lunes, 19 de enero de 2009
FMLN se proclama como primera fuerza
domingo, 18 de enero de 2009
El mal comienzo de la Hillary Clinton
Sra. Clinton, si quieren tener una política de diálogo con el continente, primero tiene que darse cuenta de que este no es el mismo continente de cuando su marido gobernaba y el neoliberalismo y el ALCA reinaban. Asuma modestamente que no conoce el continente, venga a visitar nuestros países, sin declaraciones, para aprender cómo se construyen procesos de integración regional, cómo se superan las políticas de libre mercado que su país propaga desde hace décadas como la solución y que se volvió el principal problema a enfrentar.Pero su discurso, pretendidamente abierto al diálogo, no puede dejar de esconder sus garras, revelando que el "poder inteligente" puede ser una nueva versión para la conocida combinación de "la cachiporra y la zanahoria"[1]" alternada o simultáneamente utilizada siempre por el poder imperial en América Latina y en el resto del mundo.
Si quiere tener una relación de diálogo positivo, la Sra. Clinton debería, antes que nada, hacer una autocrítica de la política que los Clinton desarrollaron en el continente y de la de Bush. La realidad es todo lo contrario, vean lo que se propone la nueva Secretaria de Estado:
"Deberemos tener una agenda positiva en el hemisferio como respuesta al tráfico de temor propagado por Chávez y Evo Morales."
Hablar de temor en nombre de la potencia que recientemente mandó circular su V Flota por las costas del continente; como si eso todavía produjese miedo en los gobernantes latinoamericanos, en el momento en que se reunía, por primera vez en la historia sin la presencia de los Estados Unidos, el Consejo Sudamericano de Defensa. En el momento en que nuevas reservas de petróleo han sido descubiertas en Brasil. Cuando Bolivia ejerce su soberanía expulsando al embajador de los Estados Unidos, por sus reiteradas intromisiones en la política interna de ese país, y por incentivar los planes golpistas de la oposición derechista.
Hablar de temor antes de normalizar las relaciones con Cuba, terminando con el criminal bloqueo de más de 40 años. Antes de retirar de forma inmediata la base de terror de Guantánamo y devolver ese territorio usurpado por el imperio hace más de un siglo a Cuba.
Lo que la Sra. Clinton llama temor, nosotros los latinoamericanos lo llamamos solidaridad – palabra que ustedes desconocen. Porque lo que Venezuela y Bolivia propagan es la política que, con el decisivo apoyo de Cuba, terminó con el analfabetismo en esos dos países. Pregúntese ¿que país, apoyado hace tantas décadas por los Estados Unidos, puede exhibir esa conquista, a pesar de los millones de dólares repartidos por el imperio para fortalecer a sus aliados derechistas?
Lo que la Sra. Clinton llama temor, nosotros lo conocemos como Operación Milagro, que ya permitió a más de un millón de latinoamericanos recuperar su capacidad de visión, con hospitales en Cuba, Venezuela y Bolivia, de forma totalmente gratis. Mientras que el imperio contribuyó cotidianamente a cegar a millones de personas fomentando, con recursos y noticieros falsos, los medios de comunicación monopólicos privados en el continente – aliado fundamental del imperio en la región.
Lo que la Sra. Clinton llama temor, nosotros lo conocemos como Escuela Latinoamericana de Medicina, que con sus sedes en Cuba y en Venezuela, forma las primeras generaciones de médicos pobres en América Latina, para fortalecer las políticas de salud pública en el continente.
En fin, Sra. Clinton, si quieren tener una política de diálogo con el continente, primero tiene que darse cuenta de que este no es el mismo continente de cuando su marido gobernaba y el neoliberalismo y el ALCA reinaban. Asuma modestamente que no conoce el continente, venga a visitar nuestros países, sin declaraciones, para aprender cómo se construyen procesos de integración regional, cómo se superan las políticas de libre mercado que su país propaga desde hace décadas como la solución y que se volvió el principal problema a enfrentar.
Venga a conocer los nuevos gobiernos, las nuevas políticas, pero antes resuelva los problemas pendientes – Cuba, Guantánamo, Operación Colombia, entre otros -, para no correr el riesgo de, delicadamente, moralmente, ser recibida no con flores, sino con zapatazos.
Texto original en portugués: www.cartamaior.com.br
Texto en español: www.insurrectasypunto.org
[1] N de la T: La expresión "do porrete e da censura" o viceversa, es la expresión de combinar y alternar según las circunstancias las fases de agradecer y castigar.
Venezuela: La enmienda, un asunto político
La enmienda para la reelección presidencial, avalada por la Asamblea Nacional, es un asunto político más que jurídico, que por demás está establecido en los artículos 340 y 341 de la Constitución, y debe ser aprobada por el pueblo mediante referendo. Más democrático no puede ser y más ahora que se ha extendido a todos los cargos de elección públicos. Esta nueva convocatoria que hace Chávez al país ha puesto de cabeza a la oposición política que ahora, paradójicamente, se “preocupa” por el relevo del Presidente dentro de las filas del chavismo y lanza nombres de posibles sucesores con el propósito de alentar la división dentro de las filas del Psuv e intentar conseguir el escenario qué más desea: una elección sin Chávez.
Si hacemos un breve repaso electoral, en las presidenciales de 2006 Chávez obtiene 7.309.080 votos (62.84%) y su propuesta era la profundización de la revolución bolivariana contraponiendo el socialismo al capitalismo. Es por ello que en 2007 propone una Reforma Constitucional de 33 artículos que luego fue ampliada a 69 en discusión de la Asamblea Nacional (AN). Ésta fue sometida a referendo popular, como lo establece la Constitución, el 2 de diciembre de ese año y recibe el apoyo de 4.379.392 que votaron por el Sí, pero pierde por la estrecha diferencia de 124.962 votos.
Para la Reforma Constitucional la campaña que desplegó la oposición fue el desabastecimiento, la desinformación basada en guerra sucia y en promover el NO entre los chavistas. Su propaganda consistía en que no estaba en juego el gobierno de Chávez ni las misiones sociales. Estos dos últimos argumentos, también los utilizó para las elecciones regionales de noviembre de 2008 y en cierta medida contribuyó a la desmovilización de un sector electoral que no supo comprender que se enfrentaban dos modelos de hacer política para resolver los problemas sociales.
Mientras el gobierno de Chávez implementa misiones para lograr educación y salud universal, los nuevos gobiernos locales y regionales de oposición, en menos de un mes de haber asumido sus cargos, se alían con la supuesta iniciativa privada para tratar de solventar ciertas infraestructuras; contraponen el modelo de la solidaridad en que se basa la Misión Sucre con la implementación de un sistema de becas para estudiar en las más costosas universidades privadas; y crean un banco de consultas para que “médicos especialistas” accionistas de clínicas privadas donen horas de su tiempo –que seguro es oro– con el propósito de asistir a la población sin recursos, como si no existiese un sistema de salud pública, que aunque con deficiencias no se compara con el módulo de emergencia del municipio Chacao que segrega a la población que no presenta una carta de residencia de ese Municipio; cobra por las placas y los exámenes practicados allí; y remite a los pacientes a clínicas privadas cuando no consiguen una solución.
Con este panorama político, en el que sectores de derecha han ganado espacios en las recientes elecciones, Chávez ante una manifestación multitudinaria en Caracas en apoyo a la Enmienda dijo que era necesario que ésta se aprobara “para llevar adelante con éxito –sin ningún retorno posible– el proceso revolucionario con rumbo definido que ahora tiene contenido profundo: el proyecto socialista bolivariano.”
La enmienda es un asunto político más que jurídico, que por demás está establecido en los artículos 340 y 341 de la Constitución, y debe ser aprobada por el pueblo mediante referendo. Más democrático no puede ser y más ahora que se ha extendido a todos los cargos de elección públicos.
Para esta nueva convocatoria Chávez aspira obtener la misma cantidad de votos o superior a la que le dio la victoria en la reelección de 2006. Pero si la enmienda es aprobada por una pequeña diferencia de votos, nos preguntamos si la oposición estaría dispuesta a aceptarlo inmediatamente, así como hizo Chávez cuando fue derrotado con la Reforma de 2006 o en las recientes elecciones regionales del 23 de noviembre de 2008 cuando la oposición ganó gobernaciones por estrecho margen contra los candidatos del Psuv como sucedió en el estado Miranda donde la diferencia fue de 77.042 votos, mientras en Carabobo fue de 25.570 votos y en Táchira de 6.483 votos. Esperamos que la oposición política y sus seguidores estén a la altura de la democracia.
Bolivia en el 2009: El año de la consolidación
El país andino encara su futuro mediato con elecciones al inicio y al final del 2009, que serán clave para apuntalar cambios profundos. Sin embargo, la oposición también jugará sus cartas.De Lares a Yara: Hostos en el 1868
La Confederación de las Antillas es probablemente la idea más arquetípica de Eugenio María de Hostos, tanto en la naturaleza entrañable del más ambicionado deseo, como eje de su esfuerzo teórico y de los esfuerzos políticos más acariciados de toda su vida. Los movimientos, portadores del mundo nuevo
No podemos imponer el mundo otro porque lo estaríamos negando, pero podemos insuflarle vida, actuando como fermento y levadura, con la convicción de que los movimientos y los mundos otros son lo único que puede salvarnos de la catástrofe que preparan los de arriba.Estos movimientos le cambiaron la cara al continente; deslegitimaron el modelo neoliberal, o por lo menos las aristas más groseras del modelo; instalaron una nueva relación de fuerzas y modificaron el mapa político. Pese a sus diferencias, tienen algunos rasgos en común:
Convirtieron la lucha por la tierra (rural y urbana) en la conquista de territorios, o sea de espacios donde los pueblos (indígenas, campesinos, sectores populares urbanos) hacen sus vidas cotidianas y transforman las iniciativas para la sobrevivencia en modos y formas de resistencia al sistema.
Se proclaman autónomos, de los partidos, las iglesias, los sindicatos y los estados. Pero esa autonomía encarnada en territorios va de la mano de la creación de nuevos modos de vida y de ejercicio del poder, o sea de autogobierno.
Son movimientos de base comunitaria, en el sentido general del término. A diferencia de los movimientos anteriores, la pertenencia no es individual, sino familiar, y la base social de esos movimientos implica la organización colectiva de matriz comunitaria.
No son estrictamente movimientos sociales; son movimientos políticos o político-sociales, si se prefiere. La división entre lo social y lo político creada por las ciencias sociales y por la izquierda tradicional no resulta útil para comprender esta nueva generación de movimientos.
No se pueden comprender estos movimientos desde afuera, ni con una mirada fija en las estructuras visibles, aquellas que capturan la atención de los medios, las academias, las izquierdas institucionales. Hace falta una mirada interior, capaz de captar los procesos subterráneos e invisibles, lo que sólo puede hacerse en un largo proceso de involucramiento con los movimientos, no sólo con sus dirigentes. El concepto de “trabajo de campo” es limitado, ya que no contempla ni la convivencia ni la ligazón afectiva con los de abajo.
Son portadores del mundo nuevo porque producen sus vidas (de las familias y comunidades) con base en relaciones de reciprocidad y ayuda mutua, no para acumular capital ni poder, sino para crecer y fortalecerse como comunidades y movimientos. En ese sentido, creo que en los territorios de los movimientos predominan relaciones no capitalistas, no de forma pura e incontaminada por cierto, sino en pugna permanente contra los estados y el capital que buscan destruirlos. Dicho de otro modo, la producción (material y simbólica) de valores de uso ha desplazado a la producción de valores de cambio, no para siempre, ni absolutamente, sino tendencialmente.
Esto lo podemos ver en multitud de iniciativas, desde las que nacieron en ciudades como El Alto y el Plan 3000, en Santa Cruz, Bolivia, hasta los barrios piqueteros de Buenos Aires, donde construyeron sus viviendas, equipamientos colectivos, calles, servicios de agua, de salud, de educación. Miles de huertas urbanas, no sólo rurales; miles de emprendimientos productivos, cientos de fábricas recuperadas, nos hablan de que no sólo en las áreas rurales, sino también en las periferias urbanas existe enorme capacidad de producir sin patrones, sin capataces, sin división jerárquica del trabajo.
En estos mundos nacen pensamientos otros. No son ya las academias ni los partidos del sistema los que piensan a los de abajo, sino nosotros mismos nos estamos pensando. No para producir teoría o tesis, sino para potenciar el movimiento, para defenderlo mejor, para expandirlo y compartirlo con otros. O sea, no se produce teoría, sino apenas ideas fuerza para seguir caminando.
El mundo otro no puede ser representado en el mundo formal del Estado y el capital. Más aún: no puede ser representado, porque sólo es representable lo que está ausente. Creo, además, que participar en instancias estatales debilita a los movimientos y los desvía de su tarea principal, que es “fortalecer lo nuestro”. Sin embargo, hay muchos movimientos que siguen siendo combativos y que luchan por verdaderos cambios que mantienen relaciones con los estados. Éste es un debate que nos acompañará durante largo tiempo y que no tenemos otra alternativa que enfrentar del modo más unitario posible, siempre que sea un debate “entre nosotros”.
Por último, en estos territorios en resistencia existen mundos diferentes al mundo del capital y del Estado. Naturalmente, tienen sus formas de poder, con mayor o menor grado de desarrollo. La asamblea es la forma común de decisión colectiva. No parece posible un mundo sin poderes. Pero los hechos nos enseñan que puede haber poderes no estatales, o sea, poderes no jerárquicos ni centralizados; rotativos por turnos, de modo que todos y todas pueden aprender a mandar colectivamente y a obedecer colectivamente. En cada lugar y país adoptan formas diferentes, pero existen, tienen vida y ya no se referencian en el Estado como lo hicieron los sindicatos.
¿Cómo triunfa este mundo de valores de uso, femenino, comunitario, autocentrado y autodirigido, capaz de producir y reproducir la vida? No lo sabemos. Lo que vemos es que crece por expansión, dilatación, difusión, contagio, irradiación, resonancia… No crece solo, ni de forma simétrica al capital y al Estado, o sea aniquilando, destruyendo, imponiendo, digiriendo y dirigiendo. No podemos imponer el mundo otro porque lo estaríamos negando, pero podemos insuflarle vida, actuando como fermento y levadura, con la convicción de que los movimientos y los mundos otros son lo único que puede salvarnos de la catástrofe que preparan los de arriba.
* Versión abreviada del texto leído en la Fiesta de la Digna Rabia, San Cristóbal, 3 de enero.
Crisis económica y la crítica al desarrollo extractivista
La estrategia extractivista, basada en explotar la Naturaleza para exportar materias primas hacia mercados globales, es insostenible en los planos económicos, sociales y ambientales. Los gobiernos y los movimientos sociales deben comprender que sigue siendo necesario generar estilos de desarrollo estructurados de otra manera.Eduardo Gudynas / ALAI
La crisis económica iniciada en Estados Unidos ha alcanzado a Latinoamérica y se expresa tanto en el plano financiero como en el productivo. En los últimos meses se repiten noticias similares en casi todas las capitales. Las exportaciones comienzan a caer por la reducción de las compras en los países industrializados, simultáneamente con un descenso del precio de los principales productos exportados por América Latina. El crédito disponible es escaso y las capacidades de maniobra de los gobiernos se estrechan.
Cultura y Economía
Profundizar en el estudio de los vínculos entre cultura y economía constituye una premisa esencial para la búsqueda del pensamiento que necesita el siglo XXI.Probar la importancia de la cultura en la economía es un compromiso ineludible con Ernesto Che Guevara. Esto se entrelaza con el tema que con tanta objetividad planteó el Che, el de la subjetividad, y para llevar a cabo este análisis hay que partir de la cuestión cultural y su influencia en la historia del hombre. Es el tema que quedó pendiente en la historia de las ideas socialistas durante el siglo XX.
Tomamos como punto inicial el criterio de que en la historia de las civilizaciones, el robo y la tergiversación de la cultura ha sido la maniobra principal de los explotadores para imponer sus intereses egoístas. Si esto no se entiende, no se entiende la esencia del problema.
El rescate de la mejor tradición de la cultura universal es fuente inagotable para defender los intereses de los pobres. Pero es tal la fragmentación y la dispersión que la larga evolución de la civilización occidental ha creado sobre la expresión cultura, que para descubrir su verdadera naturaleza es indispensable ir a la génesis antropológica y al análisis de su evolución histórica, así como realizar estudios económicos concretos, que nos ayuden a mostrar fehacientemente que la cultura es el factor más dinámico de la historia económica del mundo y en especial de la que estamos viviendo.
¿Qué es la cultura? La singularidad humana en la historia natural radica en el hecho de que el hombre al tomar conciencia de su propia existencia se planteó como exigencia descifrar el misterio de lo desconocido. Los hombres son los únicos seres vivientes que tienen ese reto, de ahí nace la cultura hasta convertirse en segunda naturaleza. Ella es, a la vez, claustro materno y creación de la humanidad. No hay hombre sin cultura y esta no existe sin aquel. Su afán de descubrir lo que no conoce lo lleva al extremo de intentar encontrar el sentido de su propia existencia. No existe objetivamente respuesta racional a este noble interés humano, sin embargo, en parte lo puede hallar aquí en la tierra cuando asume que todos los hombres tienen derecho a una vida plena de felicidad tanto material como espiritual y, por tanto, a facilitar se supere la enajenación social a que ha estado sometido. Ahí nacen la ética y la necesidad de ejercer la facultad de asociarse que el pensamiento martiano situaba como «el secreto de lo humano».
En nuestra América, se fundamenta en los intereses de los pobres y explotados y de la humanidad en su conjunto. Se trata de un concepto científico y universal que dará fuerza y riqueza a la política económica y social necesaria para la práctica revolucionaria de nuestro pequeño género humano.
El proceso de surgimiento de la cultura está presente en la génesis antropológica del homo sapiens hasta convertirse en el individuo hombre. Desde que los hombres comprendieron que podían extraerle a la naturaleza el sustento para vivir surgieron las posibilidades del trabajo que, en esencia, es un hecho cultural presente en la génesis de las civilizaciones. Asimismo, se generó en los hombres el sentimiento de unirse, agruparse, para extraer a la naturaleza, de manera más eficaz y abundante, los bienes necesarios para su subsistencia. Se impuso como demanda y necesidad lograr una relación social que garantizara el trabajo en común y la distribución equitativa del producto del trabajo.
Nació así la idea de la justicia colocándose como el valor primigenio de la cultura. El trabajo y la justicia son los primeros acontecimientos de carácter cultural; surgen de esta manera las primeras ideas éticas y jurídicas necesarias para garantizar la justicia y la convivencia humana. Lo señalan los grandes humanistas, lo confirman las más notables investigaciones de las ciencias del hombre.
La facultad de asociarse de manera consciente se desarrolló en los hombres, lo que permitió distinguirlos del resto del reino animal. Con el desarrollo de la producción y de los medios para realizarla surgió la posibilidad de expropiar el trabajo de otros hombres, lo que traía aparejado beneficios personales o de grupo. Se empezó a gestar la división entre explotados y explotadores. Lo extraordinario se halla en que el hombre, a la vez, arrastra de sus ancestros prehistóricos a la fiera que según Martí todos llevamos dentro, es a la vez un ser admirable, que puede ponerle riendas a la fiera. Las riendas son parte esencial de lo que llamamos cultura, que ha alcanzado los más altos niveles de creación espiritual con las limitaciones propias de cada tiempo histórico y del nivel de las fuerzas productivas. Solo con un más alto desarrollo de la capacidad de producir y una elevación de la cultura podrá lograrse prácticamente la ampliación de la justicia hasta beneficiar a todos los hombres sin excepción para permitir el disfrute por igual de los beneficios de los bienes materiales y espirituales. El hecho de que no se haya alcanzado este objetivo no puede significar que lo dejemos de proclamar como suprema aspiración ética, y la moral representa una necesidad objetiva para cohesionar a la sociedad e impedir la ruptura definitiva de la civilización.
Estas formulaciones pueden parecerles a algunos muy «teóricas...», a mí, sin embargo, me parece que profundizar en el estudio de los vínculos entre cultura y economía constituye una premisa esencial para la búsqueda del pensamiento que necesita el siglo XXI. Invito a esta reflexión a los economistas y a los hombres y mujeres de cultura.
jueves, 15 de enero de 2009
Pronunciamiento por la transparencia electoral en El Salvador
Para sumarse a las firmas puede enviar un correo a: solidaridadconelsalvador@gmail.com
Para ver la lista completa de firmas y enviar comentarios, ver http://solidaridadconelsalvador.blogspot.com
Gracias por hacer circular entre sus contactos este pronunciamiento.
Jorge Mansilla Torres, Embajador de Bolivia en México
María Novaro, cineasta mexicana
Gilberto López y Rivas, antropólogo mexicano, Paz con Democracia
Carlos Fazio, periodista, México
General José Francisco Gallardo, activista de derechos humanos, México
Saúl Ibargoyen, poeta uruguayo-mexicano
Lucio Oliver Costilla, mexicano, Coordinador del Posgrado en Estudios Latinoamericanos, UNAM
José Luis Ávila Martínez, Coordinador del Colegio de Estudios Latinoamericanos (Cela), FFyL, UNAM
Massimo Modonessi, italiano, profesor UACM-México
Ángel Guerra Cabrera, periodista cubano, México
Carlos Figueroa Ibarra, sociólogo guatemalteco, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Mario Guillermo Artavia González, Sacerdote, Honduras
Carlos López, Editor, Guatemala
Mercedes Olivera Bustamante, antropóloga mexicana
Carlos Lenkersdorf, alemán, investigador UNAM-México
Adalberto Santana, mexicano, director del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) , UNAM
Celia Hart Santamaría (+), periodista cubana
Mario Vásquez, México, Investigador CIALC-UNAM
Ana Esther Ceceña, México, investigadora mexicana, Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (IIEc-UNAM)
domingo, 11 de enero de 2009
Panamericanismo, TLC y la condición neocolonial de Centroamérica
El TLC representa el corolario de un proceso de neocolonización de la región, inspirado en el viejo ideario del panamericanismo, que ha venido gestándose en las últimas décadas, donde la dominación se expresa y concreta a través del modelo de sociedad del libre comercio, en dimensiones que van más allá de lo jurídico-comercial, para invadir las esferas de lo cultural, político y social. En su carta al director de La Nación, Martí, que participó en la Conferencia como delegado del Uruguay, se refirió así a la invitación girada por el Secretario de Estado estadounidense James Blaine a los gobiernos americanos (permítaseme citar en extenso):
“Nunca hubo en América Latina, desde la independencia, un asunto que exigiese más conocimiento, que obligase a más vigilancia, que demandase un examen más claro y minucioso, que la invitación cursada por los Estados Unidos, poderosos, desbordantes de productos invendibles y determinados a extender su dominación en América, a las naciones menos poderosas, vinculadas por el libre comercio a los pueblos europeos, para construir una alianza contra Europa y llegar a tratados con el resto del mundo. La América española supo librarse de la tiranía de España; y ahora, después de haber hecho un examen jurídico de los antecedentes, las causas y los factores de la invitación, es urgente declarar, porque tal es la verdad, que ha llegado el momento para la América española de declarar su segunda independencia”[ii].
El proyecto presentado por Estados Unidos a los países americanos en la Conferencia de 1889 procuraba alcanzar una suerte de libre comercio panamericano – unión aduanera, comunicaciones, derechos de patentes, propiedad intelectual y marcas comerciales, moneda única, entre otros aspectos-, pero tutelado por las empresas y capitales estadounidenses. De esta manera el coloso del Norte consolidaría su hegemonía hemisférica, para competir e incluso acabar con el control europeo del comercio en América.
La historiadora mexicana Teresa Maya Sotomayor, afirma que “la visión de un solo continente tentaba a los industriales estadounidenses con la promesa de mercados exclusivos y privilegios arancelarios”[iii].
Sin embargo, tales aspiraciones no gozaron de correspondencia y aprobación en el ámbito político y cultural latinoamericano, donde prevalecía la desconfianza y el temor ante la amenaza –ya para esos años bastante concreta- del expansionismo imperial estadounidense: recuérdense los casos de la invasión a México, el filibusterismo en Centroamérica, sus actuaciones en Santo Domingo, Haití y Panamá y sus intereses específicos ya insinuados en el conflicto cubano-español.
Esta preocupación no carecía de fundamento, pues hacia finales del siglo XIX el imperialismo de Estados Unidos, convertido ya en primera potencia económica mundial, buscó nuevas salidas para su desarrollo capitalista. Olivier Dabène explica que para los gobernantes y élites políticas de ese país, “América Latina parecía tener que formar parte de su ‘destino manifiesto’. La ofensiva siguió por turno a la vez por las vías política, económica y militar, con el fin de imponer una pax americana en el continente y crear una zona de libre comercio”[iv]
Sin embargo, esa opción tampoco ofrecía mejores condiciones para América Latina. Martí lo formuló de esta manera: “¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con Estados Unidos? Dos corderos, o dos cóndores, se unen sin tanto peligro como un cóndor y un cordero…”[v]. En ese momento los latinoamericanos, nos recuerda Dabène, “se preocuparon de proteger su soberanía” y solo aceptaron la creación de una oficina continental que recogería datos sobre comercio.
Más de un siglo después de la Conferencia Internacional Americana, la primacía del libre comercio (mito y falacia), en tanto expresión estratégica del panamericanismo, mantiene su vigencia como eje conductor de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Por ejemplo, el General Colin Powel, Secretario de Estado de la primera administración de G.W. Bush, casi repetiendo las palabras del Sun de 1889, describió el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como una iniciativa para garantizar a “las empresas estadounidenses el control del territorio que va del Polo Ártico hasta la Antártida, y el libre acceso de nuestros productos, servicios, tecnología y capital a todo el hemisferio, sin el menor obstáculo”.
De ahí que la identificación entre el TLC y el proyecto histórico de hegemonía continental de las élites estadounidenses resulta inequívoca. En el año 2001, en un discurso ante el Consejo de las Américas, el entonces Representante de Comercio de los Estados Unidos y actual presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, establecía la continuidad entre ambas visiones del destino manifiesto de América Latina, a más de un un siglo de distancia: “Como los promotores de las ideas panamericanas de hace un siglo, el Presidente [Bush] reconoce que el libre comercio es una idea que está ligada a otras convicciones. Como lo ha explicado, ‘la libertad económica crea hábitos de libertad y los hábitos de libertad crean expectativas de democracia’".[vi]
Esas “otras convicciones” a las que alude Zoellick, a juzgar por el contexto geopolítico en que transcurrieron las negociaciones del TLC, no eran sino el tributo que debía pagar Centroamérica a la dominación: no en vano los gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, respondiendo servilmente a las exigencias de Washington, se unieron a la coalición internacional que invadió Irak en 2003.
Por eso, de este TLC, que junto al TLCAN (Canadá, Estados Unidos y México) tiende la bandera de las estrellas desde los hielos al istmo, es posible sentenciar, como Martí lo hiciera en su momento de la Conferencia Internacional Americana, que “nació en días culpables”[vii]: esta será la seña de identidad inequívoca del tratado, su innegable carácter imperialista.
Unidad centroamericana y latinoamericana: desafío para el movimiento popular
El economista Juan Manuel Villasuso, en un artículo reciente, definió la aprobación del TLC como un proceso que “produjo heridas lacerantes en la sociedad costarricense, difíciles de cicatrizar, y huellas profundas por una forma de ejercer el poder que será mácula imborrable en nuestro devenir republicano”, debido, entre otras causas, al “costo democrático del atropello institucional, del doblegar y manipular voluntades, forzar decisiones que debieron tomarse sin que mediara temor o amenaza, y aprobar convenios, leyes y reglamentos cuyas consecuencias nocivas las conoceremos en breve”[viii].
Si esto vale para la situación específica de Costa Rica, ¿cuánto más significará para los demás países de la región?
A esa precisa caracterización es necesario agregar algo más: el TLC representa el corolario de un proceso de neocolonización de la región, inspirado en el viejo ideario del panamericanismo, que ha venido gestándose en las últimas décadas, donde la dominación se expresa y concreta a través del modelo de sociedad del libre comercio, en dimensiones que van más allá de lo jurídico-comercial, para invadir las esferas de lo cultural, político y social.
Se trata, en definitiva, de la consumación de lo que en algún momento se denominó el maridaje entre nuestra burguesía nativa y la burguesía metropolitana[ix], que progresivamente ha profundizado la condición dependiente y neocolonial de la sociedad centroamericana.
En la Conferencia Internacional Americana de 1889, como lo reseñó Martí en sus crónicas, nuestra América supo librarse, no con pocas disputas, contradicciones y sobresaltos, de “la sumisión humillante y definitiva de una familia de repúblicas libres, más o menos desenvueltas, a un poder temible e indiferente, de apetitos gigantescos y objetos distintos”[x].
Ahora nos corresponde como pueblos la responsabilidad de enfrentar desde adentro el TLC, y defender aquello que no fueron capaces las oligarquías y élites gobernantes centroamericanas. Nos corresponde subvertir su lógica depredadora y derrotarlo, como lo hizo el pueblo ecuatoriano en 2006 y un año antes, en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, los pueblos suramericanos cuando dijeron contundentemente: ¡no al ALCA!
En política ninguna realidad o coyuntura es definitiva ni inmutable, y consideramos que existen las condiciones para impulsar, desde abajo, procesos de cambio social. El futuro cercano de Centroamérica, con elecciones presidenciales en El Salvador y Honduras en 2009, y en Costa Rica en 2010, ofrece la posibilidad de revertir la actual correlación de fuerzas, favorable a los intereses de la dominación y sus socios locales, hacia proyectos políticos de clara orientación popular, centroamericanista y latinoamericanista.
Desde los diversos foros y espacios de participación social del movimiento popular se impone la necesidad de repensar la condición neocolonial de Centroamérica, articular la resistencia –nacional y regional- frente a la dominación estadounidense y del capital transnacional, y al mismo tiempo, diseñar y trabajar desde ya en las estrategias y la construcción de alternativas de liberación.
Truncada la integración centroamericana por el TLC, las miradas del movimiento popular y las organizaciones políticas progresistas de nuestra región deben volcarse hacia los nuevos y más amplios esquemas de integración que se proponen desde el Sur y el Caribe del continente, como el ALBA, que ofrecen nuevos espacios de construcción y replanteamiento de otra integración latinoamericana que, sobre la base de mecanismos de cooperación y apoyo recíproco, procura constituir alianzas estratégicas entre los países, como alternativa de unidad de las luchas contra-hegemónicas en América Latina.
Martí lo había advertido a tiempo: “Los pueblos castellanos de América han de volverse a juntar pronto, donde se vea, o donde no se vea. El corazón se lo pide”[xi]. Su admonición, hoy, resulta más que urgente.
* El autor es periodista costarricense y Máster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.
[i] “Carta al director de La Nación de Argentina”, New York, 2 de noviembre de 1889, en: Martí, José (2005). Nuestra América (Antología), Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho. Pág. 72.
[ii] Ídem. Pág. 57.
[iii] Maya Sotomayor, Teresa. “Estados Unidos y el Panamericanismo: el caso de la I Conferencia Internacional Americana (1889-1890)”, consultado el 7 de enero de 2009, disponible en: http://historiamexicana.colmex.mx/pdf/13/art_13_2002_16639.pdf
[iv] Dabène, Olivier (1999). América Latina en el Siglo XX. Madrid: Editorial Síntesis. Pág. 33.
[v] Galeano, Eduardo (2002). Memoria del fuego. II. Las caras y las máscaras. México D.F.: Siglo XXI Editores. Pág. 286
[vi] Zoellick, Robert (2001). “El libre comercio y la esperanza hemisférica”, recuperado el 4 de junio de 2007 en: http://bogota.usembassy.gov/wwwsrz01.shtml.
[vii] “Carta al director de La Nación de Argentina”, New York, 2 de noviembre de 1889, en: Martí, José (2005). Nuestra América (Antología), Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho. Pág. 61.
[viii] Villasuso, Juan Manuel. “Habemus TLC”, consultado el 6 de enero de 2009, disponible en: http://www.tribunademocratica.com/2009/01/habemus_tlc.html.
[ix] Al respecto, véanse las ideas sobre las transformaciones históricas del bloque de poder en nuestra región en: Torres Rivas, Edelberto (1989). La crisis del poder en Centroamérica. San José: EDUCA.
[x] “Carta al director de La Nación de Argentina”, New York, 31 de marzo de 1890, en: Martí, José (2005). Nuestra América (Antología), Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho. Pág. 92.
[xi] “Ídem. Pág. 92
El unionismo centroamericano y el sufragio femenino
La cercanía de las elecciones es un buen momento para reflexionar sobre la prolongada lucha que tuvo que librar la mayoría del pueblo salvadoreño para reclamar el derecho de elegir a sus gobernantes. Uno de los aspectos menos conocidos de la conquista del voto es el debate sobre el sufragio femenino a principios del siglo XX. En el siguiente artículo, Sonia Ticas describe la discusión sobre la plena ciudadanía de las mujeres que se dio en el contexto de la elaboración del proyecto de Constitución para el fallido movimiento unionista de 1921. Entre los temas que abordó el Consejo surgió el de la ciudadanía y los deberes del ciudadano. Dado que las mujeres representaban un importante núcleo entre los clubes unionistas, el sufragio femenino y los beneficios o desventajas que traería para la causa unionista fue parte de dicha discusión. Como era de esperarse, dicho tema provocó un acalorado debate entre los delegados y en la prensa centroamericana. El Diario del Salvador durante varios días dio amplia cobertura al debate que se perfiló entre los que apoyaban el sufragio femenino y los que se oponían a éste.
Algunos de los delegados creían que se debía por fin hacer justicia a la mujer centroamericana por su patriotismo, mientras otros veían un peligro social y político en concederle ciudadanía. Entre los argumentos que expusieron los diputados conservadores que buscaban salvaguardar el estatus quo sobresalen los siguientes:
- Las mujeres no han pedido el voto y no están preparadas para ejercerlo;
- Las mujeres no son capaces de pensar por sí mismas y bajo la influencia de la iglesia le entregarán su voto al clero;
- El mundo perverso de la política corromperá su pureza haciendo de ella una mujer inmoral; y, por último,
- Peligra la institución del hogar.
Aquí se refleja la opinión pública prevaleciente en la época que dictaba que el espacio más propicio para la mujer era el hogar. Por estos años en que las mujeres estadounidenses habían ganado el derecho al voto hacían estruendo las noticias y editoriales sobre su participación política. Todo intento de equiparar a la mujer latina con estas feministas era visto como un atentado a la moral. De ahí que los legisladores unionistas en su rol de patriarcas consideraban que debían proteger a la mujer de la tarea de ciudadana para que no se empañaran sus virtudes necesarias para la estabilidad y paz hogareña.
Entre varios de los delegados que intervinieron a favor del voto femenino, un salvadoreño de nombre “Alduvín” fue quien más efusivamente rebatió las ideas de los oponentes. En su prolija exposición recalcó la honestidad de las mujeres en la cosa pública y defendió su larga tradición patriótica liderando los movimientos unionistas del lado de los liberales. Con esta aseveración eliminó la duda de que pudieran votar con la iglesia. El voto, pues, vendría a coronar su ingerencia a favor de la paz regional en momentos de crisis política. Por fin, incitó a sus homólogos a pensar la nación en términos plurales donde se integren ambos géneros y a dejar atrás el prejuicio de que la mujer es sólo una máquina para producir hijos.
Alduvín y otros unionistas que se pronunciaron por el sufragio femenino creían que se necesitaba de la continua labor de las mujeres en pro de la unión regional para sostenerla como un proyecto viable. En este sentido fue reveladora la intervención de otro diputado salvadoreño, Eduardo Alvárez, al declarar lo siguiente:
"Todo centroamericano reconoce el espíritu de trabajo de nuestra mujer; todos saben de su modestia y de su honradez sin tacha… ¿Por qué no darle el derecho de sufragio? ¿Por qué no darle el derecho de participar en la obra del Estado? Señores: lo único bueno que queda en Centro América es la mujer, salvemos nuestra obra de reconstrucción centroamericana engrandeciendo a la mujer para que sea la mejor sostenedora de nuestros trabajos".
Todos estos argumentos, sin embargo, no lograron persuadir a los más reacios detractores. El debate concluyó con el voto favorable por parte de Guatemala y El Salvador en contra del voto negativo de Honduras. No obstante, debido a la preocupación por la falta de preparación de muchas mujeres para ejercer el voto, se acordó que éste fuera voluntario y que llevara limitaciones por edad, estado civil, situación económica y nivel educativo, estatutos que quedaron consignados de la manera siguiente en el artículo 29, capítulo III de la Constitución Federal aprobada en septiembre de 1921:
"Podrán ejercer el derecho al sufragio las mujeres casadas o viudas mayores de 21 años que sepan leer y escribir; las solteras mayores de veinticinco que acrediten haber recibido la instrucción primaria, y las que posean capital o renta en la cuantía que la Ley Electoral indique".
Durante el debate y aún después, el Diario del Salvador hizo eco de las preocupaciones expresadas por el Consejo publicando opiniones tanto de hombres como de mujeres. En una página humorística se ironiza la acción del Consejo como una “humorada diputadil”. Según PIERROT, el supuesto autor de dicha columna, la audacia de los diputados al revestir a la mujer con este derecho político traerá la bancarrota en la “república del hogar” y lamenta irónicamente que en aras de la unión centroamericana terminen desunidos los hogares. Tanto este autor como algunos de los mismos diputados pintan a las sufragistas como mujeres de “pelo en pecho” que fuman puros, aludiendo con esto a su aberrante masculinidad.
Algunas contribuyentes femeninas también expresaron reacciones negativas hacia la posibilidad de tener mujeres votantes. En otra página del mismo periódico, titulada “Pluma de mujer”, una persona de seudónimo “POPEA” comparte la ideología conservadora alertando sobre el peligro que implicaría la concesión del voto, “desquiciando” el orden social, el seno familiar, moral y los mandatos religiosos. En particular arguye que la mujer no está lista intelectual ni socialmente para ejercer tal derecho pues ocurre en una arena donde hay “variedades ocultas” que ella no puede discernir. Aunque en esta opinión se desdeña a las sufragistas, cabe la posibilidad de que la mujer intervenga en cuestiones políticas como una “patriota abnegada” pero sólo cuando lo exijan las circunstancias.
En el mismo espacio periodístico, una feminista que usa el seudónimo “Olimpia” elogia la labor de los delegados alegando que el ejercicio de la ciudadanía femenina será de gran ganancia para la sociedad como ha sido demostrado en Estados Unidos. Tocante a la falta de moralidad en la mujer, dice que no es por su participación en la política, sino que se debe a la educación frívola que se le ofrece sin estimular en ella los deberes cívicos. Critica la aplicación de una doble moralidad pues a los hombres nunca se les ha exigido preparación cívica y educativa para poder votar. Por fin arguye, como lo hicieron los diputados simpatizantes, que las mujeres con poder ciudadano van a velar por el bienestar nacional inculcando los valores cívicos y morales en los hijos de la nación.
Aunque eran escasas estas voces femeninas, parece ser que en el seno de la sociedad salvadoreña había un sector que ciertamente estaba ansioso por gozar de derechos ciudadanos. Entre las más fervientes proponentes del voto femenino encontramos a la feminista Prudencia Ayala que militaba en las filas del unionismo en la ciudad de Santa Ana. En dicha ciudad reclamó el derecho al sufragio para las mujeres en una convención realizada en febrero de 1921 previa al encuentro del Consejo Federal Provisional donde se redactó la constitución. Esta unionista creía fervientemente que la mujer centroamericana obtendría con el voto una poderosa arma para combatir la tiranía. Obviamente, para ella, la ciudadanía no consistía puramente en el derecho al sufragio, sino que requería de una fuerte militancia política para garantizar las prácticas y principios democráticos. Los legisladores unionistas sabían cuán frágil eran las emergentes democracias centroamericanas. Pero aún con esto no se comprometieron a hacer de la mujer una coparticipante en este proyecto.
Una vez aprobados los estatutos de la Constitución Federal el 15 de septiembre de 1921, los delegados volvieron a sus respectivos países donde nuevamente comenzaron las rencillas y desacuerdos sobre cómo realizar el largo sueño de unión centroamericana. En medio de intentos por lograr reconocimiento internacional y con un golpe de estado en Guatemala que derrocó al recién formado gobierno unionista, la Federación se disolvió meses más tarde. Consecuentemente, nunca se promulgaron las leyes electorales que harían efectivo el voto femenino. Cada país volvió a regirse según su propia constitución donde la categoría de ciudadano, aunque se prestara a ambigüedades, no incluía a mujeres. De haber triunfado el unionismo, las naciones centroamericanas habrían sido las primeras de habla hispana en reconocerle derechos políticos a la mujer aunque con las limitaciones antes mencionadas.
EE.UU. y México: ¿Se modificará la agenda bilateral?
Al desprenderse la herencia Bush de la agenda bilateral, se contribuiría mucho a la construcción de una relación más fuerte e igualitaria entre México y EE.UU. La puerta se ha abierto para avanzar en cuestiones críticas que demasiado tiempo han estado represadas por la alianza conservadora. No es cuestión de esperar y ver; la sociedad civil organizada debe tomar la iniciativaDurante la larga campaña, y en particular en las primarias Obama-Clinton, tres temas mantuvieron a México en el escenario político: la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte -TLCAN-, la creciente violencia de la guerra contra las drogas y la Iniciativa Mérida, y la inmigración. Este artículo se refiere a los dos primeros.
Sin embargo, las expectativas de una relación drásticamente redefinida no son muy altas. Para la izquierda mexicana la pregunta es: hasta dónde irá el cambio que el nuevo presidente está dispuesto y tendrá capacidad de realizar. Hay escepticismo respecto a la capacidad del sistema político estadounidense de alterar fundamentalmente sus designios hegemónicos en el hemisferio (o en cualquier otro lugar). Es más, en el marco del TLCAN y con el pleno apoyo del presidente derechista Felipe Calderón, la relación EEUU-México se ha tornado tan supeditada a las corporaciones-desde de la negociación de las normas del comercio y de las inversiones, hasta cuestiones clave de uso de los recursos naturales-que el "espacio político" para la diplomacia se ha reducido considerablemente.
Si bien la ciudadanía espera algo entre "un mal menor" y "el amanecer de una nueva era" en la relación EEUU-México, la presidencia de Obama tiene al presidente Felipe Calderón mordiéndose las uñas. Él, junto con el otro aliado de la administración Bush en la región, Álvaro Uribe, fueron los únicos líderes latinoamericanos a quienes John McCain visitó en su gira de campaña en julio. Uribe respaldó abiertamente la candidatura de McCain y criticó a Obama; Calderón fue más cauto al expresar su preferencia por el candidato republicano.
En una entrevista de Radio Fórmula del 2 de septiembre, Calderón opinó que, de los dos candidatos, McCain "tiene un mayor conocimiento de la realidad mexicana". Como punto a favor del derrotado candidato conservador, también señaló que fue él quien patrocinó "la propuesta más avanzada sobre la cuestión de la inmigración", en referencia al proyecto de ley McCain-Kennedy rechazado por el Congreso, haciendo apenas un guiño a las propuestas de inmigración de Obama.
"Las deficiencias del TLCAN eran evidentes cuando se firmó y ahora tenemos que modificar el acuerdo para resolverlas", declaró Obama durante la campaña. Repetía este mensaje a tal punto que, en un momento dado, Obama y Clinton se disputaban sobre más quien se oponía al TLCAN; pero era sobre todo un intento por ganar votos en los estados de mayor población obrera, donde la pérdida de puestos de trabajo relacionada con el Tratado ha sido devastadora.
Obama defiende la inclusión en el texto del Acuerdo (y no en acuerdos laterales, como los negoció el entonces presidente Clinton) de estándares laborales y ambientales, y un principio rector de que "un acuerdo comercial no sólo debe ser bueno para Wall Street, sino que también debería ser bueno para Main Street" (la calle). Además señaló que "hay que modificar el TLCAN para que quede claro que las leyes y reglamentos justos elaborados para proteger a los ciudadanos en cualquiera de los tres países no pueden ser anulados simplemente a petición de los inversores extranjeros".
El presidente electo Obama ha indicado que entiende el vínculo entre el TLCAN y la difícil situación de los agricultores mexicanos, y que el enorme incremento de la inmigración mexicana a los EEUU durante el período del TLCAN es, al menos en parte, resultado de las consecuencias del acuerdo comercial.
Recordemos que el opositor de Calderón, Andrés Manuel López Obrador, también se postuló sobre una plataforma que incluía la renegociación del TLCAN. Cuando Calderón ganó las elecciones de 2006 por medio punto porcentual, bajo una nube de acusaciones de fraude nunca esclarecidas, se abrió un profundo cisma en la sociedad mexicana entre sus seguidores y una masa movilizada de personas, en su mayoría pobres, que exigía un cambio de fondo en la política económica codificada en el TLCAN.
La oposición al TLCAN en México ha sido masiva. No una sino dos veces-en 2003 y 2007-más de 100.000 ciudadanos, en su mayoría campesinos, salieron a las calles para exigir la renegociación del capítulo agrícola que obliga a los agricultores mexicanos a competir con productos subsidiados de EEUU en el mercado nacional. Dos millones de campesinos han sido desplazados de la agricultura debido, en gran parte, a la afluencia de importaciones.
La admisión de fallas en el TLCAN reabriría en México un debate sobre el modelo económico orientado a la exportación, que Calderón-un neoliberal pura sangre-no vería con agrado.
En respuesta, Calderón ha hecho coro con el presidente George Bush para tratar de pintar el llamado a la renegociación como un retroceso hacia el proteccionismo. "Estoy preocupado por el retorno al proteccionismo en Estados Unidos, que se ha hablado con gran superficialidad de la anulación o modificación del TLCAN", habría dicho en una entrevista radial, según reportó la prensa.
El embajador de México, Arturo Sarukhan, declaró al Houston Chronicle que "el probable final del juego (de la renegociación del TLCAN) va a ser la disolución de lo que hemos construido durante estos últimos 15 años".
Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil y algunos parlamentarios en los países del TLCAN lo ven como una oportunidad y han presentado demandas para la revisión y renegociación del TLCAN. Estas demandas no se derivan de posiciones nacionalistas, sino de una creencia común de que el Acuerdo beneficia a las empresas transnacionales antes que a los ciudadanos de a pie.
Si-y es un gran SI-la administración de Obama cumple con sus promesas de renegociar el TLCAN, finalmente obligaría al gobierno mexicano a reconocer las desigualdades generadas al amparo del TLCAN y a permitir que los sectores con reclamos legítimos y alternativas viables tengan incidencia, en un momento en que el modelo económico que encarna entra en una crisis mundial. El primer requisito sería un verdadero estudio de impacto del TLCAN que incluya el impacto social, económico y político en los tres países. Las modificaciones resultantes podrían deconstruir algunos de los aspectos más descaradamente injustos de la agenda pro-corporativa del comercio y las inversiones.
Durante la campaña, Obama fue cuestionado sobre la ASPAN por grupos de derecha que la ven como un preludio de una futura Unión Norteamericana. Él respondió que esta Unión no existe y que la ASPAN debe revisarse.
Esta es una importante oportunidad para que activistas de México y aliados en los otros dos países insistan en la abolición de la ASPAN.
Aquellas actividades necesarias que se están llevando a cabo bajo los auspicios de ASPAN pueden y deben ser canalizadas a través de las instituciones oficiales que tienen que rendir cuentas ante el poder legislativo y estar abiertas a la revisión y los aportes ciudadanos.
Las organizaciones mexicanas por la justicia global desde hace mucho tiempo han criticado a la ASPAN por su falta de transparencia y la forma en que se la ha utilizado para imponer las prioridades de la administración Bush a México, incluyendo recomendaciones para la privatización gradual de la compañía petrolera estatal PEMEX y las leyes anti-terroristas que criminalizan la protesta social.
Sin embargo, la agenda de seguridad del gobierno Bush-Cheney ahora ha sido impuesta como parte del paquete de ayuda militar/policial conocido oficialmente como la Iniciativa Mérida o Plan México. El Plan México ha colocado la relación EEUU-México en un sendero peligroso. Multiplicó por 10 la ayuda total a México y enrumbó la relación binacional hacia una alianza que otorga fondos públicos a empresas de defensa y de tecnología de la información de EEUU; a la vez que refuerza el control sobre el territorio mexicano para imponer el modelo económico. Reproduce en México las políticas de Bush de seguridad fronteriza, de lucha contra los estupefacientes y de lucha contra el terrorismo, que no sólo han fracasado sino que han erosionado los derechos ciudadanos.
El problema para la gobernabilidad y la seguridad pública en México que constituyen los carteles transnacionales del narcotráfico, es real. Pero ningún análisis serio del modelo de "guerra contra las drogas" que se enfoca en la interdicción y enfrentamiento para controlar la oferta ha demostrado que logre sus objetivos declarados. Desde la adopción del modelo de confrontación-a la vez que se descuidan otras opciones de rehabilitación, prevención, reforma de la política de drogas, o conversión de cultivos-la violencia relacionada con las drogas se ha disparado en México.
Las organizaciones mexicanas de derechos humanos han comenzado a monitorear el impacto del Plan México y de la guerra de Calderón contra las drogas en general, que incluye el despliegue de unidades del ejército nacional en el combate interno al narcotráfico. De la iniciativa, algunas apoyan los aspectos de reforma judicial y policial, mientras que otras demandan la suspensión del plan Bush en favor de ayuda al desarrollo, junto a programas en EEUU de reducción del tráfico de armas hacia México, de reducción del mercado de las drogas ilícitas y de control del blanqueo de dinero en el sistema financiero.
La plataforma de Obama para América Latina apoya la Iniciativa Mérida y aboga por su ampliación a toda la región. El Congreso de EEUU consignó 400 millones de dólares a México para 2008, el primer año de un plan proyectado para tres años, y los fondos para 2009 serán considerados en breve.
El equipo de Obama ha anunciado que la ayuda exterior prometida será ajustada a la baja debido a la crisis financiera. Algunas estimaciones anticipan el regreso de los tres millones de mexicanos como resultado de la combinación de las redadas y el desempleo, al tiempo que las nuevas migraciones están disminuyendo.
La administración Calderón ha anunciado programas limitados de emergencia para hacer frente al desempleo, pero serán insuficientes dado el impacto esperado de la crisis. El enorme presupuesto asignado a la seguridad, la disminución del precio del petróleo y la orientación del gobierno hacia soluciones de mercado inhiben su capacidad para responder.
La generación de empleo y el desarrollo son prácticamente inexistentes en la agenda bilateral dominada por el Plan México.
No debería ser así. Nos guste o no, tanto la proximidad geográfica como el avanzado nivel de integración regional significan que los mercados laborales, las economías e incluso las familias tienen vínculos transfronterizos intrínsecos. La suspensión del Plan México dejaría a México, junto a sus contrapartes de una amplia gama de instituciones internacionales, la delicada tarea de la reforma de la seguridad y liberaría fondos para canalizar hacia programas binacionales que no comprometan tanto la soberanía mexicana ni militarizaren tanto la sociedad mexicana. Al abordar las necesidades humanas y los objetivos de desarrollo, muchas de las causas fundamentales de la producción, el comercio y el consumo de drogas ilegales podrían ser mejoradas y se podría construir una relación más positiva entre México y el nuevo gobierno de Estados Unidos.
Al desprenderse la herencia Bush de la agenda bilateral, se contribuiría mucho a la construcción de una relación más fuerte e igualitaria entre México y EEUU Con tantas cosas cambiantes, nadie sabe como será la Obama-nización. Sin embargo, la puerta se ha abierto para avanzar en cuestiones críticas que demasiado tiempo han estado represadas por la alianza conservadora. No es cuestión de esperar y ver; la sociedad civil organizada debe tomar la iniciativa.
Recursos:
- Migración y globalización: México, Centroamérica y violaciones de derechos humanos http://www.ircamericas.org/esp/5741
Diálogo martiano entre las dos Américas
El antiimperialismo martiano no es, en modo alguno, sinónimo de antinorteamericanismo pues Martí expresó también admiración por los adelantos científicos y las principales figuras de la cultura de ese país. Sobre el fundamento de ese legado América Latina y el Caribe pueden trasmitir un mensaje al pueblo de Estados Unidos.El mensaje confirma la necesidad del diálogo para ambas Américas, y también para el mundo, porque es en nuestro hemisferio donde hoy por hoy puede iniciarse un camino de salvación de nuestra especie amenazada de desaparecer en el presente siglo.
Para promover ese diálogo podemos partir de las enseñanzas de José Martí sobre Estados Unidos, donde vivió desde 1881 hasta 1895, y que conoció profundamente en los momentos en que hacía su aparición el fenómeno imperialista en ese país. Sin embargo, el antiimperialismo martiano no es, en modo alguno, sinónimo de antinorteamericanismo pues Martí expresó también admiración por los adelantos científicos y las principales figuras de la cultura de ese país. Sobre el fundamento de ese legado América Latina y el Caribe pueden trasmitir un mensaje al pueblo de Estados Unidos.
Martí representa una tradición espiritual y un pensamiento integrador comprometido con la redención definitiva de nuestra especie y que constituye, con su acento utópico, una alternativa al materialismo vulgar y ramplón que predomina en una civilización que se fundamenta de manera unilateral en los avances tecnológicos y científicos.
Es imprescindible relacionar el pensamiento latinoamericano y caribeño con el de los hombres y mujeres sensatos del Norte para alcanzar la modernidad necesaria en el siglo XXI. Para ello resulta indispensable contar con las ideas de los que en la patria de Lincoln y Hemingway están también preocupados por el futuro de su país y de la especie humana y desean abrir cauce a las soluciones que necesitan los propios Estados Unidos, el hemisferio occidental y el mundo actual. Y siempre con las banderas de la ética, un tema clave al que Martí se refiere una y otra vez. Recordemos que él afirmó que Dios está en la idea del bien. En la idea del bien está la clave para entendernos los seres humanos, tanto con una religión o con otra, e incluso los que no la tienen. Martí se convierte así en la síntesis universal que necesita el pensamiento humano para salvarnos de la crisis por la que atravesamos en el mundo de hoy.
