La alerta está dada: ante cada nueva derrota de la política de Estados Unidos, emergen también nuevas acciones diseñadas en sus laboratorios de generación y promoción del terrorismo. Es evidente –porque también lo han dicho sus dirigentes- que irán escalando y apretando la horca contra Venezuela.
Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela
Tras la desaparición de la Unión Soviética y el fin del mundo bipolar, Estados Unidos se quedó sin enemigo, necesitaba crear uno nuevo ahora que el “fin de la historia” había hecho posible que el capitalismo imperara en el mundo hasta la eternidad.
Pero tal situación provocó un desajuste en la estructuración de los planes hegemónicos imperiales por lo que se dio a la tarea de crear ese nuevo enemigo que le permitiera establecer un nuevo orden mundial a partir de sus intereses. En este contexto, el narcotráfico y los migrantes indocumentados vinieron a ocupar ese sitial como ejes de la reorganización de su poder militar. En América Latina, estos planes tuvieron que ser ajustados cuando el día final del siglo pasado, el último soldado del ejército de ocupación yanqui en Panamá debió abandonar el territorio de ese país en cumplimiento de los acuerdos Torrijos- Carter.












