sábado, 4 de agosto de 2012

México: #YoSoy132 y la organización posible

Ustedes nos han convocado, y nos han testimoniado que cuando llegamos estaba el mundo y éramos ya un pueblo con hambre y con siglos de opresión, por eso, ¡queridos estudiantes de #YoSoy132, manténganse unidos y abiertos a los otros movimientos sociales, y organícense, la patria se los encomienda!

Enrique Dussel / LA JORNADA

“Convocados por una vergüenza que nos afrenta”, comienza el texto que ha conmovido a muchas conciencias en la impresionante declaración del movimiento #YoSoy132 del 27 de julio de 2012 ante las puertas de Televisa (medio monopólico antidemocrático de comunicación denunciado en esa convocaria y mostrada en toda su indigna inmoralidad). Es un texto que pasará a la historia de México, no sólo literariamente espléndido (como siguiendo los pasos del Sub, que sabe que la retórica política puede ser bellamente expresada), sino también por su precisión política. El movimiento merece todo el respeto de los maestros que, como dice un texto semita, debemos despertar cada mañana con el oído de discípulos. Sí, discípulos de nuestros discípulos, maestros generosos de una senda de la que tantos políticos viejos sería bueno que aprendieran a caminar.

Con el oído de discípulo me permito opinar para agregar un leño al fuego chispeante de la discusión en torno a ¿cómo se organiza el movimiento?

Hace años intervine igualmente sobre este asunto. Ahí explicaba que casi hace un siglo, en 1918, hubo en la Universidad de Córdoba un movimiento famoso que luchó por la autonomía universitaria y por la representación estudiantil en los órganos directivos de las universidades, y se denominó la Reforma Universitaria. 

Cuba: Las cosas como son

No es raro escuchar en la isla discrepancias y críticas a la gestión gubernamental pero ningún cubano patriota forma parte de los grupos pagados y entrenados en su sede por la Oficina de Intereses de Estados Unidos o por “turistas” como Modig y Carromero.

Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA

Jens Modig, líder de la derecha sueca
El 19 de julio entraron en Cuba con visa de turistas el sueco Jens Aron Modig y el español Ángel Carromero Barrios. Pero no se dedicaron a hacer turismo pues tenían otros intereses a los que se entregaron no más llegar. Uno en su condición de líder del Partido Demócrata Cristiano sueco (formación afín al estadunidense Tea Party) y presidente de su organización juvenil y el otro de vicesecretario general de Nuevas Generaciones (NG), rama de juventud del Partido Popular (PP) español, se apresuraron a reunirse con Oswaldo Payá, líder del contrarrevolucionario Movimiento Cristiano Liberación (MLC). Y es que a que a eso iban.

Según admitió Modig a la prensa nacional y extranjera el viaje tenía tres propósitos: entregar dinero a Payá, asesorarlo en la creación de una organización juvenil del MCL y transportarlo a donde necesitara. En síntesis, el sueco y el español se involucraron en una operación contra el orden constitucional de Cuba, diseñada por altos mandos de los mencionados partidos, conocidos por su trayectoria en la dirección y financiamiento de actividades insertas en los planes anticubanos de Estados Unidos. 

Panamá: “La Patria boba” no regresará

Quien gana la lucha por la historia se adueña del futuro. En el caso de Panamá, se está discutiendo en los oscuros recintos de la Asamblea Nacional de Diputados un proyecto de ley para eliminar una materia del currículo escolar que tiene como objetivo enseñarle a la juventud del país las relaciones entre Panamá y EEUU. Parece increíble, pero es cierto.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

La historia de un pueblo es su posesión más preciosa. No tanto por el pasado, sus hechos, fechas o personajes. Más bien por su percepción del futuro. Los pueblos se definen no por lo que fueron capaces de hacer, sino por el potencial que poseen para construir su propio destino. Un pueblo sin historia, obviamente, no puede tener una visión de futuro.

La historia de un pueblo o de un país, como dicen muchos, es de quien la escribe. Si no hay quien narre los acontecimientos del pasado y les dé sentido “histórico” a los hechos, el pueblo pierde su sentido de ser y su dirección. La historia es de los triunfadores, de los conquistadores y de quienes construyen el futuro. En la historia se destacan las grandes revoluciones no tanto por lo que fueron – sangrientas experiencias que es mejor ni recordar – sino por lo que prometieron ser en el futuro.

Muchas de ellas se tambalean, a pesar de los esfuerzos que se hacen a escala global para sostenerlas. En Nuestra América tenemos las guerras por la independencia, encabezadas por los grandes caudillos. En el siglo XX los latinoamericanos tenemos como símbolos de nuestros proyectos de nación las revoluciones mexicana (1910) y cubana (1959). Pero, al igual, que en otras latitudes, en la región la historia es un campo de batalla, de luchas ideológicas y de enfrentamientos entre intereses materiales.

Ecuador: ¿Revolución “popular” o “ciudadana”?

En Venezuela el carácter “popular” del proceso ha provocado que los estratos populares se involucren directamente en la acción política, estén organizados y movilizados con auténtico fervor. En Ecuador, el carácter “ciudadano” no ha implicado la gran movilización ni la organización masiva de los sectores populares, pero sí un respaldo amplio y fuerte, “pluriclasista” al proceso que vive el país.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

En Caracas acaba de realizarse el II Encuentro de Historiadores de los países de la ALBA. Uno de los actos que coincidieron con este evento de los historiadores latinoamericanos fue la presentación de la imagen de Simón Bolívar, conseguida a partir de técnicas de antropología forense y la investigación realizada por un grupo de especialistas en la vida del Libertador.

Además, lo interesante del encuentro ha sido la participación de gente común. La historia convoca y a los venezolanos les gusta intervenir opinando sobre las exposiciones. Como toda visita, también es una oportunidad para conversar con diversas personas, observar directamente lo que ocurre y verificar los alcances y los límites de la Revolución Bolivariana.

Ante todo llama la atención el fervor que tienen los sectores populares cuando se refieren al presidente Hugo Chávez y a los logros y beneficios de los que ahora gozan, nunca antes alcanzados. Los sectores populares se identifican con el proceso bolivariano y lo defienden con pasión. Las “Misiones” les han sido inmensamente favorables y así lo reconocen. El pueblo está organizado y movilizado.

Colombia: El cofre mágico

No será la guerra, estoy convencido, lo que nos llevará a encontrar el cofre mágico de la convivencia. Una negociación firme y clara, con la participación protagónica de los poderes, que ponga a Colombia por encima de odios y facciones, es la única alternativa para vislumbrar un camino. Y exige, de todos los bandos, a la vez humildad y grandeza.

William Ospina / EL ESPECTADOR

Álvaro Uribe pudo haber logrado la negociación política del conflicto que diezma a Colombia desde hace medio siglo.

Tenía lo principal, lo que caracteriza a sus enemigos: verticalidad, firmeza, capacidad de persistir en una posición. Nunca podrá negociar con la guerrilla quien cambie de actitud y de perspectiva al ritmo de sus emociones o de las circunstancias. Y lo que ha impedido ese acuerdo, además de la extrema crueldad y desconfianza de los insurgentes, es la volubilidad de gobiernos que un día dialogan y otro bombardean, que llegan a acuerdos por encima de la mesa y mueven sombras por debajo de ella, que declaran aceptar las reglas del juego, por ejemplo la Unión Patriótica, y después permiten su exterminio.

Tal vez no estaba en manos de Belisario Betancur, ni de Virgilio Barco, ni de César Gaviria, ni de Ernesto Samper, controlar esas fuerzas desbocadas que siempre frustran el esfuerzo de la negociación. Pero Uribe sí habría podido hacerlo.

Chile: Los peligros de pensar

Desde las demandas históricas del pueblo mapuche -cuya lucha ejemplar e indomable causa admiración-, hasta las sorprendentes acciones de los deudores habitacionales en los centros urbanos, la protesta social anuncia que la paciencia y la resignación han llegado a su fin.

Manuel Cabieses Donoso / Revista Punto Final

El pueblo chileno en la jornada de
 protesta del pasado 28 de junio.
Cuando un pueblo comienza a pensar su presente y a discutir su futuro, el sistema de dominación se pone a temblar: es un síntoma claro que vienen grandes cambios en la sociedad. Eso es lo que está sucediendo en Chile. El pueblo ha comenzado a reflexionar. Empieza a mirar cara a cara su realidad, sin intermediarios ni vendedores de espejismos. Aunque todavía no es una categórica y organizada mayoría, son cada día más los sectores que logran sustraerse al embrujo de la tarjeta de crédito y escapar a la dictadura ideológica de la televisión comercial.

El artífice de este cambio -que va ganando terreno- es la protesta social, que comenzó con los “pingüinos” y que más tarde resurgió en Magallanes. La protesta desató el año pasado las movilizaciones de estudiantes universitarios y secundarios más grandes que registra la historia del país. La ira, fruto del pensamiento que hurga en la realidad, se rebeló también en Aysén, Freirina, Pelequén y Coronel, y detona casi a diario en el campo y en las ciudades, motivada por los reclamos más diversos.

La integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

En un contexto de creación de una comunidad política sudamericana, los conflictos y desafíos del desarrollo sustentable se vuelven invariablemente preocupaciones de todo el bloque regional. Mientras antes podamos avanzar sobre nuevos consensos en materia de recursos naturales, mejor estaremos preparados para avanzar en la profundización de nuevas bases de soberanía. 

Marcelo Saguier / ALAI

La oposición a la minería:  uno de los escenarios
de conflictividad socio-ambiental.
Los procesos de integración regional en Sudamérica han dado importantes pasos en la construcción de una comunidad política en base a valores y expectativas comunes. La defensa de la democracia, la resolución de conflictos mediante la diplomacia, el resguardo de la paz y la reivindicación conjunta de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas ante los diferendos con el Reino Unido han sido algunos de campos en donde se logró alcanzar un inédito dinamismo y convergencia regional. Muchos de estos consensos acompañaron el surgimiento de nuevas formas institucionales como la UNASUR, ALBA y la Comunidad de Estados Latinoamericana y Caribeños (CELAC).

No obstante tales avances, existe otra dimensión del proceso regional en la que es menos evidente que consensos se expresan. Las dinámicas de la región, como espacio socio-político en construcción, actualmente está regida por los patrones de conflictos y cooperación entre gobiernos, empresas y actores sociales en torno a la utilización de los recursos naturales para fines de exportación y de insumos para la industria. Este es el caso de los recursos minerales y del agua de ríos para la generación de energía hidroeléctrica. A diferencia de las avances alcanzados en materia de construcción política regional en otros campos, el lugar que hoy ocupan los recursos naturales en la integración es más inquietante y potencialmente una fuente de tensiones.

sábado, 28 de julio de 2012

Las Olimpiadas y el mundo del espectáculo

En estos días se inician los Juegos Olímpicos. ¿Alguien puede imaginar evento más digno de encomio en sus orígenes? Hasta la guerra se detenía en la antigua Grecia cuando se realizaban los juegos. Hoy, son un inmenso negocio del espectáculo.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Espectáculo de inauguración de los Juegos Olímpicos en Londres
¿Qué emparenta un concierto de Madona, el reality show de Kim Kardashian y las Olimpiadas de Londres? Que todas son un lucrativo espectáculo al que acceden millones de personas en el mundo a través de los medios de comunicación.

Estamos en la era de la industria del espectáculo: el showbusiness, que no deja resquicio ni respiro en nuestra vida diaria y que levanta uno de los mayores negocios de los que tenga noticia la humanidad,  a tal punto que perfectamente podemos caracterizar a nuestra época como la era del espectáculo.

El corazón de este emporio es los Estados Unidos de América. En ese país no hay hoja que se mueva que no pueda potencialmente ser transformada en un circo. Y lo peor es que todos se mueren por participar del show, tener sus cinco efímeros minutos de “fama” al aparecer en la pantalla de los televisores aunque sea solo para decir “mu”.

Venezuela en el horizonte electoral de EE.UU

A Venezuela, a su pueblo y al presidente Chávez le cobran ese arrebato de rebeldía que desde finales del siglo XX, cuando EE.UU creía incontestable su hegemonía, impulsó la ola de insurrección popular y democrática que ha venido reconfigurando el mapa político, social, económico y cultural  en nuestra América. Tal y como lo hizo Cuba, en otro contexto, hace más de medio siglo.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

Para el candidato republicano Mitt Romney, Chávez
representa una amenaza para la seguridad de  EE.UU.
El primero de los tres grandes procesos electorales americanos del 2012, por la dimensión geográfica y estratégica de los países involucrados, se consumó en México, en el mes de julio, con un desenlace polémico y cuestionado en su legalidad, aunque de algún modo previsible: el triunfo de la derecha arropada bajo la bandera del PRI y el candidato de la telecracia Enrique Peña Nieto. Precedido de un golpe de Estado “suave” en Paraguay, lo ocurrido en el proceso electoral mexicano confirmó que las oligarquías y grupos dominantes están dispuestos a todo para recuperar el poder. Y más grave aún, saben que cuentan para ello con el apoyo –expreso, cuando es posible; y tácito, cuando así conviene- de los EE.UU, que tan solo un día después de realizados los comicios en México, por medio de la vocera del Departamento de Estado, felicitó al vencedor de “unas elecciones limpias y justas” (El Universal, 02/07/2012). Una actitud que contrasta con la beligerancia que tendría Washington si las acusaciones de fraude y compra de votos su hubiesen presentado contra candidatos del oficialismo en Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina, por ejemplo.

En el calendario electoral, las siguientes estaciones  son Venezuela, en octubre, y los EE.UU en el mes de noviembre. En el país suramericano, prácticamente todas las encuestas publicadas auguran un nuevo triunfo de Hugo Chávez, situación que podría revertirse si se presenta algún incidente imprevisto con la salud del presidente (aunque muchos analistas lo observan en plenitud de condiciones para la contienda) o, como ha sido planteado en distintas hipótesis, si finalmente se ejecuta alguna maniobra antidemocrática de desestabilización por parte de la derecha y grupos radicales de la oposición; paramilitares colombianos y venezolanos a sueldo; o la acción concertada de estos actores con el imperialismo vía “agencias de cooperación internacional”.

¿Por qué y para qué son progresistas estos gobiernos?

El asunto  no está en cómo calificar a esos gobiernos y sus limitaciones, sino en cómo prever y estructurar el paso a la siguiente etapa. Esto es, cómo realizar la formación, concertación y acumulación –ideológica y organizativa– de las fuerzas sociales apropiadas para impulsar esa transición, y sostenerla.

Nils Castro / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Panamá

Algunos críticos insisten en que la mayoría de los gobiernos “progresistas” latinoamericanos administran una fase postneoliberal, pero  no postcapitalista, del desarrollo de sus sociedades, economías y Estados. No son revolucionarios, ya que el capitalismo sigue siendo el horizonte de su gestión política. Esa observación es descriptivamente correcta pero calla las razones de esa característica.

Con sus respectivos matices, esos gobiernos fueron electos a consecuencia del daño y el rechazo sociales que las políticas neoliberales acumularon en el pasado período. Son, pues, el resultado del voto antineoliberal –pero  no necesariamente anticapitalista– de millones de ciudadanos. Voto captado, a su vez, por unas izquierdas que ofrecieron programas electorales de baja intensidad, que prometían subsanar los efectos más perversos del neoliberalismo, pero que  no hablaban de remplazar al capitalismo.

Después del colapso del “socialismo” soviético todavía falta claridad sobre qué es lo que cada pueblo podrá entender por socialismo y cómo construirlo (y en ese contexto se ha instalado esa noción de “postcapitalista”, cuyo sentido es aún más impreciso). Si la opción que habrá de remplazar al capitalismo por ahora continúa así de indeterminada, difícilmente servirá para movilizar a millones de votantes, si de democracia y votar se trata.

Masacres en Estados Unidos: ¿por qué?

Lo que sucedió estos días en el estreno de la película de Batman, repetición de dramas más o menos similares en estos años, es consecuencia natural –y ¡obligada!, se podría decir– de una historia donde la apología de la violencia y de las armas de fuego está presente en los cimientos de su sociedad.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

“Prefiero despertar en un mundo donde Estados Unidos
sea proveedor del 100 % de las armas mundiales”
Lincoln Bloomfield,
funcionario del Departamento de Estado de EEUU

En estos días murieron 12 personas en una balacera en Estados Unidos, y alrededor de 50 resultaron heridas. Lo cierto es que ya no resulta novedad la noticia de una masacre en ese país. Lo curioso a tener en cuenta en estos casos es su modalidad: un “loco” que se pone a matar gente a diestra y siniestra, armado hasta los dientes, en medio de una escena de aparente tranquilidad ciudadana. Estamos tan habituados a eso que no nos sorprende especialmente. Si el mismo hecho ocurriera, por ejemplo, en una nación africana o centroamericana serviría para seguir alimentando su estigmatización como “países pobres y, fundamentalmente, violentos”. Allí, en el Sur del mundo, la violencia y la muerte cotidiana adquieren otras formas: no hay “locos” que se broten y produzcan ese tipo de masacres; la muerte violenta es más “natural”, está ya incorporada al paisaje cotidiano, recordando que muere más gente de hambre –otra forma de violencia– que por proyectiles de armas de fuego.

La repetición continuada de estos sucesos tremendamente violentos obliga a preguntarse sobre su significado. Si bien es cierto que en muchos puntos del planeta la violencia campea insultante con guerras y criminalidad desatada, luchas tribales o sangrientos conflictos civiles, no es nada común la ocurrencia de este tipo de matanzas, con esa forma tan peculiar que la potencia del Norte nos presenta casi con regularidad. Si ocurren, como sucedió hace un año en Noruega, constituyen una catástrofe nacional. En Estados Unidos, por el contrario, ya son parte de su estampa social “normal”.

Nicaragua, recuerdos imperecederos de un julio de victoria

Valgan estas líneas como remembranza imperecedera de aquellos extraordinarios días de julio en el 33 aniversario de la Revolución Popular Sandinista y en evocación de todos los que cayeron en la lucha por una Nicaragua libre y soberana.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

El alba llegó de manera prematura después de una larga noche de lluvias y borrascas. La tranquilidad y el silencio eran como un manto infinito que cubría la inmensidad de un verdor alimentado por una precipitación perenne día tras día y noche tras noche. Lejos estábamos de saber -en tal momento- que esa mañana sería -como había presagiado el himno del FSLN- la del día en el que “el amanecer dejo de ser una tentación”.

Dos días antes, el dictador había huido llevándose el cadáver repugnante de su padre y los millones que él y su familia habían robado al pueblo nicaragüense durante 45 años. El 17 de julio habíamos tenido una celebración empañada por la noticia de que Estados Unidos y la burguesía pretendían escamotearle al pueblo y al FSLN la libertad y la independencia conquistada con el sacrificio, el sudor y la sangre de sus mejores hijos. Francisco Urcuyo Maliaños se llamó el títere que sólo sostuvo dos días el poder tambaleante que le dejó el dictador.

La orden de la Dirección Nacional del FSLN fue terminante: ofensiva general de todos los frentes guerrilleros para confluir en Managua y desalojar al usurpador. El 18 de julio fue de preparación, se hicieron los planes y se determinaron misiones para cada columna guerrillera y para la artillería. Muy tarde fuimos a descansar. En nuestros corazones reverberaba la sangre que nos motivaba al combate y en nuestras conciencias estaba la idea clara que se avecinaba la batalla decisiva.

El oro y la muerte en América Latina

Triste es el destino de los países que son sometidos a nuevas formas del colonialismo. Más triste es que lo hagan de rodillas y que sus gobiernos nos digan que eso es el progreso.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Desde los primeros años de la conquista y la colonización del subcontinente latinoamericano, la avaricia por el oro y la plata  con la que venían  los conquistadores, significó la muerte  para los pueblos originarios de la región. Esa voracidad llevada a la locura fue magistralmente retratada por el cineasta alemán Werner Herzog con su “Aguirre, la ira de Dios” (1972),  film en el cual el actor alemán Klaus Kinski nos habría de dejar una de sus magistrales interpretaciones. La  rapacidad del conquistador español habría de moldear un modelo de colonización sustentado en la expoliación inmisericorde  de  los pueblos indígenas y la existencia de una metrópoli colonial a la que el oro no la hizo  avanzar sino más bien la sumió en el atraso: el oro y las riqueza provenientes de la América colonizada no habrían de servir para industrializar a España y Portugal sino para pagar los artículos manufacturados que les vendían los países europeos ubicados al norte de sus fronteras. En las regiones de la América colonizada en  las cuales  se tuvo la desgracia de que los conquistadores y colonizadores encontraran oro y plata (lo que hoy es México, Bolivia y Perú por ejemplo) la población indígena fue sometida a una opresión y explotación tal que se observó  un descenso demográfico notable.

La crisis mundial y el ambiente en América Latina

El mercado mundial, no el ambiente y el desarrollo humano, es la preocupación principal incluso de gobiernos que dicen luchar contra ese mismo mercado y que se declaran populares.

Guillermo Almeyra / LA JORNADA

La minería está en el centro de nuevos
conflictos sociales en América Latina.
La aguda crisis que afecta a la Eurozona y a Estados Unidos no sólo reduce la atracción de esos mercados de trabajo para los latinoamericanos, africanos y mediorientales que allí emigraban ilegalmente sino que, también, al cerrarles la posibilidad de trabajar les obliga a refluir a sus regiones de origen en cantidades cada vez más masivas, unidos esta vez incluso con los más pobres de los que hasta ahora era países ricos. En efecto, no sólo retornan de España los latinoamericanos que allí buscaban trabajo, sino que este año han salido más españoles que los extranjeros que fueron a la península.

De este modo, la presión sobre los recursos locales –tierra y agua, sobre todo– y sobre la desocupación regional, aumenta continuamente y los ingresos locales no disminuyen sólo por el cese o la reducción de las remesas que antes recibían, sino también porque sus parientes deben sostener, al menos parcialmente, a quienes hasta entonces eran el sostén de ellos.

América Latina en el mundo de hoy

En el Encuentro del Foro de Sao Paulo, el economista griego Costas Lapravitsas, profesor de la Universidad de Londres y asesor de SYRIZA, inició su conferencia con una frase ilustrativa del nuevo papel de la región: “Al revés de cómo era antes, hoy los analistas de Europa, especialmente de los países del Sur, vienen a América Latina a aprender”.

Niko Schvarz / Barómetro Internacional

El Foro de Sao Paulo celebrado en Caracas
Todavía resuenan los ecos del XVIII Encuentro del Foro de Sâo Paulo (FSP), efectuado en Caracas del 3 al 6 de julio y clausurado en el gran acto del Teatro Teresa Carreño con la participación del presidente Hugo Chávez y representantes del continente y de todo el mundo. Ello se debe a sus debates, sus conclusiones y las polémicas suscitadas, tanto en la interna como con las fuerzas de la derecha (incluida la “gran prensa” venezolana). De este conjunto algo quedó meridianamente claro, y es el papel de primer plano de América Latina en el convulsionado mundo de hoy.

Por varias razones. Ante todo, por la situación que atraviesan sus países, y las realizaciones a favor de sus pueblos emprendidas por los gobiernos de las fuerzas progresistas y de izquierda en la mayoría de ellos, en vívido contraste con la crisis arrasadora a lo largo del mundo desarrollado y particularmente en Europa (España, Grecia, Italia entre otros), marcada por las grandes movilizaciones, sobre todo en la primera, para evitar que todo el peso de la crisis recaiga sobre las espaldas de los sectores populares. Ya hemos mencionado el hecho novedoso de que desde sectores lúcidos del viejo mundo se considere el ejemplo de las luchas de las fuerzas de izquierda de América Latina y el Caribe en la forja de su unidad y en su labor desde los respectivos gobiernos. A los ejemplos ya citados se agregan otros, como veremos.