Mostrando entradas con la etiqueta pobreza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pobreza. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de mayo de 2023

La vida en las calles

Mendigos, indigentes, homeless, vagabundos, se les llama. O, quizá más correctamente: personas en situación de calle. Seres humanos que, por una intrincada sumatoria de motivos, ha tomado la vida en las calles de, en general, las grandes ciudades, como algo natural, algo que no les asusta ni preocupa.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala


El tema de la indigencia se está incrementando con todos los requisitos que se necesitan para alquilar (…). Algunas personas no lo pueden cubrir y terminan en los carros o en trailers.

Esteban Bovo Jr., alcalde de Hialeah, Florida


Mi padrastro era alcohólico y le daba unas palizas bárbaras a mi mamá. Me crié con seis hermanos más. Yo, según me cuenta mi madre, soy de otro padre. En realidad, según lo que ella me dijo, soy producto de una violación. A mi verdadero padre nunca lo conocí. De mis medio hermanos, dos eran pandilleros, y la mujer menor, la Yuleisy, era puta. A ella la mataron el año pasado. En mi barrio solo había ladrones y drogadictos. Me acuerdo que la vivienda donde vivíamos era de lámina, en el barranco. 

sábado, 25 de junio de 2022

Los hijos de la pobreza

 He aquí un grave problema para el país: una economista investigadora de la Universidad Diego Portales, analizando el último censo encontró una alta proporción de niños que viven en la pobreza y también alta proporción que viven en la extrema pobreza. En efecto, según   esta investigación el 6,6% niños y niñas menores de 7 años  son de pobreza extrema y el 9,9% son de pobreza no extrema.

Manuel Barrera Romero / Para Con Nuestra América
Desde Chile

En cuanto a los menores de 18 años el 9,8% son de pobreza no extrema y el 5,9% son de extrema pobreza. Recado importante para nuestros gobernantes y parlamentarios. Un indicador del poco interés que ha tenido este tema es que la escasa información actualizada. Tanto en América Latina como en el Caribe. Las informaciones de CEPAL al respecto datan de su informe ”Panorama Social de América Latina 2013”De tal informe hemos tomado los siguientes datos: “En 17 países de América Latina 40,5% de los niños,  niñas y adolescentes (70,8 millones) se encuentran en situación de pobreza 16,3% en extrema pobreza(28,3 millones), según datos de 2011. Es decir, uno de cada seis niños es extremadamente pobre en la región”.

sábado, 28 de mayo de 2022

La brevedad de la vida

 Lo que las estadísticas no muestran: los efectos duraderos de la pobreza extrema.
Carolina Vásquez Araya / https://carolinavasquezaraya.com


América Latina es un continente rico. Eso lo sabemos cuando los medios nos enseñan la prosperidad de los más poderosos y del modo mañosamente legalizado como se apropian de aquellos recursos vitales -como el agua, las tierras y los minerales- para explotarlos y construir sus grandes imperios. Todo ello, sostenido por la dependencia económica de los sectores más necesitados. Los gobiernos, por su parte, son sus aliados incondicionales al haberse apoderado de los centros de control político gracias a leyes casuísticas en las cuales no figuran límites al financiamiento de sus campañas ni a la manipulación de la justicia. Agazapadas en la oscuridad, las organizaciones criminales se benefician de este singular sistema.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Los niños de la pobreza

 Dado que ya escribimos sobre los adultos mayores (AM) es justo que ahora lo hagamos sobre los niños. Las restricciones impuestas por la pandemia del Covid-19 a la población en general han sido especialmente cruel sobre niñas y niños que necesitan más del “otro” para socializar en el terreno del juego, del lenguaje, de los afectos. 

Manuel Barrera Romero / Para Con Nuestra América

Desde Chile


Los expertos han detectado niños de 3 años que no hablan, niñas de siete que no saben leer, que el confinamiento de clases online ha sido perjudicial en cuanto al lenguaje para los menores. En Inglaterra se informa que la organización “Education Endowment Foundation” comprobó que directivos y docentes afirmaron que  los menores necesitaban refuerzo en lenguaje en una proporción mayor que los niños de los años anteriores a la pandemia.

sábado, 9 de octubre de 2021

La tecnología nos sacará de la pobreza

 Si la tecnología no sirve para un genuino desarrollo humano integral, concepto que se ha acuñado recientemente, ¿para qué está entonces? ¿Por qué es más importante tener cosas –cambiándolas cada vez más rápidamente, obsolescencia programada mediante– que su aprovechamiento?

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala


I

 

"El día en que cada indio [sic] tenga un celular, Guatemala habrá entrado en el desarrollo", dijo alguna vez el intelectual y empresario Manuel Ayau, fundador de la muy neoliberal Universidad Francisco Marroquín, centro de estudios superiores de alta calificación, donde se enseñan "tecnologías de punta". Hoy existe en el país un promedio de 1.4 teléfonos por persona, y eso no significa que se haya entrado en el desarrollo. ¿O sí? 

sábado, 24 de abril de 2021

¿Qué es la pobreza?

Es curioso que, no obstante el unánime interés que existe en las esferas políticas, sociales y gubernamentales por la pobreza en Chile, se haya reflexionado tan poco acerca del significado del concepto pobreza.


Manuel Barrera Romero / Especial para Con Nuestra América

Desde Santiago de Chile


Tal es así que tanto el Gobierno como el país, utilizan para los efectos de la política social una medición en vez de un concepto. La pobreza ha sido asociada a una cifra más abajo de la cual ella existe y más arriba de la cual ella no existe. Lo mismo sucede con el concepto de indigencia. De modo que los indigentes dejan de serlo cuando una medición de sus ingresos sube de una determinada cifra. ¿Serán estos fenómenos tan sencillos? ¿Bastan unos pesos más o unos pesos menos para salir de una condición y entrar a otra?

sábado, 20 de marzo de 2021

América Latina, ¿otra década perdida?

 La pandemia del covid19 provocó un retroceso brutal en los indicadores de desempeño socioeconómico de nuestra región, exacerbando “las grandes brechas estructurales” y enfrentándonos a “un momento de elevada incertidumbre, en el que aún no están delineadas ni la forma ni la velocidad de la salida de la crisis”: así lo documenta la CEPAL en su informe Panorama Social de América Latina 2020, presentado recientemente por el organismo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica


La crisis alcanza tales dimensiones que tendríamos que remontarnos hasta inicios del siglo XXI, cuando todavía sufríamos la herencia de los años más duros del neoliberalismo salvaje de la década de 1990, para encontrar registros similares en materia de pobreza extrema: en 2020, el porcentaje de personas viviendo en esta condición fue de 12,5% de la población (8 millones más que en 2019), apenas una décima más alto que el 12,4% alcanzado en el año 2000, en los tiempos en que gobernaban los Fernando de la Rúa, Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo, Hugo Banzer o Gustavo Noboa, por citar sólo algunos de los paladines del neoliberalismo criollo. Y si miramos la variable de la pobreza, encontramos que en 2020 cayeron en esta condición 22 millones de personas más que en 2019, un 33,7% de la población.  Esto equivale a 209 millones de personas. Es decir, un tercio de los habitantes de nuestra América no logra satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, acceso a bienes y servicios mínimos). Un dato muy próximo al del año 2005, en los albores del ciclo progresista y nacional-popular, cuando se registraron 210 millones de latinoamericanas y latinoamericanos bajo el umbral de la pobreza. Y todo esto, en un escenario en el que la desigualdad en la distribución del ingreso fue un 5,6% más alta que en el 2019 y la tasa de desocupación llegó al 10,7%.

sábado, 4 de julio de 2020

Preguntas sobre la pobreza

Desde ya el problema de la pobreza no es una cuestión de actitud moral, de caridad para con el desposeído. Ejércitos de Madres Teresas y de voluntariados (tan a la moda hoy día) no alcanzan; ni siquiera sirven para hacerle cosquillas al problema. El tema de la pobreza -o, dicho de otro modo: de la injusticia- es claramente una de las preguntas medulares que atraviesan la historia humana, o mejor dicho: la historia de las sociedades divididas en clases. 


Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala


“Para los de arriba hablar de comida es una pérdida de tiempo. Y se comprende, porque ya han comido”.

Bertolt Brecht

 

I

 

Acometer el tema de la pobreza es particularmente difícil. Lo es por varios motivos; por un lado, es un fenómeno complejo, multicausal, que se liga definitivamente al ámbito económico, pero que no se agota ahí. Hay muchos elementos en juego, y sin caer en la superficialidad de repetir que se dan solamente factores subjetivos para explicarla (“se es pobre porque no quiere superarse” o patrañas por el estilo), es cierto que allí se entrecruzan muchos determinantes. Por otro lado, ampliando las dificultades, es un tema ríspido, odioso, dado que es sumamente dificultoso encontrar las soluciones concretas.

sábado, 16 de mayo de 2020

Pandemia y pobreza en América Latina: ¿punto de quiebre de la restauración neoliberal?

Hoy, la crisis económica, correlato de la crisis social y sanitaria que nos aqueja, fractura gravemente el proyecto de la nueva derecha, y acaso también esté incubando las condiciones materiales y subjetivas para la derrota de la restauración neoliberal.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La pandemia del COVID-19 dejará una herida profunda en las sufrientes sociedades latinoamericanas: agobiadas ya por problemas como la desigualdad y la violencia estructurales, así como por la desaceleración de sus economías, deberán hacer frente en los próximos meses y años a un significativo aumento de la pobreza, del desempleo y un ensanchamiento de las brechas sociales.

Los datos presentados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su reciente informe El desafío social en tiempos de COVID-19, perfilan una compleja situación: en 2020, tendremos 11,6 millones más de personas desocupadas que en 2019; el índice de pobreza aumentaría “al menos 4,4 puntos porcentuales (28,7 millones de personas adicionales) con respecto al año previo, por lo que alcanzaría a un total de 214,7 millones de personas”, en tanto que la pobreza extrema aumentaría 2,6 puntos porcentuales (15,9 millones de personas adicionales) y llegaría a afectar a un total de 83,4 millones de personas”. Según el informe, las tres principales economías de la región, México, Brasil y Argentina, lucen altamente vulnerables frente a estas tendencias, lo mismo que Nicaragua y Ecuador.

Barrios “marginales”, ¿población “marginal” también?

Preguntar por qué se dan estas barriadas es como decir por qué hay niños de la calle, o por qué, en su antípoda, hay barrios con mansiones con piscinas y helipuertos, fortificados y defendidos como castillos feudales. La pregunta ya orienta la respuesta: justamente porque la repartición de la riqueza es injusta…

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

En cualquier ciudad relativamente grande del Sur del mundo, en Asia, África y Latinoamérica, son comunes los llamados “asentamientos precarios” (favelas, villas miseria, cantegriles, tugurios, chabolas, barrios marginales o como se les quiere llamar), es decir: grupos de personas que viven en pésimas condiciones, en casas que no deberían ser habitadas, en sectores urbanos carentes de servicios mínimos (luz eléctrica, agua potable, saneamiento ambiental, transporte público, acceso a centros de salud y educativos cercanos), insalubres, muchas veces envueltos en altos índices de criminalidad. Naciones Unidas estima que aproximadamente un 25% de la población mundial vive en esa situación.

sábado, 7 de marzo de 2020

Pobreza: la peor pandemia

La desigualdad y el abuso de poder han condenado a nuestros pueblos a la miseria.

Carolina Vázquez Araya / www.carolinavasquezaraya.com

Tan preocupados estamos por la amenaza sanitaria del coronavirus, que hemos olvidado la verdadera amenaza de nuestro entorno: mayor pobreza, menor acceso a los servicios básicos, aumento de la violencia en todas sus formas y la más cruel de ellas en el incremento sostenido de la desnutrición crónica en la infancia. Este es el verdadero problema en las naciones del cuarto mundo, naciones caracterizadas por gobiernos corruptos y el súper poder de sus grupos económicos cuyas élites han supeditado las decisiones políticas a sus intereses particulares, apoderándose de los recursos y retorciendo las leyes.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Riqueza, pobreza, desigualdad: el tema proscrito

En el mundo contemporáneo y particularmente en América Latina, se ha legitimado la idea de que los ricos han hecho fortuna con su trabajo y que la clase capitalista es ejemplar por la acumulación de riqueza que logra igualmente con el suyo. Se dice que los ricos y los capitalistas, cuando son inversores de recursos, generan trabajo, benefician a la sociedad y, sin duda, incrementan sus propios patrimonios, gracias a su riesgo y a su esfuerzo creador.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / www.historiaypresente.com

Ante semejante ideología, la pobreza y las diferencias sociales de ingreso resultan de decisiones y posiciones personales. La culpa de los pobres está en ellos mismos.

Estos mitos han sido refutados desde el siglo XIX, gracias a numerosos investigadores. En América Latina hay suficientes estudios, entre los que pueden destacarse aquellos desarrollados por los historiadores económicos y sociales, que demuestran que la riqueza y la pobreza son, ante todo, productos históricos, en cuya base están una serie de procesos nacidos desde la época de la conquista y la colonia, que continúan durante la república con nuevos mecanismos de apropiación. Los instrumentos para enriquecerse han sido variados: encomiendas, mitas, usurpación de tierras y minas, saqueo, expulsión de comunidades, esclavitud, trabajo servil, explotación laboral, salarios miserables, contrabando, evasión tributaria, estafas al fisco, aprovechamiento de recursos estatales, usura, intereses descontrolados, herencias, etc.

sábado, 13 de octubre de 2018

¿Por qué tiene que haber ricos?

El problema histórico no está solo en la pobreza, sino en la riqueza. Según un informe de Oxfam ('Una economía al servicio del 1%'), en 2015 sólo 62 personas poseían la mitad de la riqueza de todo el mundo. La pregunta que la humanidad actual debiera formular es ¿por qué tiene que haber ricos en el mundo?

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y Presente - blog

Aunque mercantilistas y fisiócratas ya trataron sobre la economía política, la obra de Adam Smith (1723-1790) titulada Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776) es considerada como la primera en tratar la economía del capitalismo y en inaugurar, de este modo, la teoría económica, como rama especializada de las ciencias sociales.

Smith se propuso investigar cómo se produce la acumulación para la riqueza de una sociedad, pero no trató el contraste entre ricos y pobres. Sin embargo, logró entender que del trabajo del obrero provienen las ganancias del capitalista, aunque consideró a este hecho como una ley natural del sistema.

sábado, 24 de octubre de 2015

Niños de la calle: entre victimarios y víctimas

El fenómeno es relativamente nuevo, de las últimas décadas; pero lo peor es que está en franca expansión. Se estima que en todo el mundo hay 150 millones de niños que trabajan o viven en las calles. ¿Por qué? ¿Cuál es la verdadera historia de los niños de la calle?

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

En el Primer Mundo se discute sobre la calidad de vida; en el Tercer Mundo sobre su posibilidad.

Situando el problema

Desde la década de los ‘50 en los países latinoamericanos se vive un proceso de acelerado despoblamiento del campo y crecimiento desmedido y desorganizado de sus ciudades principales. Muchas de sus capitales, de hecho, están entre las ciudades más pobladas del mundo. Pero pobladas por gente desesperada, que llega a estas enormes urbes para instalarse muchas veces en condiciones infrahumanas. Se calcula que una cuarta parte de la gente que habita ciudades de la región lo hace en asentamientos precarios: favelas, villas miseria, tugurios.

sábado, 10 de enero de 2015

El otro no me importa

En una América Latina impactada por las tendencias contractivas actuales de la economía mundial está recrudeciendo el debate sobre si seguir profundizando los caminos de la inclusión, o volver hacia atrás y aplicar las recetas pregonadas por los poderosos que alegan ser “infalibles”.

Bernardo Kliksberg * / Página12 (Argentina)

Exabruptos sociales

De acuerdo con un informe de la ONU, el crecimiento continuo de las desigualdades no sólo es “intrínsecamente injusto”, sino que afecta “la calidad de las relaciones”. En un mundo donde un 1 por ciento de la población está llegando a concentrar casi el 50 por ciento del producto bruto mundial, y el 50 por ciento tiene menos del 1 por ciento, florecen las coartadas para justificar el statu quo y los exabruptos sociales.

Goleman llama la atención sobre la tendencia a deshumanizar las relaciones. Observa estadísticamente que es típico que si en una conversación entre muy ricos hay alguien de un estrato social bajo es como si fuera invisible para el grupo; las conversaciones son a través de él, como si no existiera. Si llega a opinar, nadie se hará eco o le contestará.

sábado, 8 de diciembre de 2012

América Latina: Menos pobres

Los gobiernos latinoamericanos que irrumpieron en el nuevo siglo quebraron la tendencia de la desigualdad en el continente con peor reparto de la riqueza. Y lo hicieron disputando el espacio político y la gestión al neoliberalismo, que hoy maquillado manifiesta preocupación por los pobres con la misma receta de siempre.

Alfredo Zaiat / Página12

Con muy pocas semanas de diferencia se difundieron dos documentos del Banco Mundial y otro de la Cepal que muestran con datos duros estadísticos y evaluaciones cualitativas que la situación social ha mejorado en América latina en los años de gestión de gobiernos progresistas, durante la primera década del nuevo siglo. Esas investigaciones se conocieron en días en que grupos conservadores de Argentina cuestionan la intervención del Estado en la economía, el aumento del gasto social orientado a grupos vulnerables y las políticas de fomento del mercado interno y de industrialización creadoras de empleo. Críticas que las defienden afirmando que por ese camino no han mejorado los indicadores sociales y de empleo. Los informes de esas instituciones internacionales, exhaustivas y de base ideológica diferentes (el BM, neoliberal; la Cepal, estructuralista), desestiman las observaciones de sectores de difusión masiva, de políticos, de empresarios y del mundo académico conservador. Las conclusiones de esos trabajos, además de desarmar la construcción analítica que afirma que no ha progresado el panorama social en Argentina, permiten evaluar que cuando gobernaron los que hoy critican los actuales niveles de pobreza fueron los años donde se registraron los peores índices de exclusión social.

sábado, 4 de febrero de 2012

¿Acaso alguien sobra en el mundo? La miseria es violencia

La pobreza no es sino el síntoma visible de una situación de injusticia social de base. En ese sentido “pobreza” significa no ser capaz de controlar la propia vida, ser absolutamente vulnerable a la voluntad de otros, rebajarse para conseguir sus fines propios, empezando por el más elemental de sobrevivir.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala

La invocación a la paz es algo tan viejo como el mundo; nadie en su sano juicio la puede desechar o rechazar abiertamente. Nadie deja de hablar de ella como un bien positivo en sí mismo. La historia, por cierto, muestra una interminable sucesión de invocaciones a la paz… pero al mismo tiempo, la historia también es una interminable sucesión de guerras, de negación sistemática de la paz, de situaciones donde lo que prima es el más descarnado enfrentamiento con su secuela de sufrimiento y pérdida de la dignidad.

Extraer de todo ello la conclusión que habría una “esencia guerrera” en lo humano que nos condena fatalmente al conflicto violento (“el hombre como lobo del propio hombre”), puede ser apresurado. O, en todo caso, habría que matizarla: la convivencia pacífica sigue siendo una aspiración, por lo que se ve, siempre bastante lejana, ¡pero sin dudas válida! ¿Es quimérico pensar y buscar un mundo menos violento que el que conocemos? No lo sabemos. No importa incluso. Lo que debe impulsarnos es una ética de la justicia. Esas búsquedas son como las estrellas: inalcanzables en un sentido, pero nos marcan el camino.

sábado, 13 de agosto de 2011

Apuntes sobre la pobreza

Según datos de Naciones Unidas, el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares -que pueden caber en un Boeing 747- supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América

Desde Ciudad de Guatemala

Acometer el tema de la pobreza es particularmente difícil. Lo es por varios motivos. Por un lado, porque es muy complejo determinar claramente sus causas, el proceso que la instaura, su dinámica general. Pero por otro, porque es infinitamente más dificultoso encontrarle soluciones concretas.


Indicando rápidamente, quizá como primera aproximación, que identificamos pobreza con carencias materiales, con falta de recursos, podría decirse que la historia misma de la Humanidad es una constante lucha contra este fantasma. El puesto del ser humano en el mundo no está asegurado de antemano; su realización es una permanente búsqueda de la satisfacción de necesidades básicas que le permiten sobrevivir, búsqueda que, a inicios del siglo XXI y con todo el potencial técnico que se ha llegado a acumular, no termina nunca de colmarse. Hoy día se produce entre un 40 y un 50 % más del alimento necesario para nutrir a toda la población mundial, pero el hambre sigue siendo la principal causa de muerte de nuestra especie, mientras que la actividad más dinámica, que conlleva las más altas cuotas de inteligencia incorporada y genera la mayor ganancia, es ¡la producción de armas!


De todos modos, la idea de pobreza no está especialmente ligada a ese estado originario de carencia que debe ser satisfecho día a día. Un pueblo determinado, en cualquier momento de su historia, simplemente debe cumplir con el colmado de esos satisfactores para seguir manteniéndose como unidad, con la tecnología que dispone según su grado de desarrollo (paleolítico, agricultura de subsistencia, sociedades post industriales, etc.). En esa tarea cotidiana, independientemente de su capacidad productiva, no se siente “pobre”. La noción de pobreza aparece cuando hay puntos de comparación: una sociedad es pobre con respecto a otra vista como rica, una clase social es una u otra cosa relativamente a otra, así como lo puede ser un individuo, sólo en parangón con otro -un anacoreta, aunque desnudo, puede ser infinitamente rico, comparada su vida espiritual con la de otro, un ciudadano urbano “estresado” por sus deudas, digamos-. La pobreza habla, en todo caso, no de la cantidad de medios de sobrevivencia sino del modo de su apropiación, de su distribución social. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Nos ponemos a discutir la pobreza?

Lo que quiere el FMI, al igual que los capitalistas más sofisticados del mundo, es un sistema más estable donde sus intereses de mercado prevalezcan.
Immanuel Wallerstein / LA JORNADA
Durante los 15 o 20 años en que el Consenso de Washington dominó el discurso del sistema-mundo (circa 1975-1995), la pobreza fue una palabra tabú, aun cuando se incrementaba a saltos y zancadas. Se nos dijo que lo único que importaba era el crecimiento económico, y que el único camino al crecimiento económico era dejar que el “mercado” prevaleciera sin interferencia “estatista” alguna –excepto, por supuesto, aquella del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Tesoro estadunidense.
La señora Thatcher de Gran Bretaña nos legó su famosa consigna TINA “There Is No Alternative” [no hay alternativa], con la que quería decirnos que no había alternativa para ningún Estado que no fuera Estados Unidos y, supongo, el Reino Unido. Los países del sur, sumidos en tinieblas, únicamente tenían que abandonar sus ingenuas pretensiones de controlar su propio destino. Si lo hacían, entonces podrían algún día (pero quién podría decir cuándo) ser recompensados con crecimiento. Si no lo hacían, estarían condenados a –¿me atrevo a decirlo?– la pobreza.
Hace mucho que terminaron los días de gloria del Consenso de Washington. Las cosas no mejoraron para la mayoría de la gente del Sur global –muy por el contrario– y la rebelión estaba en el aire. Los neozapatistas se levantaron en Chiapas en 1994. Los movimientos sociales le pusieron un alto a la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle, en 1999 (de la cual nunca se ha recuperado). Y el Foro Social Mundial comenzó su vida expansiva en Porto Alegre en 2001.
Cuando la así llamada crisis financiera asiática estalló en 1997, ocasionando vastos daños económicos en el este y el sudeste asiático, que se expandieron a Rusia, Brasil y Argentina, el FMI se sacó del bolsillo una serie de trilladas demandas para estos países, si querían alguna ayuda. Malasia tuvo el valor de decir no gracias, y Malasia fue la más pronta en recuperarse. Argentina fue aún más audaz y ofreció pagar sus deudas a más o menos 30 centavos por dólar (o nada).
Indonesia, sin embargo, se volvió a enganchar y pronto lo que parecía una muy estable y duradera dictadura de Suharto llegó a su fin debido a un levantamiento popular. En el momento, nadie excepto Henry Kissinger, ni más ni menos, le rugió al FMI, diciendo, en efecto ¿qué tan estúpido se puede ser? Era más importante para el capitalismo mundial y Estados Unidos mantener a un dictador amistoso en el poder en Indonesia que hacer que un país siguiera las reglas del Consenso de Washington. En un famoso editorial abierto, Kissinger dijo que el FMI actuaba “como un doctor especialista en sarampión que intenta curar todas las enfermedades con un solo remedio”.
Primero el Banco Mundial y luego el FMI aprendieron su lección. Forzar a los gobiernos a aceptar como política sus fórmulas neoliberales (y como precio por la asistencia financiera cuando sus presupuestos estatales están en desbalance) puede tener nefastas consecuencias políticas. Resulta que después de todo hay alternativas: el pueblo puede rebelarse.
Cuando la siguiente burbuja reventó y el mundo entró en lo que hoy se refiere como la crisis financiera de 2007 o 2008, el FMI se sintonizó más con las desagradables masas que no conocen su sitio. Y alabado sea, el FMI descubrió “la pobreza”. No sólo descubrieron la pobreza, sino que decidieron proporcionar programas para “reducir” el monto de pobreza en el Sur global. Vale la pena entender su lógica.
El FMI publica una elegante revista trimestral llamada Finance & Development. No está escrita para economistas profesionales sino para el público más amplio de diseñadores de políticas, periodistas y empresarios. El número de septiembre de 2010 incluye un artículo de Rodney Ramcharan cuyo título lo dice todo: “La desigualdad es insostenible”.
Rodney Ramcharan es un “economista de alto rango” en el departamento africano del FMI. Nos dice –la nueva línea del FMI– que “las políticas económicas que simplemente se enfocan en las tasas de crecimiento promedio pueden ser peligrosamente ingenuas.” En el Sur global una alta desigualdad puede “limitar las inversiones en capital humano y físico que impulsen crecimiento, incrementando los llamados en favor de una retribución posiblemente ineficiente”. Pero lo peor es que una gran desigualdad “le da a los ricos mayor voz que a la mayoría, menos homogénea”.
Esto a su vez “puede sesgar aún más la distribución del ingreso y osificar el sistema político, lo que conduce en el largo plazo a consecuencias políticas y económicas todavía más graves”.
Parece que el FMI finalmente escuchó a Kissinger. Tienen que preocuparse tanto por las masas sin lavar en los países de gran desigualdad, como por sus elites, que también retrasan “el progreso” porque quieren mantener su control sobre la mano de obra no calificada.
¿Se ha vuelto el FMI repentinamente la voz de la izquierda mundial? No seamos tontos. Lo que quiere el FMI, al igual que los capitalistas más sofisticados del mundo, es un sistema más estable donde sus intereses de mercado prevalezcan. Esto requiere torcerle el brazo a las elites del Sur global (y aun del Norte global) para que renuncien a unas pocas de sus mal habidas ganancias en aras de programas de “pobreza” que apaciguarán lo suficiente a los pobres, siempre en expansión, y calmarán sus pensamientos de rebelión.
Puede ser demasiado tarde para que esta nueva estrategia funcione. Las caóticas fluctuaciones son muy grandes. Y la “insostenible desigualdad” crece diario. Pero el FMI y aquéllos cuyos intereses representa no van a dejar de intentarlo.

sábado, 28 de agosto de 2010

A propósito de la desigualdad en Latinoamérica....

Las causas de raíz de la desigualdad que el Informe del PNUD identifica no radican ni en la corrupción, ni en las deficiencias institucionales, ni en los métodos pseudo-democráticos de nuestros sistemas, sino más bien en las rígidas estructuras de clase que se benefician de estas incongruencias y las atizan sistemáticamente.
Carlos Velásquez Carrillo / ContraPunto (El Salvador)
(Ilustración de Pedro Méndez Suárez)
Hace poco más de un mes el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el primer Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe, y el diagnóstico resultó mucho más que desalentador. El Informe confirmó categóricamente lo que ha sido el fantasma histórico que agobia al continente: es la desigualdad, y no precisamente la creación de riqueza, lo que impide el desarrollo integral, la mejoría del nivel de vida, y la ampliación de las libertades.
En síntesis, el Informe nos dice lo siguiente: primero, que Latinoamérica y El Caribe es la región más desigual del mundo, con un coeficiente Gini mayor en un 65% comparado a los países industrializados, 36% más elevado que el de los países del sudeste asiático, y un 18% más alto que el de la empobrecida África subsahariana ; segundo, que 10 de los 15 países más desiguales del mundo se encuentran en la región; y tercero, que al final de cuentas las que sufren desproporcionadamente los estragos de la desigualdad son mujeres indígenas y afro-descendientes de escasos recursos.
En términos más generales, y si nos basamos en el estado actual de la desigualdad, el Informe también confirma el rotundo fracaso del modelo neoliberal con el cual la región viene experimentando por más de tres décadas. El agraviante no es simplemente que la concentración de la riqueza se exacerbó vertiginosamente, sino más bien que para producir varios cientos de miles de nuevos millonarios se tuvo que condenar permanentemente a la pobreza a cientos de millones de personas.
Pero es precisamente en este ámbito del análisis crítico donde nuestros colegas del PNUD se quedan a mitad del camino. Obviamente que no es viable para una organización gubernamental multilateral el plantear un análisis más profundo sobre la causas verdaderas de la desigualdad, simplemente porque los gobiernos que la patrocinan vetarían tal insolencia, pero la timidez con la cual se trata el tema, más allá de la importantes estadísticas que el Informe proporciona, no deja de mostrar una complicidad implícita con el poder.
En este sentido, el tratamiento que el Informe le otorga a la compleja dinámica de la desigualdad se basa en los preceptos liberales de siempre: la corrupción impide la gestión del aparato institucional lo que a su vez lleva a una parálisis en la relación “agente-principal”; hay una “debilidad en la cadena de delegación democrática” sustentada en viejos clientelismos y patrimonialismos que tienen capturado al estado; la representación democrática no corresponde a las aspiraciones de la ciudadanía; los intereses de “minorías políticas y económicas” afectan al libre mercado y dañan la eficiencia de la producción y la distribución; hay que optimizar el capital humano y trabajar para garantizar un crecimiento con distribución, etc.
Muy pocos estarían en desacuerdo con este análisis y las recomendaciones que lo acompañan. Pero aquí hay un tema de fondo que no recibe mayor atención: la estructura de poder que se consolidó en la región durante la implementación del neoliberalismo y que hace uso de la corrupción, de las deficiencias institucionales, de la falta de democracia y de la tergiversación del libre mercado, entre otras tácticas, para reforzar su condición de privilegio y riqueza desproporcionada.
Y cuando me refiero a la “estructura de poder” me refiero a la restructuración del dominio de clase que se ha venido fraguando en la región en las últimas décadas, cimentada en la economía política neoliberal que nos vendió que el mercado es bueno y el estado es malo, que el bienestar individual es mejor que el colectivo, que los inteligentes sólo necesitan “igualdad de oportunidades” para triunfar frente a los holgazanes, y que el crecimiento económico es más importante que el desarrollo integral. Al final, esta estructura de poder clasista se edificó sobre un concepto relativamente simple: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.
Las causas de raíz de la desigualdad que el Informe del PNUD identifica no radican ni en la corrupción, ni en las deficiencias institucionales, ni en los métodos pseudo-democráticos de nuestros sistemas, sino más bien en las rígidas estructuras de clase que se benefician de estas incongruencias y las atizan sistemáticamente. ¿Qué pasaría si las instituciones comienzan a funcionar y el estado empieza a responder a todos los ciudadanos, o si los sistemas educativos se proponen producir ciudadanos con cabeza pensante y crítica en vez de trabajadores sumisos y disciplinados, o si la democracia sale de su letargo y empieza a proyectarse como un sistema que promueve la realización integral del ser humano más allá del voto periódico? Sin duda, los dueños del poder tendrían mucho que decir al respecto.
En este contexto, y sin ánimo de descalificar la importante información que el PNUD saca a la luz, me parece que son los síntomas de la enfermedad los que se identifican como las causas del problema. Asimismo, hay ciertas inconsistencias con algunos argumentos: se habla de crecimiento con distribución, pero ¿acaso no se necesita al estado para redistribuir la riqueza, tomando en cuenta que es la única fórmula que ha funcionado en la historia, como lo demuestran los países industrializados y los países del sudeste asiático? Pero en Latinoamérica y el Caribe, las clases dominantes relacionan un rol más amplio del estado con las huestes de un comunismo que nunca se acaba de morir.
Para los bloques de poder el estado debe funcionar en aras de garantizar privilegios concretos, no para garantizar “crecimiento con distribución”. En El Salvador, lo sabemos en carne propia. Los cuatros gobiernos de ARENA se dieron a la tarea de transferir de forma sistemática a las manos de la nueva oligarquía financiera todos los sectores estratégicos de la economía mediante las privatizaciones, la liberalización del estado, la reforma tributaria, la dolarización y el libre comercio. No es de sorprenderse que para el 2006, y antes de que los bancos se vendieran al capital transnacional, el capital de alrededor de 260 empresas, pertenecientes a ocho grupos empresariales hegemónicos, totalizara dos mil millones de dólares más que todo el producto interno bruto nacional, seis veces más que el presupuesto nacional, más del doble de la deuda externa, y el equivalente a seis años de entradas de remesas familiares.
Para reiterar, esta situación no es el resultado de las deficiencias institucionales del estado salvadoreño ni de los supuestamente frágiles valores democráticos de los salvadoreños. Esta situación es el resultado de un plan ideológico que promueve un proyecto de dominio de clase que se sustenta mediante la consolidación de una estructura de poder basada en los privilegios y la desigualdad estructural. Los problemas institucionales son solamente accesorios instrumentales de este mal de raíz, y los grupos de poder los perpetúan por interés propio. Es decir, si nos ponemos a querer solucionarlos sin desmantelar los pilares del privilegio, es como querer aliviar un cáncer tratando sus síntomas y no las células matrices que lo generan y alimentan.
Otro aspecto que es importante resaltar es el de la desigualdad y las libertades. Los gurús neoliberales nos dijeron que estos valores son incompatibles ya que cuando se prioriza la igualdad usualmente se sacrifica la libertad. Pero aquí nos encontramos con un asunto de definiciones. Si la libertad se concibe como la “ausencia de coacción” externa a los deseos del individuo (lo que Isaiah Berlin denominó Libertad Negativa), entonces la idea de “crecimiento con distribución” es una utopía.
Pero si nuestra definición de libertad es más exigente, entonces la libertad debe ser concebida en su dimensión positiva, es decir, que el ser humano esté posicionado y dotado de los instrumentos necesarios para hacer lo que se propone. “Ser libre para algo” no es sólo un pronunciamiento para poder elegir, sino más bien para tener las posibilidades de conseguir lo que se elige. Esto requiere invariablemente un rol importante del estado y la reducción sistemática de las desigualdades que a su vez son el resultado de la forma en la cual el poder, en todas sus dimensiones, es distribuido y practicado en la sociedad.
En resumen, lo que es esencial no es necesariamente el análisis de la desigualdad en todas sus facetas, lo cual el PNUD nos invita a hacer, sino que identificar sus causas fundamentales como prerrequisito imperativo para empezar a resolverla. En Latinoamérica esta tarea precisa el análisis crítico de la estructura de poder reinante, la cual no sólo involucra el dominio de clases como núcleo generador de desigualdades sino que también se esparce a los ámbitos de género, raza, y territorialidad, entre otros.