, junto al PAN y el PRI, traicionó los acuerdos de San Andrés, pero tal acontecimiento pasa desapercibido.
Sin embargo, al EZLN se le acusa de todos los males existentes en México. Desde el narcotráfico hasta la violencia terrorista. Para sus detractores, el EZLN ya gozó de sus quince minutos de gloria. Hoy se ha convertido en un tour político para ONG europeas. En esta dirección la ristra de exabruptos es variada y confluyen en un tópico: la obligada disolución. Sólo intelectuales desfasados creen en el colonialismo interno. La lucha de clases está en la mente calenturienta de subversivos, nostálgicos del comunismo o terroristas. Las esperanzas de un mundo sin explotación no forman parte del horizonte histórico de los mensajeros de la derrota.
Entre quienes defienden esta postura se afianza la idea mayoritaria de vivir en un mundo tolerante. Nada impide dialogar. Hoy, todo es negociable. Póngale precio a la dignidad, se dice. Los sicarios y las meretrices de la política se especializan en buscar acuerdos. En caso de no hacerlo se bombardea y se aniquila el problema. Gaza, sin ir más lejos. La tolerancia es cero con el diferente.
Mientras tanto, la vía para encauzar la paz, son los partidos políticos atrápalo todo, y el espacio reconocido, las instituciones dependientes de la división de poderes. Así, los regímenes liberal-representativos se enorgullecen de poseer un Legislativo que legisla, un Judicial que administra la ley y un Ejecutivo con poder de mando. Por ello, cuando hay conflictos se articulan consensos. Para eso están los entresijos del sistema. No hace falta recurrir a la fuerza bruta; está reservado para los insumisos, los inconformistas. Es de mal gusto, de indios incivilizados, no aceptar acuerdos, aunque después no se cumplan. Por ese motivo se les pueden ningunear sus derechos durante más de quinientos años. Son ariscos, broncos, no atienden a razones; en definitiva, necesitan látigo. Así se justifican matanzas como Acteal, el acoso militar, y se puede imputarles ser indignos de considerarse mexicanos.
Es más, son autonomistas, y por ello pueden ser objeto de legítima persecución. Es cuestión de miras. Estos argumentos se utilizan en muchos países. En Chile se aplica la ley antiterrorista impuesta por la dictadura de Pinochet en 1984. Hay doscientos cincuenta mapuches presos en 2008, víctimas de esta ignominia por defender su territorio de la esquilma de las papeleras y las empresas hidroeléctricas. En Colombia, bajo el concepto de la democracia preventiva, el presidente Álvaro Uribe utiliza a las fuerzas armadas para disolver una gran marcha de protesta en diciembre de 2008; la muerte de una decena de dirigentes indígenas del Valle del Cauca es su resultado. En Perú, desde el gobierno de Fujimori, pasando por Toledo y ahora con Alan García, un tercio del territorio amazónico, 25 millones 456 mil 843 de hectáreas son cedidas a Shell, Repsol, Elf, Mobil, para la prospección de hidrocarburos, afectando a los pueblos indios hasta condiciones de hambruna e migración. En Guatemala, los pueblos mayas siguen siendo víctimas de la represión militar y de los ganaderos oligarcas coadyuvados por los partidos, y los sindicatos blanco-mestizos. En Honduras se les desconocen derechos y en Panamá se les considera un reducto para el turismo, no menos que en Costa Rica. En Brasil, la colonización los expulsa y los arrincona. La exportación de los agrocombustibles es la moneda de cambio. En Argentina los mapuches son perseguidos como en la guerra de la pampa a mediados del siglo XIX. Todo en nombre del progreso técnico. Se reproduce el lema: civilizar es poblar y no hay mejor poblador que el hombre blanco y su tecnología. La soya, el gas, el petróleo, el agua. El etnocidio no escandaliza si hay una razón de peso. Y la acumulación de capital es suficiente. Lo fue la explotación de plata en Potosí y Zacatecas introduciendo la mita y la encomienda, y lo es hoy el saqueo y la expoliación de sus riquezas, sus reservas y la destrucción de su hábitat. Ello forma parte del control ejercido por las transnacionales de la agroalimentación y los fertilizantes, los bancos que monopolizan los créditos y las grandes empresas distribuidoras de supermercados en las ciudades. Un circuito donde se observa con claridad la consolidación de la flexibilidad laboral, el despido libre y la semi-esclavitud inherente a la economía de mercado.
La lucha es desigual. Las promesas realizadas desde el poder central, o regional, caciquil o terrateniente han terminado siempre en traición. Nunca se han respetado los acuerdos. Siempre han existido inconvenientes para ponerlos en práctica. Demasiado pronto o demasiado tarde. Es la ley de los conquistadores. Pero hay que seguir peleando, de ahí nace la digna rabia. No es un berrinche, un enfado, no es envidia. Es coraje, es pundonor. No se confundan. La rabia emerge como una opción, una oportunidad, en una acción que reivindica el fin del colonialismo. Primero se manifestó contra los españoles y hoy se enfrenta a los criollos oligarcas y terratenientes apoyados en sus aliados, las empresas trasnacionales farmacológicas, de comestibles, de agroquímica, de biotecnología. Hoy 10 de las cien primeras controlan entre 35 y 40 por ciento de las ventas de alimentos.

domingo, 4 de enero de 2009

ELECCIONES 2009 - Mauricio Funes y el FMLN: esperanza de cambio en El Salvador

Hoy el campo de batalla es el juego electoral. Hoy la meta es la Presidencia de la República. Hoy el objetivo es lograr que la alternancia política sea posible por primera vez en toda la historia de El Salvador. Hoy la apuesta es poner a la derecha en el lugar que le corresponde, el lugar del descrédito y de la ignominia. Y en este camino, en estas luchas, que por supuesto forman parte de un proceso más amplio, profundo y complejo, el FMLN representa el instrumento de cambio con el que cuenta el pueblo y constituye la plataforma política que Mauricio Funes necesita para ganar.
Comité por el Cambio en El Salvador. México / México D.F.
Democratización y neoliberalismo en Centroamérica

Mientras el auge revolucionario sacudió al cono sur en las décadas de 1960 y 1970, para Centroamérica fueron los años 80’s los más críticos: la Nicaragua sandinista, a la que le había costado ya 50 mil muertos liberarse de la dictadura de Somoza, tuvo que continuar en guerra para hacerle frente a la contrainsurgencia y, con ello, ver dramáticamente disminuidas sus posibilidades de desarrollar a plenitud su proyecto de nación; en El Salvador, la guerra civil dio inicio oficialmente en 1980, cuando las cinco organizaciones político-militares que habían venido conspirando por separado, lograron unificarse en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y lanzar una “ofensiva final”, que en realidad fue sólo la primera; particularmente duros fueron los 80’s para los pueblos indígenas y campesinos de Guatemala, víctimas del implacable terror al que el poderoso ejército nacional los sometiera, en su sangrienta lucha anticomunista.
El desenlace es harto conocido. En Nicaragua, después de diez años en el poder, el gobierno sandinista pierde las elecciones y debe entregar el Ejecutivo a Violeta Chamorro. Saldo: 100 mil muertos. En El Salvador, la comandancia general del FLMLN y el gobierno del partido ARENA, firman los Acuerdos de Paz en 1992. Saldo: 80 mil muertos. En Guatemala, las guerrillas, aglutinadas en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) sufrieron un proceso de muerte lenta, pero irreversible. La firma de los Acuerdos de Paz se dio en 1996. Saldo: 200 mil muertos.
Al terminar la década de 1990, recuperándonos aún del desconcierto en que nos dejara el paso de la guerra a la paz, pero sobre todo de la confusión que supuso el cambio de paradigma de la lucha revolucionaria o anti-revolucionaria a la búsqueda de la democracia formal, los centroamericanos apenas empezábamos a comprender lo que había ocurrido: se había instalado en el istmo, al igual que en el resto del continente, el nefasto modelo neoliberal. Las palabras mágicas “paz”, “democracia” y “libertad” sirvieron de punta de lanza para la implementación de las reformas económicas necesarias para echarlo a andar. Aprovechando el desgaste que tantos años de guerra y tantos miles de muertos ocasionaron en las sociedades centroamericanas, el discurso de la paz, la democracia y la libertad se levantó como la espuma, acompañado de un aura de cambio y bienestar. Todo bajo el entendido de que en la era del “fin de la historia”, “paz”, “democracia” y “neoliberalismo”, eran las tres caras de la única moneda con la que se valía jugar en el parqués del mundo globalizado.
Había caído el muro de Berlín, el capitalismo había triunfado sobre el socialismo, la guerra sólo había dejado dolor y frustraciones, ¿quién podía pensar ya en revoluciones? Si Centroamérica pretendía salir adelante y ponerse a la altura de las circunstancias, debía someterse a las nuevas reglas: buscar “paz” (fin de la guerra civil), “democracia” (liberal) y “libertad” (defensa de la propiedad privada), y entrar a los dictámenes del comercio internacional.
Obedientes, como siempre, a los mandatos del norte, los gobiernos de la región así lo hicieron. Sobre todo porque esa obediencia sería muy bien retribuida. Es así como pequeños grupos provenientes de las oligarquías tradicionales, con la habilidad empresarial suficiente para moverse en el mundo de los negocios transnacionales del siglo XXI, han llegado a convertirse en verdaderas [oligarquías transnacionales]. La privatización de empresas estatales, la prioridad que ha adquirido el sector financiero en la economía y las nuevas configuraciones del gran capital (expresadas en la regionalización de los consorcios y el espectacular crecimiento de ciertas empresas nacionales), dan cuenta del nuevo paisaje económico del istmo centroamericano.
La transición democrática de Centroamérica ha ocurrido simultáneamente a la aplicación casi textual de la receta neoliberal. Y eso ha tenido un alto costo para las economías del istmo. Hoy en día es más rentable distribuir productos que producirlos. Las políticas económicas neoliberales sometieron la producción de las pequeñas naciones a la competencia internacional, haciendo caso omiso de las abismales asimetrías entre las economías de los países desarrollados y los subdesarrollados.
De ese modo, las nacientes industrias nacionales, pero sobre todo la agricultura, han sido desplazadas por la importación de bienes del exterior. Esto acentúa la vulnerabilidad estructural de Centroamérica, incrementando la dependencia de la región respecto de sus proveedores internacionales. El daño a la producción agrícola a nivel nacional ha sido tan dramático, que incluso los rubros económicos que fueron protegidos con “salvaguardas” del comercio internacional (productos de la canasta básica como maíz, fríjol y arroz, entre otros) han tenido que liberalizarse, es decir, desprotegerse, para lograr el abastecimiento nacional, en el marco de la crisis alimentaria que el mundo enfrenta. En pocas palabras, Mesoamérica, la tierra del maíz, está teniendo que importarlo.

El Salvador y su búsqueda de cambios

Como consecuencia de lo anterior, el esquema de la composición socio-económica de El Salvador de inicios del siglo XXI se asemeja en mucho al que predominaba a inicios del siglo XX, cuando el pulgarcito de América se estrenaba como República: los ingresos de la actividad productiva del país van a parar a las manos de unas cuantas familias. Hace un siglo, esa actividad productiva era el cultivo y la exportación del café. En este nuevo siglo, la economía se concentra en el ámbito financiero y comercial. El resultado es el mismo de siempre: inequidad, marginación, injusticia.
El FMLN, con el respaldo de las numerosas organizaciones de obreros, campesinos, estudiantes y pequeños comerciantes que durante los años 70 se movilizaron en las calles de San Salvador y fueron sistemáticamente reprimidas, fue a la guerra buscando la desestabilización del régimen opresor y la modificación de esas estructuras injustas.
Haber dejado de ser un grupo guerrillero para pasar a convertirse en un partido político no ha sido fácil. En primer lugar, la firma de los Acuerdos de Paz y el desmantelamiento de la lucha revolucionaria como factor de cohesión, trajo rupturas, desencantos, individualismos, reconversiones, traiciones y desesperanza. En segundo lugar, se trata de un partido que tuvo que insertarse en el terreno de juego del enemigo, la derecha salvadoreña, detentadora tradicional del poder político en El Salvador y como tal manipuladora de las instituciones y conocedora de sus intríngulis y artimañas. En tercer lugar, tuvo que adquirir experiencia en el adverso escenario de la democracia formal.
Con todo, el Frente se convirtió en la segunda fuerza política del país, ha participado en tres elecciones presidenciales en las que ocupa el segundo lugar entre las preferencias del electorado y en cuatro elecciones para alcaldes y diputados que le han permitido ganar un número significativo de alcaldías, incluida la capitalina ciudad de San Salvador (que continúa a su cargo), así como un número significativo de escaños en la Asamblea Legislativa, actualmente 33 de 84. Partidos políticos surgidos de una ex guerrilla que hayan logrado posicionarse en el espectro político de sus países con semejante fuerza, solo existen en América Latina: el FMLN salvadoreño y el FSLN nicaragüense. La permanencia y la evolución que el FMLN ha estado demostrando en El Salvador evidencian, por una parte, que su “voto duro” es realmente duro y, por la otra, que su consolidación como partido político le ha permitido prepararse para asumir el reto de pasar de ser oposición a convertirse en gobierno.
Uno de los cuestionamientos más importantes que se ha hecho al FMLN en esta etapa de transición a la democracia ha sido el verticalismo que ha predominado en sus filas, sin dar cabida a nuevas voces y nuevas ideas. Con la elección del periodista Mauricio Funes como candidato presidencial, el Frente dio un paso adelante en la superación de esos modos de actuar que se le cuestionan. ¿Por qué? Primero porque Funes no pertenece a la dirigencia histórica del partido; su inclusión en la fórmula presidencial obliga, pues, a la dirigencia efemelenista a contemplar sus puntos de vista y a consensuar con él y sus asesores todo lo relacionado con la campaña electoral y con el plan de gobierno en el que se encuentran trabajando conjuntamente. Y segundo, porque la propia elección de Funes como candidato es el resultado de un ejercicio autocrítico dentro del partido en el que se hizo evidente que para pasar de ser oposición a comandar el timón del Estado, el FMLN debía acercarse al pueblo salvadoreño –más allá de los sectores militantes y simpatizantes--, escuchar sus demandas y ofrecer soluciones convincentes. Es precisamente lo que ha estado haciendo Funes desde que se oficializó su candidatura: buscar consenso en sectores poblaciones allende el “voto duro” del partido, entre pequeños y grandes empresarios, gremios profesionales, migrantes, clase media, etc.
Haber escogido a Mauricio Funes como candidato para competir en las futuras elecciones presidenciales de marzo de 2009 fue un acierto del Frente. Lo prueba el hecho de que el acto de oficialización de esa candidatura, realizado el 11 de noviembre de 2007 en el Estadio Cuscatlán de San Salvador, haya reunido alrededor de 90 mil simpatizantes (sin contar a los miles de espectadores/as que tuvimos acceso al evento via tv o internet) que, portando ropas y banderas rojas e impregnados/as de un renovado entusiasmo político, rebasaron por completo la capacidad del lugar. A partir de entonces, los recorridos de Funes por todo el país han estado acompañados de numerosas caravanas de carros y sus mítines se llenan de gente que da muestras de aprobación cuando su candidato cuestiona el favoritismo económico que ha caracterizado a los cuatro gobiernos consecutivos de ARENA y ofrece fortalecer la institucionalidad del país, aumentar la productividad y frenar el alza de los precios de la canasta básica. Diversas encuestas dan por ganador a Mauricio Funes en la futura contienda electoral. Y hay quienes desde ya lo llaman Presidente. El fenómeno Funes es único en la historia de El Salvador.
Sucede que el pueblo salvadoreño está cansado. Cansado de vivir sumergido en una pobreza que lejos de disminuir lo obliga al exilio económico, lanzándose a la riesgosa y dura “aventura” de conquistar “el sueño americano”. Cansado de una explosión delincuencial que ARENA, con todo y sus medidas represivas, no ha podido contener. Cansado de la corrupción. Cansado de la dolarización. Cansado de la privatización. Cansado de la carestía del costo de la vida. Cansado de ver al país retenido en manos de una clase dirigente que favorece únicamente a un sector de privilegiados.
Hoy por hoy, la clase empresarial salvadoreña es una de las más poderosas de Centroamérica. Y no obstante, la mendicidad y la migración por razones económicas aumentan cada día. Durante los primeros años de la democratización, ARENA se jactaba de la salud de los índices macroeconómicos del país y promovía a El Salvador como “economía emergente” y país modelo en la región. Pero lo cierto es que esa “emergencia” jamás llegó a las clases desposeídas, cuya pauperización se ha agudizado tras veinte años de políticas económicas impulsadas por ARENA. Políticas implementadas siguiendo el mandato de los países hegemónicos y en función de intereses muy particulares, que están lejos de dar prioridad al aumento de la calidad de vida de la gran mayoría de salvadoreños y salvadoreñas. ARENA es el culpable de la vulnerabilidad del país frente a la crísis actual del capitalismo mundial.
El hartazgo acumulado por tantos años, obligan a esas mayorías a demandar cambios. No es la primera vez. Se trata de un pueblo que ha demandado cambios desde que El Salvador se convirtió en país en condiciones ventajosas sólo para unos pocos. Desde que se constituyeron las estructuras injustas, este pueblo se levanta, se insurrecciona, hace la revolución, pelea.
Hoy el campo de batalla es el juego electoral. Hoy la meta es la Presidencia de la República. Hoy el objetivo es lograr que la alternancia política sea posible por primera vez en toda la historia de El Salvador. Hoy la apuesta es poner a la derecha en el lugar que le corresponde, el lugar del descrédito y de la ignominia. Y en este camino, en estas luchas, que por supuesto forman parte de un proceso más amplio, profundo y complejo, el FMLN representa el instrumento de cambio con el que cuenta el pueblo y constituye la plataforma política que Mauricio Funes necesita para ganar.
Funes, por su parte, con su honestidad, con su juventud, con su compromiso, con su trayectoria de veinte años de ejercicio de un periodismo crítico, independiente e incómodo para la clase dirigente, con su conocimiento de los problemas del país, con su preocupación por buscar soluciones viables para empezar a enfrentar esos problemas, ha logrado resucitar en el pueblo la esperanza adormecida y la confianza en que los cambios son posibles.

Debemos buscar la forma y los mecanismos de cómo unir y globalizar nuestras luchas

Comunicado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional a 15 Años de su levantamiento armado. Transcripción del mensaje leído en castellano por el comandante David, y en tzotzil por el comandante Javier.
CCRI-CGEZLN
Los zapatistas, los pueblos indígenas que nos propusimos luchar por un mundo mejor y más humano, empezamos a ser más perseguidos y golpeados en todos los aspectos por los malos gobernantes de nuestro país y por los poderosos y los partidos políticos.
Y así durante 15 años hemos sufrido amenazas, hostigamientos, persecusiones, ataques militares y paramilitares. El mal gobierno, los partidos políticos y sus aliados, aunque sean gente pobre, no cesan sus ataques de muchas formas con el fin de detener el avance de nuestra lucha y destruir nuestra base que son todos los pueblos en resistencia.
El mal gobierno durante 15 años ha fundado, financiado y entrenado a los grupos paramilitares en todos los pueblos, que tienen la tarea de provocar, amenazar y dividir a nuestros pueblos.
Para debilitar y destruir nuestras bases sociales el mal gobierno ha estado repartiendo limosnas a través de sus programas asistenciales a las familias afiliadas a los partidos políticos con el fin de contentar, acallar y calmar el hambre de la gente pobre.
El mal gobierno ha tratado de convencer y comprar la conciencia de nuestras bases de apoyo, prometiéndoles mejores condiciones de vida para olvidar a sus muertos y a sus justas demandas. Desgraciadamente hay hermanos indígenas que han caido en las trampas del mal gobierno creyendo que con esto van a mejorar sus condiciones de vida sin luchar.
Sin embargo, nosotros los zapatistas no nos levantamos en armas para pedir migajas o que nos traten como limosneros. Nosotros luchamos por una verdadera democracia, libertad y justicia para todos. Luchamos por el bien de la humanidad y contra el neoliberalismo. Luchamos por otro mundo más justo y más humano. Por un mundo donde quepamos todos los que habitamos nuestro planeta.
Pero los malos gobernantes, los poderosos, los que se consideran señores y dueños de todo, se empeñan en saquear las riquezas de nuestros pueblos, en destruir a la naturaleza y en destruir a la humanidad.
Es necesario y es urgente que toda la gente buena y honesta de nuestro país y de todos los países del mundo unamos nuestra palabra, nuestras luchas, nuestra resistencia y nuestra digna rabia. Tenemos esperanza de que otro mundo es posible.
Por eso, a todos los hermanos y hermanas, compañeros y compañeras de México y del mundo les pedimos y los invitamos a organizarse y unirse cada quien en sus pueblos en contra de un enemigo común. Pero debemos buscar la forma y los mecanismos de cómo unir y globalizar nuestras luchas, nuestras resistencias y nuestra rebeldía.
Pero sólo será pósible si nos proponemos caminar juntos y luchar juntos sin importar los tiempos y las distancias que nos encontremos.
Hermanos y hermanas, compañeros y compañeras, llevemos pues adelante nuestras banderas de lucha, hagamos fuerte y grande nuestra lucha, nuestra resistencia, nuestra digna rabia y rebeldía.
Nosotros los zapatistas, los pueblos originarios de estas tierras vamos a seguir adelante en la lucha que hemos iniciado. Vamos a seguir resistiendo con dignidad y rebeldía los golpes del mal gobierno.
En 15 años que nos han venido golpeando hemos aprendido a resistir y a sobrevivir, pero es también porque hemos contado con el apoyo y la solidaridad de muchos hermanos y hermanas de México y el mundo.
Es así que hemos comenzado a construir nuestras autonomías en los distintos niveles, como la salud, la educación, en la comercialización y en el autogobierno de nuestros pueblos.
Con esfuerzo y dificultad hemos tratado de dar unos pasos pero aún no ha sido suficiente para resolver los problemas y las grandes necesidades de nuestros pueblos.
Nuestras autoridades han tratado de resolver los problemas de nuestros pueblos y algunas de las múltiples necesidades de nuestras comunidades, pero la gran parte de nuestras necesidades siguen sin soluciones. El hambre, la miseria y las enfermedades van aumentando día con día.
A pesar de todo esto seguimos adelante en nuestra lucha porque no traicionaremos la sangre de nuestros caídos, que lucharon hasta dar la vida por democracia, libertad y justicia. Seguiremos el ejemplo de ellos y ellas, y seguir nuestra consigna de luchar por la patria o morir por la libertad.
Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Desde el Caracol 2, Oventic, zona Altos de Chiapas, México.
1 de enero del año 2009

2009 puede ser el año sudamericano

Salvo los países que promueven el ALBA, nadie cuestiona el libre comercio, piedra angular del modelo vigente.Ya no se habla del Banco del Sur, que puede armar una arquitectura financiera diferente. Si una región que busca su autonomía y cuenta con ocho de diez gobiernos que se proclaman progresistas y de izquierda no es capaz de cuestionar el modo de comerciar asentado en la rapiña, ¿quién y cuándo podrá hacerlo?
Raúl Zibechi / LA JORNADA
Ya no quedan dudas del tamaño de la crisis mundial. Incluso el FMI asegura que hasta 2011 no se esperan mejoras. El último informe del europeo LEAP/2020 sostiene incluso que lo peor llegará en marzo, que la recesión en Estados Unidos y el Reino Unido puede abarcar una década entera y que seguramente habrá inestabilidad sociopolítica global con riesgo de estallidos sociales, como los que conocemos de sobra en Sudamérica desde el caracazo de febrero de 1989.
Esta región comienza poco a poco a percibir de qué va la cosa. Apenas tres meses atrás, Lula se ufanaba de que el tan temido tsunami financiero era apenas “una olita” en las costas de Brasil. En el último mes comenzaron a aplicarse algunas medidas importantes que, si bien no llegan a producir el viraje necesario, son un síntoma de que los gobiernos comienzan a tomar medidas de fondo. Y en la “combocumbre” de Bahía, como el ecuatoriano Rafael Correa bautizó la cuádruple reunión del Mercosur ampliado; el Grupo de Río, la Unasur y la Cumbre de América Latina y el Caribe, que reunió a 33 países al sur del río Bravo, se diseñaron caminos que excluyen a Estados Unidos y Canadá, pero incluyen a Cuba.
Argentina tomó dos medidas importantes. La estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), creadas en el cenit del neoliberalismo e impulsadas por Carlos Menem, supuso la transferencia al Estado de 24 mil millones de dólares. Es una decisión de carácter estratégico que se anticipa al probable colapso global de los fondos de jubilación por capitalización. Una segunda medida estratégica fue el plan Obras para Todos los Argentinos que implica inversiones en infraestructura por 32 mil 600 millones de dólares hasta 2011. En paralelo, el gobierno de Cristina Fernández intenta incentivar el retorno de capitales en el exterior con un favorable tratamiento fiscal. Leer más...

Brasil y el anzuelo financiero: La diplomacia del Real

La matriz brasileña de préstamos millonarios a países de la región, a través del BNDES, arroja datos e indicios de una vieja doctrina del expansionismo estadounidense. Desarrollo del Sur, ¿con o para el Gigante amazónico?
Sebastián Pellegrino / Agencia Periodística del MERCOSUR
El Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social de Brasil (BNDES) se halla en el centro de la crisis diplomática que divide a los gobiernos de Quito y Brasilia, desde que el presidente Rafael Correa anunció la decisión de “revisar” la deuda contraída con dicha institución para la construcción de una represa hidroeléctrica en Ecuador. (Ver: “Cortocircuitos sudamericanos”. APM 19/12/2008)
Y es que el Gobierno de Correa aun trabaja en la auditoria de sus deudas externa e interna por considerar “ilegítimas” las condiciones de gran parte de los pasivos financieros del Estado. La deuda pública externa del país andino asciende a 9.943 millones de dólares y el gran paquete está en la mira.
Por ahora, la prioridad de la investigación está enfocada en el crédito de 243 millones de dólares que el BNDES otorgó a Ecuador para que la empresa brasileña Odebrecht construya la represa de San Francisco, obra terminada hace un año y ya paralizada por fallas estructurales.
Tras cuatro años y medio de otorgado el préstamo, los intereses acumulados llegaron a 88 millones de dólares que luego fueron capitalizados. En la actualidad el crédito es de 331 millones de la moneda verde, mientras la lógica de la usura continúa reproduciendo intereses, e intereses de los viejos intereses. Tal uno de los principales puntos del reclamo de Ecuador.
Ahora bien, todo acontecimiento de la coyuntura debe ser analizado desde la perspectiva histórica y dentro de procesos amplios y perdurables en el tiempo que exceden los datos de actualidad. Para ello debemos retomar la titulación del presente artículo (La diplomacia del Real) y su alusión al pasado (no tan pasado).
Si cambiamos la mención de la moneda brasileña por la divisa de Estados Unidos tendremos la síntesis con la que se conoce el proceso expansionista del vecino del norte hacia América Latina durante la administración de William Howard Taft (1909-1913). Leer más...

''Nueva Constitución garantizará derechos a bolivianos''

Ante la campaña por la aprobación del nuevo texto constitucional, el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, aseguró que "nuestra campaña es fundamentalmente explicar los logros que traerá la nueva Constitución y cómo ésta garantiza los derechos y habilita nuevas posibilidades de mejores días para los bolivianos".
TeleSUR
En entrevista exclusiva para TeleSUR, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera dio cuenta de algunos de los aspectos más importantes ocurridos durante el 2008 y por suceder en el 2009 en la nación andina, dando prioridad al referendo de la nueva Constitución, la crisis financiera, la división de la oposición boliviana y el informe de la masacre de Pando entregado por Unasur.
Ante la campaña por la aprobación del nuevo texto constitucional, García Linera aseguró que "nuestra campaña es fundamentalmente explicar los logros que traerá la nueva Constitución y cómo ésta garantiza los derechos y habilita nuevas posibilidades de mejores días para los bolivianos".
A continuación, la entrevista completa:
¿Cómo encara el gobierno la campaña a favor de la nueva Constitución para el referendo del 25 de enero?
"Fundamentalmente explicando el contenido de los proyectos de Constitución y cómo estos contenidos garantizan un conjunto de derechos, un conjunto de conquistas que a lo largo de los últimos meses y años ha ido logrando el pueblo boliviano. Conquistas en temas de salud, en temas de educación, temas de apoyo a los ancianos, a los niños.
"También explicar que con la Constitución nunca nadie más va a privatizar las riquezas naturales. Nuestras empresas del Estado, que tanto esfuerzo han costado y que a través de la nueva Constitución estas diferencias regionales de clases sociales y de grupos culturales y étnicos, van a quedar anuladas garantizando una convivencia equilibrada entre los bolivianos.
"Nuestra campaña consiste explicar los logros de la Constitución y cómo esto garantiza derechos y habilita nuevas posibilidades de mejores días para los bolivianos". Leer más...

Argentina también es indígena

El grito del monte y la maldita soja: La colectividad wichi de Argentina es amenazada por el avance de un monocultivo que arrasa la tierra. Resisten y exigen un marco legal que respete su territorio y cultura ancestrales.
Victoria Romero / Agencia Periodística del MERCOSUR
La soja los acorrala, los alambra y los enfrenta ante un peligro ancestral como su origen: el exterminio. La comunidad wichi, la única y última cultura recolectora-cazadora que pervive en Argentina, pide auxilio ante el avance del desmonte por el monocultivo de la soja.
“El trazado de alambrado significa que nos están quitando vida. Nosotros vemos que nos quedamos sin vida, porque a nuestros alimentos los están arrasando las empresas que explotan los montes”, dice Juan Vega, cacique de la comunidad Pozo Nuevo, en un llamado de auxilio que los wichi hacen a la comunidad nacional e internacional.
Pozo Nuevo es un paraje ubicado sobre la ruta 86, a 35 kilómetros de la ciudad de Tartagal, en el norte de Salta. Allí, la deforestación sojera alambra el bosque, vital para la supervivencia de la cultura y el hábitat de las culturas recolectoras y cazadoras. Esos hechos cuentan con el consentimiento del gobernador Juan Manuel Uturbey, perteneciente al espacio que conducen el ex presidente Néstor Kirchner y la presidenta Cristina Fernández.
A unos kilómetros de Pozo Nuevo, la tragedia se repite. En la comunidad wichi de El Escrito, sesenta familias resisten la expulsión de sus dominios por el desmonte compulsivo. En cuatro años desaparecieron 807 mil hectáreas de montes y las topadoras siguen su avance sobre el pueblo. “Nos quieren obligar a que nos vayamos”, insisten los wichi de El Escrito. Los pueblos de El Traslado y Zopota, viven el mismo suplicio, son testigos del aniquilamiento de sus tierras.
Casi 40 mil argentinos son wichis. Constituyen la segunda comunidad indígena más importante del chaco salteño, en el nordeste del país, de acuerdo a datos de la Red Agroforestal Chaco-Argentina (Redaf) organización civil sin fines de lucro que trabaja junto a comunidades indígenas y campesinos en la defensa de los recursos naturales. Su principal sustento es la caza, la pesca y la recolección de diversos frutos del monte. Leer más...

La revolución cubana medio siglo después (II y final)

El gobierno revolucionario tiene a su favor que las bases de la contrarrevolución emigraron y, además, están divididas ante el impacto de la crisis económica y de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos. Pero su política económica e incluso sus líneas ideológicas no le garantizan el consenso en la propia isla: éste, en cambio, deriva de su defensa intransigente de la independencia y de la soberanía isleña.
Guillermo Almeyra / LA JORNADA
Del carácter revolucionario de Fidel Castro y de la mayoría de la dirección cubana derivan el internacionalismo que llevó las tropas cubanas a defender la joven revolución argelina y a combatir en Angola contra el imperialismo y el apartheid y el inmenso mérito histórico de haber resistido al imperialismo y a los intentos de imponer la línea soviética, así como la subsistencia de la Cuba revolucionaria después de 1989, cuando todos los partidos y gobiernos satélites de la burocracia soviética se esforzaban por instaurar un capitalismo mafioso.

La gran cantidad de errores cometidos en este medio siglo tiene, en cambio, su base en que, para afirmar la revolución, Fidel Castro y ese grupo buscaron construir un férreo aparato estatal centralizado y piramidal, con el cual identificaron al partido –que Fidel fundó seis años después de la revolución por razones de Estado y declaró único, al estilo soviético. Eso creó el terreno para el voluntarismo y el decisionismo verticista (la campaña de los 12 millones de toneladas de azúcar, que hundió la economía), y también para la burocratización del partido como resultado inmediato de la burocratización y corrupción por el mercado del aparato estatal, así como para otros graves errores políticos (como declarar, por razones de Estado, que Brezhnev o el dictador somalí Siad Barre eran grandes marxistas, apoyar las dictaduras nacionalistas de Congo Democrático, de Guinea Ecuatorial, del DERG de Etiopía, aprobar la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968, respaldar a la dictadura militar argentina durante la guerra de las Malvinas). Esa visión estatal nacionalista, no marxista, dio también la base para el error más grave de todos: creer que la URSS sería eterna y que era socialista y jugar por consiguiente la suerte de Cuba a la carta de la integración en el Comecon, en vez de comenzar a desarrollar la autogestión democrática en la isla, cosa que todavía está pagando la economía cubana.
La identificación entre el partido comunista y el Estado, como en la URSS, anuló al partido cuyos mejores hombres se convirtieron en dirigentes estatales y cuya línea nacional e internacional fue dictada por las necesidades imperiosas que enfrentaba el Estado en las sucesivas fases. La apertura al mercado mundial abrió también las puertas para una corrupción en mayor escala de ese pequeño aparato estatal de un pequeño país carente materialmente de todo y sometido a un bloqueo criminal. Ahora el partido se ve obligado a definirse sobre qué hacer en las condiciones mundiales de crisis del capitalismo tras la desaparición del Cemecon y con China construyendo a todo vapor un país y un gobierno capitalista y, sobre todo, qué hacer si Estados Unidos levanta el bloqueo. Las ideas sobre la vía para la construcción del socialismo quedaron para las calendas griegas. Ni Fidel ni el Che dijeron a este respecto más que valiosas y bien intencionadas generalidades. El Che participó del voluntarismo y por eso fue a un Congo imaginario y, a pesar de sus críticas a los soviéticos y sus partidos, creyó en la dirección del partido comunista boliviano que lo condujo a la muerte, y su lucha contra la burocracia en Cuba se centró en los aspectos éticos y morales (no robar, no despilfarrar, no a los privilegios), sin comprender que el centralismo vertical y el partido único son instrumentos de mando y abren el camino a la burocracia, no a la creatividad consciente y crítica individual y colectiva sin la cual es imposible construir el socialismo.
El Che, además, fue enterrado por decenios una vez derrotado políticamente por las concepciones propias de los soviéticos que la mayoría de la dirección cubana hizo suyas. Fidel tiene, por su parte, un enorme prestigio, pero desde hace tiempo nada contra la corriente. El partido comunista cubano no tiene creatividad política ni credibilidad. En cuanto a los organismos supuestamente representativos, como la Asamblea Nacional, se reúnen sólo de vez en cuando y para votar lo ya aprobado previamente por el gobierno y el buró político y no son un terreno apto para la discusión y la formación política de los ciudadanos. Por consiguiente no hay quien construya la conciencia socialista, mientras que la situación económica y el mercado mundial, en cambio, introducen por todos los poros la influencia de las ideas y de los valores capitalistas, sobre todo entre los jóvenes, que no han vivido lo que era el capitalismo hace 50 años.
El gobierno revolucionario tiene a su favor que las bases de la contrarrevolución emigraron y, además, están divididas ante el impacto de la crisis económica y de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos. Pero su política económica e incluso sus líneas ideológicas no le garantizan el consenso en la propia isla: éste, en cambio, deriva de su defensa intransigente de la independencia y de la soberanía isleña. Sin embargo, en las condiciones internacionales actuales, es probable que lleguen a Cuba algunos capitales del exterior y que la presión de sectores agrarios estadunidenses que quieren asegurarse el mercado cubano sobre Barack Obama lleven a una suavización del bloqueo, si no a su eliminación. Eso permitiría a grupos de emigrados y de capitalistas invertir en Cuba, fortaleciendo así en el gobierno a los Deng Xiao Ping cubanos que privilegian la tecnología y la eficacia. Dadas las enormes carencias que existen en la economía popular, esa tendencia ganar base en las ciudades y también en algunos sectores rurales bien situados para competir en el mercado de consumo. ¿Por qué no se discute abiertamente y con urgencia qué hacer ante una agravación de la crisis que haga dificultosa la ayuda venezolana o ante la eventualidad del levantamiento del bloqueo? Raúl Castro dice que está dispuesto a discutir con Obama en condiciones dignas. No lo dudo. Pero ¿se puede saber cuáles son esas condiciones? ¿Y cuáles serían otras opciones?¿Por qué no apelar a la autogestión, crear con la población un censo de necesidad, discutir cómo y en qué plazos satisfacerlas? El funcionamiento piramidal de los órganos de dirección, siempre nocivo, es fatal en tiempos de crisis.

sábado, 3 de enero de 2009

En la vanguardia de la historia

Sin la antorcha prometeica sostenida heroicamente por Cuba durante medio siglo, los pueblos de las Américas difícilmente habrían tenido la audacia para resistir la renovada opresión y explotación de que eran objeto y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales.
Atilio Borón / Página12
Es una tarea ciclópea resumir en unas pocas líneas el significado de algo tan especial como la Revolución Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento “histórico-universal”. Una revolución que destruyó mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolución jamás podría triunfar en una isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jamás permitiría la existencia de un país socialista en su patio trasero; que la revolución era impensable en un país subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido “marxista-leninista” conduciendo la insurrección de las masas. Todos estos pronósticos, y muchos otros que sería largo enumerar, fueron refutados por el triunfo, la consolidación y la heroica sobrevivencia de la Revolución Cubana.
Ha sido –y sigue siendo– una hazaña resistir a medio siglo de un bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad y que año a año es condenado por casi todos los países de la ONU, con la excepción de Estados Unidos y un puñado de “estados-clientes”. Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina ante un bloqueo de apenas un año, limitando drásticamente desde la importación de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este país se habría desintegrado producto de la conmoción social que tal política habría desencadenado. Por eso quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus políticas de permanente bloqueo y agresión, debería abstenerse de formular cualquier tipo de crítica a la revolución. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de Cuba no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la revolución sin hacer la menor mención al influjo profundamente desestabilizador de la política del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todavía en Cuba, pero ¿cómo comprender esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, según cálculos muy conservadores, oscila en torno de los 93.000 millones de dólares, una cifra dos veces superior al Producto Bruto de Cuba, más allá de otras consecuencias que trascienden lo económico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la población? Leer más...

Que los dirigentes no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes

"Debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos, pero especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005: "Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos [el imperialismo]; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra", sentenció".
Discurso pronunciado por el presidente cubano, Raúl Castro, en el acto por el aniversario 50 del triunfo de la Revolución. Santiago de Cuba, 1 de enero de 2009.

Santiagueras y santiagueros;
Orientales;
Combatientes del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en defensa de la Revolución durante estos 50 años;
Compatriotas:
El primer pensamiento, un día como hoy, para los caídos en esta larga lucha. Ellos son paradigma y símbolo del esfuerzo y el sacrificio de millones de cubanos. En estrecha unión, empuñando las poderosas armas que han significado la dirección, las enseñanzas y el ejemplo de Fidel, aprendimos en el rigor de la lucha a transformar sueños en realidades; a no perder la calma y la confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el ánimo tras los grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las adversidades, por insuperables que pudieran parecer.
Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad esta etapa de nuestra historia, sabemos bien cuán cierta ha resultado la alerta que nos hizo aquel 8 de enero de 1959, en su primer discurso al entrar a la capital: "La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil", concluyó. Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder político. En esta ocasión, junto a Fidel, los mambises sí entraron a Santiago de Cuba. Atrás quedaban 60 años exactos de dominación absoluta del naciente imperialismo norteamericano, que no tardaría en mostrar sus verdaderos propósitos, al impedir la entrada a esta ciudad del Ejército Libertador.
Atrás quedaron también la gran confusión y sobre todo la frustración enorme que generó la intervención norteamericana. Sin embargo se mantuvo en vilo, más allá de su disolución formal, la voluntad de lucha del Ejército Mambí y el pensamiento que guió las armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos otros próceres y combatientes por la independencia. Leer más...

Medio siglo de una Casa para las Américas

La Casa de las Américas ha sido siempre el espacio donde han confluido esperanzas y realizaciones de todo el Continente. Es el resultado del esfuerzo y la generosidad que durante medio siglo han sostenido intelectuales en su gran mayoría latinoamericanos y caribeños.
LA VENTANA.
Haydee Santamaría, heroína del ataque al cuartel Moncada y de la Sierra Maestra, fundó en 1959 y presidió hasta su muerte en 1980 la Casa de las Américas. A Haydee, a su clara visión integradora y latinoamericanista, a su sensibilidad y talento, a su audacia y comprensión, debe la Casa de las Américas lo que es en la actualidad. Desde 1980 hasta 1986 la Casa fue presidida por el pintor Mariano Rodríguez, y desde esa última fecha lo es por el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar.
La Casa ha sido siempre el espacio donde han confluido esperanzas y realizaciones de todo el Continente. Es el resultado del esfuerzo y la generosidad que durante medio siglo han sostenido intelectuales en su gran mayoría latinoamericanos y caribeños. En su tarea de difundir y auspiciar el arte y la cultura continentales han participado escritores, músicos, artistas plásticos, teatristas, periodistas y estudiosos de toda la región y de otras partes del mundo. Durante estas cinco décadas ha convocado numerosos encuentros y coloquios de escritores y artistas, y ha contribuido al diálogo y al intercambio de ideas en relación con las realidades que ha conocido el Continente en estos años.
Es imposible referirse a la historia de la literatura latinoamericana y caribeña de los últimos cincuenta años sin mencionar el Premio Literario. Convocado por primera vez en 1959, al Premio han estado vinculados, como premiados o como jurados, incluso más de una vez, quienes han trazado pautas para la evolución de la literatura en la América Latina y el Caribe.
Gracias fundamentalmente a las donaciones de muchos artistas, la Casa cuenta con la Colección Arte de Nuestra América, la cual incluye obras de muchos de los autores más renombrados del período, así como una nutrida muestra de arte popular. El Premio La Joven Estampa y el Premio de Fotografía han favorecido y estimulado la producción de estas modalidades entre artistas noveles.
Significativa repercusión han tenido los Festivales de Teatro que desde los años sesenta reunieron en La Habana a actores, directores, críticos, dramaturgos y a un público creciente y cada vez más conocedor. Esos encuentros contribuyeron a configurar un movimiento teatral visible para el resto del mundo. Convocado desde 1998 bajo el nombre de Mayo Teatral, destacadas figuras de la escena latinoamericana y caribeña han pasado por los escenarios cubanos, y varias de ellas han recibido el Premio El Gallo de La Habana, reconocimiento a personalidades, colectivos o publicaciones del Continente.
Igualmente el Premio de Musicología y el de Composición han promovido los estudios musicológicos y la creación musical. Desde sus inicios, la Casa ha sido sede de conciertos que implican un fecundo camino de búsqueda y compromiso. Entre los encuentros que ha realizado se halla el dedicado a la Canción Protesta, en el que participaron varios de los nombres más sobresalientes de la cancionística mundial, y, más tarde, del movimiento de la Nueva Trova. Por otra parte, la Casa ha editado discos y casetes con música de nuestra América.
Nuevas zonas se han abierto al interés de la Casa. Desde hace treinta años, el Centro de Estudios del Caribe y su revista Anales del Caribe promueven la cultura de esa región mediante coloquios y encuentros internacionales entre los cuales se destacan el Coloquio Internacional sobre Diversidad Cultural en el Caribe, y Mitos en el Caribe. En 1994 nació el Programa de Estudios de la Mujer, el cual se ocupa de la investigación y el debate en torno a los estudios de género en el ámbito de la cultura. Desde entonces, dicho Programa organiza cada año un coloquio internacional y publica libros relacionados con el tema.
Durante medio siglo generaciones de investigadores y estudiosos han consultado los fondos de la Biblioteca de la Casa de las Américas. Estimado como uno de los más completos centros de referencia sobre la América Latina y el Caribe, atesora cerca de cien mil títulos y más de ocho mil publicaciones periódicas.
Poco después de la inauguración de la institución, se fundó su órgano oficial: la revista Casa de las Américas. En 1964 saldría a la luz Conjunto, revista de teatro. Completan el catálogo de publicaciones periódicas el Boletín Música y la revista en soporte electrónico Arteamérica (www.arteamerica.cu), cuyo primer número circuló en 2003.
La labor editorial de la Casa ha sido una de sus mayores conquistas en estos cincuenta años. El Fondo Editorial Casa de las Américas se ha enriquecido con el surgimiento de nuevas colecciones. A los volúmenes de las ediciones del Premio Casa, Literatura Latinoamericana y Caribeña, La Honda, Cuadernos Casa, Valoración Múltiple, Nuestros Países, Documentos y Pensamiento de Nuestra América, también se han sumado los libros de las recientes colecciones Pasamanos, Arte de Nuestra América y Materiales de la revista Casa. Casi mil títulos se han puesto a disposición de lectores cada vez más ávidos de conocer a escritores consagrados y noveles del Continente.
La Casa atesora el Archivo de la Palabra, con textos leídos por centenares de autores, y ha difundido muchos de ellos en discos y casetes.
En los inicios del presente siglo la Casa se abocó a la implementación de las tecnologías digitales y se creó el sitio web de la institución y La Ventana (http://laventana.casa.cult.cu), su portal informativo. Asimismo, fusionó los trabajos de prensa y diseño gráfico para darle continuidad a la fuerte tradición de promoción y divulgación, así como al estilo gráfico que la institución ha sellado desde su fundación.
Aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías, la Casa proyecta la digitalización del amplio archivo sonoro y audiovisual que conserva, así como el enorme y valioso patrimonio epistolar de que dispone, testigo de medio siglo de relaciones con miles de intelectuales e instituciones del mundo.
Este es apenas un breve recorrido por el extenso arco de una institución que durante cincuenta años ha mantenido vivo su espíritu fundacional: reconstruir una nueva geografía cultural para la América Latina y el Caribe. En esa diversa y rica cartografía, tender puentes de intercambio fructífero entre pensadores, creadores y pueblos ha sido siempre el anhelo mayor de la institución, en el empeño por hacer realidad el sueño bolivariano y martiano.

jueves, 1 de enero de 2009

Chiapas, 15 años después

“Ya Basta” fue el grito que mostraba la ira y la indignación de los zapatistas insurrectos. “Ya Basta” es lo que han sentido, pensado y expresado los millones de personas que en estos 15 años se han rebelado contra el actual orden mundial y que, con sus acciones, han enterrado la tesis del Fin de la Historia.
Josep María Antentas y Esther Vivas / Público.es
Este 1 de enero se cumplen 15 años del alzamiento zapatista en Chiapas, que coincidió con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México. La irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desbarató de un plumazo las pretensiones del Gobierno corrupto y neoliberal de Carlos Salinas de Gortari de presentar la puesta en marcha de dicho acuerdo como el avance definitivo de México hacia la modernidad. De hecho, galvanizó la oposición a un Tratado que había suscitado ya durante su proceso de negociación considerables campañas de rechazo y una innovadora e interesante dinámica de coordinación transfronteriza entre movimientos, sindicatos y organizaciones de los tres países concernidos.
El alzamiento marcó simbólicamente el inicio de una etapa de rechazo al nuevo orden internacional proclamado por Bush padre en 1991. Esta reorganización del mundo surgió como consecuencia, entre otros factores, de los efectos producidos por la caída del Muro de Berlín en 1989, la primera guerra del Golfo en 1991 y el comienzo de la desintegración de la URSS que tendría lugar a finales del mismo año.
Los zapatistas fueron los primeros en codificar un discurso general de crítica a este nuevo orden mundial al cuestionar con su lucha particular los principios generales del mismo y defender los valores de “la humanidad e ir contra el neoliberalismo”. En palabras del mismo subcomandante: “Marcos es gay en San Francisco, negro en Suráfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, judío en la Alemania nazi, ombudsman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría…”. La revuelta zapatista combinaba de forma peculiar lo nuevo y lo viejo, la defensa de los derechos indígenas con el uso de las nuevas tecnologías y una hábil política de comunicación. Además, se dotó de un lenguaje y de un planteamiento estratégico innovador, aunque con límites y contradicciones en un momento de crisis y desconcierto de la izquierda.
Otro de los hechos que convirtieron a los zapatistas en pioneros en articular la incipiente resistencia internacional contra el nuevo orden mundial fue la convocatoria del I Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo en la Selva Lacandona en 1996. Dieron un impulso decisivo a lo que luego se llamaría el nuevo “internacionalismo de las resistencias” y que tendría su mejor expresión en la abrupta entrada en escena del movimiento antiglobalización a partir de las protestas de Seattle durante la cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en noviembre de 1999.
Ya en el nuevo siglo, la visibilidad específica del zapatismo ha perdido fuerza precisamente por el ascenso de la corriente antiglobalizadora. Estos movimientos, que alcanzaron su máximo esplendor en el periodo 1999-2003, consiguieron desplegar una estela de manifestaciones durante las cumbres oficiales en todo el mundo. También fueron los protagonistas de la irrupción en el Foro Social Mundial a partir del año 2001, el movimiento contra la guerra en 2003, y el auge de la resistencia al neoliberalismo en América Latina –iniciado simbólicamente con la “guerra del agua” en Cochabamba (Bolivia) en abril de 2000– y la consolidación de Gobiernos progresistas en Venezuela, Bolivia, Ecuador y ahora Paraguay.El zapatismo ha tenido importantes momentos de visibilidad y centralidad política gracias a sus principales iniciativas, como la Caravana a la Ciudad de México en febrero y marzo de 2001, que culminó con la multitudinaria llegada de Marcos al Zócalo, y la Otra Campaña en 2005 y 2006. De hecho, ha seguido siendo uno de los componentes de referencia de los movimientos de resistencia al capitalismo global.
El mundo actual es bastante distinto del de hace 15 años. El nuevo orden mundial anunciado por Bush padre se tambalea. Si entonces los Estados Unidos se presentaban como la única superpotencia indiscutible, hoy aparecen como una potencia en declive que lucha por mantener su hegemonía mundial. Si el neoliberalismo, codificado en el llamado Consenso de Washington, se postulaba como la única política posible y se encontraba en su momento de mayor apogeo histórico, hoy sufre un fuerte descrédito y cuestionamiento. Y si el capitalismo salía victorioso de la Guerra Fría, mostrándose como un sistema económico sin rival, y prometía prosperidad para todo el mundo, hoy se hace más evidente que nunca su carácter destructivo. No sólo es incapaz de satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad, sino que amenaza a la propia supervivencia de la especie debido a la crisis ecológica global que ha provocado.
Desde el alzamiento zapatista, las políticas neoliberales se han profundizado, acelerado y generalizado, pero las propias contradicciones que estas han causado han engendrado crecientes y múltiples resistencias, aunque todavía sin la fuerza suficiente para derrotarlas y provocar un cambio de paradigma.
“Ya Basta” fue el grito que mostraba la ira y la indignación de los zapatistas insurrectos. “Ya Basta” es lo que han sentido, pensado y expresado los millones de personas que en estos 15 años se han rebelado contra el actual orden mundial y que, con sus acciones, han enterrado la tesis del Fin de la Historia –proclamada poco antes del alzamiento zapatista por Francis Fukuyama– abrazada por los entonces muy confiados ideólogos neoliberales. Muy a pesar de algunos, la historia no terminó y el resultado de la partida aún está por determinar.

Josep María Antentas es Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Esther Vivas es Miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS).