domingo, 19 de abril de 2009

El muro invisible

Cuando dos pueblos empiezan a interactuar, es más difícil estereotipar y demonizar al otro. Por eso da la sensación de que se ha echado a rodar un proceso irreversible que culminará, más tarde o más temprano, con la normalización de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos.
Santiago O’Donnell / Página12
A juzgar por la reacción en Cuba y Estados Unidos al acercamiento de esta semana, queda la sensación de que se ha derrumbado un muro, uno de los últimos que quedaban de la Guerra Fría.
Puede sonar demasiado optimista, pero no quiere decir que dos países enfrentados desde hace un siglo se han reconciliado. Falta el regreso de Cuba a la OEA, un acuerdo migratorio, el intercambio de embajadores y sobre todo el levantamiento del bloqueo comercial que Estados Unidos busca canjear por la libertad de los presos políticos en Cuba. Pero esta semana una gran barrera que los separaba ha sido derribada.
Claro, no se trata de un muro de concreto como el muro de Berlín, sino de un muro imaginario, un muro simbólico construido a partir de relatos antagónicos, con el fin de dividir a dos sociedades enfrentadas por muchas razones, pero sobre todo por ideología.
A un lado Estados Unidos, un pueblo libertario y religiosamente capitalista, que cree que su “destino manifiesto” es liderar el mundo, y que sabe usar ese liderazgo en beneficio de sus intereses globales, necesarios para sostener su hábito de consumo y su promesa de oportunidad.
Al otro lado Cuba, un pueblo orgullosamente solidario, gobernado por un sistema de partido-Estado único, que defiende a ultranza su modelo, su historia, su independencia y su verdad.
Cuando caen los muros, los extraños se ven las caras.
De un lado Barack Obama extiende la mano en su intento por recuperar el componente moral del liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Con el mismo discurso que usa para dirigirse a Rusia, a China o a Irán, admite que Estados Unidos se equivocó y mucho durante el gobierno de Bush en su enfoque para encarar sus problemas con esos países. Después menciona casi al pasar, sin entrar en detalles, que esos países también hicieron algunas cositas que en su momento podrían haber molestado a Estados Unidos, o herido la sensibilidad de su gente. Remata ofreciendo empezar de nuevo y resolver los problemas por medio de la negociación.
Del otro lado Fidel Castro, más vivo que nunca, intuye que la oferta es sincera pero toma resguardos. Celebra sin estridencias la caída del muro pero al mismo tiempo advierte que no está dispuesto a rifar la Revolución en una mesa de casino. La Revolución es su legado. No lo va a entregar justo ahora, que se acerca el final. Como líder del pueblo cubano no puede olvidarse de los complots, de los boicots, de Playa Girón. “¿Y qué pasa después de Obama?”, se pregunta. Puede venir otro Bush, se contesta. Y lo publica en CubaDebate.
Detrás de Obama hay murmullos, algo de sorpresa y sobre todo indiferencia. Hace mucho tiempo que Cuba dejó de importarle al norteamericano medio. Hasta los cubanos anticastristas de Miami, a partir del recambio generacional, perdieron interés en el enfrentamiento. Eso no quiere decir que Cuba les sea indiferente. Después de todo, Estados Unidos es el país que en la década del ’50 expulsó al comunismo de su sistema político a través de la represión ilegal. Después hizo un mea culpa por haber perseguido comunistas, pero nunca dio muestras de arrepentirse, de haber aniquilado la estructura política y cultural del partido. Es más, se pasó los siguientes treinta años demonizando al comunismo con la maquinaria de Hollywood funcionando a pleno. A partir de semejante relato, en Estados Unidos “socialista” es mala palabra. Se podría decir que el noventa por ciento de la población aborrece y teme al comunismo, y Cuba es un régimen orgullosamente comunista, para colmo vecino.
Detrás de Castro hay millones de cubanos eufóricos, porque intuyen que se vienen tiempos mejores, o que al menos se acaban las excusas. Y que entienden la dimensión de su victoria. Castro lo entiende mejor que nadie. Excitado, publica tres reflexiones en un día, el martes, para contestarle a Obama, que todavía ni siquiera había hablado, sino a través de los anuncios que habían hecho sus voceros. El triunfo consiste en que, a diferencia de Berlín, esta vez tuvieron que derribar el muro desde el otro lado. Al derribarlo, quien lo hizo quedó expuesto como el responsable de sostenerlo. Los peores estereotipos del imperialismo yanqui que sostienen el relato oficial cubano habían tomado forma durante el gobierno democráticamente electo, y dos veces, de George W. Bush. Ahora el país de la tortura, las cárceles secretas y el capitalismo salvaje reconoce su error. No son muchos los triunfos ideológicos de los que puede vanagloriarse el comunismo en las últimas décadas. Este puede ser el último, o no, pero no deja de ser un gran triunfo.
Es imposible dimensionar el impacto que tendrá, a partir de los anuncios de Obama, la llegada masiva a Cuba de personas, dinero y tecnología en comunicaciones provenientes de Estados Unidos. Pero no será insignificante.
Cuando dos pueblos empiezan a interactuar, es más difícil estereotipar y demonizar al otro. Por eso da la sensación de que se ha echado a rodar un proceso irreversible que culminará, más tarde o más temprano, con la normalización de las relaciones bilaterales.
Por eso y por el contexto internacional. A partir de la formación de un bloque latinoamericano, donde confluyen distintos procesos de integración regional, el bloque ha colocado la cuestión cubana al tope de su agenda de prioridades, casi como un acto fundacional de ejercicio de soberanía frente a los distintos bloques comerciales y políticos que se van consolidando alrededor del mundo. Se trata de los mismos países cuyos gobiernos apoyaban con entusiasmo el embargo estadounidense hace quince o veinte años.
Pero el tema les plantea un dilema a esos mismos países que hoy se reunieron en Trinidad y Tobago con la sola excepción de Cuba, el país cuyos derechos ahora reivindican.
Como les gusta recordar a los funcionarios estadounidenses, como no dejó de mencionar el propio Obama en su carta abierta a la región previa a la cumbre, existe un papel llamado Carta Democrática Interamericana. Ese papel fue firmado en el 2001 por todos los países que hoy le reclaman a Estados Unidos el regreso de Cuba a la OEA. La Carta ha resultado un instrumento muy útil para resolver algunos problemas graves de la región. Por ejemplo, sirvió en el 2001 para aislar y así derribar a la dictadura de Fujimori, que había violado la Carta al darse un autogolpe. También fue clave para apuntalar al gobierno de Evo Morales frente al intento de golpe de Estado cívico en las regiones autonómicas. La última vez que se usó fue para condenar el ataque colombiano a un campamento guerrillero en territorio ecuatoriano el año pasado.
La función de la Carta es facilitar la intervención regional en defensa del sistema de “democracia representativa” adoptado por los países firmantes. Pero resulta que el sistema político cubano no parece muy compatible con algunos de los requerimientos que aparecen en la Carta para que un país sea considerado “democracia representativa”.
Por lo menos da la impresión de que los redactores de la Carta no manejan los mismos criterios que el régimen cubano con respecto a qué significa “elecciones libres”, “régimen plural de partidos y organizaciones políticos” o “separación de poderes” y, sobre todo, “respeto por los derechos humanos”.
La Carta, a su vez, no impone a las “democracias representativas” la obligación de proveer salud y educación universal, ni la garantía de seguridad alimentaria, ni la existencia de desempleo cero. Esos son, precisamente, los pilares sobre los que se construye el modelo democrático cubano.
Ahora que cayó el muro, el desafío es compatibilizar las distintas ideologías dentro de un mismo sistema interamericano. Ese trabajo permitirá crear un nuevo marco legal, comercial, migratorio y de desarrollo para la región, uno que refleje el nuevo equilibrio alcanzado entre Estados Unidos y Latinoamérica, y que esté basado en el respeto por las diferencias, dejando atrás las doctrinas hegemónicas.

La guerra que Obama ignora

¿A cuántos miles de campesinos dejó sin opción de vida digna la competencia desleal de los alimentos importados? ¿Cuántos jóvenes del campo se vieron por ello más empujados a las garras del crimen organizado?
Víctor M. Quintana S. / LA JORNADA
Obama está todavía en un periodo de gracia. Mucha gente mantiene aún una cautelosa esperanza en el primer presidente afroestadunidense de Estados Unidos. En días recientes se le han hecho llegar dos cartas referentes al tema agroalimentario. Una la firman 108 organizaciones rurales y de investigación estadunidenses y de 28 países más; otra, las organizaciones de México que participan en la campaña Sin maíz no hay país.
El hecho es que hay una guerra peor que la de Afganistán o la de Irak, que Obama ignora, a diferencia de estas últimas: es la guerra de baja intensidad contra las agriculturas campesinas, indígenas y familiares que han emprendido un puñado de trasnacionales del agronegocio, la mayoría con base en Estados Unidos y sus aliados.
No, no es una guerra en sentido figurado. Es una guerra real con armas, con su cuota de destrucción, con bajas y terribles impactos sociales.
La guerra tiene como propósito aumentar el lucro de estas corporaciones y controlar los territorios que consideran valiosos. Nada diferente a los propósitos de otras guerras convencionales. En lo que sí difiere es en el tipo de armas de destrucción masiva que se utilizan: no son bombas ni cañonazos. Son de tres tipos preferentemente: especulación con los alimentos en las bolsas de valores; invasión de los mercados nacionales con alimentos producidos y comercializados por las trasnacionales; inundación de semillas genéticamente modificadas.
Créase o no, la destrucción producida por estas armas es enorme: las exportaciones a precio dumping destruyen los sistemas productivos nacionales, sobre todo los más tradicionales. La especulación con los alimentos los pone fuera del alcance de las familias más pobres. La invasión de semillas transgénicas arrasa con la dotación de simientes naturales y con ecosistemas antiguos. La necesidad de competir con las altas productividades de las trasnacionales hace que se sacrifiquen suelos, bosques, mantos acuíferos para poder ganar la loca carrera productivista y librecambista.
Como todas las guerras, la que se libra contra las agriculturas campesinas produce hambrunas y migraciones. Y, claro, también produce muertes. Señala la primera carta que el último arranque especulativo, el de 2008, hizo que 200 millones más de personas de todo el planeta cayeran en pobreza alimentaria.
Esto debe saberlo Barack Obama. Las trasnacionales, como Monsanto, Cargill, Continental Grain, etcétera, han utilizado y quieren seguir utilizando a la Casa Blanca para proseguir esta guerra que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni siquiera ha detectado, mucho menos tratado de impedir. Por eso es necesario que se informe, que escuche a los agricultores familiares de su patria, a los campesinos de todo el mundo.
En sus manos está modificar los tratados de libre comercio, que son verdaderos tratados de guerra; poner un alto a la especulación con alimentos. Detener en seco la inundación de semillas transgénicas.
Debe saber también que al lado de esta guerra ignorada, sus antecesores han promovido y apoyado una guerra hipócrita: la guerra contra las drogas.
El Plan Colombia, señalan los propios colombianos, ha gastado más de 7 mil 814 millones de dólares de 1999 a la fecha, pero la cifra resulta casi ridícula comparada con los 8 millones de toneladas de alimentos que el mismo plan les ha impuesto a importar a los colombianos, mismos que se preguntan: “¿No es imperialista una estrategia antinarcóticos que por un lado obliga a importar la comida que pueden producir nuestros campesinos e indígenas, y por el otro ordena fumigarlos como cucarachas cuando esos compatriotas, desesperados por la pobreza, siembran coca?” (senador Jorge Enrique Robledo).
En el caso de México las cifras son todavía más desproporcionadas: tan sólo el año pasado importamos, sobre todo de Estados Unidos, bienes agroalimentarios por más de 22 mil millones de dólares… ¿No les produjeron a los estadunidenses estas importaciones ganancias como para pagar varias veces los 300 millones de dólares que gastará este año la Iniciativa Mérida? ¿A cuántos miles de campesinos dejó sin opción de vida digna la competencia desleal de los alimentos importados? ¿Cuántos jóvenes del campo se vieron por ello más empujados a las garras del crimen organizado?
Obama debe dejar de ignorar la guerra contra la agricultura campesina. Debe replantear la guerra contra las drogas asumiendo el papel que su gobierno debe cubrir en relación con sus adictos, a quienes nos exportan armas, a quienes lavan dinero. De no hacerlo, el tiempo de las cartas puede tornarse en el tiempo de los zapatazos.

Puerto Rico, ficha en el tablero hemisférico

Mientras la política estadounidense de aislamiento y hostilidad hacia el gobierno de la Habana es motivo de controversias a nivel internacional y gran atención en los medios noticiosos, el tema de Puerto Rico es un asunto ignorado por muchos y atendido por pocos. El panorama, sin embargo, parece haber comenzado a cambiar.
Jesús Dávila / (NCM) Argenpress.info
Mientras Nicaragua tomó la ofensiva proclamando que “falta Puerto Rico” de la cumbre hemisférica de Trinidad, Estados Unidos movió también su primera ficha y se anunció que a mediados de mayo comenzará en el Congreso el proceso para revisar la condición política boricua.
El anuncio sobre Puerto Rico, hecho en San Juan sin gran fanfarria, se parece al que se proclamó en días recientes en Washington con respecto a reducir algunas restricciones sobre Cuba –aunque el bloqueo continúa- y ambos parecen seguir el patrón de reducir tensiones previo al primer encuentro entre el presidente Barack Obama y una treintena de mandatarios del hemisferio.
Los dos anuncios se diferencian, sin embargo, en que mientras la política estadounidense de aislamiento y hostilidad hacia el gobierno de la Habana es motivo de controversias a nivel internacional y gran atención en los medios noticiosos, el tema de Puerto Rico es un asunto ignorado por muchos y atendido por pocos. El panorama, sin embargo, parece haber comenzado a cambiar.
“No es de las Américas, porque falta Cuba, falta Puerto Rico”, dijo el presidente Daniel Ortega, quien pareció hacerse eco de las palabras del general Antonio Valero de Bernabé, héroe puertorriqueño de las guerras de independencia que comandó el Libertador Simón Bolívar. Ortega hizo la declaración al llegar a Caracas para participar de la reunión extraordinaria del ALBA, al que asisten los presidentes de Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela, además de Ecuador y Paraguay como observadores.Su declaración coincide también con el llamado hecho por el Comité de Latinoamérica y el Caribe de la Internacional Socialista para que impulse la inclusión de Puerto Rico en el temario de la “Cumbre de las Américas” que sesiona esta semana en Trinidad.
De inmediato no hubo respuesta directa de Washington a las palabras de Ortega, pero el Comisionado Residente, Pedro Pierluisi, dijo que aunque el caso de Puerto Rico no está en la agenda de la reunión hemisférica, cualquiera de los presidentes podría levantarlo y “si surge nuestro tema me voy a ocupar”. Pierluisi, quien forma parte de la delegación de congresistas que acompaña al Presidente Obama, anunció además que a mediados del próximo mes estará radicado en Washington el proyecto para convocar un proceso para dilucidar la situación política de Puerto Rico.
Las declaraciones de Pierluisi se produjeron luego de haber recibido orientación de parte de la Casa Blanca sobre lo que puede esperarse en Trinidad y cuando ni siquiera están claros los contornos del proyecto que se presentará en el Congreso para atender el caso de Puerto Rico. De hecho, se conoce que hay varias versiones del proyecto y que se intentará lograr un texto que permita un “consenso” entre EEUU y las fuerzas políticas puertorriqueñas.
Pierluisi tiene para eso la ventaja de que el Gobernador, Luis Fortuño, quien obtuvo en noviembre un triunfo electoral tan grande como no se veía en más de medio siglo, ha estado demostrando una gran habilidad para la maniobra y lograr negociaciones difíciles.
Pero lo delicado y volátil del asunto quedó demostrado con la detención por varias horas de las delegaciones puertorriqueñas que viajaron a Trinidad para participar en la IV Cumbre de los Pueblos, que sesiona a la vez que la reunión de los mandatarios. Del grupo fue deportado el conocido ambientalista Alberto de Jesús (Tito Kayak), quien a su llegada a San Juan fue detenido también durante cerca de tres horas por el Departamento de Seguridad de la Patria (Homeland Security), según informó su abogado Salvador Tió.
Todo esto sucede en momentos en que esta nación caribeña y colonia estadounidense desde 1898 se enfrenta a una crisis económica galopante con la pérdida de 57,000 puestos de trabajo en poco más de tres meses, de acuerdo a las estadísticas oficiales. El panorama se complementa con una situación política interna cada vez más inestable en la que por un lado comienza a gestarse un choque entre sindicatos y el Gobierno mientras los dos partidos mayoritarios, el anexionista y gubernamental Partido Nuevo Progresista y el opositor autonomista Partido Popular Democrático, ensayan esta misma semana una convergencia para pedir mejor trato en los fondos y subsidios que envía Washington.
Como si eso no fuera suficiente, el pequeño aunque influyente Partido Independentista Puertorriqueño ya logró recoger sobre 100,000 endosos, con lo cual volvió a emerger como la tercera fuerza política y tendrá plena representación en la Comisión Estatal de Elecciones en cualquier proceso de votación que se convoque. De igual forma, las manifestaciones obreras han dado el espacio para que adquieran más fuerza formaciones de izquierda como el Frente Socialista, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el Movimiento al Socialismo y el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano.
Asimismo, los sindicatos de las centrales estadounidenses AFL-CIO y Change to Win terminaron esta semana marchando junto a los de confederaciones boricuas como PROSOL ante la amenaza común de que entren en vigor medidas de austeridad que se anticipa podrían dejar en la calle a 30,000 o 40,000 empleados del Estado. Hasta el presidente del PPD, Héctor Ferrer, estuvo presente en la manifestación junto con varios legisladores de su partido.
En un cuadro tal en estos días en San Juan, no está claro quiénes son aliados o adversarios, ni por cuánto tiempo.
El Departamento de la Defensa tampoco evita las controversias y esta semana se conoció que el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva (ROTC) intentará –por segunda vez en menos de un mes- reanudar sus actividades en pleno Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, lo que anticipa tensión estudiantil. De hecho, aviones militares de gran tamaño han estado estos días en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín y se programó una exhibición de aviones de combate en lo que antes fue la Estación Naval de Roosevelt Roads.

Bolivia: Todo error proviene de una exclusión

El mayor acierto es la recuperación de soberanía nacional, pero las movidas políticas que se producen en determinadas coyunturas dan la sensación de que la apuesta es excesivamente inmediatista y que niega muy peligrosamente la cualidad que debe tener todo proceso revolucionario, que es su trascendencia en el tiempo.
Grover Cardozo / ALAI
Todo error proviene de una exclusión, decía Pascal. El enunciado del célebre matemático se confirma ampliamente en el desarrollo histórico de la sociedad boliviana, por las consecuencias que produjo la marginación social, pero también el enunciado -en sentido inverso- sirve para tomar nota de otra exclusión que aparece como tentación y que puede afectar a futuro el desenlace del proceso de transformaciones que encabeza el presidente Evo Morales.
Con acierto, Cesar Rojas Ríos en su obra Democracia de alta tensión, asegura que todo proceso social de cambio para tener viabilidad en el tiempo requiere incluir a todos los actores, porque si no todos están, el enunciado, incluso desde el punto de vista matemático, está destinado a producir un resultado incorrecto. “Sí únicamente los sectores desfavorecidos o los autonomistas pescan en el mar bravío de la coyuntura, unos en desmedro del otro, habremos reconstituido el malestar”, sostiene.
A partir del 22 de enero de 2006, se produce el proceso de inclusión social más grande que haya conocido Bolivia desde 1952. Ya sea vía decisiones políticas coyunturales o estructurales como la nueva Constitución, el país está transitando por un sendero que pone freno a la más oprobiosa marginación social que haya vivido país alguno de Sudamérica.
Un país de base indígena gobernado sólo por blancos y mestizos. Una sociedad con fuertes rasgos pluriculturales conducida desde una univoca visión occidental altamente divorciada de esa compleja realidad. El resultado hasta diciembre de 2005 no podía ser otro: un país fragmentado, con extrema pobreza, sin cohesión social y por lo tanto al borde de una confrontación interna.
Con beneplácito podemos afirmar que el actual gobierno ha roto algo que no pudo hacer ningún otro proyecto de poder en los últimos 50 años: fracturar la vieja visión de que Bolivia estaba destinada a ser productor de materias primas y que no tenía otra opción que la de moverse bajo moldes ultraliberales y con el tutelaje fatídico y a momentos abusivo de Estados Unidos.
Desde el punto de vista histórico, el rumbo del proceso es bueno y abre el camino para la recuperación de los excedentes que deben servir para aniquilar el cuadro de pobreza de grandes zonas rurales de Bolivia. Sin embargo desde la mirada global, es decir de los resultados en el largo plazo, este estilo de construir la política plantea inquietantes interrogantes.
Interrogantes en la perspectiva de complementar dos visiones de la realidad distintas: una que apuesta por la recuperación y reforzamiento de la tradición, es decir lo que viene del pasado y lo consideramos nuestra herencia cultural y otra que viene de los tiempos más recientes con la modernidad occidental, y a la que abierta o encubiertamente siguen apostando las elites del país.
El mayor acierto es la recuperación de soberanía nacional, pero las movidas políticas que se producen en determinadas coyunturas dan la sensación de que la apuesta es excesivamente inmediatista y que niega muy peligrosamente la cualidad que debe tener todo proceso revolucionario, que es su trascendencia en el tiempo.
Cuando un joven cruceño o tarijeño de las clases acomodadas, protesta con ira para algunas acciones del gobierno, se entiende que se trata de una reacción básicamente clasista, pero en esas actitudes también debemos leer futuros riesgos, porque las elites dentro y fuera de Bolivia tienen una apuesta estratégica: contemplar en aparente pasividad lo que denominan la “primavera de los gobiernos populares”, mientras sus brazos políticos, económicos y culturales conspiran contra los cambios (con admirable sutileza) desde los noticieros, las revistas matinales y las telenovelas.

- Grover Cardozo A. es periodista y abogado boliviano. Ex director de la Agencia Boliviana de Información./ABI

Brasil, de Getúlio a Lula

Descifrar el enigma Lula es la condición para no ser devorado por él - como ha sucedido con la oposición y con la ultraizquierda - de lo que también puede ser víctima la propia izquierda.
Emir Sader / Carta Maior
Brasil vive un momento diferenciado de su historia política. Una historia que completará en el 2010 sus ocho décadas más importantes. Desde entonces hay elementos de continuidad y de ruptura, por las inmensas transformaciones que Brasil vivió desde entonces. Ocho décadas en que el país mudó su fisonomía económica, social, política y cultural, de forma profunda e irreversible. De país rural a país urbano, de país agrícola a país industrializado, de un Estado restricto a las elites a un Estado nacional.
Desde la mayor de las rupturas – 1930 – algunas inflexiones redireccionaron la historia brasilera de manera significativa, hasta el presente, entre las cuales la dictadura militar representó el marco divisorio desde entonces. La Revolución del 30 introdujo el nuevo período, haciendo que la presidencia pasase de las manos de un mandatario – Washington Luis, el último presidente paulista antes de FHC, ambos nacidos enRío, pero adoptados por la elite paulista – que había afirmado que “La cuestión social es una cuestión de policía”, para un – Getúlio – que hará que el Estado asuma responsabilidades sobre los derechos sociales y pase a interpelar a los brasileros, en sus discursos, como “Trabajadores del Brasil”. Lo fundamental fue la creación de un Estado nacional, sucediendo a uno que era un consorcio de las elites económicas y políticas regionales. Esa fue la mayor ruptura progresista de la historia brasilera.
Brasil comenzó a tener un Estado en que pasaron a reconocerse proporciones crecientes de brasileros, mediante políticas sociales, reconocimiento de la sindicalización de los trabajadores, un proyecto nacional y un discurso popular. Se iniciaba el período más prolongado y más profundo de expansión de la economía y de extensión de los derechos sociales que el país conoció. Las 8 décadas estuvieron marcadas por algunas inflexiones importantes, desde que, en 1955, se redefine el desarrollo, que deja de tener un carácter expresamente nacional – en que las empresas estatales tenían un papel clave – para el ingreso masivo del capital extranjero, con la industria automovilística pasando a ser la motora del desarrollo industrial, llegando a responder, de forma directa o indirecta, por un cuarto del PIB brasilero.
Una segunda inflexión se dará con el golpe militar de 1964, sustantivo no solo en el plano económico, sino también social, con la apertura económica para los capitales extranjeros y la reducción drástica del salario mínimo (arrocho salarial), que son el santo “milagro económico”, y político, con la ruptura de la continuidad democrática y la imposición de una dictadura militar.
La redemocratización representó una ruptura política institucional, sin romper con las bases económicas y sociales del poder monopólico en el Brasil. El poder de los bancos, de la tierra, de los grandes medios privados, se fortalecieron, en vez de democratizarse. Pasamos a tener una democracia política sin alma social, sin alterar nuestro record negativo de país más desigual del continente, más desigual del mundo. Tanto es así, que esa democracia fue funcional al modelo neoliberal – hoy tan execrado nacional e internacionalmente, pero que con FHC ganó total apoyo de las elites dominantes brasileras -, que acentuó la desigualdad social, concentró aún más el poder económico y fragilizó la democracia reconquistada. FHC sentenció la inflexión de su gobierno: “Daremos vuelta la página del getulismo.”
Tenía conciencia de que sin destruir lo que sobrevivió del Estado nacional, regulador, inductor del desarrollo, distribuidor de la renta, el neoliberalismo, el reino del mercado, el Estado mínimo, no conseguirían imponerse. Fue su obra. Fracasó y abrió camino para el gobierno Lula, una era hibrida, compuesta por continuidades y rupturas, posible hasta que existiese base material para un amplio arco de alianzas que va del capital financiero a los pobres de la ciudad y el campo, que la crisis actual coloca en cuestión.
Descifrar el enigma Lula es la condición para no ser devorado por él - como ha sucedido con la oposición y con la ultraizquierda - de lo que también puede ser víctima la propia izquierda. Para lo que es esencial identificar los elementos de continuidad y de ruptura en la historia brasilera de estas décadas, rearticulada por la globalización neoliberal y por las emergentes fuerzas post neoliberales, en el trazado de la crisis hegemónica global que marca el mundo, América Latina y el Brasil contemporáneos.
Traducción: Insurrectasypunto http://www.insurrectasypunto.org
Texto en portugués:
http://www.cartamaior.com.br/

Derecho, educación y política

La crisis de civilización que enfrentamos, la más aguda desde la caída del imperio romano y de efectos muchísimo más graves que aquélla, nos plantea retos que solo se pueden abordar con lo mejor de la historia científica e intelectual de la humanidad.
Armando Hart Dávalos / LA JIRIBILLA
El mundo se ha globalizado y acabó globalizando los problemas también. Se trata de procesos objetivos íntimamente relacionados con el desarrollo científico y tecnológico. No se trata de salvar a una comunidad o a un país sino a la humanidad en su conjunto. La crisis de civilización que enfrentamos, la más aguda desde la caída del imperio romano y de efectos muchísimo más graves que aquélla, nos plantea retos que solo se pueden abordar con lo mejor de la historia científica e intelectual de la humanidad.
Partiendo de estas premisas, los movimientos sociales están obligados, hoy más que nunca antes, a tomar en consideración esas realidades para promover la acción transformadora a favor de la justicia. Es, precisamente la crítica y el análisis de la quiebra radical y en general de toda la institucionalidad burguesa heredada de siglos anteriores, donde está el camino para encontrar soluciones que nos permitan hallar las nuevas fórmulas para relacionar el movimiento intelectual y social con el papel del Estado.
El pensamiento de la Ilustración nos dejó la teoría de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Fue precisamente Montesquieu en su obra maestra El espíritu de las leyes (1748), quien postuló que debía establecerse una separación y un equilibrio entre los distintos poderes a fin de garantizar los derechos y las libertades individuales. Sin embargo, los hechos muestran una situación bien diferente a esta visión idílica de la institucionalidad burguesa. La práctica histórica le agregó un “cuarto poder”, el de la prensa, a la que hoy llamamos medios de comunicación masiva. Ese llamado cuarto poder se ha convertido en nuestros días, en medio de una aguda lucha por controlar las conciencias y las ideas, en un elemento clave. Los avances tecnológicos en esta esfera han acentuado, por una parte, el poder de las transnacionales de la información a escala planetaria pero, al mismo tiempo, se han abierto brechas a través de las cuales el movimiento social y político progresista puede y debe dar su batalla en el terreno de las ideas.
El imperialismo en su fase decadente ha echado por la borda los principios jurídicos en los que dijo basarse el estado burgués a partir de la revolución francesa y promueve la fragmentación y debilitamiento de las estructuras estatales de otros países a partir de la teoría de los estados inviables. Hoy, los movimientos sociales que han llegado al gobierno en varios países de América Latina mediante procesos eleccionarios levantan las banderas de la juridicidad e impulsan procesos constituyentes que garanticen los derechos económicos, políticos y sociales de los sectores populares que representan. Los ejemplos de Venezuela, Bolivia y Ecuador ilustran esta afirmación.
La defensa del derecho, la educación y la práctica política sobre fundamentos éticos se ha convertido en un elemento clave del accionar de los movimientos sociales y de los partidos políticos comprometidos con las cambios radicales en el actual orden internacional que reclaman millones de personas en todo el planeta.
El análisis con rigor de la aguda crisis de la democracia representativa y el sistema de pluripartidismo se ha convertido en una necesidad apremiante en nuestros días. Ella se manifiesta en la falta de credibilidad en el sistema, en el abstencionismo cada vez mayor de los electores, en el surgimiento de agrupaciones alternativas que buscan canalizar la insatisfacción ciudadana y que, incluso, se desarrollan a veces al margen del propio régimen político y electoral. Para amplias masas de electores, la política se ha convertido en algo sucio y ha degenerado hacia la politiquería. Recordemos que el nacimiento de la institución partido político en su concepción moderna está asociado al parlamentarismo británico primero y a la Revolución francesa después. Reflejaban el enfrentamiento de clases sociales hostiles o grupos con intereses económicos contrapuestos. En América Latina y el Caribe se reprodujo ese esquema político sin estar aquí expresadas las clases sociales que le dieron vida.
En su visionario ensayo Nuestra América, José Martí advirtió hace más de un siglo:
"La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. (...) El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país".(1)
Las diferencias de espacio y tiempo determinan formas diferentes en que se materializan las verdades esenciales. Estas son extraordinariamente variadas y se presentan con acontecimientos muchas veces imprevistos. Así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad. Hoy, esos acontecimientos se manifiestan, en ocasiones, con violencia extrema, pero todo refleja la necesidad de una transformación económica, política y social de vasto alcance internacional.
En los procesos revolucionarios en marcha en nuestra región se refuerza la necesidad de alcanzar la cohesión nacional como única política sensata en la actual coyuntura y que la divisa “divide y vencerás” que tuvo precisamente en la pluralidad de partidos su expresión cultural y política, vaya quedando superada en medio de una realidad que reclama otras formas de democracia de carácter participativo y popular.
La primera y más importante lección está en el déficit principal de los “materialistas” en la centuria concluida, es decir, de gran parte de lo que se llamó izquierda, fue haberse olvidado de que el hombre también es materia y haber divorciado las luchas sociales y de clases de la mejor tradición cultural.
Las desviaciones que dramáticamente tuvieron lugar se derivaron del dogmatismo, hijo del divorcio entre la práctica política socialista y la cultura nacida de nuestras luchas por la emancipación del dominio colonial.
Denunciar la crisis vigente, mostrarla a plenitud y estudiar las conclusiones a que se llegue al respecto en la realidad de cada país, es la mejor manera de encontrar el camino para transformarlo y vincular en lo particular de las naciones, los movimientos sociales y el Estado, favoreciendo su democratización. Las conclusiones las hará cada país a partir de su historia y de las situaciones concretas actuales.
(1)José Martí, O.C. “Nuestra América”, El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, t. 6, pp. 16-

Abril de 1961, días de especial relevancia para Cuba y Nuestra América

…a partir de Girón todos los pueblos de América fueron un poco más libres. -Fidel-
Paco Azanza Telletxiki / http://baragua.wordpress.com
En abril de 1961, Cuba vivió dos acontecimientos muy relevantes para su Historia, y también para todos los pueblos de América Latina. Uno de ellos fue la proclamación –el día 16- del carácter socialista de la Revolución, y el otro, tres días después, lo que se entiende como la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.
Eso es lo que normalmente se dice, pero en realidad los yanquis encajaron su primera derrota con el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959. Hasta entonces y durante casi sesenta años, Cuba había sido una neocolonia norteamericana; Fulgencio Batista, apoyado por la CIA, un presidente títere al servicio del imperio; y el ejército del tirano no era otra cosa que una especie de “filial” del ejército imperialista destinado a proteger los grandes privilegios de los capitalistas yanquis en la Isla, nunca los del pueblo... Y, en la fecha indicada, todos esos elementos fueron implacablemente vencidos por un ejército popular que nació del pueblo y se desarrolló con el pueblo: el Ejército Rebelde.
Al principio el gobierno estadounidense mostró menosprecio a la Revolución. Fue incapaz de entender que, frente a sus propias narices, una revolución social podía salir hacia adelante. Pensaron que, llegado el momento oportuno, ésta sería fácil de ser destruida. Tenían en mente, quizá, a la Guatemala de Jacobo Arbenz, que fue derrocado en 1954 tras anunciar una Reforma Agraria que favorecía al campesinado guatemalteco y perjudicaba seriamente a los perversos intereses de la United Fruit Company norteamericana. Pero se equivocaron, la Revolución Cubana continuó caminando sin desviar su rumbo. Y este insólito hecho cambió el sentimiento de los gobernantes norteamericanos para con la Revolución: del simple menosprecio pasaron a experimentar un sentimiento de odio. Entonces los imperialista yanquis comenzaron a utilizar todo tipo de “herramientas” para tratar de acabar con la humillación que la permanencia revolucionaria les infligía, así como con el ejemplo emancipador que, por añadidura, ésta “exportaba” a todos los pueblos de América. Recurrieron a la guerra económica, al sabotaje y a la subversión... e incluso a la invasión mercenaria, materializada en Playa Larga y Playa Girón.
Así, el 17 de marzo de 1960, el por aquel entonces presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, aprobó un plan militar elaborado por la CIA, cuyo presupuesto inicial era de 4.400.000 dólares. La finalidad del mismo no era otra que la de invadir Cuba, derrocar al gobierno revolucionario y retomar el control de la Isla.
Los mercenarios reclutados para la invasión fueron adiestrados en la isla de Useppa, muy próxima a Naples, Florida. De ahí fueron trasladados a Fort Gulick, zona del Canal de Panamá, y después a la Base Trax de Guatemala. De esta Base se les trasladó por aire a Puerto Cabezas, Nicaragua –unas 250 millas más cerca de Cuba que la última instalación-, no sin antes destruir todos los archivos de la Brigada y demoler el campo de adiestramiento y las barracas utilizadas.
El general y presidente de Nicaragua, Luis Somoza, se encargó de despedir a la expedición mercenaria. “Tráiganme un par de pelos de la barba de Castro”, dijo, cuando ésta subió a bordo de los barcos próximos a zarpar rumbo a Cuba.
Reemplazado Eisenhower en la presidencia del gobierno por John F. Kennedy, fue éste quien asumió la responsabilidad de la invasión, escogiendo la fecha del inicio para el 17 de abril de 1961, tras haberla pospuesto en varias ocasiones.
El 15 de abril, como preámbulo, ocho aviones repartidos en tres escuadrillas partieron de Puerto Cabezas, Nicaragua, para bombardear el aeropuerto de Ciudad Libertad, la base aérea de San Antonio de los Baños y el aeropuerto Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Los ataques de los aviones estadounidenses, que estaban camuflados con el emblema de la Fuerza Aérea Cubana, fueron respondidos por jóvenes artilleros, muriendo doce de ellos como resultado de la heroica defensa. Fue durante el discurso-homenaje a estos jóvenes –un día después de los citados bombardeos- cuando Fidel, ante decenas de miles de milicianos armados, proclamó el carácter socialista de la Revolución:
"Eso es lo que no pueden perdonarnos: que estemos ahí en sus narices. ¡Que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de los Estados Unidos!"
La noche de ese mismo día –el 16 de abril- "la armada de la invasión se concentró al sur de Cuba. Dos embarcaciones propiedad de la Marina de Guerra de Estados Unidos, el Bárbara J y Blagar, muy bien artillados, brindarían apoyo al desembarco.
Cerca de los navíos permanecía fondeada una agrupación de choque de la flota del Atlántico: el potahelicópteros Boxer, los portaaviones Essex y en las cercanías el Sangri La; los destructores Murray, Conway, Coney, Eaton y el Wailer. Dos submarinos navegaban frente a las costas cubanas.
La brigada comprendía 1.511 hombres, todos ubicados en los barcos, con la excepción de un batallón de infantería aerotransportadora de 177 personas"
–la cursiva es de Luis Báez.
La invasión se produjo en la madrugada del lunes 17 de abril. El gobierno norteamericano tenía previsto anunciar un gobierno provisional, al cual pensaban presentar después de que los invasores hubiesen permanecido 72 horas en suelo cubano. La solicitud del reconocimiento de la Organización de Estados Americanos –OEA- y la ayuda militar del exterior también entraban dentro de sus planes.
Pero los invasores no llegaron a las 72 horas previstas, como tampoco lograron el levantamiento interno pronosticado por los analistas de la CIA, ya que sucedió justo lo contrario: el incondicional apoyo del pueblo a su Revolución. Siendo la respuesta del Ejército Rebelde y las Milicias rápida y contundente, a las 5:30 p.m. del miércoles 19 las fuerzas invasoras ya habían sido derrotadas.
Fidel dirigió las operaciones de defensa desde el mismo escenario de los combates -llegó a hundir un barco, el “Houston”, a cañonazos- y, como no se sabía los derroteros que iba a tomar la contienda, el Comandante en Jefe situó al frente de las provincias orientales, centrales y Pinar del Río a los comandantes Raúl Castro, Juan Almeida y Ernesto Che Guevara respectivamente.
A resultas de la heroica defensa, 176 revolucionarios perdieron la vida y más de 300 resultaron heridos.
1.200 invasores fueron capturados. Tratados con total corrección, buena parte de ellos fueron liberados tiempo después a cambio de alimentos y medicinas. A este respecto, la revista mexicana “Siempre” publicó:
"El fusilamiento en masa, de todos los que fueron hallados con las armas en las manos, hubiera sido legal y nacionalmente irreprochable. Francia, Inglaterra, Estados Unidos... no hubiesen procedido de otra forma. El gobierno de Cuba, con el sentido de la humanidad que ningún régimen político debería tener miedo en prodigar, perdonó la vida a los traidores".
Sólo habían pasado quince meses y medio desde el triunfo revolucionario, y ya el proceso cubano había experimentado un salto cualitativo de gran importancia. En la Sierra Maestra el Ejército Rebelde luchó por el Programa del Moncada, que no era un programa socialista, aunque recogía las ideas básicas para ulteriores avances en esa dirección; pero en Girón el pueblo ya luchó y derramó sangre por el socialismo.
Hoy, 48 años después de los hechos aquí narrados, Cuba sigue siendo socialista. El único país de América que no tiene relaciones con Cuba es Estados Unidos, de modo que el cruel e histórico “aislador” se ha quedado aislado. En cuanto al actual panorama de América Latina, podemos decir que es ciertamente esperanzador: mucho más progresista, mucho más unificado, y, en no pocos de sus países, se avanza de manera inexpugnable hacia el socialismo.

viernes, 17 de abril de 2009

La posición de los países del ALBA frente a la V Cumbre de las Américas

Cumaná, Venezuela. 17 de abril de 2009.
Los Jefes de Estado y de Gobierno de Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela, países miembros del ALBA, consideramos que el proyecto de Declaración de la V Cumbre de las Américas es insuficiente e inaceptable por las siguientes razones:
-No da respuestas al tema de la Crisis Económica Global, a pesar de que ésta constituye el más grande desafío al cual la humanidad haya hecho frente en décadas y la más seria amenaza de la época actual para el bienestar de nuestros pueblos.
-Excluye injustificadamente a Cuba, sin hacer mención al consenso general que existe en la región para condenar el bloqueo y los intentos de aislamiento de los cuales su pueblo y su gobierno han sido incesantemente objeto, de manera criminal.
Por tal motivo, los países miembros del ALBA consideramos que no hay consenso para adoptar este proyecto de declaración y en función de lo planteado, proponemos sostener un debate a fondo sobre los siguientes temas:
1) El capitalismo está acabando con la humanidad y el planeta. Lo que estamos viviendo es una crisis económica global de carácter sistémico y estructural y no una crisis cíclica más. Están muy equivocados quienes piensan que con una inyección de dinero fiscal y con algunas medidas regulatorias se resolverá esta crisis. El sistema financiero está en crisis porque cotiza valores en papeles por seis veces el valor real de los bienes y servicios que se producen en el mundo. Esta no es una “falla de la regulación del sistema” sino que es parte constitutiva del sistema capitalista que especula con todos los bienes y valores en pos de obtener la máxima ganancia posible. Hasta ahora, la crisis económica provoca 100 millones más de hambrientos y más de 50 millones de nuevos desempleados y estas cifras tienden a aumentar.
2) El capitalismo ha provocado la crisis ecológica por someter las condiciones necesarias para la vida en el planeta, al predominio del mercado y la ganancia. Cada año se consume un tercio más de lo que el planeta es capaz de regenerar. A este ritmo de derroche del sistema capitalista, vamos a necesitar dos planetas Tierra para el año 2030.
3) La crisis económica global, la del cambio climático, la alimentaria, y la energética son producto de la decadencia del capitalismo que amenaza con acabar con la propia existencia de la vida y el planeta. Para evitar este desenlace es necesario desarrollar un modelo alternativo al sistema capitalista. Un sistema de:
solidaridad y complementariedad y no de competencia;
un sistema de armonía con nuestra madre tierra y no de saqueo de los recursos naturales;
un sistema de diversidad cultural y no de aplastamiento de culturas e imposición de valores culturales y estilos de vida ajenos a las realidades de nuestros países;
un sistema de paz basado en la justicia social y no en políticas y guerras imperialistas;
en síntesis, un sistema que recupere la condición humana de nuestras sociedades y pueblos y no los reduzca a ser simples consumidores o mercancías.
4) Como expresión concreta de la nueva realidad del continente, los países latinoamericanos y caribeños hemos comenzado a construir una institucionalidad propia, que hunde sus raíces en la historia común que se remonta a nuestra Revolución independentista, y constituye una herramienta concreta de profundización de los procesos de transformación social, económica y cultural que habrán de consolidar nuestra plena soberanía. El ALBA-TCP, Petrocaribe o la UNASUR, por solo citar los de más reciente creación, son mecanismos de unión solidaria creados al calor de estas transformaciones, con la intención manifiesta de potenciar el esfuerzo de nuestros Pueblos por alcanzar su propia liberación. Para enfrentar los graves efectos de la crisis económica global, los países del ALBA-TCP hemos tomado medidas innovadoras y transformadoras, que buscan alternativas reales al deficiente orden económico internacional y no potenciar sus fracasadas instituciones. Así, hemos puesto en marcha un Sistema Único de Compensación Regional, el SUCRE, que incluye una Unidad de Cuenta Común, una Cámara de Compensación de Pagos y un Sistema Único de Reservas. Igualmente, hemos impulsado la constitución de empresas grannacionales para satisfacer las necesidades fundamentales de nuestros pueblos, estableciendo mecanismos de comercio justo y complementario, que dejen a un lado la absurda lógica de la competencia desenfrenada.
5) Cuestionamos al G20 por triplicar los recursos del Fondo Monetario Internacional, cuando lo realmente necesario es establecer un nuevo orden económico mundial que incluya la transformación total del FMI, del Banco Mundial y de la OMC, que con sus condicionamientos neoliberales han contribuido a esta crisis económica global.
6) Las soluciones a la crisis económica global y la definición de una nueva arquitectura financiera internacional deben ser adoptadas con la participación de los 192 países que entre el 1 y el 3 de Junio nos reuniremos en la Conferencia sobre la crisis financiera internacional de las Naciones Unidas, para proponer la creación de un nuevo orden económico internacional.
7) En cuanto a la crisis del cambio climático, los países desarrollados tienen una deuda ecológica con el mundo ya que son responsables por el 70 % de las emisiones históricas de carbono acumuladas en la atmosfera desde 1750. Los países desarrollados, deudores con la humanidad y el planeta, deben aportar recursos significativos a un fondo para que los países en vías de desarrollo puedan emprender un modelo de crecimiento que no repita los graves impactos de la industrialización capitalista.
8) Las soluciones a las crisis energética, alimentaria y del cambio climático tienen que ser integrales e interdependientes. No podemos resolver un problema creando otros en áreas fundamentales para la vida. Por ejemplo, generalizar el uso de agrocombustibles solo puede incidir negativamente en los precios de los alimentos y en la utilización de recursos esenciales como el agua, la tierra y los bosques.
9) Condenamos la discriminación de los migrantes en cualquiera de sus formas. La migración es un Derecho Humano, no un delito. Por tanto, demandamos una reforma urgente de las políticas migratorias del gobierno de los Estados Unidos, con el objetivo de detener las deportaciones y redadas masivas, permitir la reunificación de las familias, y reclamamos la eliminación del muro que nos separa y nos divide, en vez de unirnos. En ese sentido, demandamos la abrogación de la Ley de Ajuste Cubano y la eliminación de la política de Pies Secos – Pies Mojados, de carácter discriminatorio y selectivo, y causantes de pérdidas de vidas humanas. Los verdaderos culpables de la crisis financiera son los banqueros que se robaron el dinero y los recursos de nuestros países y no los trabajadores migrantes. Primero están los derechos humanos, y en particular los derechos humanos del sector más desprotegido y marginado de nuestra sociedad que son los migrantes sin papeles. Para que haya integración tiene que haber libre circulación de las personas, y derechos humanos por igual para todos sin importar su estatus migratorio. El robo de cerebros constituye una forma de saqueo de recursos humanos calificados ejercido por los países ricos.
10) Los servicios básicos de educación, salud, agua, energía y telecomunicaciones tienen que ser declarados derechos humanos y no pueden ser objeto de negocio privado ni ser mercantilizados por la Organización Mundial del Comercio. Estos servicios son y deben ser esencialmente servicios públicos de acceso universal.
11) Queremos un mundo donde todos los países, grandes y pequeños, tengamos los mismos derechos y donde no existan imperios. Abogamos por la no intervención. Fortalecer, como único canal legítimo para la discusión y análisis de las agendas bilaterales y multilaterales del Continente, la base del respeto mutuo entre los Estados y los gobiernos, bajo el principio de la no injerencia de un Estado sobre otro y la inviolabilidad de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Demandamos al nuevo gobierno de los Estados Unidos, cuya llegada ha generado algunas expectativas en la región y en el mundo, que ponga fin a la larga y nefasta tradición de intervencionismo y agresión que ha caracterizado el accionar de los gobiernos de ese país a lo largo de la historia, especialmente recrudecido durante el gobierno de George W. Bush. De la misma manera, que elimine prácticas intervencionistas como las operaciones encubiertas, diplomacias paralelas, guerras mediáticas para desestabilizar Estados y gobiernos, y el financiamiento a grupos desestabilizadores. Es fundamental construir un mundo donde se reconozca y respete la diversidad de enfoques económicos, políticos, sociales y culturales.
12) Respecto al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y la exclusión de este país de la Cumbre de las Américas, los países de la Alternativa Boliviariana para los Pueblos de Nuestra América reiteramos la Declaración que todos los países de América Latina y el Caribe adoptaron el pasado 16 de diciembre del 2008 sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos de América a Cuba, incluida la aplicación de la llamada ley Helms-Burton y que entre sus párrafos fundamentales señala:
“CONSIDERANDO las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Necesidad de poner fin al Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba, y las expresiones que sobre el mismo se han aprobado en numerosas reuniones internacionales,“AFIRMAMOS que en la defensa del libre intercambio y de la práctica transparente del comercio internacional, resulta inaceptable la aplicación de medidas coercitivas unilaterales que afectan el bienestar de los pueblos y obstruyen los procesos de integración.
“RECHAZAMOS de la forma más enérgica la aplicación de leyes y medidas contrarias al Derecho Internacional como la Ley Helms-Burton y exhortamos al Gobierno de los Estados Unidos de América a que ponga fin a su aplicación.
“PEDIMOS al gobierno de Estados Unidos de América que cumpla con lo dispuesto en 17 resoluciones sucesivas aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y ponga fin al bloqueo económico comercial y financiero que mantiene contra Cuba.”
Adicionalmente consideramos que han fracasado los intentos de imponer el aislamiento de Cuba, que hoy es parte integrante de la región de América Latina y el Caribe, miembro del Grupo de Río y de otras organizaciones y mecanismos regionales, que desarrolla una política de cooperación y solidaridad con los países de la región, que promueve la plena integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños y, por tanto, que no existe razón alguna que justifique su exclusión del mecanismo de las Cumbres de las Américas.
13) Los países desarrollados han destinado no menos de 8 milllones de millones de dólares para rescatar la estructura financiera que se ha desplomado. Son los mismos que no cumplen con destinar pequeñas cifras para alcanzar las Metas del Milenio o el 0,7% del PIB para la Ayuda Oficial al Desarrollo. Nunca antes se había visto tan al desnudo la hipocresía del discurso de los países ricos. La cooperación debe establecerse sin condiciones y ajustarse a las agendas de los países receptores simplificando los trámites, haciendo accesibles los recursos y privilegiando los temas de inclusión social.
14) La legítima lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, y cualquier otra manifestación de las llamadas “nuevas amenazas” no deben ser utilizadas como excusa para llevar a cabo actividades de injerencia e intervención en contra de nuestros países.
15) Estamos firmemente convencidos de que el cambio, en el que todo el mundo tiene esperanza, solo puede venir de la organización, movilización y unidad de nuestros pueblos.
Como bien afirmara El Libertador:
“La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”. Simón Bolívar

miércoles, 15 de abril de 2009

Trinidad-Tobago: ¿fin de las cumbres?

El único punto real, existente y soterrado de las cumbres (en favor, neutral o en contra) ha sido el bloqueo criminal de Cuba, país que desde 1959 defiende su soberanía, junto con la dignidad y capacidad de vergüenza de los pueblos americanos. Incluyendo, naturalmente, las del propio pueblo de Estados Unidos.
José Steinsleger / LA JORNADA
El día en que los astronautas Neil Armstrong y Edwin Aldrin caminaron sobre la superficie lunar recibieron 73 mensajes enviados por distintas personalidades del mundo. Eric Williams (1911-81) escribió: La mayor y más cara esperanza para la humanidad es no perder el mundo mientras ganamos la luna (21 de julio de 1969).
Williams era el primer ministro de Trinidad-Tobago, líder de la independencia nacional (1962) y autor de Capitalismo y esclavitud (1944), estudio pionero acerca de un tema que la modernidad occidental subestima, sistemáticamente: el papel jugado por Gran Bretaña y Europa en la esclavitud y la trata de esclavos negros en el Caribe, motores de la revolución industrial.
Capitalismo y esclavitud. En vísperas de la cumbre de presidentes en Trinidad-Tobago, no estaría mal que los anfitriones distribuyesen el libro de Williams entre los invitados. Difícil: la versión en inglés y la única en español están agotadas (Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1975).
Aunque pensándolo bien, no es descabellada la posición de Washington en estos aquelarres quinquenales que le permiten auscultar el nivel de zalamería y de servilismo político sin más de los gobiernos latinoamericanos. Es claro que soplan nuevos vientos. Pero si Cuba estuviese allí, el imperio se vería obligado a oír que, para nuestros pueblos, la esclavitud es inherente al capitalismo.
Enajenadas con el fin de la historia, el libre comercio, la globalización y otros cuentos, las cumbres tuvieron su génesis a finales del decenio de 1980, con el llamado Consenso de Washington y el clímax neoliberal de las democracias viables dependientes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
La primera reunión tuvo lugar en Miami, capital de la corrupción, el terrorismo y el crimen organizado (1994). Entonces, el presidente William Clinton impulsó el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Y la segunda, sesionó en un país de políticos agradecidos con Pinochet y adalides de la democracia moderna que forjó la sociedad más desigual del continente (Santiago, 1998).
El triunfalismo del gran capital empezó a cambiar de semblante en el lustro final del siglo pasado, cuando un par de acontecimientos rayaron la cancha de las tiranías financieras, cimbrando el escenario internacional: la irrupción del zapatismo insurgente el día en que México ingresó al Tratado de Libre Comercio por la puerta de la cocina (Chiapas, 1994) y el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela (1998).
El criollaje blanquito y maquillado de blanco lanzó gritos de histeria: ¡ahí vienen los indios!, ¡ahí el populismo radical! Reacios a entender la realidad, los ingenieros del consenso persistieron en su autismo social. Y en tanto, pobladas enardecidas daban cuenta de un florido ramillete de gobernantes entreguistas, serviles y corruptos.
Los tecnócratas se sacaron de la manga desafíos que debían sonar bien a fin de que los negocios marchasen mejor: preservación y fortalecimiento de la democracia, justicia y derechos humanos, erradicación de la pobreza y la discriminación, desarrollo incluyente y sostenible, igualdad de género, seguridad, crecimiento con equidad, trabajo decente para entender la pobreza, alianza para la educación… ¡que no imaginaron!
Y en comedida sintonía con la época impulsaron cumbres de los pueblos indígenas “… para abordar los desafíos políticos desde su propia perspectiva” (sic). La Organización de Estados Americanos (OEA), el Departamento de Estado y Felipe González (oidor del rey de todas las Españas) quedaron a cargo de las nuevas encomiendas.
En la cumbre de Quebec (2001), los sabios pusieron las barbas en remojo. Washington les dictó un brulote llamado Carta democrática, que sirvió a la OEA para alentar la aventura golpista contra el gobierno de Chávez (2002), y luego justificar el derrocamiento de Jean Bertrand Aristide, presidente constitucional de Haití (2004).
Toda cumbre tiene algo de desmesura. En la de Monterrey, dado su carácter de extraordinaria (2002), México invitó a Cuba. Pero un canciller diseñado a medida, so pretexto del inminente arribo de George W. Bush, consiguió que el presidente Vicente Fox aconsejase a Fidel Castro, vía telefónica: comes y te vas. Finalmente, en Mar del Plata (2005), las cumbres recibieron el tiro de gracia: no al ALCA.
El único punto real, existente y soterrado de las cumbres (en favor, neutral o en contra) ha sido el bloqueo criminal de Cuba, país que desde 1959 defiende su soberanía, junto con la dignidad y capacidad de vergüenza de los pueblos americanos. Incluyendo, naturalmente, las del propio pueblo de Estados Unidos.

domingo, 12 de abril de 2009

Enajenación y desenajenación

Hoy, cuando en otras condiciones se intenta avanzar en la construcción de sociedades de nuevo tipo, no debe perderse nunca de vista esa desiderata de la que, en última instancia, depende el éxito de la empresa: si no se tiene en la mira un nuevo ser humano con nuevos valores, que debe empezar a construirse desde ahora, tarde o temprano la historia pasará factura.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
(Ilustración: "Forjando el amparo", mural de Pavel Égüez)

La ambición más grande del ser humano, decía el Che, es ver al ser humano liberado de su enajenación, y para ello proponía reconstruir la sociedad sobre valores que no son los del capitalismo. Al Che no se le escapaba, claro, que el ser humano debe liberarse de las apremiantes necesidades materiales: del hambre, del trabajo explotador, de la carencia de cobijo y, en general, de aquellas condiciones que no permiten una vida digna. Pero, siendo éstas la base necesaria, consideraba que no era suficiente. El ser humano necesitaba crecer más allá de la mera reproducción de la vida para ser realmente eso, un ser humano. En la terminología de su tiempo, se trataba de construir un hombre nuevo. Hoy abogamos por un nuevo ser humano.
Ya Marx, sobre todo en los Cuadernos económicos y filosóficos de 1844 y, en general, en sus trabajos que luego Louis Althusser llamaría “de juventud”, se había ocupado extensamente del tema, pero éste no nació con él pues una larga tradición lo antecedía y le servía de base en el pensamiento filosófico de Occidente. Rousseau, Fichte, Hegel, Feuerbach, por ejemplo, se habían ocupado, desde el particular punto de vista de cada uno, del ser enajenado. Para todos, la enajenación era una suerte de robo que la sociedad le hacía a la esencia humana, la cual se caracterizaría por un plus sobre sus características animales. Es decir, reconociendo la conexión ineludible con la naturaleza (que en el caso de lo humano sería su pertenencia al reino animal), lo específicamente humano estaría dado por ciertos rasgos y características que lo distanciaban y diferenciaban de lo animálico. Dentro de la tradición marxista, esa diferencia nacería, básicamente, de las posibilidades del ser humano de realizar trabajo creativo, que tendría como base y conditio sine qua nom el desarrollo cerebral específico alcanzado por el homo sapiens.
Pero en la sociedad dividida en clases sociales –no solo en el capitalismo, por cierto- nos dice Marx, el trabajo se transforma en trabajo enajenado, es decir, en un trabajo no-libre, cuyo producto no le pertenece a quien lo realiza. Este momento de la enajenación se expresa, también, en la enajenación en el proceso de producción, pues éste se realiza solamente para obtener, a cambio de él, lo suficiente para renovar la fuerza de trabajo y ésta, ¿cómo se renueva?: comiendo, descansando, durmiendo, es decir, a través de las funciones que, en el ser humano, nos ligan a lo animal. Quiere decir que el ser humano no solamente es despojado del producto de su trabajo sino que con él, también, de su esencia humana, pues se eleva al rango de mayor satisfacción y realización aquello que lo liga con lo animal, mientras que aquello en lo que debería realizar su humanidad (el trabajo) lo vive como una carga que solo ejecuta para poder sobrevivir. Se ha invertido la relación: lo que es humano en el ser humano es vivido como animálico, y lo que es animálico es vivido como humano. Este sería el núcleo esencial de la enajenación, la fuente nutricia de una sociedad enajenada que, al invertir los términos, desatiende, deja de lado, desprecia los valores propiamente humanos.
De ahí, entonces, la necesidad de reestructurar la sociedad, de ponerla nuevamente sobre sus propios pies y no de cabeza, al revés como está ahora. Para ello, es necesaria una verdadera revolución, es decir, un trastrocamiento rotundo. Marx no dice, nunca, a través de qué vías políticas se realiza ese trastrocamiento, y solo alcanza a decir que la nueva estructuración social, en la que no existiría el Estado, los medios de producción serían colectivos y no existiría, por lo tanto, el trabajo enajenado, es el comunismo. Cómo llegar a él sería la tarea que se autoimpondrían los socialistas de finales del siglo XIX y los del XX, entre ellos Vladimir Ilich Lenin, Lev Trotsky, Rosa Luxemburgo y mucho otros. De ellos nació la idea de una sociedad de transición, a la que llamaron socialista, en la que se irían creando las condiciones para transitar al comunismo, a la sociedad desenajenada.
El América Latina, en los años 60, el Che pensó que las características del ser humano desenajenado debían de empezar a construirse en esa etapa intermedia llamada socialismo; un artículo suyo, publicado en el semanario uruguayo Marcha, dirigido por Carlos Quijano, llamado El socialismo y el hombre en Cuba da cuenta de forma sintética de su concepción al respecto. En él, el Che establece una relación estrecha, de mutua condicionalidad, entre los factores materiales y los ideológico-culturales. Es necesario, dice, crear la base que permita la satisfacción de las necesidades básicas, pero es también sumamente importante crear una nueva conciencia que permita atisbar a un nuevo ser humano. El acentuar en este segundo aspecto le da al pensamiento del Che y, en general, a la Revolución Cubana, un sello distintivo en el concierto de las búsquedas que se dan en el siglo XX por una sociedad de nuevo tipo. No pocas veces esta actitud fue tachada de “voluntarista”, en la medida en que no hacía depender la transformación de la conciencia en primer lugar de los cambios en la base material de la sociedad, sino que le atribuía un lugar estelar a la voluntad de cambiar, es decir, al esfuerzo consciente por transformarse en otra cosa, luchando contra lo que se consideraba que eran las taras del pasado e intentando construir, cotidianamente, un nuevo perfil.
La juventud más lúcida de la América Latina de los años 60, 70 y 80 asumió esa tarea que, en las condiciones en las que se realizaba, estaba –según las palabras del mismo Che- teñida de sacrificio cotidiano. Miles de muchachos y muchachas ofrendaron su vida a lo largo de todo el continente, amparados en el ideal de construir una sociedad nueva, libre de enajenación.
Hoy, cuando en otras condiciones se intenta avanzar en la construcción de sociedades de nuevo tipo, no debe perderse nunca de vista esa desiderata de la que, en última instancia, depende el éxito de la empresa: si no se tiene en la mira un nuevo ser humano con nuevos valores, que debe empezar a construirse desde ahora, tarde o temprano la historia pasará factura.

La hora de la verdad: Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago

El mantenimiento del bloqueo económico a Cuba por parte de los Estados Unidos señala, inequívocamente, la magnitud del hiato que separa al Obama de la campaña electoral del Obama ocupante de la Casa Blanca. Agregaríamos: también del abismo que separa las ilusiones de los cultores de la “obamamanía” en muchos países de la región y fuera de ella, de las políticas que aquél está llevando a cabo en su inescapable condición de jefe del imperio.
Atitlio Borón / www.atilioboron.com
La inminente cumbre de las Américas pondrá a prueba la seriedad de las palabras pronunciadas por Joseph Biden en la “Cumbre del progresismo” que tuvo lugar en Viña del Mar a finales de Marzo. En esa oportunidad el vicepresidente de Estados Unidos dijo que “se acabó la época en que dábamos órdenes”. Lo curioso es que pese a tan promisorias palabras Biden fue muy enfático al afirmar que continuaría el bloqueo contra Cuba, ya próximo a cumplir medio siglo de vida. ¿Cómo conciliar ambas expresiones? La Casa Blanca dice por medio de su calificado vocero que desea instalar en la región un clima de diálogo, respeto y comprensión; pero, simultáneamente, revela que no está dispuesta a poner fin a un bloqueo criminal e ilegal que ha concitado el repudio universal desde hace décadas. ¿Cuál de estas dos afirmaciones representa la política de Barack Obama hacia nuestra región?
Con su enigmática declaración Biden fortalece la impresión de que más allá de sus encendidas promesas de campaña, sintetizadas en la fórmula “somos el cambio”, la administración Obama no parece demasiado preocupada por diferenciarse de su predecesor. Las grandes orientaciones de la política exterior de George W. Bush gozan de muy buena salud en dos áreas estratégicas de la Casa Blanca: guerra y economía. En la primera, habiendo no solo ratificado en su cargo al halcón Robert Gates como Secretario de Defensa sino también reforzando la presencia militar estadounidense en Afganistán y Pakistán mientras que el prolongado estacionamiento de sus tropas en Irak parece destinada a convertir a ese sufrido país en un eterno enclave neocolonial norteamericano.
En lo tocante a la economía, el equipo de asesores y expertos seleccionado por Obama reúne a los cerebros que concibieron y llevaron a la práctica la radical desregulación del sistema financiero de los años noventas causante del fenomenal estallido de la burbuja especulativa en el verano boreal del 2008. Lo que se sabe de gentes como Robert Rubin, Lawrence Summers, Timothy Geithner y Paul Volcker es que los caracteriza una inconmovible fidelidad al neoliberalismo y a los intereses que éste representa: el capital financiero y los gigantescos oligopolios norteamericanos. Su presencia en la nueva administración de los demócratas pone de manifiesto su pertinaz empeño por restaurar la situación existente con antelación al estallido de la crisis, aplicando la misma medicina que ocasionara la debacle actual. Había otros economistas que, desde una perspectiva crítica y a la vez realista, podrían haber asesorado mucho mejor a Obama: mencionemos apenas dos, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, y Joseph Stiglitz, que obtuvo ese mismo lauro en el 2001. Pero Obama prefirió depositar su confianza en los gastados gurúes del neoliberalismo, con lo que se esfuman las esperanzas de una salida razonablemente civilizada de la crisis actual. El show mediático montado días atrás por el G-20 en Londres no permite pensar en otra cosa.
Bajo estas condiciones las declaraciones del nuevo gobierno estadounidense en el sentido de flexibilizar algunas restricciones en materia de viajes y visitas de familiares a Cuba merecen un aplauso, pero el mantenimiento del bloqueo económico a Cuba es absolutamente inaceptable y debe ser condenado sin atenuantes. Esto señala inequívocamente la magnitud del hiato que separa al Obama de la campaña electoral del Obama ocupante de la Casa Blanca. Agregaríamos: también del abismo que separa las ilusiones de los cultores de la “obamamanía” en muchos países de la región y fuera de ella, principalmente en Europa, de las políticas que aquél está llevando a cabo en su inescapable condición de jefe del imperio. Sus promesas de revisar la política anti-cubana que los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca instalaron desde los inicios mismos de la Revolución parecen destinadas a ser llevadas por el viento. Hasta ahora, lo que se advierten son gestos dirigidos a maquillar el bloqueo pero nada más. Un bloqueo que, conviene recordarlo, es económico, comercial, financiero, migratorio (por la canallesca “Ley de Ajuste Cubano”) e informático, impidiendo a la isla acceder a bandas de Internet de alta velocidad.
El terco mantenimiento de esta situación es un síntoma revelador de sorprendentes patologías políticas que entorpecerán la gestión innovadora que debería tener un presidente estadounidense enfrentado a una crisis como la actual. ¿Cuáles patologías? Veamos: en primer lugar, la de una superpotencia imperialista que en lugar de definir su política exterior en función de sus intereses nacionales y criterios globales mantiene una agresiva política hacia un país, Cuba, que de manera alguna amenaza su seguridad nacional. El resultado ha sido la profundización del descrédito de Estados Unidos en la arena internacional, la irritación de los gobiernos y las poblaciones del hemisferio y una sensible pérdida de influencia en la región, puesta en evidencia por el espectacular fracaso del ALCA, ignominiosamente sepultado en la anterior cumbre de presidentes reunida en Mar del Plata en 2005. ¿Cuál fue el pecado de Cuba? Algo imperdonable para los amos del imperio: haber luchado exitosamente por su autodeterminación y por su dignidad, desembarazándose de las cadenas que la aherrojaron primero al colonialismo español y luego al imperialismo norteamericano. Por eso se la castiga brutalmente, como un escarmiento ante su osadía y como una lección para quienes sueñen con imitarla. Pero el tiempo se encargó de demostrar que lo único que logró esa política fue alimentar el sentimiento anti-imperialista de las masas y crear las condiciones para el advenimiento de una pléyade de gobiernos de izquierda y centroizquierda que, por distintas razones, frustraron el “sueño americano” de una América Latina sometida a los designios del ALCA.
En segundo lugar, Estados Unidos se presenta como un curioso país que, por lo dicho más arriba, no tiene una sino dos políticas exteriores: una, para Cuba y otra para el resto del mundo. En materia migratoria, la “Ley de Ajuste Cubano” otorga la green card a cualquier ciudadano cubano que pise suelo norteamericano; para el resto del mundo, en cambio, existen complicadísimos trámites de inmigración. El migrante haitiano, o dominicano, que arriesga su vida atravesando el Caribe en frágiles embarcaciones será hecho prisionero y luego devuelto a su país de origen en caso de ser atrapado; el cubano, en cambio, una vez que pisa suelo estadounidense automáticamente pasa a disfrutar de todas las franquicias que se conceden a los inmigrantes legales. En el caso de la frontera sur de Estados Unidos la persecución a los indocumentados mexicanos o centroamericanos es implacable: no sólo se ha erigido un infame muro en la frontera mexicano-estadounidense; también están la cacería de “la migra” y las masacres de los vigilantes de la frontera, todo lo cual contrasta odiosamente con el trato privilegiado que se otorga a los inmigrantes cubanos. Otro ejemplo de patología política: el Departamento de Estado condena incansablemente al régimen de partido único de Cuba, denuncia los supuestos déficits de su “calidad institucional” y proclama abiertamente la necesidad de producir un “cambio de régimen”, eufemismo para referirse a la concreción de la contrarrevolución. Pero esta política, con su definición de principios, contrasta llamativamente con las fraternales relaciones que Washington cultiva con Arabia Saudita, país en el cual los partidos políticos están prohibidos, el despotismo monárquico es absoluto y la democracia una quimera; contrasta también con las intensas relaciones económicas forjadas con países como China y Vietnam cuyos sistemas de partidos son muy similares al que existe en Cuba. ¿Cuál es la razón de tamaña discriminación, de esta colosal inconsistencia de la política exterior norteamericana? No hay razón alguna; sólo el chantaje de un lobby mafioso ante el cual Washington se postra deshonrosamente.
Tercera patología: el bloqueo revela que Cuba ocupa un lugar especialísimo en el imaginario de la clase dominante estadounidense. Pese al tiempo transcurrido sus integrantes y sus representantes políticos no se resignan haber perdido a Cuba e insisten en recuperarla, en apropiarse de ella apelando a cualquier recurso. Cuba es su enfermiza obsesión, la sienten como un trofeo de guerra –de una guerra donde los patriotas cubanos habían derrotado al poder colonial español y que luego Estados Unidos con sucias artimañas les arrebató la victoria- y en pos de ella son capaces de cualquier cosa. Casi medio siglo de bloqueo es un fenómeno que no tiene parangón en la historia del imperialismo. Imperios anteriores, desde Esparta y Roma hasta hoy, sitiaron por un tiempo algunas ciudades. Pero sostener un bloqueo integral como el que padece Cuba es algo que no tiene precedente alguno en la historia de la humanidad. Constituye una monstruosidad, una verdadera aberración y una imperdonable inmoralidad. El mantenimiento de una política que ha fracasado ostensiblemente, que ha terminado por aislar a Estados Unidos, sólo puede comprenderse como una señal de la decadencia de la clase política norteamericana. Con la inminente reapertura de las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, Estados Unidos será el único país del sistema interamericano que no tiene relaciones con Cuba. ¿Cómo sostener una política que no sólo ha fracasado en promover el tan anhelado “cambio de régimen” sino que, a su vez, ha convertido a Estados Unidos en una suerte de paria del sistema internacional cuando en la última votación de la Asamblea General de la ONU el bloqueo fue condenado por 185 de los 192 países miembros de la organización?
Por consiguiente, si Obama quiere dar un nuevo comienzo a la relación con América Latina y el Caribe hay un primer paso que es inevitable: debe levantar total e incondicionalmente el bloqueo e iniciar de inmediato conversaciones para normalizar la relación con La Habana. Debe reconocer que Cuba no está aislada y que quien está aislado es Estados Unidos. Con el transcurrir de los años el prestigio de Cuba se ha ido agigantando, porque siendo un país pequeño ha demostrado una notable coherencia y fortaleza en su política exterior. Cuba ayuda más que Estados Unidos a los pueblos de nuestra América y, en general, del Tercer Mundo; lo hace con sus médicos, sus alfabetizadores, sus técnicos, sus entrenadores deportivos y su amplísimo programa de cooperación científica y técnica con unos cien países. Cuba da, mientras Estados Unidos quita. Y la ejemplar resistencia de Cuba le ha granjeado el respeto de la comunidad internacional y, muy especialmente de los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, cualesquiera que sean sus orientaciones políticas. Los gobernantes que acudirán a la cita de Trinidad-Tobago no podrán profundizar las relaciones de cooperación con la Casa Blanca en materias como la migración, el narcotráfico, el terrorismo y tantas otras a menos que se remueva de raíz el obstáculo que representa el mantenimiento del bloqueo a Cuba. De lo contrario pagarían un enorme costo político y podrían ser desalojados del gobierno más pronto que tarde. Hay varios ejemplos recientes que ilustran este aserto.
Demorar el levantamiento del bloqueo sólo servirá para perjudicar al interés nacional de Estados Unidos y los de numerosos individuos y empresas de ese país, sacrificados en aras de un lobby como el que aglutina la Fundación Nacional Cubano-Americana que es una verdadera vergüenza para la política norteamericana. Esto se va tornando cada vez más obvio para una parte creciente de la dirigencia política estadounidense. La misiva que el senador Richard Lugar le enviara al Presidente Barack Obama el 30 de Marzo de este año es sumamente elocuente. En ella, el senador por Indiana dice que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha fracasado y que, debido a ello, “nuestros intereses políticos y de seguridad más globales” están siendo socavados. Esto requiere una “transición en las relaciones cubano-estadounidenses” y el momento para la misma es ahora: durante la Cumbre de las Américas. Lugar agrega que la política seguida por la Casa Blanca contrasta estridentemente con el acrecentado relacionamiento de los países de América Latina y el Caribe con Cuba. Las recientes declaraciones anunciando planes para restablecer las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, la serie de visitas a La Habana por los presidentes de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil, Haití, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y Honduras y varios más del área del Caribe y la incorporación de Cuba al Grupo de Río demuestran, a su juicio, la soledad en que ha caído Estados Unidos. “El embargo dispuesto sobre Cuba es asimismo fuente de controversias entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como en las Naciones Unidas, que ha aprobado una resolución muy ampliamente refrendada por los demás países condenando el embargo de Estados Unidos durante los últimos 17 años. Para el resto del mundo”, continúa Lugar, “nuestro actual enfoque desafía toda lógica: aún durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría, los canales diplomáticos directos con la ex Unión Soviética jamás fueron cortados.” Agregaríamos: ¿cómo es posible que Estados Unidos mantenga conversaciones con países como Irán y Corea del Norte y se niegue terminantemente a hacerlo con Cuba? ¿Cómo justificar tan enfermizo empecinamiento?
El mensaje de Lugar es suficientemente claro: en una época de crisis como esta la Casa Blanca no puede darse el lujo de seguir siendo vista con enorme recelo por pueblos y gobiernos de la región. Su credibilidad internacional como una potencia que se ha arrogado la misión de promover la paz, la libertad y la democracia se desvanece irreparablemente por su política anti-cubana, aparte de tantas otras. La intención de Obama de ser visto como una radical renovación de la política norteamericana quedaría como una palabrería vacía de todo contenido si su gobierno no produjese, ya mismo, una radical rectificación de su política hacia Cuba cuyo primer paso es el inmediato levantamiento del bloqueo (que en Estados Unidos prefieren denominarlo mañosamente como “embargo”, concientes del repudio universal que concita esta política). Por otra parte, no debería escapar a la atención de los estrategos norteamericanos que el imprescindible mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina –imprescindible, decimos, dada la inédita debilidad de la superpotencia estancada en aventuras militares sin destino en Irak y Afganistán y brutalmente golpeada por la crisis económica- se vería negativamente influenciado por el mantenimiento del bloqueo. Todos los países de la región, aún aquellos gobernados por partidos o coaliciones de derecha, se han manifestado en contra del bloqueo, y para Washington sería imposible conferirle credibilidad a su promesa de fundar un nuevo patrón de relaciones inter-americanas si al mismo tiempo se preserva una retórica y una política inspiradas en el apogeo de la Guerra Fría. No sólo se perjudican los intereses económicos estadounidenses sino también se atenta contra la credibilidad global de la política exterior norteamericana.
En otras palabras, las buenas relaciones en el ámbito interamericano deberán construirse sobre la base de gestos e iniciativas concretas que demuestren la seriedad de las intenciones de la Casa Blanca, su capacidad real para producir políticas innovadoras y los alcances de su pregonado compromiso con un orden hemisférico basado en el diálogo y el respeto mutuo. Los gobiernos de América Latina y el Caribe que asistirán a la Cumbre de Trinidad-Tobago saben que sin acabar con el bloqueo el nuevo orden que Washington pretende construir será inviable, estará muerto antes de nacer. Pese a su ausencia Cuba tendrá un papel estelar en esa reunión y nuestros gobiernos deberán actuar con gran firmeza y coordinadamente para exigir el levantamiento del bloqueo; de lo contrario serán copartícipes del fracaso, pagando un alto costo en sus respectivos países. En Puerto España Obama se enfrentará a la hora de la verdad. Su conducta en ese cónclave será el test ácido que pondrá de manifiesto si está o no a la altura de los desafíos que le impone la historia. Y esto no sólo en relación a la cuestión cubana sino también ante los gravísimos retos que brotan de la crisis general del capitalismo.

La nueva Suramérica

Aunque muchos lo sigan ignorando -a causa de la colosal muralla de mentiras que los grandes medios de comunicación han edificado para ocultarlo-, Suramérica se ha convertido en la región más progresista del planeta. Donde más cambios se están produciendo en favor de las clases populares y donde más reformas estructurales están siendo adoptadas para salir de la dependencia y del subdesarrollo.
Ignacio Ramonet / Le Monde Diplomatique
En El Salvador, la reciente victoria de Mauricio Funes, candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), tiene un triple significado. Por primera vez, la izquierda consigue arrebatarle el mando a la derecha dura que había dominado siempre este país desigual (el 0,3% de los salvadoreños acapara el 44% de la riqueza), con más de un tercio de los habitantes bajo el umbral de pobreza y otro tercio obligado a emigrar a Estados Unidos. Este éxito electoral demuestra, además, que el FMLN tuvo razón al abandonar, en 1992 y en el contexto del fin de la guerra fría, la opción guerrillera (después de un conflicto de doce años que causó 75.000 muertos), y al adoptar la vía del combate político y de las urnas. A estas alturas, en esta región, un movimiento guerrillero armado está fuera de lugar. Ese es el mensaje subliminal que transmite, en particular a las FARC de Colombia, esta victoria del FMLN.
Por último, confirma que los vientos favorables a las izquierdas siguen soplando con fuerza en Suramérica (1). Desde la histórica victoria de Hugo Chávez en Venezuela hace diez años, que abrió el camino, y a pesar de las campañas de terror mediático, más de una decena de Presidentes progresistas han sido elegidos por voto popular con programas que anuncian transformaciones sociales de gran amplitud, redistribución más justa de la riqueza e integración política de los sectores sociales hasta entonces marginados o excluidos.
Cuando en el resto del mundo, y muy particularmente en Europa, las izquierdas, alejadas de las clases populares y comprometidas con el modelo neoliberal causante de la crisis actual, parecen agotadas y desprovistas de ideas, en Suramérica, estimuladas por la poderosa energía del movimiento social, los nuevos socialistas del siglo XXI desbordan de creatividad política y social. Estamos asistiendo a un renacimiento, a una verdadera refundación de ese continente y al acto final de su emancipación, iniciada hace dos siglos por Simón Bolívar y los Libertadores.
Aunque muchos europeos (hasta de izquierdas) lo sigan ignorando -a causa de la colosal muralla de mentiras que los grandes medios de comunicación han edificado para ocultarlo-, Suramérica se ha convertido en la región más progresista del planeta. Donde más cambios se están produciendo en favor de las clases populares y donde más reformas estructurales están siendo adoptadas para salir de la dependencia y del subdesarrollo.
A partir de la experiencia de la Revolución Bolivariana de Venezuela, y con el impulso de los presidentes Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador se ha producido un despertar de los pueblos indígenas. Asimismo, estos tres Estados se han dotado significativamente, por vía de referéndum, de nuevas Constituciones.
Removida en sus cimientos por vientos de esperanza y de justicia, Suramérica ha dado también un rumbo nuevo al gran sueño de integración de los pueblos, no sólo de los mercados. Además del Mercosur, que agrupa a los 260 millones de habitantes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela, la realización más innovadora para favorecer la integración es la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Sus miembros (2) han conseguido una estabilidad que les ha permitido consagrarse a la lucha contra la pobreza, la miseria, la marginalidad, el analfabetismo, para asegurar a los ciudadanos educación, salud, vivienda y empleo dignos. Han obtenido asimismo, gracias al proyecto Petrosur, una mayor cohesión energética y también un aumento significativo de su producción agrícola para avanzar hacia la soberanía alimentaria. Gracias a la creación del Banco del Sur y de una Zona Monetaria Común (ZMC), progresan igualmente hacia la creación de una moneda común cuyo nombre podría ser el sucre (3).
Varios Gobiernos suramericanos (4) dieron, el 9 de marzo pasado, un paso más que parecía inconcebible: decidieron constituir el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), un organismo de cooperación militar creado a través de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), organización fundada en Brasilia en mayo de 2008.
Gracias a estos recientes instrumentos de cooperación, la nueva Suramérica acude más unida que nunca a su gran cita con Estados Unidos en la Cumbre de las Américas que se celebra en Puerto España (Trinidad y Tobago) del 17 al 19 de abril. Allí, los mandatarios suramericanos debatirán con el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, quien expondrá su visión de las relaciones con sus vecinos del sur.
En su reciente visita a Washington, el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, le pidió a Obama que levantase por completo el embargo económico contra Cuba, argumentando que es algo a lo que se oponen todos los países de la región (5). El pasado 11 de marzo, Washington había anunciado que los cubanoamericanos podrán visitar a quien deseen en la isla una vez al año y permanecer en ella tanto tiempo como quieran. Aunque durante su campaña electoral, Obama prometió mantener el embargo parece que se avecina una era de acercamiento entre La Habana y Washington. Ya era hora. Queda pendiente normalizar también las relaciones con Venezuela y Bolivia. Más ampliamente, Washington debe admitir que aquello del "patio trasero" pasó a la historia. Que los pueblos de Suramérica se han puesto en marcha. Y que, esta vez, no se detendrán.
Notas:
(1) El concepto de Suramérica, del que se proclama partidario el bolivarianismo venezolano, rebasa el de "América Latina". Porque reconoce la participación de las naciones indígenas y de los afrodescendientes; y abarca a países y territorios cuya "latinoamericanidad" sigue siendo cuestionada. En otras palabras, el concepto tradicional de "América Latina" se queda corto para definir el espacio suramericano como conjunto de realidades, desde Río Grande y el Caribe hasta la Tierra de Fuego.
(2) Bolivia, Cuba, República Dominicana, Honduras, Nicaragua y Venezuela (Ecuador es país observador).
(3) Sistema Único de Compensación Regional.
(4) Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
(5) Costa Rica y El Salvador, los dos únicos países de la región que no tenían relaciones diplomáticas con La Habana, anunciaron en marzo pasado su decisión de restablecerlas.