domingo, 22 de febrero de 2009

Obama reafirma promesa de renegociar TLCAN

Para los sectores que se oponen a la desigualdad del neoliberalismo, éste es el momento para activar vigorosamente las campañas trinacionales en pro de la renegociación del TLCAN y de imponer una moratoria en nuevos acuerdos de libre comercio. Ésta es una oportunidad histórica para cambiar el rumbo en la crisis.
Laura Carlsen /www.ircamericas.org
La visita de cortesía el 12 de enero entre el entonces presidente electo Barack Obama y el presidente mexicano Felipe Calderón resultó ser más reveladora de lo que se anticipaba. La declaración del secretario de Prensa, Robert Gibbs, dejó claro que la intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no quedará entre meras promesas de campaña.
Dijo Gibbs: "(El presidente-electo Obama) expresó que su compromiso sigue en pie para mejorar el TLCAN fortaleciendo las estipulaciones laborales y ambientales para reflejar los valores compartidos ampliamente en ambos países, y propuso la creación de un grupo consultivo para trabajar en una serie de asuntos que son importantes para Estados Unidos y México, incluyendo el TLCAN, la energía y la infraestructura".
El compromiso de Obama de renegociar el tratado viene tras un cambio perceptible en la opinión pública. Una encuesta nacional de Rasmussen de junio de 2008 mostró que 56 por ciento de la población estadounidense está a favor de la renegociación. Los ataques al TLCAN durante las campañas probaron que las demandas para revisar el modelo de libre comercio han llegado a una masa crítica en Estados Unidos y la crisis económica ha dado más envergadura a esas demandas.
¿Qué se puede esperar de Obama?
Obama está lejos de ser un opositor al sistema neoliberal en sí; sin embargo, el fracaso del sistema y las medidas anti-crisis ponen en entredicho la fe ciega de antaño. El colapso del sector financiero implica la necesidad de una estrategia de reconversión para "la economía real"; es decir, para la capacidad productiva de Estados Unidos. Ello va a exigir darle un vistazo crítico al TLCAN.
Por otro lado, los consejeros económicos de Obama encabezados por Larry Summers y el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, así como la selección de Ron Kirk,—un ex alcalde de Dallas quien nombró su ciudad "la capital del TLCAN"—como representante de Comercio de Estados Unidos, parecen indicar un compromiso de apego al status quo en materia de comercio. Hilda Solis, la secretaria de Trabajo, es la única voz que ha sido crítica del neoliberalismo. Como representante de comunidades latinas, ella también comprende la necesidad de lograr que el TLCAN sea justo para los trabajadores mexicanos.
Ahora la pregunta es: ¿cómo quiere renegociar?
Es posible que Obama sólo busque aplicar las medidas establecidas en la plataforma del Partido Demócrata sobre el comercio, lo cual implicaría meter los acuerdos laborales y ambientales en el texto del TLCAN, añadir los estándares básicos de la Organización Mundial del Trabajo y crear un programa más amplio en Estados Unidos para ayudar a los que han perdido su trabajo. Obama apoyó el tratado de libre comercio entre su país y Perú, el cual fue modificado de esta forma.
Por otra parte, Obama ha hablado del problema de las importaciones en el campo mexicano pero no en el contexto concreto de la renegociación.
Sin embargo, con la crisis económica se han puesto sobre la mesa nuevos temas, previamente intocables: mayores controles, vigilancia y reglamentación de las empresas trasnacionales; más espacio para un papel activo del Estado en la economía; la necesidad de protección a sectores vulnerables y estratégicos, y políticas de fomento. Estos cambios contradicen el espíritu y en muchos casos la letra de los tratados de libre comercio y destacan la incapacidad del mercado para resolver la crisis que causó.
Revisar y rehacer: Los ciudadanos se organizan para la renegociación. En los tres países existen grandes sectores de la población que exigen y se movilizan para modificar el tratado. En Canadá crece la demanda para proteger los recursos naturales de las cláusulas predatorias del TLCAN. Las encuestas en la población general muestran que 61 por ciento está a favor de la renegociación.
En México, después de dos grandes movilizaciones campesinas para exigir la renegociación (enero de 2003 y 2008), se preparan más actividades frente a la crisis provocada por la última fase de apertura el año pasado. En medio del colapso de la producción lechera frente a las importaciones, las organizaciones de productores agrícolas demandan la protección de alimentos básicos; piden que éstos salgan del acuerdo comercial.
Para Estados Unidos se presenta un panorama complicado para la renegociación porque la oposición al TLCAN se divide en un sector que culpa a México por la erosión de la economía y el empleo, y otro que ubica el problema en la globalización de la producción y los mercados que privilegia a las grandes empresas. Las prioridades ampliamente compartidas para la renegociación son:
- Eliminar el Capítulo 11.
- Eliminar la cláusula de proporcionalidad de energía entre Estados Unidos y Canadá y excluir la comercialización del agua.
- Sacar del TLCAN los alimentos básicos para asegurar el acceso a ellos y garantizar su calidad y para conservar el trabajo rural.
- Permitir que los gobiernos recuperen las herramientas de desarrollo y de política social que han sido suprimidas por las reglas de competencia, y
- Darle fin a la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN).
Para los sectores que se oponen a la desigualdad del neoliberalismo, éste es el momento para activar vigorosamente las campañas trinacionales en pro de la renegociación del TLCAN y de imponer una moratoria en nuevos acuerdos de libre comercio. Ésta es una oportunidad histórica para cambiar el rumbo en la crisis.
Laura Carlsen (lcarlsen(a)ciponline.org) es la directora del Programa de las Américas (www.ircamericas.org) del Center for International Policy.

Nuevos valores para una nueva civilización

Sin utopías no hay movilizaciones motivadas por la esperanza, ni posibilidad de visualizar un mundo diferente, nuevo y mejor.
Frei Betto / LA VENTANA
En el Foro Social Mundial de Belém, se concluyó que las alternativas al neoliberalismo y a la construcción del ecosocialismo no se engendran en la cabeza de los intelectuales o de programas partidarios, sino en la práctica social, a través de luchas populares, movimientos sindicales, campesinos, indígenas, étnicos, ambientalistas y comunidades de base. Para gestar tales alternativas se exigen al menos cuatro actitudes.
La primera, una visión crítica del neoliberalismo. Éste profundiza las contradicciones del capitalismo, en la medida en que la expansión globalizada del mercado estimula la competitividad comercial entre las grandes potencias; desplaza la producción hacia regiones donde se puedan pagar salarios irrisorios; estimula el éxodo de las naciones pobres hacia las ricas; introduce tecnología de punta que reduce los puestos de trabajo; vuelve a las naciones dependientes del capital especulativo; e intensifica el proceso de destrucción del equilibrio ambiental del planeta.
La segunda actitud: organizar la esperanza. Encontrar alternativas es un trabajo colectivo, puesto que no surgen de la cabeza de intelectuales iluminados o de gurús ideológicos. De ahí la importancia de dar consistencia organizativa a todos los sectores de la sociedad que esperan otra cosa diferente de lo que se ve en la realidad actual, desde agricultores que sueñan con trabajar su propia tierra a jóvenes interesados en la preservación del medio ambiente.
La tercera actitud es rescatar la utopía: el neoliberalismo no trata solamente de destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad, como la familia, el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático. Su proyecto de atomización de la sociedad reduce la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura socio-política-económica en la cual se inserta, y lo considera mero consumidor. Por lo mismo se extiende también a la esfera cultural. Como diría Emmanuel Mounier, el individualismo es opuesto al personalismo. Pascal fue enfático: “El Yo es odioso”.
En su apogeo el capitalismo lo mercantiliza todo: la biodiversidad, el medio ambiente, la responsabilidad social de las empresas, el genoma, los órganos arrancados a los niños, etc., y hasta nuestro mismo imaginario. Un ejemplo trivial es lo que se gasta en la compra de agua potable envasada industrialmente, dejando de lado el viejo y buen filtro de cerámica o incluso la recogida del agua limpísima de lluvia después de un minuto de precipitación.
Sin utopías no hay movilizaciones motivadas por la esperanza, ni posibilidad de visualizar un mundo diferente, nuevo y mejor.
Cuarta actitud: elaborar un proyecto alternativo. La esperanza favorece la emergencia de nuevas utopías, que deben ser traducidas a proyectos políticos y culturales que señalen las bases de una nueva sociedad, eso implica el rescate de los valores éticos, del sentido de justicia, de las prácticas de solidaridad y compartimiento, y del respeto a la naturaleza, en suma, se trata de un desafío también de orden espiritual, en la línea de lo que pregonaba el profesor Milton Santos, de que debemos priorizar los “bienes infinitos” y no los “bienes finitos”.
El proyecto de una sociedad ecosocialista alternativa al neoliberalismo exige revisar, después de la caída del muro de Berlín, los aspectos teóricos y prácticos del socialismo real, sobre todo desde el punto de vista de la democracia participativa y de la preservación ambiental.
El ecosocialismo se caracterizaría por la capacidad de incorporar el concepto y las prácticas de igualdad social y desarrollo sustentable a partir de experiencias de los movimientos sociales y ecológicos, así como de la revolución cubana, del levantamiento zapatista de Chiapas, de los asentamientos del MST, etc.
Es vital incluir en el proyecto y en el programa los paradigmas emergentes actuales, como ecología, indigenismo, ética comunitaria, economía solidaria, espiritualidad, feminismo y holística.
Este sueño, esta utopía, esta esperanza que llamamos ecosocialismo no es sino la continuación de las esperanzas de aquellos que lucharon por la defensa de la vida como Chico Mendes y Dorothy Stang, dos luchadores cristianos que dieron sus vidas por la causa de los pobres, de los explotados, de los indígenas, de los trabajadores de la tierra y de los pueblos de la selva.

La libertad como destino. El republicanismo socialista de Raúl Roa García.

Este texto da cuenta de la tragedia de una ausencia: el hecho de no haber estudiado ni haber conseguido traer al presente la reflexión política de Raúl Roa. El marxismo y el pensamiento revolucionario cubanos han desatendido así uno de sus desarrollos sólidos y, sobre todo, han perdido hilo de una de sus fuentes: el republicanismo socialista, y con ello un tipo específico de confluencia entre la filosofía democrática y el ideal marxista de la emancipación humana.

Julio César Guanche / REVISTA CALIBAN

Para Ernesto Marrero, en un largo y ancho país

Raúl Roa García ostenta en la historia cubana el abolengo de ser, al mismo tiempo, el “tipo más simpático” de la generación cubana de los años 30 del siglo XX y el “Canciller de la dignidad”. Su lengua, fuente de imágenes que califican entre las más insólitas acaso de todo el siglo, merece el privilegio de figurar entre las campeonas de los torneos verbales de la historia universal contra la infamia. Ciertamente, Roa no inventó ese lenguaje —mezcla de sintaxis latina con erudición de arrabal, folklore campesino, tambor de ñáñigo y dialecto de New York— pero parece ser uno de los escogidos para causar en el mundo el espanto de los seres “de bien”.
Desde muy joven, otro de su estirpe, Pablo de la Torriente, trazó el retrato de su carácter: “Y, sobre todo, Raúl Roa, enfermo desde mañana antes de declarar la huelga [de hambre], convertido en una línea ho­rizontal rodeada de pellejo y llena de un pelo tumultuoso en la cabeza que demostró tener el espíritu más firme que pudiera imaginarse. Raúl Roa es un hombre”.
No obstante, no es esta la única dignidad que puede interesar en Roa. La montaña de anécdotas que recorre su vida sepulta otra condición excelsa de su personalidad: la de ser uno de los pensadores —y escritores— cubanos más lúcidos de ese siglo.
No es una boutade referirse a Raúl Roa como “figura desconocida”. Canciller de la Revolución desde 1959, es, por razones sobradas, conocido como “Canciller de la Dignidad”. Ahora bien, este trabajo no es la crónica del extraordinario sentido del humor de Roa, ni del hombre erguido en la tribuna, sino un examen del pensamiento del Roa que carecía de ella. Se trata del militante político anterior a 1959: el hombre derrotado tras la Revolución del 30, el representante del radicalismo revolucionario durante el auge y esplendor del reformismo progresista, el profesor universitario sin más poder que el hecho de presentar su renuncia; el que gozó de la rara suerte de los sobrevivientes, de los que dudan cada mañana si aún permanecen vivos o son cadáveres habitantes de cuerpos ajenos, el que sostuvo las posiciones ganadas en su juventud y pensó el marxismo como una cultura de la libertad en medio de las circunstancias del New Deal y la Guerra Fría.
Este es el período en que Roa elabora la mayoría de sus obras de reflexión. Por supuesto, sus discursos como ministro de Relaciones Exteriores, así como los textos que escribió hasta su muerte en 1982, son imprescindibles para conocer el carácter de la ideología revolucionaria cubana y las conflictividades por las que atravesó en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, pero este ensayo se concentra en recuperar un cuerpo hoy desconocido de su saber, indagar en las causas de este hecho, y, sobre todo, reconstruir su discurso no solo como una de las corrientes de la Revolución de 1959, sino como reservorio de ideas para proyectos del socialismo cubano en el siglo XXI.
Para comprender las causas de la escasa presencia del pensamiento de Roa en la configuración ideológica del presente cubano pareciera bastar con leer sus libros, pero en rigor es necesario remitirse a los contextos configurados en el país tras 1959. Con todo, para poder estudiar sus obras, encontramos primero un problema fáctico: de la serie compuesta por Bufa Subversiva, Historia de las doctrinas sociales, 15 años después, Mis Oposiciones, Viento Sur, Variaciones sobre el espíritu de nuestro tiempo, En pie, Escaramuza en las vísperas y Retorno a la alborada solo han sido reeditados los dos primeros, a más de seis décadas de su aparición, amén del tomo La Revolución del 30 se fue a bolina, varias veces reimpreso. Pero esa es solo una de las razones de la dificultad para estudiar sus ideas. A su vez, ella misma está comprendida dentro de otra de orden mayor: el discurso político de Roa transita por rumbos teóricos diversos a los que resultaron centrales en la configuración de la ideología socialista cubana posterior a los años sesenta del siglo pasado. Estas son algunas de las pruebas: a) su concepto del marxismo, b) su juicio sobre el socialismo soviético, c) su opción socialista por el programa político del republicanismo y, d) la concepción de Roa sobre el Estado en el socialismo.
Este texto da cuenta de la tragedia de una ausencia: el hecho de no haber estudiado ni haber conseguido traer al presente la reflexión política de Raúl Roa. El marxismo y el pensamiento revolucionario cubanos han desatendido así uno de sus desarrollos sólidos y, sobre todo, han perdido hilo de una de sus fuentes: el republicanismo socialista, y con ello un tipo específico de confluencia entre la filosofía democrática y el ideal marxista de la emancipación humana. Leer más...

jueves, 19 de febrero de 2009

Evo en París

El Presidente de Bolivia ofreció el pasado martes una conferencia en el Instituto de Estudios Políticos. No faltaron las sorpresas, las aparentes contradicciones y hasta una cierta decepción entre l@s estudiantes franceses, especialmente cuando el mandatario declaró que “en un tiempo, quizás Bolivia se parecerá a Suiza”. A continuación, una crónica-testimonio desde París.
Fanny Pineau* / Especial para Con Nuestra América
París, 17 de febrero -. Evo Morales, presidente de la República de Bolivia, concluyó su viaje a Rusia y Francia con una conferencia en el Instituto de Estudios Políticos (IEP) de París. La embajada de Bolivia invitó a los bolivianos y bolivianas residentes en Francia, así como a personalidades políticas, entre ellas Danielle Mitterrand, a quien el mandatario calificó de “amiga” desde su primera visita a Francia en 1989, con motivo de una campaña internacional por la defensa de la hoja de coca.
Además, estuvieron presentes los afortunados estudiantes del IEP y del vecino Instituto de Altos Estudios Latinoamericanos (IHEAL) de la Sorbonne Nouvelle, que tuvieron tiempo de inscribirse al evento.
Los estudiantes fuimos convocados para las 7:00 pm, en la sede del IEP (calle St Guillaumme, perpendicular al burgués boulevard St. Germain). Al llegar, fue sorprendente constatar el enorme despliegue policial: tres camiones de la policía de París cercaban la estrecha calle, y el dispositivo de seguridad del instituto filtraba dos veces las entradas con una lista de invitados.
Frente al edificio, y mientras esperábamos el inicio de la conferencia, crecía el entusiasmo de los estudiantes franceses y latinoamericanos por ver y escuchar al popular Presidente boliviano. Las conversaciones giraban alrededor de la actualidad política de Bolivia; los cuestionamientos al hecho de que los medios no prestaran gran atención a la visita de Evo a Francia y, por supuesto, se comentaban las últimas acciones de los estudiantes movilizados en huelga contra la reforma de la enseñanza superior, impulsada por el presidente Nicolás Sarkozy.
Media hora más tarde, esa emoción se convirtió en decepción: el primer piso del anfiteatro fue reservado para los invitados de la embajada y los balcones se llenaron demasiado rápido, por lo que el resto de los estudiantes fuimos invitados a pasar a otra sala del tercer piso, donde el evento fue retransmitido en videoconferencia y con traducción simultánea al francés.
¡Qué decepción! No pude ver en persona a Evo Morales, tampoco escucharlo en directo y nadie pudo hacerle preguntas, porque se fue deprisa para no perder su vuelo de retorno a Bolivia.
No obstante, tuvimos el privilegio de escuchar casi una hora el discurso del Presidente. Relató su evolución política, el paso “de una lucha social y sindical a una lucha electoral” para “la liberación y la transformación profunda” de Bolivia. Además, insistió en el papel fundamental de los movimientos sociales e indígenas hoy en Bolivia y en Latinoamérica, para la construcción de la democracia y “la lucha frente a grupos que no quieren igualdad y justicia”.
Comentó su expulsión del Parlamento boliviano en 2002, calificándola como un acto propiciado por “la mafia más grande del Estado” y señalando el involucramiento de Estados Unidos en los asuntos políticos de Bolivia.
Por otra parte, Evo Morales se refirió a las dificultades encontradas para la aprobación de la nueva Constitución del Estado y el tema de las autonomías, especialmente en una sociedad dividida y racista que lo calificó de “indio rebelde”.
Con humor, nos dijo: “Dios ha perdido”, en referencia a la alianza entre la Iglesia y la oligarquía boliviana a favor de la campaña del No durante el referéndum de la nueva Carta Magna.
Proclamó el derecho al agua, a la electricidad y la comunicación) como derechos humanos, y por ende, que deben ser de servicio público, tal como lo garantiza la nueva Constitución.
Pero, a pesar de que reiteró su voluntad de llevar a cabo una “lucha anticolonial, anticapitalista y antiimperialista de manera democrática”, el Presidente boliviano nos explicó que ese día en Francia visitó al grupo industrial de Vincent Bolloré, amigo de Sarkozy y gran empresario, muy criticado por la izquierda francesa.
Esta visita se debe al proyecto de colaboración industrial y técnica para la explotación del Salar de Uyuni, una riqueza de 15 000 kilómetros cuadrados que podría servir para la fabricación de baterías de litio necesarias para automóviles eléctricos de nueva generación, es decir, con más autonomía de los combustibles fósiles y más ligeros.
No puedo esconderles que esa posible colaboración (Evo Morales afirmó que reflexionará sobre un acuerdo), y la declaración de que “en un tiempo, quizás Bolivia se parecerá a Suiza”, sorprendieron y decepcionaron a parte de los estudiantes presentes, quienes idealizan al personaje y tienden a olvidar las contradicciones propias de cualquier proyecto político, así como las presiones nacionales e internacionales que impiden que Bolivia se aparte del modelo de desarrollo capitalista.
Aquí está el dilema de la izquierda radical de América Latina: seguir en el sistema dominante, u optar por construir, realmente, una nueva alternativa de desarrollo poscapitalista y posneoliberal.

*La autora es estudiante francesa del Instituto de Altos Estudios Latinoamericanos (IHEAL) de la Sorbonne Nouvelle, París. Además, cursó la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.

lunes, 16 de febrero de 2009

Profundizando la democracia

La cláusula aprobada ayer (domingo) en Venezuela es la contrapartida de otra, profundamente democrática también, que le otorga a la ciudadanía la capacidad para desalojar de su cargo a quien mal se desempeñe en el mismo. Esta cláusula revocatoria es un arma formidable que la Constitución Bolivariana puso en manos del pueblo; pero todavía no le ofrecía la necesaria contraparte: la capacidad para reelegir a quien había gobernado bien. Esa paradoja constitucional ha sido resuelta y ahora tiene esa capacidad, con lo cual la democracia bolivariana adquiere una densidad y una profundidad casi sin parangón en el concierto mundial.
Atilio A. Boron * / Página12
La enmienda constitucional que el pueblo venezolano aprobó ayer puso en evidencia la desesperación de los adversarios, de adentro y de afuera, de la Revolución Bolivariana. Son conscientes de que la consolidación del liderazgo de Chávez y la continuidad de su proyecto afianzarán el fiel de la balanza política regional en el espacio de la izquierda, y eso es una muy mala noticia para el imperio.
Si hay alguien que tiene capacidad para percibir los significados históricos de estas cosas es Fidel. Y en su Reflexión del 13 de febrero escribió que “nuestro futuro es inseparable de lo que ocurra el próximo domingo. El destino de los pueblos de ‘Nuestra América’ dependerá mucho de esa victoria y será un hecho que influirá en el resto del planeta”. Es precisamente por eso que la voz de orden de la derecha imperial es desembarazarse de Chávez lo antes posible. Si se puede por la vía institucional, bien; si no, deberá recurrirse a los métodos tradicionales que la CIA conoce a la perfección. Recordemos que la legislación estadounidense faculta al presidente a ordenar el asesinato de un mandatario extranjero, o la tortura a prisioneros, en caso de que la seguridad nacional del país se vea amenazada por tan temibles sujetos.
Esta es la clave que permite entender la feroz agresividad en contra de la figura de Chávez y la campaña en contra de la enmienda constitucional. Y las innumerables provocaciones que continuamente lo acosan. La última, un par de días atrás, a cargo del eurodiputado por el Partido Popular, Luis Herrero, quien llegó a Caracas en calidad de “observador” del referéndum y al rato se inmiscuyó en la política interna venezolana al aconsejar a los electores que no se amedrentaran ante “un dictador” como Chávez. Herrero cometió una grosería que lo descalifica de su pretendido papel de “observador” y que lo desenmascara por completo: es un provocador profesional que pertenece al partido que agrupa a la derecha más cavernícola de España, a los herederos del franquismo y a los nostálgicos de los buenos tiempos de la Inquisición y la alianza de la cruz y la espada. Su exabrupto fue recibido por toda la “prensa seria” como una prueba más del carácter dictatorial de la Revolución Bolivariana, lo que demuestra por enésima vez su incurable mendacidad y su total falta de escrúpulos morales.
Una prensa que, por ejemplo, jamás dijo una palabra con relación al escandaloso proceso que llevó a la reelección de Alvaro Uribe en Colombia y que la Justicia de ese país demostró que fue posible mediante el soborno a dos diputados de la oposición que, con el paso del tiempo, confesaron su delito. El operador de todo este escándalo fue el ministro de Gobierno de Uribe, quien al conocerse la sentencia del Tribunal Supremo fue velozmente designado embajador en la Santa Sede, que al no ser divorciado lo recibió alborozada en su seno sin hacer pregunta alguna. Y en cuanto a la nueva propuesta de re-reelección de Uribe, los sedicentes defensores de la democracia que se rasgan las vestiduras ante un gobernante como Chávez, que en diez años convocó a quince elecciones generales, nada dicen que aquél logró que la Cámara de Diputados aprobara su proyecto de reelección en una sesión extraordinaria, convocada de extrema urgencia y en cuestión de horas por el oficialismo para las 12 de la noche y ante la casi total ausencia de la desprevenida oposición. Pero eso es democracia; lo de Chávez, que siguió todos los pasos que manda la legalidad vigente, es dictadura.
Los publicistas del Imperio y la plutocracia venezolana machacaron continuamente que la aprobación de la enmienda significaría que Chávez iría a gobernar indefinidamente. Fieles a su tradición, tergiversaron lo que estaba en discusión, procurando de ese modo engañar a la opinión pública. Ocultaron a sabiendas que la enmienda lo único que hace es habilitar la reelección de un presidente, un gobernador o un alcalde. Hay varios gobernadores y alcaldes que se oponen a Chávez y que podrán aprovecharse de esta reforma. De hecho, uno de esos gobernadores participó en el Comando del Sí, lo que ahorra mayores comentarios.
La existencia de una norma semejante rige en los principales países de Europa: es por eso que Helmut Kohl pudo ser canciller de Alemania durante dieciséis años y si no continuó en el poder fue debido a un escándalo financiero que lo desacreditó ante la opinión pública de su país. Felipe González fue presidente del gobierno de España durante catorce años y Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido por once años. Si no continuaron en sus cargos fue porque perdieron el consenso popular, no porque hubiera una cláusula de “no reelección” que lo impidiera. Hay varios casos similares en Europa. Francia, sin ir más lejos, autoriza una reelección presidencial para un mandato de siete años cada uno. Todos los últimos presidentes de Francia duraron catorce años en el poder.
En suma: la cláusula aprobada ayer es la contrapartida de otra, profundamente democrática también, que le otorga a la ciudadanía la capacidad para desalojar de su cargo a quien mal se desempeñe en el mismo. Esta cláusula revocatoria es un arma formidable que la Constitución Bolivariana puso en manos del pueblo; pero todavía no le ofrecía la necesaria contraparte: la capacidad para reelegir a quien había gobernado bien. Se podía castigar a un mal gobierno, pero el pueblo era impotente para garantizar la continuación de uno bueno. Esa paradoja constitucional ha sido resuelta y ahora tiene esa capacidad, con lo cual la democracia bolivariana adquiere una densidad y una profundidad casi sin parangón en el concierto mundial.
* Politólogo.

Un desafío a futuro

El resultado de esta elección abre una pregunta y un desafío para el futuro de Venezuela en un contexto de aguda crisis internacional y de baja sustantiva de su principal ingreso, el petróleo. Esta coyuntura hoy puede alimentar la dependencia del Partido Socialista Unido de Venezuela hacia Chávez, con el riesgo de desgaste de un electorado que ya mostró en 2007 no ser tan incondicional. O puede, por el contrario, fortalecer el lazo con las bases sociales que la sustentan.
Gabriel Puricelli y Lucía Alvarez * / Página12
Desde que se supo de la convocatoria a este nuevo referéndum, la prensa internacional ha insistido en plantear que estábamos frente a una elección entre democracia y autoritarismo. La fórmula es conocida y falaz. Reelecciones indefinidas hay en sistemas con altísima concentración de poder en el primer ministro y férrea disciplina de partido como Canadá, Reino Unido o Australia. También funciona en regímenes verdaderamente autoritarios y represivos, algunos de ellos aliados estratégicos de Estados Unidos, como Egipto, y éstos se mantienen en el poder por años sin que eso conlleve un cuestionamiento de su clase dirigente.
Un recuento de los diez años de gobierno bolivariano da, por el contrario, un indicio de su vocación democrática. Chávez lidió contra los embates y las resistencias de la derecha manteniéndose siempre dentro de los marcos institucionales y su única derrota electoral fue reconocida inmediatamente a pesar de la ínfima diferencia que existió entre el Sí y el No a la propuesta de reforma constitucional, lo cual significó un enorme refuerzo a su legitimidad a nivel nacional e internacional. En cambio, la oposición optó hasta la reelección presidencial de diciembre de 2006, sólo por el camino de la violencia y el enfrentamiento. El golpe de Estado en 2002, el paro petrolero que tuvo al país desabastecido por tres meses y la abstención a la elección parlamentaria en 2005 son sólo unos ejemplos.
Es cierto, sin embargo, que hoy ya no son éstas las condiciones. La situación en Venezuela es muy diferente a la de Bolivia y Ecuador, países donde también se impulsan refundaciones políticas mediante reformas constitucionales. Chávez ya no lidia con la falta de base parlamentaria propia, como Rafael Correa, o con el desafío de una derecha golpista y secesionista, como Evo Morales. Nada condiciona lo suficiente como para destinar energías en otro sentido que no sea el proceso de cambio. El énfasis en mantener a Chávez para continuar la epopeya transformadora se trata quizá de una subestimación del proceso mismo.
El problema parece ser entonces que este nuevo intento por impulsar la reelección indefinida no hace más que reforzar un modelo de planificación estatal contrario a lo que en sus premisas plantea la revolución bolivariana. En vez de buscar y armar posibles candidatos que permitan alternancia, se apuesta así por una creciente centralización. En vez de otorgar herramientas para el buen funcionamiento de los consejos comunales, las mesas técnicas de agua y todas aquellas “instituciones” de la democratización que hoy tienen problemas por las trabas de la ineficiente –y muchas veces, corrupta– burocracia, robustece los mecanismos de un Estado que no se alteró tanto y que es todavía un poco inmune al proceso de cambio.
El resultado de esta elección abre por eso una pregunta y un de-safío para el futuro de Venezuela en un contexto de aguda crisis internacional y de baja sustantiva de su principal ingreso, el petróleo. Esta coyuntura hoy puede alimentar la dependencia del Partido Socialista Unido de Venezuela hacia Chávez, con el riesgo de desgaste de un electorado que ya mostró en 2007 no ser tan incondicional. O puede, por el contrario, fortalecer el lazo con las bases sociales que la sustentan, acentuando así el proceso de democratización y redistribución social, y volviendo a los cambios que hoy vive el país menos reversibles.
* Miembros del Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas

domingo, 15 de febrero de 2009

Mirar más allá de coyunturas

Los gobiernos progresistas de la región pueden ser aliados de los cambios, pero los hacedores del mundo nuevo son los pueblos organizados en movimientos. No está de más recordar que la actual coyuntura fue creada por la resistencia desde abajo, que deslegitimó el modelo. Si estos gobiernos no toman un rumbo claro, en el futuro serán blanco de la inevitable ofensiva de los movimientos.
Raúl Zibechi / LA JORNADA
La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la profunda crisis económica mundial, junto al declive estadunidense, y la existencia de ocho gobiernos progresistas y de izquierda en Sudamérica, son hechos tan importantes que han generado la confianza, entre amplios sectores, en la posibilidad de encontrar nuevos rumbos para nuestras sociedades golpeadas por dos décadas de neoliberalismo. Se trata de una coyuntura especial e inédita, llamada a convertirse en un parteaguas a escala planetaria.
En múltiples ocasiones se ha mencionado que la decadencia de Estados Unidos como única superpotencia, está permitiendo el nacimiento de una nueva relación de fuerzas en la región sudamericana, en la que se dibuja con nítido perfil la fuerza decisiva de Brasil, así como la posibilidad de construir una integración regional que no sólo marque distancias con el imperio, sino también con el libre comercio.
Por definición, una coyuntura suele resolverse en un lapso relativamente breve. En este caso puede pensarse, a lo sumo, en una década, que es el tiempo con que cuentan las fuerzas del cambio para imponer por lo menos una parte de sus objetivos antes que otras fuerzas con intereses diferentes se encuentren en condiciones de imponer los suyos.
La idea de que “éste es el momento” se ha instalado, con entera justicia, en los discursos de buena parte de las dirigencias políticas y sociales, como quedó reflejado en pronunciamientos y documentos del reciente Foro Social Mundial, celebrado en Belem. Pero también está presente la convicción de que si no se encuentran salidas al modelo actual de acumulación, o sea, al capitalismo, la crisis puede resolverse a través del diseño de un mundo peor aún que el actual. Gaza, Irak, Haití, Colombia son apenas muestras de lo que puede venir.
Buena parte de los objetivos destacados en la Carta de los movimientos sociales y en la Declaración de la asamblea de los movimientos muestran con claridad cuál puede ser el rumbo de los cambios. Denuncian la ideología del “desarrollo” y el “progreso”, así como al imperialismo y al capitalismo en su guerra de conquista por apropiarse de los bienes comunes de la humanidad. Pero no escatiman las críticas a las nuevas formas que adquiere el modelo neoliberal, en particular a “los grandes grupos económicos locales –expresados en las denominadas multilatinas–, asociadas a una parte considerable de los gobiernos de la región”. En consecuencia, denuncian el megaproeycto IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana), encabezado por la burguesía brasileña, que tras el desarrollo de interconexiones en infraestructura esconde “la apropiación trasnacional de los bienes de la naturaleza”.
En los hechos, los movimientos sudamericanos pasaron factura a “sus” gobiernos al colocar en la mira los principales proyectos económicos, aquellos destinados a promover el “desarrollo” de la región como la minería a cielo abierto, el agronegocio y los agrocombustibles, entre otros. Y pusieron el dedo donde duele al criticar, junto al Plan Colombia y la presencia de bases militares extranjeras, “la ocupación de Haití por tropas de países latinoamericanos”. No fue sólo un ejercicio de autonomía política, sino un marcar las urgencias del momento, la idea de que es necesario “avanzar ahora” y no delegar en los gobiernos, sino crear las condiciones “para ir gestando una nueva ofensiva de los pueblos” que modifique radicalmente la relación de fuerzas en la región.
Una década de gobiernos de nuevo cuño está empezando a mostrar alcances y límites de los cambios promovidos desde arriba y enseñando quiénes son los que están verdaderamente interesados en cambiar el mundo. Una parte sustancial de los gobiernos está más empeñada en consolidarse que en implementar nuevos rumbos. El único país capaz de empujar a toda la región, Brasil, está más empeñado en erigirse en potencia global que en abandonar el modelo. Lula parece más ocupado en catapultar a su probable sucesora, la ministra Dilma Rousseff, que en combatir el tremendo poder del capital financiero en su país. No es suficiente con promover un mundo y una región multilaterales, si a la vez no se erosiona el neoliberalismo.
Por otro lado, salir del modelo es más complejo de lo que pueda suponerse. Tras 10 años de Hugo Chávez en el gobierno, Venezuela sigue siendo un país con enormes dificultades para salir de la dependencia petrolera. Se trata de procesos muy lentos, para los que se requiere crear condiciones no sólo políticas, sino también sociales y culturales. A Cuba le demandó casi medio siglo dejar de ser un país monoproductor de caña de azúcar. A esas dificultades deben sumarse opciones que refuerzan el modelo, como la apuesta de Rafael Correa por la minería trasnacional, que no puede sino agudizar la dependencia de Ecuador, como ya sucedió en el último medio siglo con el petróleo. No es ése el camino para construir el “socialismo del siglo XXI”, pero menos aún puede tomarse ese rumbo en contra de los principales movimientos sociales. El enfrentamiento en curso entre el gobierno de Correa y el movimiento indígena, que se saldó con decenas de heridos y detenidos en la huelga del 20 de enero contra la ley minera, impone mirar más allá de la coyuntura actual.
Los gobiernos progresistas de la región pueden ser aliados de los cambios, pero los hacedores del mundo nuevo son los pueblos organizados en movimientos. El caso de Bolivia, donde el gobierno de Evo se muestra en sintonía con los movimientos, es por ahora la única excepción. Aunque algunos analistas y políticos defienden la centralidad de los gobiernos frente a un supuesto repliegue de los movimientos, no está de más recordar que la actual coyuntura fue creada por la resistencia desde abajo, que deslegitimó el modelo. Si estos gobiernos no toman un rumbo claro, en el futuro serán blanco de la inevitable ofensiva de los movimientos.

El posneoliberalismo y sus bifurcaciones

Lo que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.
Ana Esther Ceneña / www.geopolitica.ws
(Ilustración: "El grito por la diversidad", mural de Pavel Égüez)
El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.
Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la
catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.
Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.
El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena. Leer más...

Crisis económica y los TLCs con Estados Unidos

El mezquino muro del Río Grande separa Latinoamérica de Estados Unidos y la proyecta íntegra hacia el Sur: hacia sí misma. Moraleja: la economía norteamericana colapsa y mientras más lejos, mejor.
Umberto Mazzei / ALAI
Las ratas escapan del barco que se hunde. Los que firmaron con Estados Unidos Tratados de Libre Comercio (TLCs) se subieron al barco que hace agua. Los TLCs son compromisos uniformes que van más allá del comercio y reducen el espacio de la política económica y legislativa, justo cuando la libertad de maniobra, según la necesidad de cada país, es más necesaria para afrontar la crisis económica.
El argumento de los TLCs fue garantizar un acceso privilegiado al mayor mercado del mundo: Estados Unidos. La negociación –secreta y excluyente- se basó en un texto único propuesto por Estados Unidos, al cual adhirieron los gobiernos; son acuerdos de un solo tipo, como, digamos, esos contratos de adhesión usados para vender seguros o automóviles.
Los TLCs fueron apoyados por filiales locales de las transnacionales, grupos de exportadores agrícolas, exportadores textileros y mercenarios de la prensa. En agricultura, la apertura preferencial era falsa; casi todos los productos “liberados” tenían ya 0 arancel MNF en Estados Unidos. La contrapartida fue abrir la puerta a productos agrícolas norteamericanos subsidiados, con los que s a los productores nacionales les resulta imposible competir. En servicios, Estados Unidos se limitó a lo suscrito en la OMC; a cambio se le abrió la puerta en todos los servicios, sobre todo servicios financieros y servicios públicos. En textiles, la regla de origen, que en la práctica exige de insumos hechos en Estados Unidos (con flexibilidad para Nicaragua), anula la ventaja ante los asiáticos de la tarifa preferencial. Las exportaciones textiles de El Salvador y Guatemala caen desde 2003 y agravan el creciente desempleo.
Desempeño de los TLCs en Latinoamérica
Los desempeños no son homogéneos. Las exportaciones de México y Chile a Estados Unidos aumentaron. Las de los centroamericanos se mantienen a nivel de antes; la explicación es que sus productos agrícolas, ahora con mayor cuota para azúcar, ya entraban libremente antes del acuerdo y los textiles entraban en las mismas condiciones con la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC/CBI).
Lo que creció mucho fueron las exportaciones de Estados Unidos a todos los socios, hasta revertir balanzas anteriormente favorables a los latinoamericanos. En servicios la balanza es y fue siempre muy favorable a Estados Unidos, con todos. Algo que ahora preocupa, por la penetración de sus servicios financieros, seguros y bancarios, que están en colapso sistémico. Las exportaciones chilenas, centroamericanas y dominicanas son de bienes: productos agrícolas, textiles y materias primas. México exporta también productos industriales. Leer más...

El Perú como botín

Los recursos naturales y energéticos deben manejarse en función de nuestros intereses, nuestro desarrollo y nuestro bienestar, en primer lugar. Son propiedad de la Nación, de todos los peruanos, no de concesionarios extranjeros que solo ven y piensan en sus negocios, sin importarles el país ni la gente.
Javier Diez Canseco / La República
¿Está el Perú condenado a ser pasto de las aves de rapiña? ¿Nos habrá marcado la conquista, que no la novelada acción de aventureros liderados por un criador de cerdos sino una operación de una compañía española montada con los aportes de Pizarro, Almagro y Luque (testaferro de poderosos capitales comprometidos en el lucrativo negocio de colonizar y expoliar otros pueblos)? Luego de independencia, los criollos –con una “república soberana”– excluyeron a los pueblos originarios y mantuvieron la oprobiosa esclavitud.
Sintiendo al país como su chacra, perpetuaron la herencia colonial del patrimonialismo (usar el puesto público como instrumento para fines privados) y se convirtieron en testaferros y aliados de los poderes coloniales y sus intereses económicos y políticos. Desde entonces, hemos sido botín de extranjeros, sus “socios” internos y autoridades serviles a sus intereses. Por ello mismo, nuestra historia está marcada por negociados y entreguismos, así como por la resistencia popular y nacional, por expresiones de rebelión e indignación social, tenaces luchas por el cambio y por frustrados esfuerzos por lograrlo.
La batalla contra la Internacional Petroleum Company, consecuencia del infame laudo Brea y Pariñas, que motivó la campana de Petróleo para el Perú, fue uno de los casos de entreguismo y corrupción que convocó a la lucha por la soberanía nacional. Se convirtió en bandera de diversas fuerzas políticas como Belaunde, que la abandonó en el camino, hasta que Velasco que la recuperó, fundando Petroperú.
Hoy enfrentamos una nueva trama de corrupción y entreguismo, bajo la alianza del APRA, el fujimontesinismo y la derecha, que compromete los recursos naturales energéticos fundamentales. El gas de Camisea –entregado en vergonzosas condiciones por Toledo y Kuczynski– y lo poco que queda de Petroperú –tasajeada y malbaratada por el fujimorismo a favor del capital extranjero– vuelven a plantearnos una sórdida trama que reclama de una reacción nacional.
Acabamos de saber que han vendido Petro Tech, empresa involucrada e investigada en el escándalo de los petroaudios que maneja lotes petroleros (desde Fujimori) con ignominiosas granjerías y ha evadido el pago de tributos. La vendieron en US$ 900 millones (cuando la ofertaban en US$ 1,500) y ni siquiera han pagado los impuestos por las ganancias de capital en el Perú. Una empresa que tendría que responder por un juicio en el que se le involucra en serios delitos se vende. Lo peor: previa consulta de los compradores con Alan García. Sí, antes de comprar, la colombiana Ecopetrol, el ministro de Energía de Colombia y los coreanos se aseguraron de que podrían comprar a precio de oferta con garantía del mismísimo García que en enero había estado por suspender la entrega de lotes petroleros a Petro Tech y la acusaba de chuponeo. Negocios son negocios, ¿no? ¿Acusa de ratas a Quimper y León Alegría, pero avala transferencias de empresas metidas en notorios enjuagues?
Paralelamente, el diario Folha de Sao Paulo anuncia que Petrobras compraría 30% de Petroperú. Es decir, continúan intentando rematar las joyas de la familia peruana (aunque hayan pretendido desmentirlo) y, a la vez, el Estado tiene paralizada la modernización de la refinería de Talara para que no pueda producir combustibles comercializables en el mercado nacional y se creen las condiciones para privatizarla. ¡En lugar de fortalecer Petroperú, la debilitan y la venden por partes! Para manejar el negocio ponen al impresentable Pedro Sánchez en el Ministerio de Energía y Minas, el superman de las privatizaciones eléctricas amañadas en el gobierno de Fujimori.
Para cerrar el círculo, el gas de Camisea –concesionado por Toledo, en condiciones lesivas al interés nacional, al consorcio que lidera Hunt Oil, la empleadora de PPK– anuncia que pretende exportar nuestro gas a precios ridículos y se niega a abastecer gas a las empresas eléctricas y productivas en el país, que lo demandan. Así, no solo se paralizarían cerca de US$ 200 millones de inversiones, sino que nos encarecen la electricidad a todos los peruanos y agotan más rápidamente nuestros escasos recursos energéticos, poniéndonos en condición de dependencia en pocos años. ¿Vamos a tolerarlo, a mirar pasivamente, cómo malbaratan lo nuestro y nos someten a nuevas dependencias? ¡Vamos, hay que reaccionar! ¡Unamos fuerzas como lo han planteado el Colegio de Ingenieros y todas fuerzas progresistas del país!
Los recursos naturales y energéticos deben manejarse en función de nuestros intereses, nuestro desarrollo y nuestro bienestar, en primer lugar. Son propiedad de la Nación, de todos los peruanos, no de concesionarios extranjeros que solo ven y piensan en sus negocios, sin importarles el país ni la gente. No podemos permitir que, con la complicidad de gobiernos entreguistas, una Constitución trafa como la fujimorista y una normativa generada por funcionarios y tecnócratas serviles, se destruya el futuro del país y se pierdan nuestras oportunidades de crecimiento y progreso. ¡La banda del caballo loco debe ser frenada! ¡El país debe responder con firmeza!
La República, 09 de febrero de 2009

¿Quién sostendrá a la nueva constitución en Bolivia?

Aparte de celebrar los avances que la nueva constitución instituye para el pueblo boliviano, se impone la necesidad de acelerar la construcción del sujeto social que deberá otorgarle el anclaje social imprescindible para evitar que dicho corpus legal se convierta en una letra muerta. No será con la poética romántica de la multitud como se evitará que la reacción fascista termine por anular la vigencia práctica de la nueva constitución.
Atilio Borón / La Época
El nuevo triunfo de Evo Morales en el referendo constitucional ratifica, por tercera vez consecutiva, su extraordinario liderazgo en la sociedad boliviana y el apoyo de un gran sector de ésta, superior al 60 %, a la nueva constitución política del estado. En relación a lo primero hay que recordar, más allá de las (previsibles) quejas y mezquindades de sus críticos, que para un país que ha ungido como presidentes a personajes que obtuvieron 34 % de los votos (Sánchez de Lozada en 1993), o 23 % (Banzer, en 1997 o Sánchez de Lozada, otra vez, en 2002) la formidable (y continua) gravitación electoral de Evo constituye un acontecimiento extraordinario, un parteaguas que lo identifica como el primer presidente genuinamente legítimo de la historia boliviana al paso que convierte a cualquiera de los demás en verdaderos pigmeos políticos.
Claro está que dejando de lado el necesario debate sobre el nuevo texto constitucional, y las numerosas leyes que deberán dictarse para hacer realidad sus prescripciones, uno de los problemas más urgentes y graves que se le presentarán al Palacio Quemado tiene que ver con esta pregunta: ¿cuál será el sujeto social que sostenga la vigencia de la nueva constitución? Es preciso aventar los fantasmas del fetichismo constitucionalista, según el cual una vez aprobada una nueva pieza legal ésta adquiere vida propia y se sostiene por sí misma gracias al embrujo que ejerce sobre amigos y adversarios, o a la irresistible disuasión que emana de la presunta majestuosidad de la ley. A propósito de la llamada Constitución de Cádiz de 1812, que instituía significativos avances en la España de la época, Hegel advirtió sobre la inevitable precariedad de un nuevo ordenamiento constitucional que no repose sobre sólidos fundamentos sociales. Tal como lo afirmara en su Filosofía del Derecho, bajo tales condiciones su revocación no demorará ni un minuto más de lo que necesiten las viejas coaliciones conservadoras para reponerse, rearmar su estrategia, diseñar su táctica y salir al campo de batalla, cosa que efectivamente ocurrió a los pocos días de producida la restauración de Fernando VII en el trono de España. En línea con estas observaciones Marx concibió al derecho, y toda la superestructura jurídica, como una expresión de la correlación de fuerzas entre alianzas de clases antagónicas. Correlación que se constituye en varios niveles: electoral, social, político, militar, y donde el primero está lejos de ser el único o el más importante. Por lo tanto, lo que sostiene a la ley no es su racionalidad, su prudencia, su sensatez o su justicia sino el sujeto social (múltiple, plural, pero unificado organizacionalmente) que la hace suya y está dispuesto a defenderla aún a costa de su vida.
¿Podrá Bolivia ser la excepción a esta regla? De ninguna manera. Por eso, aparte de celebrar los avances que la nueva constitución instituye para el pueblo boliviano se impone la necesidad de acelerar la construcción del sujeto social que deberá otorgarle el anclaje social imprescindible para evitar que dicho corpus legal se convierta en una letra muerta. No será con la poética romántica de la multitud como se evitará que la reacción fascista termine por anular la vigencia práctica de la nueva constitución. Esa gente no se postra humildemente ante la ley, y no se arredra ante otra cosa que no sea la fuerza. Por eso, lo que se requiere para sortear este peligro es un paciente trabajo de concientización, movilización y organización del campo popular. En este terreno no hay nada nuevo bajo el sol, y el viejo dictum leninista que decía que la única arma que tiene el pueblo es la organización adquiere, en el escenario boliviano, una renovada actualidad. Desechar esa enseñanza del revolucionario ruso es el camino más seguro para sufrir una catastrófica derrota. La organización del campo popular será lo que permitirá que la nueva constitución se convierta en lo que Gramsci llamaba “un libro viviente” y una plataforma indispensable desde la cual proseguir la siempre inconclusa marcha en pos del socialismo.
La misma noche en que se conocían los primero resultados del referendo algunos de los líderes sediciosos de la Media Luna, especialmente Branco Marinkovic, ya hablaba de fraude, y pretendía vanamente erosionar la legitimidad del triunfo de Evo. Antes había dicho que el referendo sería una farsa; luego de verificada la victoria del proyecto oficial sacó de la galera la peregrina idea de que a menos que la nueva constitución fuese aprobada mayoritariamente en cada uno de los departamentos de Bolivia carecería de toda validez y legitimidad. La lógica política subyacente a este reclamo es muy clara, y para nada inocente: se trata nada menos que de preparar el clima ideológico para justificar, según se desenvuelva el conflicto entre Evo y los jefes de la sedición, la partición de Bolivia. Una mitad, la oriental, que rechaza la constitución y la otra, el altiplano, que sí la acepta. No hay que olvidar que la secesión ha sido el recurso prioritario del imperio en los últimos tiempos, y que el expulsado embajador Philip Goldberg es un especialista en esta clase de tramoyas: las ejercitó intensivamente en los Balcanes y, según algunos observadores, su influencia fue decisiva en viabilizar la secesión de Kosovo. No es casual que ante la progresiva consolidación de gobiernos antagónicos al imperio en Venezuela, Bolivia y Ecuador Washington trabaje pacientemente en cultivar los regionalismos y los autonomismos de todo tipo: el Zulia, en Venezuela; la “república del Guayas”, para oponerse a Correa en el Ecuador; y la Media Luna oriental en Bolivia. El principio en todos los casos es el mismo: si no se puede tumbar al gobierno contestatario hay que fomentar la desmembración territorial mediante una persistente campaña de agitación y propaganda que exalte los sentimientos autonómicos de las regiones y estimule la rebeldía en contra del poder central y su “ilegítima” constitución.
Derrotada en un campo de batalla: el referendo constitucional, la derecha elegirá un nuevo “teatro de operaciones” para, desde un terreno presuntamente más favorable, intentar quebrar la mano de Evo. Ya intentó un golpe de estado el pasado invierno y fracasó, motivando su repliegue táctico, su cambio de discurso (ahora más “razonable y dialoguista”) y su momentánea adopción de la piel de cordero para ocultar su determinación golpista. Pero no hay que hacerse ilusión alguna: no se convertirán en demócratas de la noche a la mañana, ni purgarán su escandaloso racismo y jamás adherirán a nada que se asemeje al socialismo. Aunque Evo obtenga el 95 % de los votos nunca cesarán de acusar al gobierno de ilegítimo y tramposo. Es de crucial importancia que nadie en La Paz tome en serio sus cantos de sirena. Son enemigos irreconciliables, y la masacre perpetrada en Pando no fue un rayo en un día sereno sino una advertencia de lo que puede llegar a ocurrir una vez que los sediciosos se convenzan de la inutilidad de seguir transitando por los caminos de la legalidad y la democracia. Si ahora lo hacen es por un oportunismo táctico, obligado por la derrota de su tentativa golpista. Ante este cuadro lo único que salvará a la nueva constitución y al gobierno popular será la eficacia organizativa y la voluntad de lucha que exhiban las clases y capas populares, y las etnias oprimidas, de Bolivia.

sábado, 14 de febrero de 2009

El antillanismo en el pensamiento independentista de José Martí

La idea de la unión de las Antillas en el pensamiento martiano esta signada por la necesidad de frenar el empuje que ejercen los Estados Unidos sobre los pueblos libres de la América Hispana, oponiéndoles unas Antillas libres e integradas a la gran patria común.
Daineris Mancebo Céspedes y Yailín Alina Bolaño Ruano / Revista CALIBAN
(Ilustración: "José Martí", de René Mederos)
Las circunstancias actuales exigen, cada vez más, la integración de los pueblos como vía para enfrentar las pretensiones de las potencias mundiales. Un imperativo fundamental para los pueblos de “nuestra América” es la urgente integración. Muchos factores así lo condicionan. Hasta el clima conspira contra el equilibrio mundial, y los Estados Unidos gastan anualmente 700 millones en la confección de armas nucleares e insisten en convertir los alimentos en biocombustibles, ideas que comparten otros países desarrollados sin atender al daño que le hacen a las naciones del Tercer Mundo, incapaces de sostener esta empresa.
Si a esto le agregamos la crisis alimentaria, pudiéramos afirmar que más de 3000 mil millones de personas están condenadas al hambre y la miseria. Acentuando esta situación los altos precios del petróleo en el mercado mundial. Es por tanto inminente que se creen convenios de cooperación y ayuda mutua entre los diferentes países de América Latina y el Caribe para imponernos en este mundo cada vez más neoliberal. Uno de los más importantes convenios creados para el fortalecimiento del logro de una base económica sólida entre los países de América Latina es precisamente el ALBA, que aunque brinda beneficios a los países integrantes en la misma todavía no se encuentran la mayoría de los países latinoamericanos y principalmente los del Caribe. Esta última con características singulares si se toma en cuenta su propio desarrollo histórico así como sus relaciones políticas y económicas que mantienen con sus antiguas metrópolis.
En medio de esta coyuntura siempre es necesario acudir de manera priorizada al ideario de los grandes próceres latinoamericanos del siglo XIX, entre los cuales se destaca José Martí, quien en su época se interesó por los problemas más acuciantes de la región. En este sentido planteó la idea de unificación del mundo antillano, como método de defensa de nuestros territorios. Pero también como forma de garantizarles a estas islas el logro de sus aspiraciones independentistas. Es necesario aclarar que la idea de confederación antillana no siempre estuvo vinculada al objetivo independentista.
En este sentido autores como el político Emilio Castelar, el editor del periódico Las Antillas, Feliciano Herreros de Tejada, establecieron propuestas de ligas y confederaciones, sin embargo dichas ideas unionistas no rompían el marco de la dependencia y de la discriminación en estas colonias antillanas, cuestión no compartida por el Apóstol, para quien era imprescindible alcanzar la libertad y de ahí dar los primeros pasos como repúblicas independientes hacia la integración. Leer más...

Cortázar: El escritor que supo trascender el espíritu de una época

El aniversario 25 de la muerte de Julio Cortázar -el pasado 12 de febrero- invita a multiplicar los homenajes y los recuerdos, pero también convoca a volver a leer al autor de Rayuela, un enemigo declarado de todo abuso de solemnidad.
Silvina Friera / Página12
Los climas de época sorprenden con sus conjeturas y paradojas. A 25 años de su muerte, Julio Cortázar podría alzar sus puños en señal de victoria, después de tantos devaneos verbales y polémicas de mayor o menor monta, por izquierda y por derecha. Claro que habría que imaginar ese gesto póstumo con la gracia de una mofa bien calibrada para apaciguar el fervor excesivo que prolifera cuando se multiplican los homenajes. Ese hombre que tenía las facciones de un eterno púber, aun cuando ostentaba una barba tupida y desgreñada, seguramente pensaría que tanto amor, además de abrumar, mata. Y sonreiría como si un ejército de fantasmas le hiciera cosquillas en su axila.
Nuestro gran cronopio, nacido accidentalmente en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914, justo en los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial, recibió varios puñetazos, acaso el peor haya sido etiquetar su literatura, especialmente sus novelas, sobre todo Rayuela, con fecha de vencimiento. Pero ninguno de esos golpes lo pusieron de bruces, aunque lo hayan herido. Su narrativa se tuerce –el primero en practicar la torsión ilimitada fue el propio Cortázar–, pero no se rompe. A pesar de que se jactó de jugar mucho con el tiempo (tal vez se le pueda reprochar que pecó por exceso de confianza en su jueguito, y el tiempo también cometió sus fechorías y se burló de él), los cimientos de buena parte de su obra perduran. Hay un núcleo duro cortazariano que no envejece –los formidables cuentos de Bestiario–, por donde los lectores, generación tras generación, suben peldaño a peldaño hasta acceder a la cúspide de una pirámide que no deja de asombrarnos. “Casa tomada” y “Lejana”, los más perfectos de sus relatos breves, despliegan el encanto que sólo provoca un cuentista avezado en el arte de hipnotizar.
En medio de esta ola amistosa, propiciada sin duda por el aniversario de su muerte, habría que evaluar el impacto que tendrá el hallazgo de las joyas del abuelo. Una cómoda con cientos de manuscritos inéditos, descubierta por su primera mujer, albacea y heredera universal, la traductora Aurora Bernárdez, en diciembre de 2003, dejó atónito a más de uno, cuando se anunció, la semana pasada, que ese abundante material se publicará por Alfaguara en mayo, simultáneamente en España y Argentina, bajo el título de Papeles inesperados. Estos papeles, para locura de los cortazarianos, escaparon del fuego al que los había destinado el escritor. Son, qué duda cabe, como pequeños Ave Fénix que esperaron, pacientes, resurgir de la cómoda en la que estaban confinados. ¿Será la broma final, los conejitos que vomita Cortázar para morirse de risa por las vueltas del destino, los papeles amarillentos y las cómodas?
Entre otros textos, el libraco que nos arroja Cortázar, nada más y nada menos que 450 páginas, incluye once relatos inéditos, como “Los gatos”, fechado en enero de 1948, uno de los más antiguos que se conserva y que demuestra tempranamente “la facilidad de Cortázar por hacer que el narrador salte de personaje sin que el lector se dé cuenta si no está muy atento”, según Carlos Alvarez, estudioso de la obra cortazariana; o “Manuscrito hallado junto a una botella”, el relato más sorprendente y “de una comicidad irresistible”, en opinión de Bernárdez; un capítulo inédito de la polémica Libro de Manuel, expurgado de esa novela “por redundante y por su alto contenido erótico”; y once nuevos episodios del poliédrico personaje que protagonizó Un tal Lucas, suerte de alter ego del escritor. Alvarez se inclina especialmente por “Lucas, las cartas que recibe” y “Lucas, sus erratas”, en donde un Lucas obsesionado con las erratas termina convencido de que degeneran en ratas y encarga una ratera especial para cazarlas. Pero la cómoda mágica tiene más conejos a disposición de los lectores. También habrá tres historias de cronopios que quedaron sueltas: “Never stop the press”, “Vialidad” y “Almuerzo”. Menos literarios, pero no menos interesantes, resultan “Discurso del Día de la Independencia”, que en 1938 Cortázar recitó a sus compañeros y profesores, y otro discurso que pronunció en el acto en que recibió la nacionalidad francesa. El menú, además, contiene cartas del escritor para y sobre sus amigos, como el uruguayo Angel Rama y Susana Rinaldi; once textos sobre pintura, escultura y fotografía, y piezas fascinantes e inclasificables que se aproximan a los epigramas. Y de yapa, como si no fuera suficiente, cuatro autoentrevistas. En tres de ellas, quien interpela al escritor es un dúo sarcástico que relativiza todo lo que dice: los buscavidas porteños Calac y Polanco que persiguieron a Cortázar desde que los incluyó en la novela 62 Modelo para armar.
Maravilloso azar o lógica calculada para la posteridad, las joyas de Papeles inesperados dialogan con el entramado vital del escritor, transitando del Cortázar en formación (que se corresponde, en parte, con su período como docente en Bolívar y Chivilcoy) al célebre autor de Rayuela (1963), novela que fue la contraseña de toda una generación. Más allá de que ese experimento tan radical haya quedado adherido al “espíritu de época” de los sesenta, no por eso se debe olvidar que todavía se dice que “esa chica es La Maga”, o “ése es un Oliveira”. Y guste o no, ya sea por adhesión o rechazo automático, esa identificación significa algo. Quizá esta zona de la obra de Cortázar, superados los escollos de los compromisos ampulosos, requiera una exploración y relectura liberada del peso de la coyuntura en la que fue concebida y publicada la novela. Pero no deja de ser una suerte de acertijo literario el hecho de que la novela que se erigió como la puerta de entrada al mundo cortazariano, hoy opere más bien como una puerta de emergencia por la se huye, por cierto, un tanto despavorido. Aunque se reconozca la persistencia de ciertas hilachas, que resuenan en este instante en que la efeméride revela, parafraseando a Morelli, que a un libro de Cortázar se lo puede leer como a cada uno le dé la gana.
Con su propia pulsación interna, con una estructura rítmica como la del jazz, la musiquita inconfundible de sus narraciones, orquestadas en los cuentos de Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historia de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), es un bazar fantástico abierto las 24 horas del día, todos los días del año. En estos textos extraordinarios está lo mejor de nuestro afamado cronopio. Ni las muertes anunciadas ni el deporte nacional de “matar a Cortázar”, practicado con una inquina pocas veces vista, pudieron horadar los piolines de una literatura que se mantiene en la cuerda floja de sus logros y de sus quimeras. Maestro del desenfado y de lo lúdico, fue un equilibrista consciente de que la única manera de perdurar era burlándose de sus propios fundamentos. Ese amigo del alma con el que a veces peleamos y discutimos nos sigue acompañando con su obra tan bella como indestructible.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Geopolítica de la enmienda

El referéndum del 15 de febrero, que no garantiza la reelección indefinida aunque la posibilita, implica mucho más que una enmienda constitucional: están en juego los equilibrios geopolíticos de la región, los proyectos de articulación solidaria, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y, así como están las cosas, la prosecución misma del proceso bolivariano en Venezuela.
Ana Esther Ceceña / ALAI
Hace diez años Venezuela emprendió un cambio de ruta que ha marcado profundamente los tiempos latinoamericanos.
Hace diez años también, como producto de la llamada revolución en los asuntos militares y haciendo frente al desgaste de la política neoliberal, rechazada por los pueblos del Continente, inicia una nueva etapa en las relaciones de Estados Unidos con América Latina y el Caribe.
Dos procesos contradictorios, con profundas implicaciones geopolíticas, van modificando desde entonces el panorama:
1. Con la salida de Panamá en 1999-2000 no hay una retirada militar de Estados Unidos de la región latinoamericana y caribeña sino una ampliación de su presencia directa e indirecta. La posición de Panamá se extiende hacia Ecuador (Manta), Curaçao y El Salvador, como primer paso de una escalada militar sorda que ha fortalecido y multiplicado posiciones y que hoy se complementa con el reinicio de operaciones de la IV Flota, que coloca un cerco militar en la frontera de las aguas territoriales, sólo interrumpido ocasionalmente por la presencia de la Flota rusa en las costas venezolanas.
Las posiciones en tierra se han extendido –y lo siguen haciendo- conformando un cinturón en torno a los países con procesos democráticos y que incluso se han declarado en vías de construcción del socialismo (con las particularidades de cada caso), y afianzando las posiciones en el Caribe con la ocupación de Haití y la modernización de la ominosa base de Guantánamo.
Como parte de esta presencia militar reforzada, y siguiendo las líneas tradicionales de construcción de aliados, se abre un flanco político que parte de Colombia y se extiende hacia Perú y México, con derivaciones más sutiles hacia otros gobiernos del Continente. Esta articulación de intereses, explícita en los tratados económicos pero también, significativamente, en los acuerdos y homologaciones de seguridad, busca detener, si no revertir, el derrame de los proyectos y movilizaciones populares, sean estatizados o no, que obstaculizan los proyectos hegemónicos y que amenazan con reproducirse en toda la región.
2. Después de un periodo de desánimo en el que parecía que la historia había tocado fondo y la resistencia al capitalismo era inútil; que las utopías no tenían modo de concretarse y que no había alternativa posible, el levantamiento zapatista en 1994 marca un salto de calidad en la dinámica de las resistencias continentales y de ahí en adelante no dejan de proliferar propuestas, movimientos, e incluso iniciativas políticas que caminando por vías convencionales transforman el sentido de la llegada a la Presidencia en algunos de nuestros países.
Movimientos impidiendo el saqueo de recursos, la depredación de selvas y bosques, haciendo frente a las invasiones de tierras, defendiendo el agua y la naturaleza, oponiéndose a los tratados de libre comercio, echando abajo el ALCA; gobiernos reclamando su derecho a decidir soberanamente, expulsando embajadores intervencionistas, renegociando condiciones de aprovechamiento de los recursos de la nación; pueblos en proceso de refundación, asambleas constituyentes, nuevas Constituciones y reglas del juego.
El equilibrio regional se modifica mediante la conformación de un pequeño pero muy influyente y significativo bloque contrahegemónico. A Cuba, en resistencia a las políticas del imperio desde hace 50 años, se suma Venezuela con un proyecto social que contradice los dogmas y prácticas neoliberales y, más recientemente, Bolivia y Ecuador, cada uno con sus especificidades y sus contradicciones, pero encabezando una alternativa no ortodoxa de desarrollo, incluso cuestionando el desarrollo como objetivo y colocando en su lugar la búsqueda de la sociedad del buen vivir.
Dentro de este grupo de países destaca la posición de Bolivia por la fuerza y carácter propositivo de sus movimientos populares, independientes de las dinámicas estatales pero entrelazados con ellas en el momento actual; sobresale el caso de Ecuador por su disputa contra el militarismo, tanto en el frente colombiano como directamente con Estados Unidos en las negociaciones sobre la base de Manta, la defensa de la soberanía y el amplio proceso constituyente.
Pero sin Venezuela transparentando las negociaciones del ALCA no se hubiera podido detener ese proyecto, tan costoso para el Continente y tan vital para Estados Unidos. Sin la fuerza petrolera de Venezuela no tendríamos hoy, a pesar de la enorme solidaridad y esfuerzo de los protagonistas directos, amplias zonas libres de analfabetismo y con una atención médica de calidad, a la que nunca antes habían tenido acceso.
A pesar de todas las carencias y contradicciones del proceso venezolano (como todos las tienen), a pesar de que la fuerza social que lo impulsa no tiene las dimensiones que corresponderían a su potencia geopolítica, Venezuela juega un rol central en el rediseño de una realidad nueva para nuestra América.
Su importancia geopolítica y económica es uno de los pilares de esta transformación continental, heredera de las luchas del pasado pero establecida sobre nuevas condiciones. La promoción de articulaciones solidarias como las del ALBA y Petrocaribe ha sentado precedentes de relaciones internacionales con un nuevo carácter; la generación de un sistema mediático, muy bueno pero con mucho por construir hacia adelante, ha roto el monopolio de la verdad producida por las grandes cadenas hegemónicas; la sola presencia de Venezuela ha limitado los proyectos intervencionistas de Estados Unidos en la región aunque por la misma razón la ha colocado en el lugar del enemigo evidente.
Con un proyecto de transformación social que tiene indudables logros, mantener hoy el proceso en curso requiere de ampliar los espacios de debate y las instancias de toma de decisiones. “Todo dentro de la revolución”, como dirían los cubanos, pero revolucionando desde las concepciones hasta las prácticas. Entre otros:
- Se requiere abrir un profundo debate sobre la otra economía, cuestionador de las salidas desarrollistas que no hacen sino reproducir, con un rostro temporalmente menos agresivo y aparentemente autóctono, las líneas básicas de la economía capitalista.
- Para hablar de alternativas hoy es necesario repensar la vida como un todo y no contentarse con cambiar la propiedad del capital, por más que eso constituya la mayoría de las veces un avance. Hay que someter a una revisión profunda la modalidad industrial de producción de la vida, que termina depredándola.
- Es necesario repensar lo que se entiende por fuerzas productivas, cuestionar y modificar la manera como se usa la naturaleza, buscar la recuperación de los valores de uso y la gestión colectiva.
- Pasar a una socialización del poder repartiéndolo entre los grupos organizados de la sociedad, promover la autogestión como base de formas políticas emancipatorias.
- Es preciso emprender una batalla por los sentidos de realidad, por las interpretaciones del mundo y por la construcción de explicaciones integrales desde la resistencia y los proyectos de transformación.
- Hace falta trasladar la organización colectiva de los barrios a los espacios de gobierno y estimular el involucramiento colectivo y amplio en la construcción de un futuro distinto.
Lo que hay por transformar o construir es inmenso, pero el proceso ya inició y las posibilidades están abiertas.
El referéndum del 15 de febrero, que no garantiza la reelección indefinida aunque la posibilita, implica mucho más que una enmienda constitucional: están en juego los equilibrios geopolíticos de la región, los proyectos de articulación solidaria, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y, así como están las cosas, la prosecución misma del proceso bolivariano en Venezuela.
- Ana Esther Ceceña, economista mexicana, es investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Observatorio Latinoamericano de Geopolítica. www.geopolitica.ws

domingo, 8 de febrero de 2009

Militarización en América Latina: una entrevista con Ana Esther Ceceña

La investigadora mexicana analiza en esta entrevista las últimas maniobras militares de la guerra preventiva de Washington en nuestra región. Su objetivo: la conquista de recursos naturales y el control político de los focos contrahegemónicos latinoamericanos.
Yásser Gómez* / www.upsidedownworld.org
América Latina vive tiempos de cambio con gobiernos de izquierda y el protagonismo alcanzado por el movimiento indígena. Sin embargo, la geopolítica nos dice que aún no hemos derrotado al imperio. Porque los EE.UU. están militarizando la región con la excusa de construir megaproyectos de infraestructura, para apoderarse de los recursos naturales y mantener el control político con una guerra preventiva.
Para analizar este tema Upsidedownworld entrevistó en Perú a Ana Esther Ceceña, doctora en Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad de Paris I – Sorbona, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (México) y Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, quien estuvo en Lima dictando el seminario: Emancipaciones en un Contexto Militarizado.
- ¿Qué significan la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana)y el Plan Puebla Panamá para América Latina?
- Son dos megaproyectos que se articulan entre sí, incluso geográficamente y que son similares, porque son dos proyectos de construcción de infraestructura. Están estructurados bajo la idea de canales o líneas de comunicación, en las cuales no solamente se está pensando en que sean vías de comunicación para mercancías y personas. Sino también vías de construcción de líneas de electricidad, energéticas, oleoductos, gasoductos. Incluso en el caso del Plan Puebla Panamá (PPP), está pensado también estas mismas líneas como carreteras de información. La IIRSA(Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) está mucho mejor planeado con canales interoceánicos para conectar los dos océanos y entonces con eso agilizar la salida hacia Europa, Asia y EE.UU.. La idea es tener vías de llegada al más importante mercado que son los EE.UU. que en sus dos costas tiene características económicas diferentes. El propósito es la extracción de recursos en América Latina y trasladar la mercancía que hay hacia estos mercados. No están tan pensados como apertura de mercado interno. Por eso la IIRSA se proyecta desde el corazón de Sudamérica hacia fuera, hacia las dos costas. Y el PPP está pensado desde Panamá hacia el norte. De manera que las rutas, los canales corren en ese sentido.
- ¿El Plan Mérida es la complementación del Plan Puebla Panamá en México? ¿Cuán avanzado está este?
- El Plan Mérida (PM) si es la complementación del Plan Puebla Panamá, pero en realidad el P.P.P. en sí mismo ya se transformó en Proyecto Meso América incorporando a Colombia y muy explícitamente la dimensión de seguridad. Ya el propio Plan Puebla Panamá asumió las dos cosas, la integración energética que era la parte económica más importante que tenía y la integración de seguridad. Y en ese sentido, ya no es que requiera del Plan Mérida, sino que es un eslabón más que permite que el PM que está en México se concrete de manera muy natural, sin necesidad de mucha bisagra con el Plan Colombia. Porque el Plan Mérida corresponde directamente al Plan Colombia, es el mismo proyecto adaptado a las circunstancias tanto geográficas como temporales. Porque ya se asume toda la experiencia tenida con el Plan Colombia y la estructura es similar, ayuda para seguridad y una muy pequeña para desarrollo, que es como avanzan varios de los proyectos del Plan Colombia. Y entonces tienes una superposición del Plan Mérida en la parte norte, proyecto Meso América enlazando esa parte norte con Colombia, Plan Colombia en Colombia y Perú. Además hay la ASPAN (Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte) que es un proyecto también de seguridad y energético, pero difiere en el sentido de que es más la creación de un bloque regional, lo que está implícito en este plan.
- Después de realizadas las fases de invasión denominadas Plan Colombia y Plan Patriota. por parte de los EE.UU. en Colombia ¿Qué es lo que sigue?
- La expansión del Plan Colombia hacia dos partes del continente, una es el norte, bueno que se está logrando con el Plan México y con estas acusaciones que se hacen después del ataque de Colombia a Sucumbíos, Ecuador, se arma un poco el escenario de que en México está la oficina internacional de las FARC y que en esa medida, eso justifica el Plan México y digamos, las mismas políticas que en Colombia.
Luego el otro derrame es hacia el sur y este se ha intentado por varias rutas. La que más se ha intentado es la de Paraguay como si extendiera un brazo del Plan Colombia hasta la Triple Frontera, que por supuesto, eso lo que hace, es que cubre el área boliviana, pero además permite colocarse en un lugar geográfico que es de gran interés, que es, esta Triple Frontera encima del Acuífero Guaraní y además como epicentro de la parte digamos conosureña, rioplatense de América del Sur.
Esto también se intentó en el 2006, se hizo este montaje de que se había secuestrado a la hermana del ex presidente y que entonces, esto indicaba que había células y campos de entrenamiento de las FARC en Paraguay. Y con esta argumentación tan precaria, se estaba pretendiendo montar un operativo Plan Colombia ahí, pero también se ha intentado y de hecho se ha logrado involucrar a Perú desde hace tiempo con el Plan Colombia, porque los recursos del Plan Colombia no son sólo para Colombia, sino para el área. Entonces si los recursos son para el área, incluidos Perú y Ecuador, si los está incluyendo también los está comprometiendo, esta ayuda siempre es con contraparte, esa es como otra ruta de expansión.
Pero, lo que se ha puesto en juego hoy después del Plan Patriota, justamente lo que se inaugura con el ataque a Sucumbíos, es la posibilidad de que los EE.UU. a través de un tercer país, pueda echar a andar una política de guerra preventiva. Y digo EE.UU. porque el operativo de Sucumbíos lo diseñaron en gran medida desde Manta y los operadores en gran parte fueron norteamericanos. Entonces, se inaugura el hecho de que ellos actúen desde Colombia directamente, pero también la posibilidad de que Colombia, emulando la política norteamericana se lance también en una –si se quiere más limitada regionalmente– guerra preventiva, en una defensa de sus intereses, fuera de su territorio, en territorios de otras naciones. Esto marca pautas, que de no haber sido por esa reacción tan fuerte del gobierno ecuatoriano, realmente estarían perfilando ya como la intervención directa en cualquier país del continente.
- En el tablero geopolítico de la región ¿Qué importancia tiene el Perú en los planes hegemónicos de los EE.UU. que intenta establecer una base militar en la región surandina de Ayacucho?
- Se está hablando de dos bases en Perú desde hace tiempo, del área de Chiclayo y también ahora, más recientemente la de Ayacucho. Incluso por ahí, hay alguien quien dice que tal ves, es en la zona de Quinua (Ayacucho), donde se quiere establecer. Pero con bases de nuevo tipo, muy flexibles, eficaces, pero también más pequeñas, realmente bases más adecuadas a lo que son las condiciones de la actuación militar en este momento de la guerra. Pero también del simple trabajo del monitoreo y vigilancia.
Cuando nosotros vemos la posición geográfica de Perú y evaluamos la situación política y geopolítica del continente, realmente la posición de Perú es inmejorable como para tener una posibilidad de acceso más directo y más variado hacia algunas regiones que están preocupando mucho como la de la zona sur de Bolivia, la zona gasífera. La zona norte de Argentina que es petrolífera, entonces, está en términos de los recursos, pero también en términos de su potencial rol en la desestabilización de gobiernos que se consideren convenientes.
La base de Ayacucho está en línea recta hacia La Paz, de manera que, de acuerdo con los radios de acción –incluso mínimos– que tienen los aviones de guerra actuales, La Paz quedaría bajo el alcance de la base de Ayacucho sin ningún problema. Y lo de Chiclayo apunta más hacia la zona amazónica, la veo como una oportunidad, por un lado, de garantizar la entrada por el río hacia Iquitos y la zona Amazónica, pero también de mantener vigilado a Ecuador por los dos flancos. Porque, pues Colombia está garantizado, pero Ecuador ya no va a tener una base y además se ha rebelado, ha elevado a rango constitucional la idea de que Ecuador es un territorio de paz y por eso, no admite la presencia ni de bases militares extranjeras, ni de tropas extranjeras en su territorio.
Entonces, allí les cerró una posición y esa posición parece estarse trasladando simultáneamente hacia arriba y hacia abajo. Hacia abajo sería lo de Chiclayo y seguramente también Ayacucho, porque queda en esa misma línea de alcance. Y hacia arriba, hacia la costa colombiana, posiblemente en la costa del Chocó. Los dos ejes que están moviendo esas nuevas posiciones, el diseño de cómo será mejor establecer estas nuevas posiciones y que están haciendo pensar en Perú son fundamentalmente el de garantizar el acceso a los recursos naturales estratégicos y el del control de la insurgencia o el control de la posible formación de coaliciones contrahegemónicas.
Estas dos cosas están perfiladas en el corazón de América del Sur, de manera que el hecho de tener posiciones en Perú o de tener una situación más permisiva para el arribo de tropas y la movilización de tropas. Por un lado, les facilita la entrada a los recursos naturales peruanos, que son muchos, muy valiosos y a los recursos de los países vecinos, pero les facilita también y quizás esto, coyunturalmente es lo más importante, el flanqueo de Bolivia y desde ahí una línea de acceso más directo por el centro a Venezuela.

*Yásser Gómez es Periodista, Corresponsal de Upsidedownworld en Perú y Editor de Mariátegui. La revista de las ideas. / mariategui(a)riseup.net