sábado, 8 de mayo de 2010

Socialismo y democracia: apuntes sobre el desafío del siglo XXI

Si no se halla solución viable al problema de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza —y especialmente entre el capital y la naturaleza— será imposible plantearnos con rigor la relación de los seres humanos entre sí, e imposible estructurar un socialismo viable, o cualquier modelo de justicia social y equidad en cuya viabilidad podamos confiar.
Aurelio Alonso / LA VENTANA
Conferencia impartida en el acto de investidura como Profesor Invitado de la Universidad Central «Marta Abreu», de Las Villas, Cuba, el 5 de marzo de 2010.
Ante todo deseo agradecer al rector, Dr. José Ramón Saborido, a la vicerrectora, Dra. Miriam Nicado y a la Decana de ciencias sociales, Dra. Mely González Aróstegui, digna representación de esta alta casa de estudios, por el honor de acogerme con toda formalidad en su seno como Profesor Invitado. Y a ustedes todos, profesores y alumnos aquí presentes, por acompañarme en este acto, sencillo y solemne a la vez, tan cargado de estimación académica y simpatía afectiva.
Las ideas que quiero expresar no han sido concebidas en términos de conferencia magistral, sino como las notas para un intercambio de criterios más directo e informal, en el cual me permitiré someterles algunas apreciaciones personales en torno a los conceptos de socialismo y democracia, vistos desde nuestro tiempo y en el horizonte hacia el cual nos orientamos.
Con la mayor frecuencia sucede que la realidad que creemos vivir no se corresponde del todo con la que realmente vivimos. Todos los días recibimos evidencias tranquilizantes y evidencias inquietantes, y lo más difícil suele ser ponderar la magnitud de unas u otras. Así es que el optimista ve el vaso medio lleno mientras el pesimista lo ve medio vacío. El antropólogo Jorge Cela ha observado que para el ama (o el amo) de casa, la crisis económica es algo que tiene lugar entre la puerta de su cocina y la bodega, y los indicadores de la macroeconomía, como el producto interno bruto, la balanza de pagos, las tasas de inflación, y otros, le dicen muy poco o nada. Y de modo similar, el visitante que ve más automóviles que los que vio en su visita anterior, comenta, sin mucho rigor, que «la cosa se ve que está mejorando», como si esto fuera un indicador de progreso.
Pero la «cosa» es siempre más compleja. Durante varias décadas vivimos convencidos de que, junto a la Unión Soviética, navegábamos seguros en el socialismo, al margen de desacuerdos, errores, defectos, o despropósitos que pudiéramos identificar. Lo cierto es que la complejidad y la naturaleza contradictoria de los escenarios que dan contexto a nuestra existencia no son, en modo alguno, ficticias. Y que atraparlos en el conocimiento resulta un ejercicio difícil y forzosamente incompleto. Con esta generalización sobre los escenarios me atrevo a aludir al sistema-mundo, aunque puede ser igualmente aplicada al plano nacional.
La humanidad se halla hoy entrampada en el momento más difícil y decisivo de su historia. Lo afirmo al pensar en una crisis financiera mundial que se afronta con la clara ausencia de interés en resolverla: de resolverla para el mundo, quiero decir, y no para la especulación financiera que la ha creado. Hace pocos días el economista argentino Claudio Katz afirmaba en el coloquio sobre globalización celebrado en La Habana, que el neoliberalismo había entrado en crisis estructural, en tanto la crisis del capitalismo era histórica. Esta distinción sintetiza la encrucijada de las relaciones económicas actuales dentro de la cual está muy lejos de vislumbrarse una racionalidad que amortigüe los efectos sociales de la acumulación de capital: las fuerzas del capital no pueden concebir salida al margen de su estricta dominación, que no repara en otro indicador de eficiencia que no parta de la ganancia.
Enfrentarse a las fuerzas del capital implica, invariablemente, volver a asumir la utopía, el ideal, el paradigma socialista, que parecía improbable en la última década del siglo pasado, pero que el comienzo del presente vuelve a ponerse en juego. Fue de Inmanuel Wallerstein de quien escuché con más firmeza desde el principio de los noventa que la época del verdadero auge del marxismo estaba por venir y no había sido el siglo XX, cuando tantos pensaban en su bancarrota.
En sintonía con esta previsión las circunstancias han dado lugar a que cobre sentido la polémica expresión que distingue un «socialismo del siglo XXI», la cual ha cobrado forma desde la América Latina, devenida escenario de resistencia y creatividad en esta dirección. Se significa con ello que no se asume el fracaso del experimento socialista del siglo XX como el fracaso del socialismo. Ahora «la tarea principal —afirma el sociólogo belga F. Houtart— es comprobar la superioridad moral del socialismo sobre el océano neoliberal global, lo que implica tanto la participación popular como el éxito económico». LEER MÁS...

Carlos Marx y José Martí

No hablaremos en este breve espacio de lo que han significado desde entonces hasta nuestros días los estudios de Marx respecto a las relaciones sociales entre los hombres y su descubrimiento de la ley del desarrollo de la historia humana. Hablaremos, solamente, de la opinión que le mereció el Prometeo de Tréveris a nuestro Apóstol.
Carlos Rodríguez Almaguer / Juventud Rebelde.
"Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo". José Martí *
Este 5 de mayo se cumplen ciento noventa y dos años del natalicio de quien es considerado, con razón, el creador de la teoría científica del proletariado: Carlos Marx, que vino al mundo en Tréveris, en 1818. Catorce días más tarde, conmemoraremos el aniversario 115 de la caída en combate, en Dos Ríos, de aquel a quien llamamos, también con razón, el Apóstol de nuestra Independencia: José Martí.
No hablaremos en este breve espacio de lo que han significado desde entonces hasta nuestros días los estudios de Marx respecto a las relaciones sociales entre los hombres y su descubrimiento de la ley del desarrollo de la historia humana: «el hecho, tan sencillo —nos dice Federico Engels— pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita en primer lugar comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo»1. Hablaremos, solamente, de la opinión que le mereció el Prometeo de Tréveris a nuestro Apóstol.
Cuando el 13 de mayo de 1883 José Martí reseña en su correspondencia para el diario La Nación, de Buenos Aires, uno de los homenajes con que la clase obrera de Estados Unidos honra la memoria de Carlos Marx, quien había dejado de existir el 14 de marzo anterior, en Highgate, Londres, a las dos y cuarenta y cinco minutos de la tarde, escribe: «Ved esta sala: la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones».
Si tenemos en cuenta la pasión martiana por la justicia, «ese sol del mundo moral» que había aprendido a querer y a respetar en las enseñanzas de su maestro Mendive que tan directamente las había tomado de Don José de la Luz, entenderemos entonces la admiración con que escribe el cubano, que recién ha cumplido su tercer año de residencia en la nación norteamericana, sobre aquel gigante del pensamiento, cuyo retrato —según testimonio de un testigo presencial que ha tratado de ser desvirtuado desde mediados del siglo pasado, seguramente por razones políticas y mezquindad ideológica— junto al de otras cuatro cumbres del género humano, adornaría luego la paredes de su humilde oficina de 120 From Street, en Nueva York.
Se entenderá el rechazo natural que un poeta, un humanista como Martí, podrá sentir por las luchas violentas y el enfrentamiento entre los hombres, de lo cual nos había dejado ya testimonio al abordar el asunto de la rebelión encabezada por el general Porfirio Díaz, que derrocó al gobierno constitucional en México, y sobre lo que escribirá con tristeza: «Otra vez los pensamientos de los hombres caerán bajo los cascos de los caballos». Si a ello le sumamos los métodos violentos de la manifestación más visible del ideal socialista en los Estados Unidos de esa época, el anarquismo, traído en los espíritus esquilmados de los inmigrantes europeos no acostumbrados, en la oscuridad de las monarquías, al ejercicio republicano que aún existía en la nación del Norte, y promovido entre los trabajadores norteamericanos a partir de malas traducciones, sin acceso la mayoría de ellos a los idiomas originales en que habían sido escritos los textos fundamentales de aquella ideología, lo cual llevará a Martí años después a hablar de «las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas», comprenderemos por qué, entre uno y otro elogio, habla del espanto que le produce «echar a los hombres sobre los hombres».
Son los mismos escrúpulos, venidos de su raigal humanismo, que lo llevarían años más tarde, obligado por las circunstancias, a organizar la que llamó «guerra necesaria», que consistía también en echar a unos hombres, los buenos, sobre otros hombres, los malos, fueran españoles o cubanos, aun cuando sinceramente exigiera, tanto en sus discursos políticos, en el aluvión de cartas, como en sus circulares militares, que se hiciera «una guerra sin odio».
De aquel que en sus análisis sobre las políticas migratorias europeas se había fijado brevemente en la injusticia que contra el general cubano José Maceo habían cometido las autoridades de Gibraltar, devolviéndolo a las prisiones españolas; del que bajo su techo había acogido como a hijo a un cubano notable —hijo de Santiago de Cuba, hoy casi desconocido y sobre el que se ha publicado en Cuba no hace mucho una excelente obra—: Pablo Lafargue, esposo de una de sus hijas, nos dirá Martí en sus Cartas a La Nación: «Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos». Y trazará con su pluma centelleante el cuadro magnífico del hombre imperfecto y sublime «que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. Él veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha».
NOTAS
* José Martí. La Nación, Buenos Aires, 13 de mayo de 1883.
1 Federico Engels. Discurso pronunciado ante la tumba de Marx, el 17 de marzo de 1883.

sábado, 1 de mayo de 2010

Un 1º de mayo en el contexto de la crisis capitalista

En medio de la debacle, como fantasma del Ave Fénix del Apocalipsis, surge de nuevo el Fondo Monetario Internacional. Resucitado en la sala de cuidados intensivos, su receta es exactamente la misma que hace 30 años: el ajuste, a costas de recortar las “granjerías” que ha conquistado el pueblo a través de años de lucha y sacrificio.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
(Ilustración de Martirena)
La profunda crisis capitalista, que motivó la más grande operación de salvamento por parte de los gobiernos occidentales, no ha concluido, y amenaza con llevarse entre las patas a más de uno de los hasta ayer eufóricos estados de la Unión Europea.
Esta operación de salvamente implicó la movilización de miles de millones de dólares, que fueron entregados a los más grandes especuladores de la historia de la humanidad. El dinero salió de las arcas públicas, es decir, del aporte de los contribuyentes. Todos colaboramos a conformar esa “bolsa” de contribuciones, porque las arcas públicas de los países imperialistas se nutren también de la expoliación a la que son sometidos los tercermundistas como nosotros.
Esos mismos a los que se les lanzó ese salvavidas en medio de la tormenta, son los mismos que ahora, especulando de nuevo, acercan al abismo a Grecia, España y Portugal. Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Los que verdaderamente sufren los embates de la crisis en carne propia son los trabajadores. Mientras los grandes ejecutivos de las firmas bancarias especuladoras culpables de la debacle se siguen recetando bonos super millonarios, las filas de los desempleados no tienen merma: en Estados Unidos 10%; en España el 20% (4,6 millones de personas; 1,3 millones de familias en las que no trabaja ninguno de sus miembros); Grecia 19% y sigue creciendo; Portugal 10,5%.
Mientras los grandes especuladores piensan si deben o no deben hacer la concesión de dejar de usar sus aviones privados, a los trabajadores se les receta garrote parejo porque no entienden que deben sacrificarse en aras de políticas y deudas que ellos no impulsaron ni contrajeron.
En América Latina, en aquellos países en donde han prevalecido en los gobiernos opciones políticas de derecha, se carga sobre los hombros de los trabajadores la “modernización” de la economía. En Costa Rica, por ejemplo, se anticipa la presentación a su Asamblea Legislativa de una ley que echa por tierra conquistas esenciales de un Código de Trabajo que signó la paz social de los costarricenses durante toda la segunda mitad del siglo XX. Desde hace años, las industrias maquiladoras violan los derechos laborales (jornada de 8 horas, libre sindicalización, igual salario para hombres y mujeres, etc.) de los centroamericanos.
En medio de la debacle, como fantasma del Ave Fénix del Apocalipsis, surge de nuevo el Fondo Monetario Internacional. Resucitado en la sala de cuidados intensivos, revitalizado con complejos vitamínicos inyectados desde las torres donde pululan los mandamases del mundo, su receta es exactamente la misma que hace 30 años: el ajuste, a costas de recortar las “granjerías” que ha conquistado el pueblo a través de años de lucha y sacrificio.
Para el FMI, la crisis y su solución no pasan por ajustar a los capitalistas especuladores. América Latina, la región con mayor desigualdad en el mundo en la distribución de la riqueza, tiene también al más millonario entre los millonarios de la tierra, el mexicano Carlos Slim Helú, que ha amasado la bicoca de 53,5 billones de dólares en sus arcas. Según The World´s Billionaires de la revista norteamericana Forbes, esto se debe a que es una persona “con mente privilegiada, gran visión de negocio, golosa herencia y un poquito de suerte”.
No es casual, entonces, que este 1º de mayo haya convocado manifestaciones multitudinarias en todo el mundo. Miles de trabajadores han marchado por las principales ciudades y, como era de esperarse, se han encontrado con la fuerza bruta de los policías anti-motines.
En ninguna de ellas se le vio a Carlos Slim.

Centroamérica: el otro 1º de mayo

La rendición del mercenario estadounidense William Walker, el 1º de mayo de 1857, y en particular el triunfo en la Guerra Centroamericana, puede interpretarse como la primera victoria de América Latina en contra del imperialismo norteamericano.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica
(Ilutración: La rendición de Walker en Rivas, Museo Histórico Cultural Juan Santamaría)
Desde 1889 se reconoce el 1º de mayo, Día Internacional del Trabajo, como una fecha de reivindicación de la lucha social y la solidaridad de la clase obrera, que desde finales del siglo XIX se moviliza en América y Europa por el reclamo de justicia, respeto y dignidad en las relaciones laborales. De ahí que sea, también, una fecha para celebrar la emancipación humana.
Un momento culminante de estas luchas se presentó en las huelgas y manifestaciones realizadas en Chicago, en 1886, y cuya represión propició el injusto proceso judicial contra los líderes laborales y anarquistas de ese movimiento. Cuatro de ellos fueron ejecutados y un quinto se suicidio en 1887, en momentos en que la república norteamericana se encontraba “amedrentada (…) por el poder creciente de la casta llana, por el acuerdo súbito de las masas obreras”, como lo relatara José Martí en su célebre crónica Un drama terrible (publicada el 1 de enero de 1888, por La Nación de Argentina)[1].
Por razones distintas, aunque emparentadas en su contenido liberador, este día también guarda otro significado en Centroamérica: se recuerda la rendición de William Walker, el aventurero estadounidense que en 1855 se lanzó a la conquista de los entonces nacientes y convulsos estados centroamericanos. Su capitulación definitiva en Rivas, Nicaragua, el 1 de mayo de 1857, se da cuando sus tropas eran incapaces ya de oponer resistencia a la alianza de los gobiernos centroamericanos -predominantemente conservadores y apoyados por los británicos- pero sobre todo, a la unidad y valor de nuestros pueblos.
Convocado por los liberales nicaragüenses, este mercenario tomó control de ese país, declaró el inglés como idioma oficial, restableció la esclavitud y se proclamó presidente de un gobierno reconocido por el Departamento de Estado norteamericano en mayo de 1856. Walker, como explica el historiador Héctor Pérez Brignoli, “estaba preparando una verdadera anexión [de Centroamérica] a los Estados Unidos, reforzada por la injerencia creciente de capitales, armas y hombres del sur esclavista, en la fuerza mercenaria[2].
Ese temprano y vergonzoso proyecto imperialista, animado por la ideología del Destino Manifiesto y la reciente anexión por la fuerza de la mitad del territorio mexicano (California, Arizona, Texas y Nuevo México) en 1848, tras la guerra de rapiña emprendida por Estados Unidos y la firma del tratado Guadalupe-Hidalgo, fue contenido por las sucesivas batallas de la Guerra Centroamericana. Para algunos investigadores, esta puede interpretarse como la primera victoria de América Latina en contra del imperialismo norteamericano[3].
En esa conflagración, en la que gravitaba la evidente rivalidad imperialista entre estadounidenses y británicos, en un período de transición hegemónica, asomaba además una incipiente conciencia antiimperialista, que se desarrollaría con el paso de los años en nuestra América.
Así, por ejemplo, el 1 de mayo de 1895, cuando ya estaba en curso la Guerra Necesaria de independencia y liberación de Cuba –la primera guerra antiimperialista-, el Dr. Antonio Zambrana, patriota cubano de la Guerra de los Diez Años, radicado entonces en Costa Rica, dio un discurso en el que destacó la “resolución inquebrantable” de los combatientes costarricenses y centroamericanos, “por el pecho firme que opusieron, como muro no tomado, al paso del conquistador”, y cuyas acciones permitieron “firmar en América la independencia de nuestra sangre, el derecho de posesión de nuestra familia, un grupo, sí, pero un grupo de leones[4].
Más tarde, en 1913, el intelectual costarricense Joaquín García Monge, editor de la histórica revista Repertorio Americano, insistiría en el doble sentido del 1 de mayo para Centroamérica, el laboral y el antiimperialista, con motivo de la primera celebración del Día del Trabajador en Costa Rica. Las suyas son palabras que, al cabo de un siglo, conservan plenamente su vigencia:
“Para el trabajador centroamericano, el 1º de mayo es doblemente significativo en lo que importa a su condición de hombre y artesano. En un día como este, hace 56 años, el filibustero yanqui desistió de su primera tentativa de conquista armada del territorio que nuestros mayores nos heredaron. Y de entonces acá, el 1º de mayo destaca en el horizonte de nuestra historia como una estrella luminosa solitaria que advierte a las generaciones nuevas que la libertad tiene sus eclipses y hasta sus ocasos, que debemos estar alerta, porque detrás de los montes nativos aletea el águila de la rapiña extranjera y que si bien no llega al son de tambores y clarines, resplandece en el oro de las monedas y a paso lento se adueña de las conciencias de los políticos corrompidos, y legalmente, de nuestro territorio”[5].
Ahora, en este siglo XXI, cuando el neoliberalismo impenitente se niega a morir en Centroamérica, y avanza con sus últimas privatizaciones, la “flexibilización” de los derechos de los trabajadores y la “norteamericanización” de la cultura; ahora, cuando el neopanamericanismo se solaza en estas tierras, en medio de tratados de “libre comercio”, bases militares y nuevos golpes de Estado, recordar estos hechos que dan sentido a la historia centroamericana, y a sus luchas populares, e impedir que su memoria se disuelva en el olvido oficial, es una manera necesaria, urgente, de construir la Patria Grande tanto tiempo postergada.

NOTAS
[1] Martí, José (2003). Escenas norteamericanas. Caracas: La Expresión Americana. Pág. 118.
[2] Pérez Brignoli, Héctor (1989). Breve historia de Centroamérica. México D.F.: Alianza Editorial Mexicana. Pág. 93.
[3] Véase: McGuinness, Aims. “La llegada del fantasma: la retirada de William Walker por Panamá y las raíces del imperialismo estadounidense en América Latina”, Boletín AFEHC N°36, publicado el 4 junio 2008, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=1934
[4] Zambrana, Antonio. “1º de mayo símbolo en la historia de Centroamérica”, fragmento del discurso pronunciado el 1 de mayo de 1895 en San José, en: Comisión de Investigación Histórica de la Campaña Nacional 1856-1857 (2006). Proclamas y mensajes (comp. Francisco María Núñez et al). San José: Editorial Costa Rica. Pág. 288.
[5] Un resumen de este discurso está disponible en: http://www.frenteamplio.org/?p=1500

Costa Rica: Ayer Alcoa, hoy Crucitas

Los intereses que trajeron a Alcoa a Costa Rica, en 1970, no han cambiado. Son los mismos que se ocultan en los mercados especulativos, en los pliegues de la economía de casino y en los negocios impulsados por la codicia. Son los que en forma globalizada explotan los recursos naturales sin pensar en el mañana y están dispuestos a cualquier cosa sin importar las consecuencias.

Artículo relacionado: La minería: el "premio de montaña" del libre comercio

Juan Manuel Villasuso* / Rebelion
(Fotografía: manifestaciones contra la transnacional Alcoa, San José, 1970).

La defensa de los recursos naturales conlleva una enorme responsabilidad y debe ser una tarea permanente de las personas, las organizaciones sociales y el gobierno. La degradación y destrucción del medio ambiente tiene consecuencias que se expresan en el mediano y largo plazo y en la mayoría de los casos los daños resultan irreparables. Los efectos negativos para las futuras generaciones son inconmensurables.
Aun cuando de manera inmediata haya quienes puedan beneficiarse con la explotación irracional de los bienes que nos ofrece el entorno natural, las valoraciones que se hagan de los proyectos que de manera radical alteran los ecosistemas deben trascender los intereses de unos pocos para enfatizar el bienestar y el porvenir colectivo.
Costa Rica ha sido un país excepcional en muchos campos, pero hay uno que resulta particularmente singular: el desarrollo de una cultura cívica que aprecia, valora, ama y ampara a la Naturaleza. Desde muy niños aprendemos a respetar y a querer la flora y la fauna que nos rodea; aprendemos a apreciar el bosque, la tierra y el aire; y aprendemos a reconocer y a resguardar el derecho y la obligación que tenemos de evitar que nuestra biodiversidad sea depredada.
En 1968 el mundo occidental vivió la agitación de la juventud. Fue una explosión de algarabía y de utopía. Desde Paris hasta la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, transitando por Berkeley y Berlín, los jóvenes alzaron sus voces para protestar contra la guerra en Vietnam y a favor de los derechos civiles, mayores espacios de libertad individual y reivindicaciones sociales para los menos favorecidos.
Costa Rica también tuvo su gesta del 68. Fue en 1970. Pero las manifestaciones y la indignación no fueron contra la guerra ni las demostraciones se vieron acompañadas por la retórica o la música de Rudi Dutschke, Daniel Cohn-Bendit o Joan Baez. Las llamadas “jornadas de Alcoa”, cuyo momento culminante fue el 24 de abril de 1970, nacieron del corazón verde de los estudiantes costarricenses y estuvieron vivificadas por las notas de la Patriótica.
Fue una emoción que surgió de manera espontánea y fue creciendo con la participación de la dirigencia estudiantil que tomó conciencia de que una parte del territorio nacional (Valle de El General, al sur del país) sería explotada para extraer bauxita, sin que se hubiera ponderado adecuadamente el daño que eso causaría ni cuáles serían las medidas remediales indispensables para mitigar el perjuicio, si es que eso era posible.
La concesión que se iba a entregar a la empresa Alcoa (Aluminum Company of America) por medio de un contrato-ley, se veía como un atropello a la soberanía nacional y hacía recordar los tiempos de la compañía bananera, que con el expediente de la creación de puestos de trabajo imponía condiciones adversas al Estado costarricense.
Se están cumpliendo cuatro décadas desde Alcoa. Muchas cosas han cambiado. Algunas para bien. Ahora existe mayor conciencia del inestimable valor del medio ambiente, de los peligros del cambio climático y de la incalculable valía de nuestra biodiversidad.
Sin embargo, los intereses que trajeron a Alcoa a Costa Rica no han cambiado. Son los mismos que se ocultan en los mercados especulativos, en los pliegues de la economía de casino y en los negocios impulsados por la codicia. Son los que en forma globalizada explotan los recursos naturales sin pensar en el mañana y están dispuestos a cualquier cosa sin importar las consecuencias.
Ayer se llamó Alcoa. Hoy se trata de Crucitas.

*Catedrático de Política Económica en la Universidad de Costa Rica

España no debe derrumbarse como paradigma en aplicación de justicia universal

El sistema de justicia español, no debe retroceder. No debe dar lugar a que la humanidad retroceda en materia de justicia y siga atada a los riesgos de la impunidad.
Rigoberta Menchú Tum / Agencia Latinoamericana de Información
Con profunda preocupación he visto cómo España, paradigma contemporáneo en la aplicación de la Justicia Universal retrocede significativamente. Dos hechos me consternan, al igual que a miles de familiares de víctimas del genocidio y delitos contra la humanidad en:
1. La aprobación en el año 2009, por parte del Congreso y del Senado de la reforma a la Ley orgánica del Poder Judicial en sus apartados 4 y 5. Lo avanzado por España en lo relativo a la aplicación de los principios de la jurisdicción Universal se hace retroceder con esa medida por cuanto cierra la posibilidad a víctimas de estos crímenes de acceder a la justicia. España ahora solo tiene competencia para perseguir aquellos casos en los que, por un lado, haya víctimas españolas y, por otro, los presuntos responsables del delito residan en España. Esta medida aleja a España no solamente de la importancia de jugar un papel digno en materia de justicia en el concierto de las naciones sino también de abandonar el espíritu del derecho internacional en materia de grandes violaciones a los derechos humanos. Esta resolución no solamente limita el principio sino que es totalmente discriminatoria.
2. El sistema de justicia español ha admitido, para su trámite, una serie de denuncias contra el Juez Garzón y a las cuales en el 2010 ha dado total relevancia. Acciones cuyo telón de fondo, se percibe con claridad, están atadas más que a razones penales a razones de orden político. La actuación del juez Garzón, a lo largo de muchos años ha sido, en relación a la persecución penal de crímenes contra la humanidad, coherente con los principios, contenidos y formas de la jurisdicción universal. En ese sentido reiterar que ningún país del mundo debe quedar exento de que en su territorio se investiguen delitos de esta naturaleza por cuanto los mismos, según reza el derecho internacional, son delitos imprescriptibles. Los familiares de las víctimas de grandes violaciones a los derechos humanos en España también tienen derecho a la verdad, a la recuperación de la memoria histórica y a la justicia. Lo más lamentable del caso es que quienes están accionando contra el Juez Garzón, son aquellos que sumieron en el pasado a ese país en un baño de sangre, persiguiendo, desapareciendo, torturando y asesinando a miles y miles de ciudadanos y ciudadanas que en ese entonces clamaban por la democracia y por el respeto a los derechos humanos.
El sistema de justicia español, no debe retroceder. No debe dar lugar a moverse según el va y ven de las conveniencias políticas, diplomáticas y económicas tanto en el orden interno como internacional. No debe dar lugar a que la humanidad retroceda en materia de justicia y siga atada a los riesgos de la impunidad y menos aún, sus ciudadanos.
Rigoberta Menchú Tum
Premio Nobel de la Paz
Guatemala, abril de 2010

200

Más sabe Nuestra América por vieja, que por Nuestra. De doscientos años de miserias y de grandezas, nos queda por lo menos la experiencia de lo que nos ha funcionado, y de lo que no.
Luis Britto García / Rebelion

NO NOS FUNCIONÓ:
-Recibir a los invasores como Dioses.
-Rendirse al atropello: nuestros antepasados claudicantes fueron de todos modos aniquilados, vejados, esclavizados, aculturados.
-Resistir a la invasión imperial por separado, para posibilitar que nos sometieran pueblo tras pueblo, cultura tras cultura, región tras región.
-Prestarse a colaborar con el agresor: los indígenas totonacas y chichimecas que ayudaron a Cortés contra los aztecas, los guatemaltecos que auxiliaron a Pizarro contra los incas, los aruacos que apoyaron a Losada contra los caribes, todos los americanos que sirvieron de verdugos al Imperio contra otros americanos fueron luego esclavizados, oprimidos o exterminados.
-Prolongar nuestras rencillas internas incluso ante la presencia del enemigo: Huáscar contra Atahualpa, Moctezuma contra Cuautémoc fueron los más eficaces agentes de los conquistadores.
-Dejar durante siglos en manos de un imperio foráneo la administración de nuestro suelo y subsuelo, de nuestros recursos naturales, de nuestra economía, de nuestras finanzas, de nuestra política.
-Permitir que antes y después del atropello algunas de nuestras sociedades originarias igualitarias degeneraran en sistemas de castas, con privilegios económicos y políticos hereditarios.
-Inculcar en el pueblo la obediencia ciega, de manera que la rendición de las dirigencias equivaliera a la del pueblo, que dejar sin cabeza a las jefaturas fuera dejar a los gobernados sin ideas.
-Mimetizar la cultura opresora con la esperanza de ser reconocidos como iguales y la certidumbre de terminar ridiculizados como remedos o perdonados como pintorescos.
-Juzgarnos con el rasero del enemigo, medirnos con la medida del opresor, valorarnos según la tabla de valores de los genocidas.
SÍ NOS FUNCIONÓ:
-Que después de trescientos años de una opresión que parecía eterna tomáramos en nuestras manos nuestro destino.
-Que defendiéramos con la fuerza el derecho a ser nosotros mismos que nos era negado con la violencia.
-Que comprendiéramos que la batalla contra el imperio era empresa continental, y que no podían mantenerse independientes parroquias, aldeas, republiquitas.
-Que en todos los proyectos independentistas, desde el Incanato de Miranda hasta el Congreso Anfictiónico de Bolívar, se contemplara la unión de Nuestra América en una inmensa confederación o bloque de talla hemisférica.
-Que los movimientos rebeldes se ayudaran solidariamente unos a otros desde el Río Grande hasta la Patagonia.
-Que utilizáramos contra el Imperio sus más avanzadas armas e ideas, así como la comunidad lingüística y cultural que nos impuso.
-Que convocáramos clases y castas oprimidas con un programa de igualación social y económica.
-Que prohibiéramos en las constituciones y leyes republicanas toda discriminación fundada en raza o supuesta herencia étnica.
-Que reserváramos a perpetuidad el subsuelo y el control de los recursos naturales en forma indivisible e inalienable para nuestras Repúblicas soberanas.
-Que confiscáramos sin indemnización ni contemplaciones la principal riqueza de la época, que era la territorial, para su redistribución de acuerdo con los servicios prestados a la causa revolucionaria.
-Que proclamáramos en forma irrestricta la soberana e inalienable potestad de darnos nuestras leyes, aplicarlas e interpretarlas con nuestros propios tribunales.
-Que Bolívar mismo rechazara la pretensión estadounidense de someter a árbitros o jueces extranjeros reclamaciones que afectaran nuestro interés público.
-Separar Estado e Iglesia y someter la una al otro mediante el Patronato.
NO NOS FUNCIONÓ:
-Sustituir una metrópoli por varias.
-Abandonar el principio independentista de integración y permitir que cinco virreinatos y cinco capitanías se desintegraran en un cuarto de centenar de países.
-Iniciar la vida independiente con una agobiadora deuda pública cuya negociación enriqueció a las dirigencias y sumió al pueblo en la más sórdida miseria.
-Arrancar nuestra existencia autónoma con Tratados de Libre Comercio que nos prohibían proteger nuestros productos, mientras que las metrópolis protegían los suyos.
-Limitar nuestras economías a la producción de media docena de mercancías de precaria demanda en el mercado externo, en lugar de fabricar dos centenares de indispensable necesidad en el interno.
-Intentar preservar la sociedad de castas, manteniendo la esclavitud, la servidumbre de los indígenas, la discriminación étnica y racial que a la postre causaron centenares de rebeliones armadas.
-Postergar o negar las reivindicaciones ofrecidas a las clases y grupos que con su sangre garantizaron la independencia y con su trabajo la economía.
-Dejar perderse los proyectos del Incanato y del Congreso Anfictiónico para aceptar la falsa integración tutelada por Estados Unidos del Panamericanismo.
-Prestar nuestros territorios para bases militares foráneas, alquilarles nuestros hombres como carne de cañón.
-Tolerar desunidos las insolentes intervenciones, invasiones y bloqueos de Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania y Estados Unidos.
-Exonerar de impuestos a transnacionales y extranjeros mediante los Tratados contra la Doble Tributación, y elevar los tributos a los nacionales para hacerles pagar lo que los primeros no pagan.
SÍ NOS FUNCIONÓ:
-Atrevernos contra los imperios.
-Resistir las intervenciones en el campo cultural, económico y estratégico.
-Conquistar por la violencia las reivindicaciones sociales y económicas que nos son negadas con la fuerza bruta.
-Movilizar de nuevo a las clases oprimidas y cumplirles los programas de reivindicación social.
-Rechazar la integración tutelada por los imperios y culminar la iniciada por nosotros mismos.
-Rechazar la instalación de bases militares foráneas y denunciar, incomunicar, aislar o expulsar las ya instaladas.
-Reconquistar el control de nuestras riquezas naturales, así como el de las industrias relativas a su explotación.
-Pensar con nuestras ideas, nuestros valores, nuestras cabezas.
-Ser nosotros mismos en la América Nuestra.

Se libra una guerra cultural sin cuartel contra Cuba

Si Cuba caía, habría sido muy poco probable que los pueblos de Venezuela, Bolivia y Ecuador hubiesen acometido la tarea de pretender tomar el cielo por asalto. Si tuvieron esa osadía fue porque la presencia del faro cubano les enseñaba que sus patrióticos afanes no eran quimeras, sino proyectos viables y realizables.
Atitlio Borón / CUBADEBATE
Intervención en el acto de Solidaridad con Cuba. Auditorio del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Buenos Aires, 27 de Abril de 2010.
Buenas noches Señor Embajador de la hermana República de Cuba, don Aramís Fuente Hernández, amigos, compañeros. Estamos frente a una campaña de descrédito y desprestigio sin precedentes. No por el tenor de las calumnias y mentiras que se vierten sobre Cuba -en este terreno difícilmente se podría caer más bajo- sino por el grado de orquestación y coordinación internacional de los ataques que jamás había sido alcanzado a lo largo de medio siglo.
Se trata, por eso mismo, de un momento muy especial. El imperio se enfrenta a su inexorable decadencia; el escenario internacional se le complica en Medio Oriente y en Asia Central, mientras China avanza arrolladoramente en su marcha para convertirse en la primera potencia económica mundial y América Latina prosigue en rebeldía. En este cuadro, la agresividad del imperio se exacerba y redobla su ofensiva contra los procesos emancipatorios de América Latina y su histórica vanguardia: Cuba. Este contraataque transcurre por la vía militar (de ahí la veintena de bases militares que tienen rodeada a la región); por la vía económica, con las presiones que transmiten los diversos organismos financieros internacionales y el propio gobierno de Estados Unidos; y, aparte de otros canales y circuitos que no tenemos tiempo de examinar aquí, por la vía de una intensa y sostenida ofensiva mediática que se procesa a través de la prensa escrita, televisiva, radial y la Internet en donde se libra una guerra cultural sin cuartel en contra de Cuba y los proyectos de liberación. Fue por eso que hace tiempo Fidel nos convocó a dar batalla en ese frente, la batalla de ideas, inspirado en aquella célebre sentencia de José Martí cuando dijera que “de pensamiento es la guerra que se nos libra; ganémosla a fuerza de pensamiento.”
Las condenas de algunos personajes, tanto del exterior como de la Argentina, reproducen dócilmente la voz de orden proferida por la Casa Blanca. Y haciendo gala de un escandaloso doble rasero, que ofende toda ética y se burla de nuestra inteligencia, se rasgan las vestiduras por la huelga de hambre de una persona que fue condenada por gravísimas violaciones a la legalidad vigente en Cuba (y que en otros países serían tipificadas como delitos de “traición a la patria” al colaborar e instrumentar planes de una potencia enemiga, lo que es sancionado con condenas que van desde la pena de muerte en Estados Unidos, hasta la prisión perpetua en Argentina y otros países del área). Pero no sólo se tergiversa la información en este terreno: con ese pretexto se acusa a Cuba de violar la totalidad de los derechos humanos, desconociendo que el derecho a la salud, la educación, la alimentación, la recreación, el acceso irrestricto a la cultura, a la práctica del deporte, a la seguridad (en un continente donde la inseguridad es la norma) y, por último, a una vejez digna, que en Cuba se respetan como en poquísimos países del planeta, son parte inseparable de la agenda de los derechos humanos.
Causa indignación el doble estándar de estos sempiternos críticos de la revolución cubana. Sus voces se oyen y retumban por doquier cuando alguien se declara en huelga de hambre en Cuba. Pero sus delicados oídos y su aguzada visión no les alcanzan para saber que en este mismo momento hay siete miembros de organismos de derechos humanos de Sahara Occidental detenidos en las cárceles de Marruecos, pasibles de ser condenados a muerte, acusados por el terrible delito de haber querido inspeccionar algunos tramos del muro de casi dos mil kilómetros que separa ambos países, y que ha dividido familias enteras desde hace treinta años y sin ninguna posibilidad de comunicación. Muro construido y mantenido con la invalorable ayuda de dos grandes guardianes de la democracia en nuestro tiempo: Estados Unidos e Israel. Siete prisioneros que llevan más de treinta días en huelga de hambre.
Pero esto no es noticia para la “prensa libre” de nuestros países ni conmueve a los severos críticos de Cuba. Tampoco lo hace el hecho de que según los organismos defensores de derechos humanos de Colombia un total de 34.765 personas hayan sido asesinadas, ejecutadas extrajudicialmente o desaparecidas entre 1996 y 2008, según surge de las declaraciones de los paramilitares desmovilizados y reincorporados a la vida civil, para no hablar de los 4.600.000 desplazados por la guerra en ese país. Ese tremendo genocidio, cuyo número supera a las víctimas de la última dictadura militar argentina, no suscita la menor preocupación entre aquellos sedicentes defensores de la democracia y de los derechos humanos, que no consideran necesario hacer oír su voz para detener el interminable baño de sangre que sufren nuestros hermanos en Colombia.
Podríamos seguir con muchos ejemplos más, demostrativos de la abyección de la campaña anti-cubana, pero nos hemos comprometido a hacer una breve intervención para que el embajador de Cuba disponga del tiempo suficiente para hacer uso de la palabra. Digamos, para terminar, que la defensa inclaudicable de Cuba es la defensa de las aspiraciones emancipatorias y liberadoras de Nuestra América. De esas aspiraciones que encendieron la mecha de la revolución hace doscientos años atrás, y que inspiraron las luchas de Bolívar, San Martín, Artigas, Hidalgo, Morelos, Morazán, Martí, Sandino, Farabundo Martí y ya, en nuestra época, Fidel y el Che.
Fiel a su vocación y al legado martiano de su historia, Cuba no se rindió cuando el campo socialista se derrumbaba en la Unión Soviética y Europa del Este; y Cuba tampoco se rendirá por más que la ataquen los imperialistas y sus paniaguados. Estaremos a su lado hasta el fin, en esta batalla por los más nobles ideales de la humanidad. Si Cuba hubiera sucumbido cuando se produjo el desplome de la Unión Soviética o si, siguiendo los consejos que Felipe González corrió a darle a Fidel en el sentido de que había llegado la hora de arriar las banderas del socialismo, que había que ser “realistas”, reconocer el triunfo del capitalismo globalizado y el fracaso del socialismo, muy otra hubiera sido la historia reciente de América Latina.
Pero Cuba no se rindió, y demostró con su persistencia y su perseverancia que la construcción del socialismo no sólo era necesaria sino también posible, aún bajo las muy adversas condiciones a que la sometía la voracidad y el odio del imperio contra ese ejemplo intolerable que se alzaba a pocas millas de su costa. Y ese ejemplo, un ejemplo para siempre, como lo recordaba recién Osvaldo Bayer, estimuló la imaginación y el fervor militante de nuestros pueblos ante la ofensiva imperialista, convirtiendo a este continente en el principal foco de contención del neoliberalismo a escala global. Si Cuba caía, habría sido muy poco probable que los pueblos de Venezuela, Bolivia y Ecuador hubiesen acometido la tarea de pretender tomar el cielo por asalto. Si tuvieron esa osadía fue porque la presencia del faro cubano les enseñaba que sus patrióticos afanes no eran quimeras sino proyectos viables y realizables. Como lo recordaba recién Stella Calloni, con su dignidad Cuba lleva medio siglo humillando al imperio, y esa heroica resistencia insufló renovados bríos al ánimo de los luchadores sociales.
Por todo lo que le debemos a Cuba, por la importancia que la sobrevivencia de la revolución cubana tiene para el futuro de la justicia, la libertad y la democracia en América Latina fue que desde el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini formulamos esta convocatoria de solidaridad con Cuba. Y fue por eso que casi dos mil intelectuales, trabajadores de la cultura, y mujeres y hombres de la Argentina y toda Latinoamérica se apresuraron a apoyarnos con su firma.
Muchas gracias al pueblo y gobierno cubanos por su ejemplar lucha. Saben que cuentan con nuestra incondicional solidaridad. Y muchas gracias a todos quienes hoy comparten este momento con nosotros y a quienes, habiendo firmado esta declaración, no pudieron asistir a este acto.

Puerto Rico: Otra vez la UPR

En la base de este conflicto está la misma realidad y las mismas acciones gubernamentales que provocaron las masivas protestas de trabajadores en octubre del año pasado. La política fiscal impuesta por la ya famosa Ley 7 dirige el peso de la crisis hacia los sectores populares. En el caso de la UPR, la ley le quita recursos y la deja en déficit.
Manuel de J. González / Semanario Claridad
Cuando los estudiantes del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) se reunieron en asamblea para decidir las acciones a tomar frente a las amenazas de recortes de presupuestos y pérdida de beneficios, los propulsores de una huelga indefinida estaban en clara minoría. Tras un largo y trabajoso debate la mayoría se negó a ratificar la declaración de huelga y en su lugar aprobó un paro de dos días, con una serie de condiciones que denotaban ausencia de unidad en el cuerpo estudiantil. ése era el ambiente previo a que comenzara la protesta.
Luego de transcurrir los dos días de paro la realidad ya era muy diferente y continúa siéndolo. El Recinto se encuentra paralizado, cobrando vida la huelga indefinida que no se quería aprobar. Las divisiones que se proyectaban en el liderato estudiantil no parecen tales. Además de unidad, el equipo dirigente ahora proyecta madurez, gran capacidad de trabajo y efectividad. En situaciones muy difíciles ha sido capaz de mantener su accionar bien organizado y a todas luces muy efectivo. Su comportamiento mesurado y firme, hasta ahora le ha ganado el apoyo de sectores importantes del pueblo.
La otra “parte”- entiéndase la administración de la UPR, particularmente el presidente José Ramón de la Torre y la Junta de Síndicos, junto a los representantes del Gobierno– ha tenido una alta cuota de responsabilidad para que la marea cambiara a favor de la protesta estudiantil. Sus acciones torpes y desacertadas han terminado abonando los reclamos de los estudiantes, proyectándose ante el pueblo como líderes débiles y a la vez intransigentes, incapaces de atisbar una salida para lo que sin duda ya es una gran crisis.
Antes de que se iniciara la protesta estudiantil, la administración universitaria y el gobierno de Luis Fortuño parecían estar apostando hacia una salida puramente policial, a que la macana y el uso de la fuerza les resolvieran el problema. Las declaraciones a lo guapo de barrio del jefe de la Policía José Figueroa Sancha, ofendiendo al liderato estudiantil y anunciando la movilización policial, presagiaban una dura confrontación. El ambiente enardecido, cargado de amenazas, nos hacían recordar la huelga de 1981cuando la administración de la UPR, instigada o respondiendo a órdenes del entonces gobernador Carlos Romero Barceló, enfrentó las protestas con macana y represión, provocando que el cierre se prolongara por casi todo un semestre.
Previo a que comenzara el paro de la pasada semana ese ambiente de 1981 era el que se respiraba. Aun cuando se trataba de un conflicto universitario, el “portavoz” de la administración parecía ser el jefe de la Policía. El Presidente y la Junta de Síndicos no hablaban. Y justamente cuando parecía que la macana se impondría, los estudiantes desarmaron el esquema. En lugar de ubicarse fuera de los portones, se colocaron adentro, asumiendo en la práctica la defensa del Recinto frente a la amenaza policial. Los “elementos extraños” fueron las tropas de Figueroa Sancha y no los estudiantes como argumentaba el jefe policial.
Junto a esta organización efectiva los estudiantes, demostrando gran madurez, reclamaron el diálogo y se mostraron dispuestos a llegar a acuerdos que evitaran el escalonamiento del conflicto. Pero ante una oferta tan propiamente universitaria, en lugar de receptividad encontraron rechazo y dejadez. La administración rechazó el llamado al diálogo y respondió con una confusa estrategia que ponía en el centro la búsqueda de un dictamen judicial para terminar la protesta, mientras cercaba el Recinto con policías.
Tal parece que los jerarcas universitarios no se han preocupado por conocer lo que ha sucedido en el pasado cuando se ha acudido a los tribunales en situaciones similares. Desde los años sesenta del pasado siglo se han gestionado y se han emitido decenas de interdictos para tratar de frenar protestas estudiantiles y ninguno ha sido capaz de lograr su objetivo. Ningún tribunal del mundo puede emitir un dictamen ejecutable cuando el sujeto de la orden es un sector del pueblo, una masa de estudiantes o de trabajadores. Los conflictos sociales no se resuelven con órdenes judiciales. La ridiculez de la estrategia oficial se evidenció cuando se conoció que el nuevo dictamen del tribunal de San Juan sólo cubría a seis estudiantes, que resultan ser los líderes, pero que no pueden obligar a la masa que protesta.
Mientras se concentraban en su escarceo judicial, la administración universitaria se negaba a hablar y la protesta estudiantil cobraba fuerzas en Río Piedras y en otros recintos. Entonces procedieron a decretar un “receso académico”, imponiendo en la práctica la huelga que los estudiantes no habían querido aprobar.
En la base de este conflicto está la misma realidad y las mismas acciones gubernamentales que provocaron las masivas protestas de trabajadores en octubre del año pasado. La política fiscal impuesta por la ya famosa Ley 7 dirige el peso de la crisis hacia los sectores populares. En el caso de la UPR la ley le quita recursos y la deja en déficit. Según la visión neoliberal del Gobierno, los estudiantes y sus padres deberán pagar más para obtener una educación que se supone sea gratuita. Eso fue lo que dijo el gobernador Fortuño en su último Mensaje a la Legislatura, cuando se limitó a comparar el costo de la educación pública con la privada.
Mientras el conflicto universitario avanza en su segunda semana el Gobierno parece estar apostando a que el correr del tiempo les favorezca. Saben muy bien que al acercarse el fin del semestre aumenta la presión por retornar a clases y la unidad estudiantil se debilita. Por otro lado, aún no han descartado la salida policial que acariciaron desde un principio.
Por su parte, el liderato estudiantil tiene que mantener bajo permanente análisis la situación y ser conscientes de que su lucha no termina con los días de abril y los aires de mayo. Esta confrontación debiera ser vista como un ensayo para el año escolar que comienza en agosto cuando, a juzgar por el último discurso de Fortuño, podrían implantarse aumentos drásticos en el costo de la matrícula. El buen luchador escoge el mejor terreno para luchar y evita desgastarse cuando las condiciones no le favorecen o cuando vislumbra que éstas puedan cambiar.

Colombia: Donde el verde es de todos los colores

Después de dos siglos de guerras, exclusiones, racismos, clasismos y falta de compromiso con las normas; de moral acomodaticia, de partidos que nos educaban en el odio y de políticos que nos educaban en la trampa, Colombia se cansó de bipartidismo.
William Ospina / Tomada de El Espectador
Aurelio Arrturo escribio que Colombia es el país “donde el verde es de todos los colores”. Esa afirmación, tan fácil de comprobar viajando por Colombia en cualquier dirección, está a punto de convertirse también en un hecho político.
Mucho tiempo se pensó que Colombia era roja o azul, y por esa ilusión fanática se vertió mucha sangre. Colombia siempre estaba negando una parte de su ser, negando sus indios, negando sus negros, negando sus selvas, negando sus ríos, negando su mestizaje, negando sus mares.
Pero el último siglo nos mostró que sólo somos grandes cuando aceptamos y asumimos ser lo que somos. Contra la pretensión de ser “la Atenas suramericana” o “el Japón de Suramérica”, de ser Francia, de ser México, de ser los Estados Unidos, más bien hay que decir que en ciertos rincones somos Suiza, que junto al desierto de La Guajira los árabes de Maicao van a la mezquita y fuman sus narguiles, que en ciertos barrios de Palmira somos Japón, que por la avenida Caracas a medianoche somos México, que en la base de Palanquero desafortunadamente somos los Estados Unidos.
Cartagena creció más hermana de Santiago de Cuba y de Santo Domingo que de Pasto o de Neiva. Pasto se parece más a Quito que a Medellín. Leticia tiene más afinidades con Manaos que con Manizales. Manizales se parece más a La Paz que a Villavicencio. Popayán, Santafé de Antioquia, Mompox y Villa de Leyva se parecen más a Andalucía que a Ibagué. Esa diversidad está en todo: pertenecemos más que otros países a todo el continente. Somos el único país que está a la vez en el Caribe, en el Pacífico, en los Andes, en la Orinoquia y en la Amazonia. Eso, que nunca entendieron nuestros viejos políticos, nos obliga a tener un destino continental, a no estar encerrados en nuestro mapa.
Después de dos siglos de guerras, exclusiones, racismos, clasismos y falta de compromiso con las normas; de moral acomodaticia, de partidos que nos educaban en el odio y de políticos que nos educaban en la trampa, Colombia se cansó de bipartidismo. Ese bipartidismo irresponsable fue el que engendró en Colombia a las guerrillas y a los paramilitares, y el que nutrió a una elite ociosa e irresponsable, ignorante y despectiva, que no supo engrandecer a sus conciudadanos y que dejó el país en manos de la violencia, la corrupción, la simulación y la trampa. No sólo hemos llegado a ser el país más violento, también el más transgresor del continente y el menos solidario con sus vecinos: alguien alguna vez nos llamó el Caín de Suramérica.
De todo eso nuestro pueblo se fue hastiando, y hace ocho años eligió a Álvaro Uribe Vélez, en abierto desafío a la tradición del bipartidismo. Por desgracia Uribe, a quien le debemos algunas conquistas valiosas en el campo de la seguridad, de la cobertura en educación y salud, eternizó la idea antigua y perversa de que la solución a todos nuestros problemas es sólo militar, y después de dos períodos de gobierno nos entrega un país con una infraestructura vial similar a la que tenía en los años cincuenta, mil violencias larvadas esperando para resurgir, las relaciones con los vecinos completamente deterioradas, una alianza militar con los Estados Unidos harto onerosa para nuestra soberanía y un historial de conductas sucias desde el poder, que van desde espionaje a la oposición, crímenes con las armas del Estado contra jóvenes inermes, subsidios escandalosos para los ricos, y transgresión ostentosa del Derecho Internacional.
El viejo bipartidismo ha visto en estos defectos de la política uribista la posibilidad de volver al ataque y recuperar su antiguo dominio sobre la sociedad colombiana, pero Colombia está a punto de demostrar que la nueva generación ya se salió de las manos de ese puñado de poderes que durante siglos nos mantuvieron en la Edad Media.
Los tres alcaldes que fundaron el Partido Verde son los únicos políticos que tienen grandes realizaciones que mostrar en toda la historia reciente de Colombia. Convirtieron a Bogotá, una ciudad perdida hace quince años, en una metrópoli contemporánea que el mundo entero conoce y aprecia. Y Sergio Fajardo puede mostrarnos hoy a Medellín como una de las ciudades más admirables y pujantes del continente. No lo hicieron sólo ellos, lo están haciendo millones de personas, pero su liderazgo ha sido definitivo en ese proceso.
¿Qué tienen los otros candidatos opcionados, Santos y Sanín, por mostrar en términos de modernización de nuestra sociedad? Absolutamente nada, y Colombia lo sabe. Tienen tan poco, que en realidad ni siquiera los votos son suyos, son votos de alguien mucho más interesante y complejo, del que abrió esta brecha en el bipartidismo por la que Colombia podrá entrar al futuro: Álvaro Uribe.
El país que va a encontrar el presidente Mockus, como el país que encontró el presidente Obama, quien debe ser uno de sus principales aliados, exigirá superar terribles desafíos. No podrá hacer su tarea sin el apoyo activo de todos los ciudadanos. Y sin duda votar no será suficiente: habrá que apoyar, actuar, trabajar, pensar, soñar, defender con firmeza muchas cosas. La recompensa será grande, pero el trabajo es enorme.
Y la primera tarea, que es una tarea feliz, será elegirlo en la primera vuelta. Podemos hacerlo: el verde es de todos los colores.

Brasil desafía el Plan Colombia

En Sudamérica, una gran potencia se está preparando para sustituir, también en el plano militar, al decadente imperio estadounidense.
Raúl Zibechi / Agencia Latinoamericana de Información
La escalada militar protagonizada en los dos últimos años por el Pentágono y el Comando Sur en la región sudamericana, con su despliegue de bases en Colombia y Panamá, y la ocupación de Haití luego del terremoto de enero, está siendo resistida y enfrentada por Brasil, según se desprende de los recientes movimientos de tropas que suponen una completa redistribución de fuerzas. La reorganización de la defensa y el considerable aumento del presupuesto militar muestran que tanto las fuerzas armadas como el gobierno de Brasil hacen una lectura correcta de la transición hegemónica en curso en la región, que no puede sino incrementar la tensión y la inestabilidad, sin descartar conflictos armados.

El ejército brasileño, según informa el diario gaúcho Zero Hora (18 de abril de 2010), está en plena ebullición ya que está en marcha “la mayor modificación en el tablero de tropas realizada desde que los militares asumieron el poder en Brasil en 1964”. Pero ahora los motivos no son ideológicos sino geopolíticos. Varias brigadas de infantería están en proceso de traslado desde el Litoral hacia la región central de Planalto con el objetivo de defender la Amazonia. En esa región serán creados 28 nuevos puestos de frontera que se suman a los 21 actualmente existentes. El ejército sumará 59 mil nuevos efectivos a los 210 mil con que ahora cuenta. Pero ese incremento estará focalizado siempre en la región amazónica, cuya defensa es el nudo estratégico para Brasil. Los efectivos del ejército en la Amazonia se duplican: de los 25 mil que tiene en este momento llegará a 49 mil en pocos años, de modo que casi el 40% de los nuevos reclutas estarán destinados a esa región. En el Planalto se instalará además una base de la fuerza aérea para la operación de aviones de transporte Hércules. Pero el aspecto principal incluye cambios en el aspecto operativo de las brigadas, que se convierten en módulos de combate independientes con unos 3 mil efectivos cada una.

Estos cambios vienen anunciados en la Estrategia Nacional de Defensa aprobada en diciembre de 2008 por el presidente Lula, que define acciones de corto, mediano y largo plazo, un período que abarca hasta 2030, para “modernizar la estructura nacional de defensa” reorganizando las fuerzas armadas, reestructurando la industria brasileña de material de defensa y la composición de los efectivos de las fuerzas armadas. Además asegura que en la defensa inciden tres factores decisivos: la cibernética, el espacial y el nuclear. La mayor novedad es que hasta ahora el ejército miraba hacia el sur porque siempre se pensó en un posible conflicto con Argentina, herencia del período colonial. Ahora se propone posicionarlo en el centro, porque las amenazas reales por tierra vienen del Norte y la región andina.

La estrategia militar que aplica el Pentágono para contener a Brasil consiste en rodear el inmenso país con bases militares (existentes ahora en Panamá, Colombia, Perú y Paraguay) y generar conflictos e inestabilidad en sus fronteras. Es ése el objetivo estratégico del Plan Colombia y del nuevo despliegue de bases militares en la región. Si Estados Unidos consigue “derramar” el conflicto colombiano hacia la Amazonia brasileña, como lo está haciendo hacia Venezuela, habrá instalado una situación de incontrolable inestabilidad en Brasil, que sería un lastre para su despegue como potencia regional capaz de sustituir a la potencia hegemónica en decadencia.

Defender la Amazonia supone combatir. En este sentido la Estrategia Nacional de Defensa muestra autonomía respecto al pensamiento militar estadounidense. “Para disuadir es necesario estar preparado para combatir. La tecnología, por más avanzada que sea, jamás será alternativa al combate. Será siempre un instrumento de combate”. Mientras el Pentágono apuesta a la tecnología como forma de ganar guerras, Brasil hace centro en el combate sobre el terreno. Hay más cambios: la fuerza aérea que ahora está concentrada en Sao Paulo y la marina en Rio de Janeiro, deben atender al Atlántico Sur donde están las nuevas y enormes reservas de petróleo que convierten a Brasil en la séptima potencia petrolera del mundo. La marina, además, cuidará la desembocadura del Amazonas y las cuencas de ese río y del Paraguay-Paraná.

Desde 2004 el presupuesto militar de Brasil se incrementó en 45%, sin contar las recientes compras de submarinos, helicópteros y 36 cazas de última generación, ni la base de submarinos que se comenzó a construir cerca de Río, según informa O Estado de Sao Paulo (25 de abril de 2010). Días atrás el ministro de Defensa Nelson Jobim entregó a la fuerza aérea doce helicópteros de ataque comprados a Rusia destinados a la base aérea de Porto Velho, en Rondonia, estado amazónico fronterizo con Bolivia. Son los primeros helicópteros de ataque que posee el país y la primera compra militar a Rusia. En pocos días, cuando se anuncie el acuerdo con Francia para construir los 36 cazas Rafale, casi todos en Brasil, se habrá completado un profundo viraje hacia la creación de un complejo militar-industrial autónomo, el primero con que contará un país del Sur.

“La época en que las potencias dominantes disfrutaban de `esferas de influencia exclusivas´ en todo el mundo es cosa del pasado”, puede leerse en la edición de Diario del Pueblo (28 de abril de 2010) dedicada a explicar el crecimiento de la marina de guerra china y su despliegue en el Pacífico occidental. El diario gubernamental agrega que la relación de fuerzas en el Pacífico está cambiando, que las fuerzas navales de Estados Unidos están reforzando su presencia en esa región por lo que el ascenso militar chino es “un requisito estratégico para toda gran potencia, que debe defender sus intereses según se lo permitan sus capacidades”. En Sudamérica sucede algo similar: una gran potencia se está preparando para sustituir, también en el plano militar, al decadente imperio estadounidense.

Paraguay, Lugo y una “guerrilla”: Abracadabra, la mano de Estados Unidos

Declaraciones cruzadas entre Asunción y Washington. La estrategia del Pentágono para bases en la región y su interés histórico en la Triple Frontera. ¿Qué es lo que se mueve tras bambalinas?
Diego Ghersi / Agencia Periodística de Mercosur
Algo está sucediendo en Paraguay pero las dudas crecen, sobre todo por las grandes dificultades a la hora de recoger información confiable. Apareció el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), grupo “guerrillero” autodeclarado “marxista-leninista y guevarista”, que estaría actuando en cinco departamentos del país: Concepción, San Pedro, Amambay, Presidente Hayes y Alto Paraguay.
El origen del EPP data de principios de 2008 y estaría conformado por un núcleo activo de 20 miembros. Dice estar enfrentado con el presidente Fernando Lugo, a quien acusa de no promover la Reforma Agraria, cuestión que motorizaría sus esfuerzos para destituirlo, tomar el poder en su reemplazo y constituirse como un gobierno marxista leninista. Todo demasiado lineal, ¿no?
No desmiente sus vinculaciones con las FARC colombianas ni que sus miembros habrían sido entrenados en Cuba y en Venezuela. Se le achacan robos, secuestros, atentados y al menos cuatro asesinatos en lo que va del año. Todo muy parecido al discurso mano dura de figuras como Alvaro Uribe, de Colombia, ¿no?
Al presidente Lugo no le faltan problemas: no cuenta con mayoría en el Congreso; tiene al vicepresidente en contra, es apedreado por los medios de comunicación y el Poder Judicial, por demandas sexuales motivadas durante su obispado. Además el EPP actúa sobre el territorio donde él actuó como sacerdote y se enfrento al latifundio. Escenario propicio para la desestabilización, ¿no?
Las prefecturas de Concepción, San Pedro, Amambay, Presidente Hayes y Alto Paraguay -donde operaría el EPP- se caracterizan por la concentración de grandes extensiones de tierras en pocas manos. Dichas tierras fueron adjudicadas durante los procesos dictatoriales de Stroessner a militares jerarcas del régimen. Otras, en zonas fronterizas, fueron adquiridas por ganaderos y sojeros brasileños, merced a leyes y decretos violatorios de la soberanía del país.
La región involucrada ocupa gran parte del territorio medio del país, con unos 800 mil habitantes sumidos en la pobreza; abundan las haciendas ganaderas y las llamadas "zonas liberadas" para cultivos de marihuana.
Lugo había proclamado durante su campaña la necesidad de encarar una reforma agraria integral inmediata como vehículo por excelencia para combatir la desigualdad social del país. Sin embargo, los avatares de su mandato signado por continuos intentos destituyentes lo han forzado a postergar sus proyectos.
En ese contexto se produce la sugestiva irrupción del EPP. Sugestiva porque su pobre organización no está a la altura de los objetivos que se le adjudican; porque su imagen mediática parece estar construida en la medida justa que requiere la formación de una políticamente correcta opinión pública -de rechazo a las prácticas violentas antidemocráticas- y porque a nadie se le escapa que la mejor manera de favorecer la reforma agraria no es socavar el gobierno de Lugo sino todo lo contrario.
La aparición del EPP ha forzado al mandatario paraguayo a solicitar el estado de excepción por 30 días en los departamentos afectados y eso significa que por ese lapso el Ejecutivo podrá decretar detenciones en la zona de lucha. "El objetivo principal del estado de excepción es capturar a los miembros del EPP que han cometido una serie de crímenes horrendos en Paraguay", según explicó el propio Lugo.
La medida fue acompañado por el desplazamiento de 3.000 efectivos -entre ejército y policía-, comandados por el general Oscar Velázquez.
Respecto de la participación militar, el presidente del Partido Comunista de Paraguay, Ananías Maidana, destacó el importante apoyo de las fuerzas populares al ministro de Defensa, Luis Bareiro Spaini, “porque él representa lo mejor de la tradición y la historia del ejército paraguayo en la defensa de la soberanía nacional y contra la intervención extranjera”. La cita es importante porque pone al ministro de Defensa fuera de sospechas de desestabilización.
La Cámara de Diputados –opositora a Fernando Lugo- intenta destituir a Barreiro Spaini. El ministro habría enviado una carta a la Embajada de Estados Unidos en Asunción, censurando en ella algunos conceptos que su titular habría vertido sobre la gestión de Fernando Lugo, lo cual motivó las iras de los legisladores –materializadas en un “voto de censura a su gestión”- y motivo que el mismo Lugo tuviera que respaldar a Spaini.
En lo estrictamente operacional, los entendidos en temas militares destacan el control que el Ejército Paraguayo tradicionalmente tiene de su territorio nacional, al que califican de “efectivo y total”. De ser así en la realidad el PPE debería tener sus días contados, dado que al esfuerzo militar se suma el hecho de que sus cabecillas estarían identificados, lo cual los aleja de refugios en zonas urbanas y los relega a una áspera supervivencia en la selva.
Las actitudes de la diplomacia estadounidense, cuestionadas por el ministro de Defensa, recuerdan las acciones de la Embajada de Washington en Bolivia, cuando los episodios en “la Media Luna”, en 2008, tendientes a la destitución del presidente Evo Morales.
En efecto, plantear un movimiento insurgente sin armas ni recursos; sin medios para tareas de propaganda y sin algún apoyo urbano es una situación difícil de digerir y que cuenta con tantos antecedentes negativos en la historia militar que no puede creerse que alguien entrenado los desconozca. ¿Por qué entonces tanto ruido con esto? Todo huele muy raro, ¿no?
Por un lado puede pensarse que se ha forzado al presidente Lugo a distraer esfuerzos en una cuestión, que de no ser exitosa le acarreará una imagen de debilidad y socavará aún más las bases de su gobierno.
Por otro, lo obliga a utilizar mecanismos de represión excepcionales –empleo del ejército en cuestiones internas- sentando un peligroso antecedente para toda América del Sur.
Además, ha trascendido que militares estadounidenses afincados en la localidad de Estigarribia podrían poner su “experiencia de combate en zonas de similares características” al servicio de esta operación de caza a modo de “colaboración extraoficial”.
Esto abona la teoría de que Estados Unidos intenta por cualquier medio involucrarse militarmente en zonas de abundantes recursos –ya está en Colombia- y desde allí proyectarse a países limítrofes con Paraguay.
En ese marco, toda la operación EPP podría ser una nueva creación táctica de Washington, al fin de cuentas, ello no constituiría ninguna novedad, ¿no?

Cuando la noticia es la política

La relación entre medios y política en América latina refuerza hoy su tono de disputa. Integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur parten de la idea de que la situación que se vive hoy es el resultado de que los gobiernos buscan recuperar el terreno cedido a los poderes mediáticos.
Emiliano Flores, Federico Vázquez y Emanuel Damoni * / Página12
Cuando Tancredo Neves decía “Yo me peleo con el Papa, con la Iglesia Católica, con el PMDB, me peleo con todo el mundo; yo sólo no me peleo con el Doctor Roberto”, sintetizaba un condicionamiento mediático al poder político que no era exclusivo del Brasil. Tancredo Neves fue el primer presidente electo después de una larga dictadura. El Doctor Roberto era Roberto Marinho, propietario de la Red Globo, consorcio mediático que reúne más de la mitad de la audiencia televisiva del país. La frase de Neves podría completarse con aquella de César Jaroslavsky en los ’80 cuando, haciendo referencia a Clarín, decía: “Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”. El comportamiento de los medios masivos de comunicación como actor político tiene una historia prolongada en la región.
En las elecciones de 1989, Lula se presentaba por primera vez como candidato a la presidencia de Brasil, pero el Doctor Roberto tenía las fichas en Fernando Collor de Melo. La televisora Globo decidió jugar fuerte en la campaña. Puso al aire la ficción Salvador de la Patria, donde el personaje principal, Sassá Mutema, de origen humilde, se postula para ser alcalde de su pueblo. Sassá gana las elecciones, pero cuando llega al gobierno se ve involucrado en crímenes y hechos de corrupción. El mensaje era sencillo: Lula podría repetir esa decepción en la vida real.
Durante los años ’90 los gobiernos de nuestros países condujeron la privatización y desregulación de los medios masivos. Un pacto de no agresión entre gobiernos y medios estimuló la concentración de éstos en forma inédita. Sin embargo, a medida que las empresas del sector se integraron verticalmente (televisión, radios y diarios bajo un solo dueño), lograron consolidar una “opinión publicada” lo suficientemente fuerte como para desbalancear ese pacto original y condicionar al poder político.
Ese esquema fue acentuando sus rasgos extorsivos hasta que la crisis neoliberal de comienzos del 2000 impuso otro escenario en la región. En El nuevo topo, último libro de Emir Sader, el autor plantea que el avance de gestiones no ortodoxas en los gobiernos de América Latina encontró una oposición de derecha cuya dirección ideológica e incluso política proviene de los medios de comunicación privados.
Durante los dos días que duró el breve golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, RCTV, Globovisión y Venevisión transmitieron dibujos animados mientras en las calles decenas de miles de personas se movilizaban para recuperar el sistema democrático. También allí, en la previa al golpe, se ensayaron recursos como la pantalla dividida para “confrontar” un discurso presidencial con manifestantes opositores exaltados, técnica depurada en nuestro país durante el conflicto agropecuario de 2008.
¿Cuál es la razón profunda que lleva a los medios a jugar este rol? Una respuesta posible es la dificultad creciente de las fuerzas políticas conservadoras para imponer agendas ortodoxas, ante lo cual el lugar de vanguardia ideológica reaccionaria pasa a estar en los poderes mediáticos. Se trata de un fenómeno con diferentes intensidades, pero que se afianzó en toda la región. En Uruguay, las empresas privadas de televisión se negaron a cumplir con la cadena nacional que debía difundir la campaña por la nulidad de la Ley de Caducidad. La iniciativa quedó a sólo 2,03 por ciento de los votos necesarios para ser aprobada. ¿Cuánto habrá influido en ese guarismo la desobediencia mediática?
Quien se dé una vuelta por los diarios de América latina por estos días podrá encontrar titulares como estos: “El gobierno de Correa quiere que los medios rindan cuentas”, “Evo Morales criticó a la prensa por minimizar la victoria de su partido”, “Vázquez se refirió a los medios: sistemáticamente hacen oposición al gobierno”, “Lula criticó a los medios: no cubren con buena fe”.
Los medios concentrados se encuentran hoy con gobiernos democráticos que cuestionan su (oscura) legitimidad de origen, la posición dominante que tienen en el mercado y la intencionalidad política mal recubierta por el gastado barniz de la “independencia”.
No es una lucha contra la “libertad de prensa” –como los propios afectados señalan–, ni siquiera un cuestionamiento ideológico a la “libertad de empresa”. Se trata de algo más sencillo y elemental: la supervivencia de la política como espacio de la sociedad –y no de las corporaciones– desde el cual decidir las cuestiones públicas. La respuesta que los gobiernos de la región, con distintas velocidades, decidieron dar a este enfrentamiento es la intervención en el mercado comunicacional, regulándolo para ampliar el espectro de voces. Y eso es una buena noticia.
* Integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur.

La Casa de las Américas: el don de perseverar y triunfar

Palabras de Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, durante el acto de develación de la tarja que identifica a la Casa de las Américas como Monumento Nacional, ocurrido este 28 de abril de 2010, día en que la institución cumplió 51 años.
Eusebio Leal / LA VENTANA
Querido maestro Roberto [Fernández Retamar],
Margarita [Ruiz, presidenta de la Comisión Nacional de Patrimonio Cultural],
Nilson [Acosta]. Distinguidos amigos, compañeros de tantos años.
Queridos trabajadores de la Casa de las Américas.
Varias veces escuché, cuando algunos edificios históricos por causas tremendas se perdieron, que al restaurarlo la tarea no solo devolvía la forma, sino que consagraba un espacio donde habían ocurrido grandes cosas.
Así, por ejemplo, recuerdo, querido Roberto, que participamos juntos en aquellas jornadas de Venecia, y entre ellas asistimos a una maravillosa función del Ballet Nacional de Cuba en el Teatro La Fenice. Años después, La Fenice ardió absolutamente poniendo en riesgo todo aquel conjunto que ella ocupa no lejos de la gran Plaza de San Marcos. El mismo razonamiento lo escuché leyendo el elogio de Leonardo en la plaza frente a La Scala. Una bomba incendiaria había destruido el sitio, mas no la memoria. Exactamente igual en La Habana, cuando el Teatro Auditorium Amadeo Roldán fue destruido por el fuego.
Lo importante a veces no es el contenido, sino el continente. Lo importante a veces es el contenido.
En este caso, más que las bellezas arquitectónicas y más que la memoria de un edificio de La Habana, de por sí hermoso y emblemático, sin el cual no se podría hacer un retrato, un perfil de esta ciudad, lo trascendental, lo maravilloso es lo que ha ocurrido aquí.
Para los que tuvimos la fortuna de estar cerca de la Casa a través de muchos años, los rostros y los perfiles, las sombras y la luz de los que desarrollaron desde ella labores ingentes por la cultura de nuestra América, los que contribuyeron a cincelar el espíritu de la nación cubana siempre en el seno de la realidad latinoamericana, nuestra Casa es eso, la Casa, con sentido absoluto.
Hay muchas casas en la ciudad, infinitas moradas, pero la Casa tiene un poder grande: reúne en ella la memoria de lo trascendente. Bastaría sentar a los más jóvenes ante una visión panorámica de fotos e imágenes cinematográficas para percatarnos de lo que ha ocurrido aquí, y sobre todo de algunas personalidades que dejaron una huella indeleble y profunda no ya en la historia sino en nuestras almas.
En la resolución se invoca un nombre y se centra en él esa memoria social, cultural y política: el nombre de Haydee. Los que la conocimos, los que tuvimos el privilegio de recibir su apoyo, su protección, su extraña noción de la realidad, su amor por la cultura, su aprecio y alta estima por la dignidad humana y la rectitud de los principios, nos sentimos orgullosos de que esta tarde se pueda colocar un pedazo de bronce en estas piedras.
Sobre todo porque el mar pudo embravecido dañar documentos, colecciones, libros, pero nunca pudo deshacer el espíritu de la Casa de las Américas, que se proyecta desde hace tiempo y más desde ahora hacia el futuro.
Recuerdo aquel día en que se rompieron las paredes de la planta superior, hoy la sala Ernesto Che Guevara, para que entrase el Árbol de la Vida mayor que jamás se había construido. La colocación del árbol en la sala tenía símbolos múltiples. A la sombra de esa habitación larga y amplia —cuyos brazos se han abierto para el premio anual y para tantas ocasiones memorables— y en el hecho de evocarse en ella la memoria del Che —entrañable compañero de Haydee de sueños y utopías, y realidades que hicieron con la vida y con la muerte—, se plantaba una semilla y teníamos el privilegio de ver el árbol. A la sombra de ese árbol mágico, lleno de peces y de pájaros, y de frutas exóticas, de insólitas maravillas, hemos vivido y soñado a lo largo de más de medio siglo.
Por si fuese poco, nos acompaña para siempre junto a Haydee la memoria de todos los que contribuyeron a hacer de la Casa un nido, a hacer de la Casa un hogar en las nubes, a hacer de la Casa un templo de la cultura en la tierra.
Recuerdo que acudimos a ella muchas veces de fiesta y otras veces con tristezas e inquietudes. Los ojos de Haydee giraban en torno a nuestras angustias y, finalmente, en un gesto enérgico y magnífico, nos tomaba como suelen hacer los ángeles de Silvio [Rodríguez] en su canción, “por el pelo, sin abandonarnos”. Ella fue siempre un ángel oportuno y puntual. Por eso, más allá de la conmemoración de hoy, debemos precisamente acogernos al término y hacer memoria.
Cuando ya declina una generación y comienza otra, sepan que cualquiera puede fundar, pero que pocos perseveran y triunfan. La Casa perseveró desde sus cimientos y se edificó con su figura tan esbelta, iluminada por un alto faro, que de cuando en cuando se enciende para señalar que La Habana, la ciudad que es su sede, vive, habita y recibe por ella y por cosas como ella un dictado de inmortalidad.
A Roberto, depositario de la obra de los que le precedieron, amigo y hermano de Haydee, el poeta exquisito que hace pocas semanas o pocos meses nos hizo temblar de emoción cuando acompañado de Silvio recitó aquí con voz grave algunas de sus obras, le digo, más allá del tiempo y del olvido: Maestro, tienes el don que hace perseverar y salvarse las cosas.
Fue el extraño don de Haydee, el don de la poesía. Fue el don, inquieto de carácter, fuerte y ríspido, hermoso en la creación y en su luminosa visión de las mujeres, de los hombres, de los jóvenes, de las frutas de Cuba, todos confundidos en una fiesta inacabable, de Mariano. Es también el recuerdo de todas aquellas o aquellos que están o no están en la Casa. No son sombras, son rayos de luz que encienden nuestro espíritu.
Gracias.
28 de abril de 2010