El término “populismo”
no es hoy más que un concepto de ataque a todo proyecto político con
intenciones de reivindicación popular y cambio social. Es un término para
descalificar a toda política o líder que pretenda dar respuestas a los
intereses de la sociedad y particularmente a pobladores, trabajadores,
indígenas, clases medias, contrariando los intereses particulares de elites
empresariales o políticas.
Juan J. Paz y Miño Cepeda / Firmas Selectas de Prensa
Latina
Acusar hoy de “populista” a cualquier gobierno
latinoamericano con raigambre social, es una forma de combatirlo. El término es
usado específicamente contra los gobiernos democráticos, progresistas o de
nueva izquierda en la región. Son “populistas”, ante todo, los presidentes Evo
Morales, de Bolivia; Rafael Correa, de Ecuador, y Nicolás Maduro (antes Hugo
Chávez), de Venezuela. A veces se incluye a Daniel Ortega, de Nicaragua, y a
Salvador Sánchez Cerén, de El Salvador. Y eran igualmente “populistas” los
gobiernos de Inácio Lula da Silva, en Brasil, o los de Néstor Kirchner y
Cristina Fernández en Argentina.
Quienes mejor han
recurrido al término acusador son las fuerzas de oposición a esos gobiernos:
políticos tradicionales, derechas latinoamericanas, élites empresariales y
aquella prensa privada unida a sus intereses. Pero no solo ellos, sino también
antiguas izquierdas, así como intelectuales y académicos que se autoproclaman
“críticos”.