sábado, 15 de octubre de 2011

Chile: La Concertación de Partidos por la Democracia en la encrucijada

Los logros de los cuatro gobiernos de la Concertación están consolidados. Ahora es necesaria una visión que dibuje nuevos horizontes, ya que la actual demanda ciudadana va más allá de la lógica política con la cual esos logros se concibieron.

Manuel Barrera Romero / Especial para Con Nuestra América

Desde Santiago de Chile

Es nuestro interés hacer una reflexión acerca del aporte político y social que significó esta coalición de centro izquierda, en tanto gobierno, así como de sus falencias en esos ámbitos. Se hace desde el punto de vista del ciudadano que no tiene el compromiso que se supone tienen los militantes de los partidos, ni cuenta con la información que emana de entrevistas y/o conversaciones con la elite dirigente, pero que se interesa por el destino de nuestra sociedad. Pretendemos terminar este empeño con algunas ideas acerca de una política progresista y transformadora para el mediano plazo. Este artículo da comienzo a esta tarea, que trataremos de proseguir.

Es obvio que si se consideran preferentemente los aspectos políticos y electorales hay que afirmar que el término del gobierno militar y el acceso a la dirección del Estado, en 1990, de un Presidente electo por voto popular, implicó un logro histórico gigantesco para el país que trajo libertad, mayor normalidad en la vida de los ciudadanos y, sobre todo, recuperación de derechos individuales y colectivos, especialmente cívicos, para los chilenos. La Concertación tuvo un rol central en el proceso que permitió que ello fuese posible. La libertad y el imperio de la ley, en términos generales, quedaron asegurados por el nuevo pacto político, durante sus cuatro periodos presidenciales de veinte años de duración.

La crisis de la derecha en América Latina

Bastó que se agotara el modelo hegemónico en nuestra región para que el castillo de naipes se desmoronara y promoviese una inmensa crisis de identidad entre los partidos que habían participado en el bloque neoliberal, incluidos los tradicionales de la derecha y los que se sumaron de otras tendencias.

Emir Sader / LA JORNADA

La derecha latinoamericana pasa por el peor momento de su historia. Se trata de una situación que va en paralelo con la expansión –no habida hasta ahora– de una mayoría de gobiernos progresistas en la región y de aislamiento de Estados Unidos en el continente.

El momento de mayor fuerza derechista se dio con el auge de los regímenes neoliberales, porque en ese tiempo las corrientes de distintos orígenes que se le habían opuesto también adoptaron el recetario del FMI y el Banco Mundial, confluyendo en un consenso continental –inédito hasta ese momento– en torno a las políticas predominantes en el campo de la derecha a escala internacional. Poder disponer en la derecha de partidos conservadores, así como también del PRI y el PAN en México, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Cristiano en Chile, el Copei (socialcristiano) y Acción Democrática en Venezuela, el peronismo en Argentina –para poner algunos ejemplos elocuentes– revelaron la capacidad hegemónica de su proyecto, que no habían tenido antes.

Segunda carta a las izquierdas

Frente al perturbador recetario neoliberal, es difícil imaginar que las izquierdas no estén de acuerdo con el principio “mejor Estado, siempre; menos Estado, nunca” y que no extraigan consecuencias de ello.

Boaventura de Sousa Santos / Rebelion

La democracia política presupone la existencia del Estado. Los problemas que hoy vivimos en Europa muestran que no hay una democracia europea porque no hay un Estado europeo. Dado que muchas prerrogativas soberanas fueron transferidas a las instituciones europeas, las democracias nacionales son hoy menos robustas porque los Estados nacionales son postsoberanos. Los déficits democráticos nacionales y el déficit democrático europeo se alimentan los unos a los otros y todos se agravan porque, mientras tanto, las instituciones europeas han decidido transferir a los mercados financieros parte de las prerrogativas transferidas a ellas por los Estados nacionales.

Al ciudadano común le será fácil concluir hoy (lamentablemente sólo hoy) que fue una trama bien urdida para incapacitar a los Estados europeos en el desempeño de sus funciones de protección de los ciudadanos ante los riesgos colectivos y promoción del bienestar social. Esta trama neoliberal ha sido urdida en todo el mundo , y Europa sólo tuvo el privilegio de sufrir la “trama” a la europea. Veamos cómo ocurrió .

Del quinto evangelio: Proclamación del Cristo del Corcovado

Bienaventurados los que no desisten, sino que resisten e insisten en que el mundo puede ser diferente y lo será, un mundo donde la poesía camine junto al trabajo, la música se junte con las máquinas, y todos se reconozcan como hermanos y hermanas, viviendo en la única Casa Común que tenemos, este bello y luminoso pequeño planeta Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

En sus 80 años, el 12 de octubre de 2011.

En aquellos días, al completar 80 años de existencia, el Cristo del Corcovado se estremeció y se reanimó. Lo que era cemento y piedra se hizo carne y sangre. Extendiendo sus brazos, como quien quiere abrazar el mundo, abrió la boca, habló y dijo:

«Bienaventurados vosotros, pobres, hambrientos, enfermos y caídos en tantos caminos sin un buen samaritano que os socorra. El Padre que es también Madre de bondad os lleva en su corazón y os promete que seréis los primeros herederos del Reino de justicia y de paz.

Ay de vosotros, dueños del poder, que desde hace quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores, reduciéndolos a combustible barato para vuestras máquinas de producir riqueza inicua. No seré yo quien os juzgue, sino las víctimas que hicisteis, detrás de las cuales yo mismo me escondía y sufría.

sábado, 8 de octubre de 2011

René y la derrota del imperio

La lógica del imperio entiende sus males, pero no los corrige; si modificara su proceder, estaría contradiciendo su lógica. El caso de los cinco héroes cubanos, es una derrota internacional del gobierno de los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo.

Abner Barrera / AUNA Costa Rica

(Fotografía: René González con sus hijas Irma e Ivette)

El reciente 07 de octubre a las 4.30 a.m. la injusta justicia de los Estados Unidos cumplió una de sus venganzas contra la revolución cubana, al liberar a René González después de quince años de encarcelamiento y un sinnúmero de violaciones a sus derechos humanos y al de sus familiares. Es decir, René no salió libre el pasado viernes 07 porque se haya hecho justicia con él y la causa que defiende, sino porque la injusticia imperial llegó a su límite.

En todo este tiempo de criminal enclaustramiento de René y los otros cuatro héroes, los grandes medios del imperio mantuvieron una cortina de silencio sobre ellos. Si bien hoy, hay más comités de solidaridad en el mundo exigiendo la libertad de los antiterroristas cubanos, todavía los medios masivos comerciales (escritos, televisivos y radiales) al servicio de los intereses de los Estados Unidos y de su falsa lucha contra el terrorismo internacional, siguen marcando la pauta de qué se informa y qué se oculta a los pueblos. La batalla sigue siendo dura y larga.

Los entendidos sostienen que, si más gente educada –en los mismos Estados Unidos y otras partes del mundo- se enterara de esta causa, serían más personas las que se sumarían a exigir su liberación. Al ser el caso político y no jurídico, pareciera ser que esa gran ola humana de solidaridad mundial será la que decida el retorno de los otros cuatro cubanos. Esta es la historia que el imperio no puede impedir que se escriba.

La lógica del imperio entiende sus males, pero no los corrige; si modificara su proceder, estaría contradiciendo su lógica. El caso de los cinco héroes cubanos, es una derrota internacional del gobierno de los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo. La venganza contra Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón, que es la venganza contra la revolución cubana, evidencia que los gobiernos de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama engañaron al mundo -empezando por su propia casa- que, la batalla contra el terrorismo no pasa de ser un espurio discurso, una diatriba panfletaria, con el afán de conseguir reelecciones y premios nobeles.

Sobre los cinco héroes Washington no logra ver a la distancia, no tiene la capacidad de visualizar lo que la historia registrará en un futuro no lejano, cuando en las aulas universitarias el caso de los cinco será estudiada por especialistas y novatos. La historia no oficial develará los hechos, y el mundo sabrá que cinco cubanos pacíficos, defensores de la vida –de cubanos y estadounidenses- desenmascararon a uno de los imperios más poderos de la tierra en su falsa lucha contra el terror. Los libros registrarán que hubo un imperio, el estadounidense, que mientras castigaba injustamente a cinco héroes revolucionarios por haber defendido con su vida, la vida del pueblo cubano, al mismo tiempo premiaba a algunos monstruos terroristas, como Posada Carriles; le daba residencia, recursos económicos y todo apoyo que requiriera para ensañarse contra la revolución cubana.

La entereza de los cinco héroes es un ejemplo de resistencia y convicción por causas tan nobles como la de la revolución cubana. Washington recurrió a todo tipo de chantajes y suciedades con el fin de doblegar a René y a los otros cuatro héroes, y nunca pudo. Una vez más el imperio ignora de qué están hechos los verdaderos revolucionarios. La libertad de René es una derrota del imperio.

René de niño, al igual que tantos pioneros cubanos, debe haber repetido esa frase muchas veces incomprensible para los que carecen de ideales: "Pioneros por el Comunismo, seremos como el Che". A unas cuantas horas del 44º aniversario del recuerdo de la caída en combate del guerrillero heroico, René nos convoca a seguir luchando por un mundo mejor.

Bolivia: Mandar obedeciendo

La disputa, la discusión de ideas y el debate; la protesta y la crítica son mecanismos esenciales e irrenunciables que tiene la izquierda para llamar la atención de los que mandan y a veces no obedecen. La monolítica y acrítica aceptación de “la línea” que viene de arriba es de triste memoria en la izquierda no solo latinoamericana.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

En Bolivia se lleva a cabo uno de los procesos de transformación social más interesantes de América Latina. Una de las razones para que esto sea así es la existencia de un importante contingente indígena con una visión de mundo propia, distinta en mucho del punto de vista dominante, occidental.

Las ideas más interesantes, verdaderamente alternativas, al mal desarrollo prevaleciente, provienen de ese ancestral pensamiento original de Nuestra América, que cobra inusitada vigencia en nuestras actuales circunstancias de crisis generalizada y múltiple.

Una de estas ideas proviene de la práctica política de la vida comunitaria, el mandar obedeciendo, que significa, entre otras cosas, una concepción del liderazgo subordinado a los designios de la comunidad. En este sentido, quien “está arriba” no lo está en el sentido de ser el que manda, sino que es la cabeza visible que ejecuta el mandato de los más.

El líder, pues, lo es por sus características especiales que le hacen idóneo para hacer realidad lo que se gesta desde abajo; para ser canal, medio, correa de trasmisión que sabe poner en movimiento los mecanismos que lleven a la concreción de lo que la comunidad necesita.

Evo Morales ha remarcado sobre esta idea en repetidas oportunidades, antes incluso de ser presidente de su país, cuando como dirigente cocalero participaba del movimiento social que, al final de cuentas, lo catapultó a la presidencia.

En ese sentido, marcando la pauta de ese tipo de liderazgo, Evo ha podido sortear grandes retos que le ha planteado la furibunda derecha boliviana. La batalla librada contra los cambas racistas de los departamentos de la media luna oriental del país: Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, es uno de muchos los ejemplos en este sentido.

Evo ha podido sortear estos escollos porque se encuentra fuertemente vinculado y apoyado por buena parte del movimiento popular del país. Éstos, son herederos de una de las tradiciones de lucha obrera y étnica más fuertes de nuestra región. Recuérdese en este sentido a la combativa Central Obrera Boliviana (COB) y, más recientemente, al movimiento étnico y popular que no cejó hasta que uno de los suyos llegó al poder del Estado.

Como bien apunta Raúl Zibechi en un artículo que publicamos en esta misma revista la semana pasada (Bolivia: la obstinada potencia de la descolonización), es difícil encontrar un movimiento popular con la energía y el potencial que tiene el boliviano. También es difícil encontrar uno con el conocimiento o la intuición tan claras del tipo de desarrollo que no quieren, ese que nuestros países vienen persiguiendo como una quimera nunca alcanzada, y que siempre va a la zaga de lo que se piensa y dicta en otras latitudes ajenas a lo nuestro, a nuestros intereses y necesidades.

La rebelde obstinación de una parte del movimiento étnico boliviano que en los últimos días se ha movilizado en contra de la construcción de la carretera transamazónica pone de relieve los dos puntos centrales en torno a los cuales giran estas líneas: la primera, que no todo “desarrollo” es bueno y que en Bolivia hay potencial y reservas para pensarlo de otra forma a como se ha hecho hasta ahora; la segunda, que cuando esa idea no es atendida “arriba”, hay que recordárselo para que corrijan el rumbo y enderecen el barco. Esto último es lo que le están recordando a Evo sus compatriotas y congéneres, y por eso debe escucharlos para poder ser fiel medio canalizador en su papel de mandar obedeciendo.

La disputa, la discusión de ideas y el debate; la protesta y la crítica son mecanismos esenciales e irrenunciables que tiene la izquierda para llamar la atención de los que mandan y a veces no obedecen. La monolítica y acrítica aceptación de “la línea” que viene de arriba es de triste memoria en la izquierda no solo latinoamericana. La democracia participativa implica no acallar sino, al contrario, estimular el intercambio de opiniones, la variedad de propuestas, los distintos puntos de vista.

Por eso sorprende lo dicho por el compañero Emir Sader en el artículo Cuervos y buitres que reproducimos en esta entrega de Con Nuestra América. Apostar por la unanimidad acrítica ha sido un error, como ya lo ha comprobado y expresado abiertamente Raúl Castro en Cuba. ¿Por qué habríamos de plegarnos a ella en esa realidad tan rica y controversial que vive hoy América Latina?

Todo lo contrario; parafraseando al Che, hay que crear uno, dos, muchos focos de debate, de crítica, de pensamiento. A los latinoamericanos nos ha faltado mucho pensar con cabeza propia, dejar la copianditis que nos atrofia y abocarnos a las propuestas en un marco de efervescencia.

Seguramente que mucho erraremos pero, al decir de Martí, lo beberemos con gusto como nuestro vino aunque esté agrio.

México: tiempo de cambiar y vencer

La paz, la esperanza y el desarrollo humano integral en México no radican en las soluciones del mercado o de las armas, sino en la subversión radical de un orden neoliberal expoliador, destructivo, antinacional y culturalmente enajenador. Y eso solo se puede lograr desde abajo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Gracias a esa costumbre periodística de coleccionar documentos que pueden llegar a ser importantes, conservo entre mis archivos una entrevista realizada por dos reconocidos periodistas costarricenses para el derechista diario La Nación, en junio de 1994, al entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari. El texto de la entrevista, exultante de pensamiento único, llevaba por título una frase del mandatario: “Usamos los bienes públicos para remediar los males sociales”.

Deslumbrados por la retórica privatizadora, los comunicadores elogiaban el naciente milagro mexicano: “Para enfrentar las exigencias del mundo moderno y los desafíos del siglo XXI, México ha elegido el camino del cambio. (…) A través de la privatización de empresas estratégicas del sector público, el Gobierno de Salinas intenta, a base de mayor eficiencia y productividad, resolver los grandes males sociales de su país y, aunque la meta aún está lejos, en el horizonte ya despunta la esperanza…” Lo demás, es una una oda al dogmatismo neoliberal y a la ausencia de sentido crítico, que no vale la pena reseñar aquí, pues la historia se ha encargado de desmentir.

El México de Salinas de Gortari, como la Argentina de Carlos Ménem o la Venezuela de Carlos Andrés Pérez, fueron laboratorios de avanzada del neoliberalismo globalizador en América Latina. Sus promesas, expresadas en tono mesiánico, redentor y arraigadas en un discurso desprovisto de conflictos de clase, de desigualdades, de pasado y memoria, siempre apuntaron a la prosperidad individual para alcanzar el mejor de los mundos posibles: el pasaporte al Primer Mundo industrializado y desarrollado, como prometía Salinas de Gortari en ocasión de la firma del tratado de libre comercio de México con Canadá y Estados Unidos (TLCAN).

Pero la realidad mexicana, 17 años después del TLCAN, es otra muy distinta: según datos de organismos oficiales nacionales e internacionales, el 51% de la población, unos 54,8 millones de personas (a junio de 2009), viven en situación de pobreza; son mexicanos el 50% de los nuevos pobres de América Latina desde la crisis de 2008; ocho de cada diez indígenas en México son pobres; la desigualdad en la distribución de la riqueza campea a sus anchas: el 10% de la población –los más ricos- concentran el 41,4% del ingreso nacional; y al menos 7,2 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan (La Jornada, 20/08/2009, 22/04/2010, 16/04/2011, 07/05/2011, 13/09/2011).

Es preciso decir, además, que pocos pueblos latinoamericanos han visto tan comprometida su posibilidad de ser nación, y la existencia de su especificidad cultural, como México a lo largo de sus dos siglos de compleja y delicada relación con los Estados Unidos: despojado de inmensos territorios en guerras de rapiña imperialista, colonizado por el capital, las industrias y el american way of life –como ocurre, de manera particular, en toda América Central y el Caribe-, y ahora, objeto del deseo de los intervencionistas norteamericanos, que pretenden combatir al narcotráfico fuera de sus fronteras.

Esta misma semana, por ejemplo, Rick Perry, gobernador de Texas y aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Republicano, en un gesto de arrogancia imperial, aseguró que de triunfar en las elecciones de 2012, consideraría la posibilidad de enviar tropas a México para “matar a los cárteles de la droga y mantenerlos lejos de nuestras fronteras” (La Jornada, 02/10/2011).

El poeta y periodista Javier Sicilia, dirigente del Movimiento Paz con Justicia y Dignidad, describe con precisión esta emergencia nacional que vive México en una entrevista para el diario Clarín de Chile: “La guerra de hoy, el narcotráfico, el secuestro, la desaparición forzada, los asesinatos y feminicidios, son la consecuencia perversa del modelo económico, que se visibiliza en los dolores ancestrales del sureste mexicano; la muerte que acarrea la frontera norte se está corriendo hacia el sur, como consecuencia lógica de los agravios del poder económico que destruye a lo humano y a la naturaleza, habrá que ir al fondo de las cosas, a la raíz: la violencia en México es un síntoma de una violencia estructural”.

Se trata de un panorama francamente desolador, pero que, al mismo tiempo, define el rumbo del cambio verdadero al que debe apostar la sociedad mexicana en las elecciones del próximo año, aunque no puede limitarse a ese acontecimiento coyuntural: la paz, la esperanza y el desarrollo humano integral en México no radican en las soluciones del mercado o de las armas, sino en la subversión radical de un orden neoliberal expoliador, destructivo, antinacional y culturalmente enajenador. Y eso solo se puede lograr desde abajo.

Los pueblos mexicanos han dado ya más de una muestra de resistencia y valentía frente al embate neoliberal y las grandes transformaciones socioculturales de las últimas décadas: fue el alzamiento del EZLN en Chiapas, en 1994, el que inició las luchas continentales contra el libre comercio y el fetiche del desarrollo económico sin más, y además, aquella rebelión impulsó de manera decisiva, y bajo una lógica de relación con el poder inédita (mandar obedeciendo), el despertar de los pueblos indígenas como actores de primer orden de los cambios en América Latina.

Asimismo, su sociedad civil y sus organizaciones políticas progresistas también han combatido por la democratización del país y contra fraudes electorales, terrorismo mediático, entrega de recursos naturales y empresas públicas, el crimen organizado, la violencia, la impunidad y la negación de los derechos fundamentales del México profundo.

¿Sobrevivirá la nación mexicana a su actual crisis? Así debe ser: México es un baluarte de nuestra América. El legado de lo mejor de su cultura, del pensamiento social, político y económico, del latinoamericanismo y del humanismo de sus hombres y mujeres, está presente en la historia de las luchas revolucionarias y de liberación de muchos países de la región. Necesario es que ese México diverso y profundo se levante y venza una vez más.

Guatemala: ¿Baldizón?

El antaño subestimado Manuel Baldizón se ha convertido ahora en boca de la derecha tradicional en “el peligro para Guatemala”. Es curioso ver cómo la guerra sucia que aplicó la derecha mexicana a Andrés Manuel López Obrador, se aplica ahora a un candidato que está a años luz de la congruencia y probidad moral del principal líder de la resistencia antineoliberal en México.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

Hace unos meses, Manuel Baldizón era un candidato de segundo rango en el proceso electoral guatemalteco. No fue infrecuente que en la guerra sucia electoral sus detractores lo calificaran como “el payaso de las elecciones” tanto en serio como en chiste. Finalmente, el adversario principal del general Pérez Molina era Sandra Torres y la maquinaria electoral que había venido construyendo durante los años del presente gobierno. Pero al Partido Patriota y a su candidato se le puede aplicar aquella frase de que “en su pecado está la penitencia”. La derecha guatemalteca asentada en el gran empresariado tradicional, en los grandes medios de comunicación y en sus influencias en instituciones como el Tribunal Supremo Electoral y en la Corte de Constitucional, lograron reventar la candidatura de Torres a efecto de allanarle el camino a Pérez Molina. Se consideraba en aquel momento, que una vez fuera de la jugada la ex primera dama, todo sería coser y cantar y miel sobre hojuelas para Pérez Molina. Incluso se llegó a especular que al ser evidente que la candidata de la UNE-GANA estuviera inhabilitada, una parte de su electorado se iría en estampida hacia el Patriota y hasta se podría pensar que el general podría ganar en la primera vuelta.

No fue así y el general Pérez Molina quedó lejos del más del 50% que necesitaba para ganar en la primera vuelta. Su victoria fue amarga. Y ahora resulta que a quien tachaban de payaso se le ha subido a las barbas.

Cuervos y buitres

Los conflictos en la izquierda, en el campo popular, tienen que ser discutidos y tratados como conflictos entre tendencias de izquierda, más moderadas o más radicales, sin descalificaciones que señalen a los otros como fuera del campo de la izquierda.

Emir Sader / ALAI

Notaron que hay gente, que se dice de izquierda, ¿pero que solo aparece para criticar a gente de izquierda? Nunca contra la derecha, lo que sea que esta haga. Son especialistas en lanzar gasolina en cualquier fueguito dentro de la izquierda.

Nunca reconocen victorias, conquistas, avances. Son solo preanuncios de derrotas, traiciones, giros a la derecha –cuya culpa será siempre denunciada como responsabilidad de la izquierda. Adoran las derrotas, cuánto mayor, mejor, porque la culpa es de los otros, no importa que el pueblo sea quién pague el precio.

Son excelentes para hacer balances de derrotas, pero nunca saben proponer alternativas y nunca consiguen dirigir proceso alguno. Son siempre críticos. Especies de buitres, especialistas en carroña. Cuervos, que auguran siempre catástrofes.

La democracia electoral en la crisis sistémica

Ahora que las élites están en vías de destruir aquello que más nos interesa de las democracias –los derechos de reunión, manifestación y expresión– se hace más necesario que nunca fortalecer y expandir “la política del pueblo”. No propongo descartar lo electoral. Digo potenciar esas democracias otras, cara a cara, que son y serán el ámbito donde los de abajo toman sus decisiones estratégicas.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Desde el golpe de Estado en Honduras, hace ya más de dos años, se han multiplicado las señales de que las élites mundiales tienden a encarar la crisis sistémica de modo autoritario, pasando por alto las formas democráticas que ellas mismas prescribieron en su momento como modo de resolver los conflictos sociales y políticos. Aunque los golpes son por ahora la excepción, las prácticas autoritarias se van naturalizando y extendiendo en lo que puede convertirse en un cerco policial-militar sobre las fuerzas antisistémicas.

Días atrás el oficialista Diario del Pueblo recogió la intervención del presidente del Everbright Bank, Tang Shuangning, en el Foro Económico Europa-Asia celebrado en septiembre en Xian (noroccidente de China), en el que apuntaba “las diez contradicciones de la crisis de la deuda en Occidente” (Diario del Pueblo, 27 de septiembre). En opinión del banquero chino la principal contradicción es “entre la asistencia social extremadamente alta y el sistema político”.

Sostiene que la competencia electoral ha llevado a los políticos a formular promesas de mejora del sistema de bienestar que han creado una “cultura de la asistencia social”. La conclusión del banquero chino suena conocida: “Si Occidente no resuelve la ‘democratización extremista’ a nivel del sistema político y el ‘excesivo asistencialismo’ a nivel cultural”, no podrá resolver ninguna de sus graves contradicciones y todo el sistema político-social estará en peligro.

Venezuela: Doce meses para cruzar un campo minado

Hay un campo minado que debemos desarmar, y esa tarea es de los intelectuales: prever y analizar en detalle ese campo, geopolíticamente minado por el imperio y la derecha vernácula que fue trabajando una estructura de apoyos (en organismos multilaterales, en la prensa cartelizada internacional). En Washington reside la oficina de transición democrática, con sus revoluciones de colores y en Venezuela pareciera que ser intelectual es mala palabra.

Aram Aharonian / Question Digital

Falta un año para las elecciones presidenciales y se hace difícil prever cómo se desarrollarán los acontecimientos, incluyendo la salud del Comandante-Presidente, que ha influido en que el Gobierno Bolivariano y el PSUV tengan un comportamiento todavía más errático que lo acostumbrado.

No cabe duda que tanto el gobierno como el PSUV deben enfrentar a la vez varios adversarios, más allá del enemigo más difícil, la ineficiencia de sus burócratas.

La oposición anda en su propio laberinto y debe superar la estrategia electoral y acercarse al pueblo, de lo contrario le será muy difícil vencer al presidente Hugo Chávez en las presidenciales de 2012, estimó en Washington el presidente de la encuestadora Datanálisis, José Antonio Gil Yepes.

Para él, la oposición, reunida en la Mesa de Unidad, “necesita transformarse de un movimiento electoral en un movimiento político, económico y social” y “trabajar de cerca con el pueblo, lo que todavía no está haciendo”. Gil afirmó que el principal factor que ha capitalizado la oposición no ha sido producto de su esfuerzo ni de un proyecto propuesto, “sino la incapacidad del gobierno de utilizar sus recursos para movilizar gente”.

La ilusión socialdemócrata

La socialdemocracia prometía un futuro siempre mejor para las futuras generaciones, una suerte de elevación permanente del nivel de los ingresos nacionales y familiares. A esto se le llamaba estado de bienestar. Era una ideología que reflejaba la visión de que el capitalismo podía “reformarse” y asumir un rostro más humano. Hoy se ha vuelto una ilusión.

Immanuele Wallerstein / LA JORNADA

La socialdemocracia tuvo su apogeo en el periodo de 1945 a finales de los años sesenta. En ese entonces, representaba una ideología y un movimiento que estaba en favor de utilizar los recursos del Estado para garantizar que hubiera alguna redistribución para la mayoría de la población en varias maneras concretas: la expansión de las instalaciones educativas y de salud; la garantía de niveles de ingreso de por vida mediante programas que apoyaran las necesidades de los grupos sin “empleo con salarios”, particularmente los niños y los ancianos; programas para minimizar el desempleo.

La socialdemocracia prometía un futuro siempre mejor para las futuras generaciones, una suerte de elevación permanente del nivel de los ingresos nacionales y familiares. A esto se le llamaba estado de bienestar. Era una ideología que reflejaba la visión de que el capitalismo podía “reformarse” y asumir un rostro más humano.

Los socialdemócratas fueron más poderosos en Europa occidental, Australia y Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos (donde se les conocía como demócratas del Nuevo Trato/New Deal). En resumen, su ámbito fueron los acaudalados países del sistema-mundo, aquéllos que constituían lo que podría llamarse un mundo pan-europeo. Eran tan exitosos que sus oponentes de centro-derecha también reivindicaron el concepto de estado de bienestar. Solamente intentaron reducir sus costos y su extensión.

El modo de vida americano

El mito fundante del sueño americano se ha resquebrajado. Nada puede decir Barack Obama a sus compatriotas, con 10% de desocupación y con buena parte de los que trabajan aumentando su jornada por el mismo salario.

Enrique Martínez / Tiempo Argentino

Toda comunidad exitosa, o al menos perdurable, necesita mitos fundantes que sean utilizados como referencia por los ciudadanos de las sucesivas generaciones. En Latinoamérica, ese espacio no pudo nunca ser cubierto con facilidad. A mi criterio eso se debió al carácter extractivo que el imperio español aplicó en sus colonias.

Esa fue la cultura hegemónica, remplazando los explotadores extranjeros por criollos en el momento de la independencia, sin que eso significara un cambio concreto de horizonte para las mayorías. En ese marco, es poco menos que imposible plantear metas nacionales aglutinantes. El conflicto entre una oligarquía apropiadora de beneficios espurios y el resto de la sociedad está en el origen mismo de cada una de nuestras naciones. 


Estados Unidos, por el contrario, nació como un desprendimiento apenas físico de una cultura imperial, como la inglesa, que se trasplantó a un territorio sin restricción alguna de recursos naturales y de posibilidades. Estados Unidos podríamos decir que nació y creció con lógica hegemónica mundial. Su mito fundante es la posibilidad de progreso individual sin límites, al interior de una Nación que tampoco tiene límites en su relación con el resto del planeta. Iniciativa, inteligencia, competencia, podrían ser las tres cualidades demandadas, en el camino al éxito de cada ciudadano del Norte. Todo es posible, se dijo y se dice.

La guerra del capitalismo y los indignados de la tierra

Miseria y amenazas crecientes a la vida en la tierra no sólo son fenómenos antropogénicos. Son efecto del actual sistema de dominación y acumulación movido por el afán de lucro, por la optimización de utilidades y por la acumulación de poder y riquezas en beneficio de las corporaciones transnacionales, de sus grandes propietarios y accionistas.

Pablo González Casanova / Rebelion

Conferencia presentada el 6 de octubre en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid

La necesidad de profundizar en los movimientos y movilizaciones de 2011 requiere analizar la coyuntura. También exige plantear el problema como un proceso histórico. Este no se limita a los ciclos del capitalismo y su crisis. Es más bien parte de una guerra que empezó después de la derrota de la Alemania nazi. La postguerra no tiene nada de postguerra… En los 66 años que lleva ni un mes ha estado en paz el mundo.

Tras la rendición del Eje nazi-fascista la lucha de clases y la lucha por el control de la periferia mundial, correspondieron al principal tipo de guerra que libraron las grandes potencias encabezadas por el bloque occidental y por el bloque soviético.

Conscientes uno y otro de que la guerra nuclear los llevaría a una destrucción mutua no dejaron de amenazarse con bombas y misiles, en que pronto los soviéticos mostrarían la superioridad de su bomba de hidrógeno. Amenazas y competencia en la capacidad de lanzamiento de bombas nucleares fueron una parte de la llamada “Guerra Fría”. La otra fue una lucha ideológica y mediática. En aquélla Estados Unidos haría ver que no se quedaba atrás y hasta pondría un hombre en la luna. En poco tiempo, varias potencias, unidas a las anteriores, participarían en una guerra de bravuconadas, no por ello menos peligrosa. De otro lado, las campañas anticomunistas y antiimperialistas se pusieron al orden del día. A la guerra de las armas se añadió la guerra de las ideas, de las imágenes y los sonidos, y toda suerte de recursos para someter al enemigo.

La guerra real del capitalismo se centró en ganar y dominar a la clase trabajadora en todo el mundo y a los movimientos de liberación en el mundo colonial.

El nuevo “sistema-mundo”

El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento... El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora podría ir en la dirección contraria.

Ignacio Ramonet / Le Monde Diplomatique

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”?
La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”...

Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.