sábado, 20 de octubre de 2018

Marxistas, populistas y progresistas en América Latina

Así como el populismo clásico fue señalado como una nueva expresión burguesa, lo mismo ha sucedido con el progresismo contemporáneo. Difícilmente se los comprendió como períodos dentro del espectro político de la izquierda latinoamericana.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa Latina

Los partidos de las izquierdas marxistas nacieron en América Latina con el inicio del siglo XX. Se fortalecieron con el triunfo de la Revolución Rusa (1917), luego con la expansión del socialismo en el Este europeo al concluir la II Guerra Mundial (1939-1945), tuvieron un avance con la Revolución China (1949) cuyo proceso, sin embargo, provocó rupturas en la década de 1960; y desde la Revolución Cubana (1959), crecieron en influencia y dinamizaron la lucha social. El marxismo también amplió su influencia teórica entre los no militantes partidistas ubicados en la clase media, los profesores y estudiantes universitarios, los académicos, intelectuales y gente del área cultural, pero también entre líderes de diversos movimientos sociales, particularmente trabajadores. En Ecuador hubo célebres dirigentes indígenas en la fundación del Partido Comunista y particularmente de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI, 1944), como Jesús Gualavisí, Ambrosio Lasso, Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña.

Sobre la balcanización de Latinoamérica

El escenario regional ha mutado mucho en estos años, y esto tiene sus secuelas en el comportamiento de integración en el mundo. Se está sustituyendo progresivamente la fórmula de asociarse en bloque por la de la vía individual, aplicando un criterio darwinista para sobrevivir en un clima global adverso.

Alfredo Serrano Mansilla / CELAG

El nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, ha manifestado que no está dispuesto a seguir acudiendo a las rondas de negociaciones de la Alianza del Pacífico. Por su parte, Argentina ha solicitado la anulación de la decisión 32/00 del Mercosur que prohíbe a sus países miembros firmar nuevos acuerdos comerciales por sí solos. Si gana Bolsonaro, seguramente Brasil tomará el mismo camino: salirse de Mercosur. Y otro caso parecido es el de Ecuador, que ha abandonado hace muy poco el ALBA. No son situaciones aisladas. Se trata de un fenómeno cada vez más robusto que está teniendo lugar en Latinoamérica en esta nueva época. Cada quien abandona la vía de integrarse a través de un bloque y, por el contrario, transita hacia una nueva forma de relacionarse con el mundo: una suerte de “sálvese quien pueda”, de modo individual.

El péndulo de la historia

Tal vez sea así desde siempre, en todas sus versiones, pero aquí me referiré, a grandes trazos, a algo muy cercano a nosotros: la historia de América Latina, además sólo a su fracción más próxima, la contemporánea, la que corre en nuestros días.

Víctor Flores Olea / LA JORNADA

Tras el triunfo de la revolución cubana, es normal que tanto el imperio como los países continentales se pertrecharan en su mayoría para evitar tales extremismos: a pesar de todo, surgió entonces una catarata de golpes de Estado que salvó al continente de los regímenes de izquierda, pero que lo hicieron naufragar en los mucho más siniestros del fascismo y de las dictaduras militares que asolaron al continente durante al menos cuatro décadas, con un enorme costo en vidas de mucha de nuestra mejor gente. En términos generales podría decirse que esa amenaza quedó atrás, excepto el impulso que la extrema derecha ha recibido del presidente del imperio, Donald Trump; no será pues un tiempo fácil para America Latina salvo que hoy la globalización pueda contribuir a frenar los radicalismos de la derecha, lo cual está por comprobarse.

sábado, 13 de octubre de 2018

Centroamérica: El Tío Sam advierte sobre China

Nicaragua y Panamá constituyen los dos puntos neurálgicos de los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos en Centroamérica por el tema de los canales interoceánicos.

Rafael Cuevas Molina, Presidente/AUNA-Costa Rica

Mike Pence, viepresidente de los EE.UU
Atentos, acicaladitos, bien portados como escolares escuchando al director de su escuela, dos presidentes y un vicepresidente del Triángulo Norte centroamericano escucharon al vicepresidente de los Estados Unidos Mike Pence quien les advirtió, admonitoriamente con  dedo índice levantado hacia el cielo, que cuidadito coqueteaban con China.

La advertencia tuvo lugar esta semana en el marco de la  Segunda Conferencia sobre la Prosperidad y la Seguridad en Centroamérica que se lleva a cabo en Washington y que se centra en el tema de la migración. "Hoy, en un momento en que China intenta expandir su influencia en la región –dijo Pence-, la mejor manera de resolver estos problemas, creemos que es con el fortalecimiento de los vínculos entre Estados Unidos y el Triángulo del Norte".

América Central en la transición hegemónica

Como ocurrió hace poco más de un siglo, cuando los hombres y mujeres de la época contemplaron el declive del poder e influencia del imperio británico y la emergencia de un nuevo hegemón –el imperio estadounidense-, así también asistimos ahora a una nueva transición hegemónica.  ¿Cómo enfrentaremos en América Central este proceso?

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

En el 2011, un informe de la agencia consultora PwC generó revuelo al proyectar que para el año 2050 China se convertiría en la principal potencia económica mundial, seguida por la India y en tercer lugar los Estados Unidos. Tan solo siete años después, en julio de 2018, el Fondo Monetario Internacional redujo esa proyección temporal y pronosticó que ese desplazamiento podría ocurrir mucho antes, en el 2030, tomando en cuenta el comportamiento reciente de ambas economías (el PIB estadounidense creció un 2,8% en el primer trimestre de 2018, frente al aumento de 6,8% registrado en China en el mismo período). Incluso en un posible escenario de desaceleración de la actividad económica china, el relevo parece inevitable. Pocos podrían dudar que estamos en el umbral de un nuevo momento histórico, en el que la hegemonía global noratlántica, consolidada por el ascenso y expansión de los imperios británico y estadounidense en los siglos XIX y XX, se encuentra en franco cuestionamiento, mientras el eje económico se desplaza hacia el Pacífico, donde emergen nuevos polos de poder liderados por China, India y Rusia.

Los planes de EEUU para contener el avance de China en Panamá (II)

Ellis plantea que EEUU debe ser firme con relación al gigante asiático. “Un enfrentamiento sobre Panamá puede ser preferible a que continúe la aceptación del comportamiento agresivo de China”. Una clara amenaza a Panamá y sus “familias” oligarcas. Hay que elegir: China o EEUU. Entre la potencia que está en ascenso o el imperio que está en descenso.

Marco Gandásegui, h. / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Esta es la segunda entrega de un artículo cuya primera parte publicamos la semana pasada. El artículo centra su atención en un análisis que preparó un agente norteamericano que estuvo en Panamá cuando el Departamento de Estado le pidió a su encargada de negocios en el país que viajara a Washington para preparar la posición oficial de EEUU frente a los avances chinos en la región. En la primera parte abordamos la visión que tiene el agente sobre lo que negocia Panamá con los chinos. En esta entrega, veremos que propone EEUU para castigar a Panamá y contener a China.

China en América Latina, según Estados Unidos

La creciente influencia china en América Latina y el Caribe (ALC) puede ser interpretada como fruto de  los errores de EE. UU. en la región, así como del creciente cuestionamiento de la hegemonía estadounidense en lo que ellos mismos han considerado su ‘patio trasero’.

Aníbal García / CELAG

Desde las estrategias de Seguridad Nacional y de Defensa Nacional de Estados Unidos (EE. UU.) (2018), así como en el teatro de Operaciones del Comando Sur 2018-2028, se considera como una ‘amenaza’ la presencia china y rusa en la región latinoamericano-caribeña.[1] Esta percepción, por parte de EE. UU., se vincula tanto al cuestionamiento de su hegemonía como a la incapacidad estadounidense de ofrecer relaciones comerciales ‘atractivas’ para la región, algo que China está logrando. Esta perspectiva es la que prima en el análisis de especialistas del Inter American DialogueThe Brookings Institution y The Atlantic Council que vienen dedicando importante espacio al tema.

Brasil en vilo

Los avatares del proceso político brasileño y en particular de la izquierda progresista  han confirmado que los desenvolvimientos políticos  no son lineales sino abigarrados y sujetos a involuciones. Eso es lo que  hemos estado observando en América Latina.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de México

El domingo 7 de octubre de 2018 se celebraron las elecciones presidenciales en Brasil. Los resultados  no son halagadores para  la izquierda que encabeza Luiz Inácio Lula Da Silva. No ha sido la derecha neoliberal, artífice del golpe de estado contra Dilma Rousseff y del encarcelamiento de Lula, la que capitalizó la conjura reaccionaria que logró ambos deplorables hechos. Fue la ultraderecha representada por Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal quien  resultó el principal beneficiado de la defenestración de Rousseff y Lula da Silva.  Bolsonaro se impuso en el proceso del domingo pasado con 46% de los votos contra el 29% de Fernando Haddad, el  candidato  apoyado por Lula desde la prisión. Las encuestas indicaban que partiendo desde abajo, Haddad empezó a subir sus intenciones de voto hasta hacer que algunos analistas vieran con precipitado optimismo que estaba en empate técnico con el candidato ultraderechista. En realidad, los números de las encuestas indican que  Haddad se estancó en septiembre con un 21-22%  mientras que Bolsonaro subía de 23-24 a aproximadamente 35%. Los resultados electorales  son entonces un revés porque ese 35% se convirtió en un 46%. Encima de ello, hay que asimilar que la expresidenta Rousseff  perdió en Minas Gerais, su lucha por un escaño en el Senado al quedar en una cuarta posición frente a los otros candidatos.

Brasil: Del Golpe blando a la elección “democrática” del fascismo

Ahora, a menos de tres semanas de la segunda vuelta ¿cuál es la situación del país? La de una inminente confrontación decisoria entre el núcleo de la derecha fascista, a la cabeza de todas las derechas, contra la pluralidad de los sectores democráticos y progresistas del Brasil, representados por el candidato del PT.

Nils Castro / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

No hace falta repetir que Jair Messias Bolsonaro es apologista de la dictadura, ultra neoliberal y fascista, ni que, tras su prematuro retiro como capitán, por 25 años fue apenas un diputado mediocre. Eso lo sabíamos, y la cuestión de fondo ya es otra: la de por qué en la primera vuelta los electores brasileños le regalaron casi 50 millones de votos y lo tuvieron a menos de 4 décimas de ser electo. Hasta le posibilitaron jalar consigo a varios allegados igualmente oscuros, volviéndolos senadores, gobernadores y alcaldes.

Los mil rostros perversos del neoliberalismo autóctono

El odio justifica el desprecio de los ricos gobernantes al decir “los pobres estaban mal acostumbrados, creían que podían viajar al exterior, cambiar el auto, salir de vacaciones…” Todo esto expresado con cara de piedra, sin que los reporteros reaccionen a declaraciones tan aberrantes.

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

Hemos visto reiteradamente el rostro perverso del neoliberalismo en estas tierras donde arribó Cristobal Colón hace más de cinco siglos. Lo hemos visto nacer de la mano de Milton Friedman y la escuela de Chicago en los setenta del siglo pasado, fielmente aplicada en la dictadura de Pinochet en Chile, luego tras la alianza Reagan – Thatcher, trasladada al resto de la región. Lo hemos visto fortalecerse luego de la caída del Muro de Berlín y del Consenso de Washington y caer de improviso de la mano de pseudo gobiernos populares y después, mantenerse expectante y al acecho los últimos años. Velaron con sus fauces abiertas listas para atacar, ocasión que les llegó estos años recientes con las urnas, mentiras mediante, posverdad mediante, con blindaje mediático mediante y comunicadores al servicio del control de las masas, a lo que habría que sumar la esclavitud tecnológica a la que están sometidas multitudes de jóvenes que sólo perciben una realidad virtual y descreen de la historia y la experiencia.

El Salvador: Un agujero de cinco milímetros

Romero no solo era incómodo para el poder tradicional salvadoreño; sino también para la administración estadounidense de Jimmy Carter, que hacía malabares para mantener su apoyo a un gobierno salvadoreño dominado por un aparato militar represivo, mientras oficialmente basaba su política exterior en la defensa de los derechos humanos.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Carlos Dada / elfaro.net

La mayoría de sus consejeros de confianza le recomendaron que no dijera aquello en su homilía del 23 de marzo de 1980. Dijeron que los altos mandos militares lo interpretarían como un llamado a la sublevación y que su vida correría aún más peligro. Solo los jesuitas Ellacuría y Estrada creían que debía hacerlo. Monseñor Óscar Romero concluyó que tenía la obligación moral de pronunciar aquellas palabras, ahora  históricas: "¡cese la represión!". ¿Qué hizo Romero luego de su homilía más célebre? ¿Qué hizo el día siguiente, el de su asesinato, antes de oficiar su última misa? Este relato reconstruye a detalle los momentos y personajes clave alrededor de la muerte de Romero, y es parte de un libro que el autor está trabajando.


La Costa Rica profunda despierta

En lo que llevamos del año,  el pueblo costarricense ha  protagonizado las que posiblemente  sean las más grandes manifestaciones de masa de su historia. Cualquiera que sea el desenlace final de las reformas fiscales, debemos ver en lo acaecido un cambio cualitativo en la vida política nacional.

Arnoldo Mora Rodríguez / Especial para Con Nuestra América

Ha pasado ya un mes desde que se inició una “huelga” sui generis; porque no se trata de un movimiento huelguístico tradicional en el que un gremio o un sector social determinado del país reivindica derechos laborales o aumento de salarios. Por el contrario, lo que ha sacudido a todos los estratos sociales de la nación, en forma tan intensa como pocas veces se ha experimentado en nuestra historia reciente, es un gigantesco movimiento de protesta que llegó a todos los rincones de nuestra geografía. Lo que permitió llamar  “huelga” a este tsunami político-social es que fue liderado por los únicos sindicatos fuertes y masivos del país, como son aquellos que aglutinan a los trabajadores del sector público. En este caso,  todos han participado de manera muy beligerante; a ellos se han unido sindicatos del sector privado y de profesionales de la salud.

Venezuela: Ligerezas de Monsieur Macron

En Venezuela existen dos problemas que se superponen. De un lado, los internos, de carácter económico, político y social, así como la lucha por el poder entre el sector gubernamental y el opositor. Al mismo tiempo, hay un conflicto internacional, porque Caracas se ha separado del dispositivo geopolítico occidental al que tradicionalmente pertenecía, lo que es causa de fuertes tensiones.

Leopoldo Puchi / El Universal

Hasta hace pocos días, el embajador de la República de Francia en Venezuela, Romain Nadal, ofrecía la mediación de su país a favor de la negociación y la paz en Venezuela. Por su tradicional comprensión de los procesos políticos latinoamericanos, Paris hubiera podido jugar un rol importante en una iniciativa de diálogo. Pero de repente, como un baño de agua fría, un comunicado del Eliseo le da respaldo a la demanda ante la Corte Penal Internacional contra el gobierno venezolano y le pone así fin a la expectativa creada.

Elecciones legislativas en EE. UU.: implicaciones para Latinoamérica

Las elecciones tendrán un impacto fundamental en las relaciones exteriores (habrá recambio tanto en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado como en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara) y en las políticas de seguridad interna. Esto impactará en las relaciones con América Latina y Caribe.

Arantxa Tirado, Silvina M. Romano y Tamara Lajtman / CELAG

El próximo 6 de noviembre en EE. UU. se elegirán a 435 representantes en la Cámara y se renovará o sustituirá a un tercio de los senadores, cuyo mandato es refrendado cada dos años. El resultado determinará qué partido se hará con el control de ambas cámaras durante el resto del periodo presidencial, condicionando la agenda legislativa, el presupuesto gubernamental y la función de control al Ejecutivo.


Una de las claves para entender la votación es que un 68% del electorado registrado votará a un partido u otro según su capacidad de controlar el Congreso. Además, un 60% lee estas elecciones como una especie de plebiscito a favor o en contra de Trump, según una encuesta de Gallup.[1] Es decir, priman los factores de política interna sobre los de política exterior, como ha sido tradicionalmente, a diferencia de momentos históricos puntuales.[2] Los sectores afines al Gobierno afirman que las elecciones de medio periodo (midterm elections) están basadas ​​en la economía, que estaría “funcionando muy bien”.[3]

¿Por qué tiene que haber ricos?

El problema histórico no está solo en la pobreza, sino en la riqueza. Según un informe de Oxfam ('Una economía al servicio del 1%'), en 2015 sólo 62 personas poseían la mitad de la riqueza de todo el mundo. La pregunta que la humanidad actual debiera formular es ¿por qué tiene que haber ricos en el mundo?

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y Presente - blog

Aunque mercantilistas y fisiócratas ya trataron sobre la economía política, la obra de Adam Smith (1723-1790) titulada Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776) es considerada como la primera en tratar la economía del capitalismo y en inaugurar, de este modo, la teoría económica, como rama especializada de las ciencias sociales.

Smith se propuso investigar cómo se produce la acumulación para la riqueza de una sociedad, pero no trató el contraste entre ricos y pobres. Sin embargo, logró entender que del trabajo del obrero provienen las ganancias del capitalista, aunque consideró a este hecho como una ley natural del sistema.