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sábado, 10 de mayo de 2025

Los populismos de derecha en Centroamérica

En Centroamérica hay amplios grupos sociales que, desencantados de la política y los políticos que gobernaron en el pasado, le están brindando su apoyo a políticos populistas de derecha. Los casos más característicos son El Salvador y Costa Rica.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica 

Ambos responden a una escuela de liderazgo político que tiene como modelo a Donald Trump. Eso significa que son personajes que tienen como estrategias políticas, entre otras, incentivar la polarización ideológica de la población; denostar a sus contrincantes con los peores epítetos; utilizar la falsedad y la mentira sin el menor rubor y cuestionar la institucionalidad estatal.

sábado, 13 de julio de 2024

Autócratas y Populistas

 La calificación despectiva de populista endilgada, como epíteto, a gobiernos que invocan las necesidades y expectativas de la gente, se ha venido usando indiscriminadamente desplazando el sustantivo demagogia y su calificativo.

Jaime Delgado Rojas / AUNA-Costa Rica


Quieren que seas pobre, y te diré la razón: para que, reconociéndoles por tus bienhechores estés dispuesto, a la menor instigación, a lanzarte como un perro furioso sobre cualquiera de sus enemigos.

Aristófanes, Las avispas (422 a C)


En Nuestra América la práctica política que se denominó populista dista mucho, por los análisis sobre los que se construyó, del uso que se le ha dado actualmente. Esa práctica, analizada en diversos estudios de sociología y política, ha sido teorizada por politólogo argentino Ernesto Laclau en “La razón populista” (FCE,2005). Se trata, para Laclau, de “
la construcción de una identidad popular que articula una serie de demandas insatisfechas mediante la identificación de una elite que se opone a los designios del pueblo”. Esta definición conlleva dos elementos sustanciales de la dinámica política, pueblo y élite, y presume la construcción de una utopía popular agitada contra las arrogancias de la clase política tradicional. En los diversos estudios que la refieren eran emblemáticos Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón y Getulio Vargas de los tres países pioneros en el desarrollo del capitalismo “hacia adentro”.

sábado, 25 de junio de 2022

Populismo y progreso en nuestra América

 El populismo tiene una larga trayectoria en la historia política del sistema mundial. Ahora, la transición en curso de la fase internacional de ese sistema hacia una fase nueva, aún en definición, trae de vuelta al término a la vida política.

Guillermo Castro H. / Para Con Nuestra América
Desde Alto Boquete, Panamá

En este regreso, el uso del término ha dado un giro. Si para fines del siglo XIX el populismo designó movimientos populares que demandaban transformaciones sociales y políticas de gran relevancia, ahora designa una corriente reaccionaria surgida de la descomposición del neoliberalismo. Al propio tiempo, el análisis del populismo pasa ahora de su comprensión como proceso histórico a la búsqueda su lugar en modelos formales de interpretación de la crisis del neoliberalismo en el plano político y cultural.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Populismo: el problema son los líderes

Hoy se califica como “populista” a cualquier expresión política que utilice el discurso con apelación a lo popular; pero el populismo actual no es más que una simple forma de hacer la política mediante acciones de reclutamiento, movilización, clientelismo o simple discurso. El término ha sido vaciado del contenido científico originario.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y presente - blog

La sociología histórica trató como populistas a varios procesos políticos sucedidos en América Latina: Getulio Vargas (1930-1945; 1951-1954) en Brasil, Lázaro Cárdenas (1934-1940) en México, Juan Domingo Perón (1946-1955; 1973-1974) en Argentina; además se incluyó a otros partidos y caudillos como el APRA fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre (1930) en Perú, y también a la Revolución Nacional de Bolivia (1952). En Ecuador habría que incluir a Concentración de Fuerzas Populares (CFP) fundado (1949) por el “capitán del pueblo” Carlos Guevara Moreno y a José María Velasco Ibarra, aunque en forma relativa, pues sus dos últimos gobiernos, a partir de 1960, no encajan en los populismos clásicos. He sostenido que también habría que incluir a los gobiernos de la Revolución Juliana (1925-1931).

sábado, 20 de octubre de 2018

Marxistas, populistas y progresistas en América Latina

Así como el populismo clásico fue señalado como una nueva expresión burguesa, lo mismo ha sucedido con el progresismo contemporáneo. Difícilmente se los comprendió como períodos dentro del espectro político de la izquierda latinoamericana.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa Latina

Los partidos de las izquierdas marxistas nacieron en América Latina con el inicio del siglo XX. Se fortalecieron con el triunfo de la Revolución Rusa (1917), luego con la expansión del socialismo en el Este europeo al concluir la II Guerra Mundial (1939-1945), tuvieron un avance con la Revolución China (1949) cuyo proceso, sin embargo, provocó rupturas en la década de 1960; y desde la Revolución Cubana (1959), crecieron en influencia y dinamizaron la lucha social. El marxismo también amplió su influencia teórica entre los no militantes partidistas ubicados en la clase media, los profesores y estudiantes universitarios, los académicos, intelectuales y gente del área cultural, pero también entre líderes de diversos movimientos sociales, particularmente trabajadores. En Ecuador hubo célebres dirigentes indígenas en la fundación del Partido Comunista y particularmente de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI, 1944), como Jesús Gualavisí, Ambrosio Lasso, Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña.

sábado, 16 de diciembre de 2017

El populismo como estigma

Se ha popularizado como estigma llamar “populista”, primero, a quienes vinculan sus propuestas electorales o gubernamentales con los intereses populares y, después de la llegada de Donald Trump al poder, con quienes hacen gala de lo que otrora llamábamos pura y simplemente demagogia.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

El “populismo de izquierda” tendría un modelo paradigmático en América Latina, el chavismo. Recurrentemente, una y otra vez, el fantasma del “populismo chavista” es sacado a relucir en cuanto proceso electoral tiene lugar en nuestra tierras. Ese fantasma que se agita ha sido previa y concienzudamente armado, de tal manera que cuando se saca a relucir, en la cabeza del futuro votante ya existe un paquete de ideas que lo caracterizan como lo más abominable del mundo.

En las campañas electorales latinoamericanas siempre ha habido algún referente maldito de este tipo. Durante toda la segunda mitad del siglo XX fue el comunismo y la Revolución Cubana o, como se le llamó desde la derecha, el castrismo. Se habló del comunismo y el castrismo desde el maniqueísmo y los prejuicios, igual que como ahora se hace con el chavismo y lo que llaman populismo.

sábado, 22 de julio de 2017

La ola populista latinoamericana

La ola tuvo una corta vida turbulenta, pero fue potente y sus logros no fueron pocos: 70 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza…, se dice pronto.

José Blanco / LA JORNADA

Las olas crecen gradualmente, pueden ser de tamaño impresionante, alcanzan un culmen y después se desvanecen. Tras una ola sigue otra. La ola social de la que hablaremos no tiene la regularidad del mar. Pero en el presente y el futuro previsible es probable que tengamos nuevas olas sociopolíticas nacional populares (o populistas); las experiencias vividas no se mueren, no podrá haber una simple restauración al régimen neoliberal anterior.

La ola populista latinoamericana duró algo más de una década. No se ha desvanecido absolutamente, pero el futuro inmediato parece oscuro. Como era de esperarse muchos analistas ya la dieron por muerta e inhumada. Mis eventuales lectores saben que, a la par de ya numerosos analistas, en este espacio se ha hablado positivamente del populismo, reivindicándolo absolutamente.

sábado, 18 de marzo de 2017

Degradando la política: el populismo latinoamericano

El término “populismo” no es hoy más que un concepto de ataque a todo proyecto político con intenciones de reivindicación popular y cambio social. Es un término para descalificar a toda política o líder que pretenda dar respuestas a los intereses de la sociedad y particularmente a pobladores, trabajadores, indígenas, clases medias, contrariando los intereses particulares de elites empresariales o políticas.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa Latina

Acusar  hoy de “populista” a cualquier gobierno latinoamericano con raigambre social, es una forma de combatirlo. El término es usado específicamente contra los gobiernos democráticos, progresistas o de nueva izquierda en la región. Son “populistas”, ante todo, los presidentes Evo Morales, de Bolivia; Rafael Correa, de Ecuador, y Nicolás Maduro (antes Hugo Chávez), de Venezuela. A veces se incluye a Daniel Ortega, de Nicaragua, y a Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador. Y eran igualmente “populistas” los gobiernos de Inácio Lula da Silva, en Brasil, o los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina.

Quienes mejor han recurrido al término acusador son las fuerzas de oposición a esos gobiernos: políticos tradicionales, derechas latinoamericanas, élites empresariales y aquella prensa privada unida a sus intereses. Pero no solo ellos, sino también antiguas izquierdas, así como intelectuales y académicos que se autoproclaman “críticos”.

sábado, 11 de febrero de 2017

El “populismo” y la exacerbación de las contradicciones

Un tema esgrimido recurrentemente por quienes han calificado de “populistas” a los gobiernos nacional progresistas latinoamericanos de los últimos veinte años, es que crean contradicciones entre distintos grupos sociales, que polarizan a la sociedad y enfrentan a unos grupos contra otros.

Rafael Cuevas Molina / Presidente UNA-Costa Rica

El argumento central sostiene que los discursos radicales de quienes dirigen los procesos, las políticas sociales que empoderan económica y políticamente a grupos que suben en la escala social, o ideas de igualitarismo en sociedades tradicionalmente muy desiguales, son las causantes de esta situación.

Ansían volver a un estado de cosas en el que argumentan que se vivía en paz, cada quien en su sitio, sin ambiciones desmedidas ni reclamos desproporcionados; sin que las turbas, aquellas que Tomás Borge catalogó de “divinas” en la Nicaragua revolucionaria de los años ochenta, estuvieran tan constante y beligerantemente presentes en el panorama político.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Institucionalismo y populismo

Cuando nuevas fuerzas sociales irrumpen en la arena histórica, habrán necesariamente de chocar con el orden institucional vigente que, más pronto o más tarde, deberá ser drásticamente transformado. Esta transformación es inherente a todo proyecto de cambio profundo de la sociedad.

Ernesto Laclau / Tiempo Argentino

El discurso corriente de los sectores conservadores (pero no sólo de ellos), se funda en una oposición sumaria entre institucionalismo y autoritarismo. El autoritarismo sería sinónimo de arbitrariedad, y sus connotaciones peyorativas son evidentemente tautológicas: ¿Quién podría estar a favor del autoritarismo y la arbitrariedad? Por contraposición, el institucionalismo sería un talismán sagrado que garantizaría por sí mismo las virtudes republicanas y las políticas sensatas que fluirían de ellas. El segundo paso en este tipo de argumentación es inscribir otros términos y referencias en uno u otro polo de la oposición básica. El término "populismo" entra muy rápidamente en esta enunciación enumerativa y evaluativa como parte integrante, ni qué decirlo, del polo autoritario. Si el institucionalismo se presenta como condición necesaria de toda política coherente y racional, el populismo aparece, por el contrario, como el reino de la manipulación demagógica, del personalismo y de la arbitrariedad. Poner en cuestión este dualismo simplista requiere, por tanto, deconstruir las lógicas internas con las que sus dos polos han sido constituidos.