“El tema de la indigencia se está incrementando con todos los requisitos que se necesitan para alquilar (…). Algunas personas no lo pueden cubrir y terminan en los carros o en trailers”.
Esteban Bovo Jr., alcalde de Hialeah, Florida
“El tema de la indigencia se está incrementando con todos los requisitos que se necesitan para alquilar (…). Algunas personas no lo pueden cubrir y terminan en los carros o en trailers”.
Esteban Bovo Jr., alcalde de Hialeah, Florida
Dado que ya escribimos sobre los adultos mayores (AM) es justo que ahora lo hagamos sobre los niños. Las restricciones impuestas por la pandemia del Covid-19 a la población en general han sido especialmente cruel sobre niñas y niños que necesitan más del “otro” para socializar en el terreno del juego, del lenguaje, de los afectos.
Manuel Barrera Romero / Para Con Nuestra América
Desde Chile
Si la tecnología no sirve para un genuino desarrollo humano integral, concepto que se ha acuñado recientemente, ¿para qué está entonces? ¿Por qué es más importante tener cosas –cambiándolas cada vez más rápidamente, obsolescencia programada mediante– que su aprovechamiento?
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
I
"El día en que cada indio [sic] tenga un celular, Guatemala habrá entrado en el desarrollo", dijo alguna vez el intelectual y empresario Manuel Ayau, fundador de la muy neoliberal Universidad Francisco Marroquín, centro de estudios superiores de alta calificación, donde se enseñan "tecnologías de punta". Hoy existe en el país un promedio de 1.4 teléfonos por persona, y eso no significa que se haya entrado en el desarrollo. ¿O sí?
Es curioso que, no obstante el unánime interés que existe en las esferas políticas, sociales y gubernamentales por la pobreza en Chile, se haya reflexionado tan poco acerca del significado del concepto pobreza.
Manuel Barrera Romero / Especial para Con Nuestra América
Desde Santiago de Chile
La pandemia del covid19 provocó un retroceso brutal en los indicadores de desempeño socioeconómico de nuestra región, exacerbando “las grandes brechas estructurales” y enfrentándonos a “un momento de elevada incertidumbre, en el que aún no están delineadas ni la forma ni la velocidad de la salida de la crisis”: así lo documenta la CEPAL en su informe Panorama Social de América Latina 2020, presentado recientemente por el organismo.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
Desde ya el problema de la pobreza no es una cuestión de actitud moral, de caridad para con el desposeído. Ejércitos de Madres Teresas y de voluntariados (tan a la moda hoy día) no alcanzan; ni siquiera sirven para hacerle cosquillas al problema. El tema de la pobreza -o, dicho de otro modo: de la injusticia- es claramente una de las preguntas medulares que atraviesan la historia humana, o mejor dicho: la historia de las sociedades divididas en clases.
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
“Para los de arriba hablar de comida es una pérdida de tiempo. Y se comprende, porque ya han comido”.
Bertolt Brecht
I
Acometer el tema de la pobreza es particularmente difícil. Lo es por varios motivos; por un lado, es un fenómeno complejo, multicausal, que se liga definitivamente al ámbito económico, pero que no se agota ahí. Hay muchos elementos en juego, y sin caer en la superficialidad de repetir que se dan solamente factores subjetivos para explicarla (“se es pobre porque no quiere superarse” o patrañas por el estilo), es cierto que allí se entrecruzan muchos determinantes. Por otro lado, ampliando las dificultades, es un tema ríspido, odioso, dado que es sumamente dificultoso encontrar las soluciones concretas.
La pobreza no es sino el síntoma visible de una situación de injusticia social de base. En ese sentido “pobreza” significa no ser capaz de controlar la propia vida, ser absolutamente vulnerable a la voluntad de otros, rebajarse para conseguir sus fines propios, empezando por el más elemental de sobrevivir.
Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
La invocación a la paz es algo tan viejo como el mundo; nadie en su sano juicio la puede desechar o rechazar abiertamente. Nadie deja de hablar de ella como un bien positivo en sí mismo. La historia, por cierto, muestra una interminable sucesión de invocaciones a la paz… pero al mismo tiempo, la historia también es una interminable sucesión de guerras, de negación sistemática de la paz, de situaciones donde lo que prima es el más descarnado enfrentamiento con su secuela de sufrimiento y pérdida de la dignidad.
Extraer de todo ello la conclusión que habría una “esencia guerrera” en lo humano que nos condena fatalmente al conflicto violento (“el hombre como lobo del propio hombre”), puede ser apresurado. O, en todo caso, habría que matizarla: la convivencia pacífica sigue siendo una aspiración, por lo que se ve, siempre bastante lejana, ¡pero sin dudas válida! ¿Es quimérico pensar y buscar un mundo menos violento que el que conocemos? No lo sabemos. No importa incluso. Lo que debe impulsarnos es una ética de la justicia. Esas búsquedas son como las estrellas: inalcanzables en un sentido, pero nos marcan el camino.
Según datos de Naciones Unidas, el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares -que pueden caber en un Boeing 747- supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial.
Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
Acometer el tema de la pobreza es particularmente difícil. Lo es por varios motivos. Por un lado, porque es muy complejo determinar claramente sus causas, el proceso que la instaura, su dinámica general. Pero por otro, porque es infinitamente más dificultoso encontrarle soluciones concretas.
Indicando rápidamente, quizá como primera aproximación, que identificamos pobreza con carencias materiales, con falta de recursos, podría decirse que la historia misma de la Humanidad es una constante lucha contra este fantasma. El puesto del ser humano en el mundo no está asegurado de antemano; su realización es una permanente búsqueda de la satisfacción de necesidades básicas que le permiten sobrevivir, búsqueda que, a inicios del siglo XXI y con todo el potencial técnico que se ha llegado a acumular, no termina nunca de colmarse. Hoy día se produce entre un 40 y un 50 % más del alimento necesario para nutrir a toda la población mundial, pero el hambre sigue siendo la principal causa de muerte de nuestra especie, mientras que la actividad más dinámica, que conlleva las más altas cuotas de inteligencia incorporada y genera la mayor ganancia, es ¡la producción de armas!
De todos modos, la idea de pobreza no está especialmente ligada a ese estado originario de carencia que debe ser satisfecho día a día. Un pueblo determinado, en cualquier momento de su historia, simplemente debe cumplir con el colmado de esos satisfactores para seguir manteniéndose como unidad, con la tecnología que dispone según su grado de desarrollo (paleolítico, agricultura de subsistencia, sociedades post industriales, etc.). En esa tarea cotidiana, independientemente de su capacidad productiva, no se siente “pobre”. La noción de pobreza aparece cuando hay puntos de comparación: una sociedad es pobre con respecto a otra vista como rica, una clase social es una u otra cosa relativamente a otra, así como lo puede ser un individuo, sólo en parangón con otro -un anacoreta, aunque desnudo, puede ser infinitamente rico, comparada su vida espiritual con la de otro, un ciudadano urbano “estresado” por sus deudas, digamos-. La pobreza habla, en todo caso, no de la cantidad de medios de sobrevivencia sino del modo de su apropiación, de su distribución social. Lea el artículo completo aquí…