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sábado, 13 de enero de 2024

Gabriel García Márquez: ¿profeta del cambio climático?

 Aunque, como es lógico, resulta poco probable que García Márquez fuera plenamente consciente de que también estaba escribiendo una historia ambiental de Macondo y del mundo, resulta muy revelador que la naturaleza y el clima jueguen un papel tan importante en la novela, y que tal historia corresponda a lo que ha ocurrido y amenaza con seguir ocurriendo como consecuencia de las indebidas intervenciones humanas en la naturaleza.

Germán Eugenio Márquez Calle / https://periodico.unal.edu.co

¿Cien años de soledad se puede leer como el relato de una catástrofe climática? La historia de cómo un pueblo apacible, fundado a las orillas de un río de aguas cristalinas, termina destruido –después de que las compañías bananeras arrasaran sus bosques– por una lluvia interminable, una sequía terrible y un vendaval apocalíptico, ¿es una vasta alegoría de lo que le está ocurriendo al planeta por culpa de la insensata transformación y contaminación humana de sus ecosistemas?, ¿a partir de una realidad local, García Márquez tuvo una especie de premonición que le permitió predecir lo que le está ocurriendo al planeta?, ¿preveía desde entonces que el capitalismo, representado en la compañía que altera bosques y ríos para sembrar banano, iba a llevarnos al colapso ambiental?

sábado, 12 de agosto de 2017

50 verdades sobre Gabriel García Márquez

El escritor colombiano, genio del realismo mágico, cuyos escritos marcaron para siempre la historia literaria universal, falleció en México el 17 de abril de 2014 a los 87 años.

Salim Lamrani / Para Con Nuestra América
Desde La Réunion

Gabriel García Márquez
1.             Nacido el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, departamento de Magdalena, Colombia, en el seno de una familia modesta de 16 hijos, Gabriel José de la Concordia García Márquez, apodado Gabo, es sin duda uno de los más grandes escritores latinoamericanos.

2.            Poco después, en 1929, sus padres Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez Iguarán se ven obligados a mudarse a Barranquilla por razones profesionales. Los abuelos maternos se encargan entonces de criar al pequeño Gabriel.

sábado, 22 de abril de 2017

América Latina 50 años: el Gabo y el Che

A las justas conmemoraciones de los 100 años de la Revolución Soviética, se suman, para América Latina, dos fechas decisivas para la identidad del continente. Son 50 años de la primera edición de Cien años de soledad y la muerte del Che. La imagen de América Latina en el mundo cambió para siempre.

Emir Sader / ALAI

Ya teníamos tres Premios Nobel de Literatura – Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias y Pablo Neruda -, pero la cultura del continente era todavía conocida solo de manera fragmentada, individualizada, sin que el imagen que tenemos de nosotros mismos fuera difundida por el mundo.   La publicación de Cien años de soledad fue el marco definitivo, sin retorno, de la proyección de la capacidad creativa de los latinoamericanos respecto a su propio mundo.

Gabo no se imaginaba qué destino tendría el paquete que mandó desde el correo de México hacia la Editorial Sudamericana, en Buenos Aires, juntando los pocos pesos que tenían: solo pudieron mandar la mitad del libro y, por error, siguió la segunda parte. Cuando las ediciones del libro sumaron el primer millón de ejemplares, Gabo se dio cuenta de que había pasado con aquel envío por correo.

viernes, 25 de abril de 2014

Gabo en el adiós

Por mi origen guatemalteco, nunca olvidé que el discurso de aceptación del premio Nobel  terminaba con esta frase: “Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía”.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Se ha ido Gabriel García Márquez. Y con todo lo que se ha escrito en los últimos días sobre su literatura, no se puede agregar mucho a riesgo de caer en lugares comunes. Millones de personas que lo leyeron tendrán su propia perspectiva del gran escritor colombiano. No me resta sino expresar la mía. Comencé a leer a García Márquez cuando eran un joven estudiante de sociología en el primer semestre de la carrera. Desde entonces no dejé de leerlo hasta que publicó su última novela, la criticada “Memoria de mis putas tristes”. No he leído su último trabajo publicado “Yo no vengo a decir un discurso”.  Pero fuera de este trabajo y algunos otros más, por alguna razón en los últimos 43 años leí buena parte de su obra literaria, autobiográfica y periodística.

viernes, 18 de abril de 2014

García Márquez en la Academia Sueca: un discurso que debería conocerse al dedillo por todos los latinoamericanos

Pocas veces había resonado nuestra voz con tal fuerza, claridad y belleza, en los fastuosos salones de Europa, como en aquel 8 de diciembre de 1982. Vestido con liqui liqui, bigotón y sonriente, América Latina habló, a través de la voz del entonces flamante Nobel de Literatura, y dijo su verdad,  dolorosa y luminosa a la vez.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

García Márquez en la Academia Sueca.
Habló de la pobreza, de los miles de niños que nacen y  mueren en el más terrible desamparo. Certificó la infamia de la persecución política, de los miles de muertos y desaparecidos que nos dejaron más solos que nunca esperando por ellos en una esquina de la vida.

Denunció con clara dicción que se nos medía, desde Europa, con varas que en nada correspondía con nuestra realidad y pidió solidaridad, no ayuda, para nuestros intentos de construir un mundo nuevo, acorde con lo que somos.

El discurso de Gabriel García Marquez ante la Academia Sueca, que le confería el Nobel de Literatura en aquel ahora lejano 1982, es un breve ensayo que debería circular por todas nuestras escuelas, colegios y universidades para que fuera estudiado y penetrara en la mente de nuestros jóvenes, tan obnubilados hoy con tanta superchería que se les ofrece desde las vitrinas luminosas y huecas del capitalismo tardío que les come el cerebro.

sábado, 10 de marzo de 2012

La soledad de América Latina

En el cumpleaños número 85 del escritor colombiano Gabriel García Márquez, recordamos su discurso del 8 de diciembre de 1982, al recibir el Premio Nobel de Literatura: "América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental".

Gabriel García Márquez / Tomado de La Jornada (México D.F)

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros, y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.