domingo, 22 de marzo de 2009

México: Doble discurso en guerra contra la droga

El doble discurso permite a los arquitectos de la guerra contra las drogas justificar las respuestas militares que promueven, a pesar de sus pobres o contraproducentes resultados, y sirve para mostrar el fracaso como si fuera un éxito. El lenguaje exagerado de amenazas infantiliza a la sociedad con temor, mientras abre el camino a medidas militaristas y patriarcales.
Laura Carlsen / Programa de las Américas (www.ircamericas.org)
A fines de febrero y principio de marzo, un ofensiva relámpago de declaraciones del gobierno y oficiales militares de Estados Unidos y expertos se abatió sobre los medios, aduciendo que México estaba alternativamente en riesgo de convertirse en un estado fallido, al borde de una guerra civil, perdiendo el control de su territorio y representando una amenaza a la seguridad nacional de los EE.UU.
En el mismo momento, se nos dice que el Presidente Calderón, con la ayuda del gobierno de EE.UU. está ganando la guerra contra la droga, debilitando notablemente al crimen organizado y restaurando el orden y la legalidad.
Ninguna de estas proclamas es verdad. En cambio, son elementos críticos a librar la hipotética guerra a la droga en México.
El doble mensaje de la guerra a las drogas impregna y define la relación Estados Unidos—México hoy en día. El discurso apunta, no a ganar la guerra contra las drogas, sino a asegurar los fondos y el apoyo público para el modelo militar de combatir el tráfico ilegal de drogas, a pesar de las pérdidas y abrumadora evidencia que las actuales estrategias no están funcionando. Leer más...

Gobiernos y crisis en América Latina

América Latina posee gobiernos empeñados en salvar el sistema y perpetuar la desigualdad, y otros, los menos, buscan una propuesta alternativa, romper con el capitalismo.
Marcos Roitmann Rosenmann / LA JORNADA
(Ilustración: fragmento de "La noche de los pobres", de Diego Rivera).
Hace cuatro décadas el mapa político de América latina estuvo marcado por golpes de Estado, dictaduras militares, gobiernos conservadores y el auge del neoliberalismo. Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Haití, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador caían en manos de las fuerzas armadas y en guerras de liberación nacional contra la opresión. Detenidos desaparecidos, torturas, exilios y violación continuada de los derechos humanos fue su marca distintiva. Asimismo persistían gobiernos conservadores bajo fórmulas bipartidistas o encausadas bajo un partido Estado. Colombia, Venezuela, República Dominicana, Costa Rica, Perú o México. Salvo Panamá y Cuba, la región reproducía los conflictos derivados de la aplicación del neoliberalismo. Bajo el amparo del Fondo Monetario y el Banco Mundial se desarrollaron sus directrices. La doctrina de la seguridad nacional y más adelante las guerras de baja intensidad soliviantaron su control y arsenal doctrinario. El discurso anticomunista fue su antorcha mientras los conflictos se encuadraron en la guerra fría. Una vez concluida, se construyó un nuevo mensaje legitimador.
El consenso de Washington y la ideología de la globalización se presentaron como la encarnación del neoliberalismo triunfante. Se proclamó el advenimiento de una tercera revolución propia de la era de la información y el cambio de paradigmas. El orden del caos y la complejidad. Nuevas ciencias, nuevos principios. Era obligado diseñar el futuro y sus coordenadas. Aproximar las expectativas del neoliberalismo a las necesidades de un nuevo actor, el consumidor, sustituto del ciudadano. Una contrarrevolución en las formas del actuar y del pensar en medio de la instauración neo oligárquica del poder.
En el ámbito económico, se homologó el concepto de caos espontáneo a las leyes de la oferta y la demanda. La mano invisible de Adam Smith se rescató junto a Hayek y Rawls para reconstruir objetivamente los principios de una economía de mercado. Ocho premios Nobel de Economía entre 1974 y 1995 eran miembros del grupo de Mont-Pèlerin, grupo creado por Hayek. Se habló de retirada del Estado de la economía. De constreñir el gasto público y privatizar. De organizar la sociedad como un mercado autorregulado, pasando el capital privado a tener el control sobre la asignación de los recursos en la producción y el consumo. Se naturalizó el lenguaje. Nichos de trabajo, dinero semilla y yacimientos de empleo.
Liberalizar el comercio, eliminar barreras arancelarias y favorecer las inversiones financieras a corto y medio plazo con criterios especulativos fueron parte del dogma. Se llegó a conceptualizar los capitales invertidos en dicha especulación como capitales golondrinas. Emigraban en caso de nubarrones y mal tiempo. Los efectos prácticos no se hicieron esperar. En lo político su implante se acompañó de un creciente totalitarismo invertido y desmovilizador. Así se limitaron los derechos civiles, desarticulando las respuestas organizadas de las clases populares. Su existencia era una traba para los regímenes neoliberales. La trilateral habló de simetría de los procesos. Favorecer el nacimiento de una gobernabilidad equiparable a la democracia representativa existente en los países centrales. Redefinir el capitalismo y universalizar su razón cultural.
En medio de esta orgía, los resultados no se hicieron esperar. Gobiernos ilegítimos, corrupción política generalizada inherente al capitalismo. La frustración crecía en quienes habían creído en el discurso de un mundo más igualitario. Los objetivos del neoliberalismo no llegaron. Ni las transiciones de los años 80, ni los tratados de libre comercio, ni la era de la globalización en los años 90 del siglo pasado fueron un revulsivo. Más bien profundizaron la herida. Los primeros avisos se dan en Venezuela. El Caracazo, diciembre de 1989, supone un levantamiento popular contra las políticas del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Más de mil muertos a manos del ejército. Más adelante, el primero de enero de 1994, la gran remontada. El EZLN, en México, se alzaba contra el neoliberalismo y en defensa de la humanidad, poniendo en evidencia las contradicciones de las políticas excluyentes y el discurso de apertura democrática y modernización. Conceptos como dignidad, justicia social y democracia se reivindicaban en el marco de un continente frustrado dentro de un Ya basta generalizado.
El corralito en Argentina, el hambre, la pobreza y la explotación infantil eran una realidad constable. Los objetivos de aminorar las desigualdades y favorecer la cohesión social levantadas por los neoliberales eran una quimera. Pero sus ideólogos, acólitos, y funcionarios prefirieron no variar el rumbo. Perseveraron en el error. Un discurso fundamentalista de los beneficios inherentes a una economía de mercado, facilitó idealizar la iniciativa privada. La nueva gestión pública, aplicación de los criterios del beneficio y la ganancia de la empresa privada a la administración ha sido un verdadero desastre.
Sin embargo, mostrar desconfianza en las acciones emprendidas por las entidades financieras y gubernamentales era suficiente para ser arrinconado. El paroxismo del proyecto neoliberal se hizo presente en discursos complacientes ofreciendo una era de esplendor aplazada sine die. Con las expectativas por los suelos, a fines del siglo XX los movimientos político-sociales toman la iniciativa haciendo caer a gobiernos: Argentina, Ecuador y Bolivia. Al socialconformismo se le contrapone una acción crítica. En algunos casos, los cambios no alteran el proceso neoliberal, aunque lo administran. La crisis se profundiza con los gobiernos considerados progresistas en Chile, Brasil, Uruguay. No hay un punto de inflexión, son parte del engranaje. Venezuela, Bolivia, Ecuador, y Paraguay se plantean una refundación del Estado y la nación. Pactos constitucionales, bajo una propuesta anticapitalista, popular, democrática y antimperialista. En esta lógica, Brasil se alza con un proyecto subimperialista. Mientras tanto, los triunfos electorales del FSLN en Nicaragua y del FMLN en El Salvador o los cambios en Panamá se articulan en torno a una mutación de sus organizaciones. Sus políticas administran la crisis y se apoyan en las lógicas descarnadas del mercado. Mientras tanto, subsisten gobiernos contrainsurgentes, caso de Colombia, y en México la mafia toma el poder real. Militarización de la sociedad en medio de una crisis de legitimidad.
En síntesis, América Latina posee gobiernos empeñados en salvar el sistema y perpetuar la desigualdad, y otros, los menos, buscan una propuesta alternativa, romper con el capitalismo. La historia dirá. En medio, Cuba persevera.

Emir Sader: “La derecha se quedó sin su Norte”

Las derechas latinoamericanas se quedaron sin su Norte. No tienen una alternativa clara para ofrecer y perdieron la orientación de Estados Unidos. Localmente sólo les queda el enfrentamiento con los gobiernos, con el proyecto de integración regional.
María Laura Carpineta / Página12
Emir Sader pertenece al reducido grupo de pensadores latinoamericanos que prefieren ver el vaso medio lleno. Aunque en su rostro se nota que no es un ferviente defensor, no le gusta criticar a los gobiernos más moderados de la región, especialmente el de Luiz Inácio Lula da Silva y Cristina Fernández. “La oposición a esos gobiernos no está a la izquierda, sino a la derecha. El intelectual puede decir lo que se le dé la gana, pero la realidad te polariza”, señaló el filósofo brasileño, en su oficina en la sede porteña de Clacso, el centro de estudios latinoamericanos que dirige.
–Usted habla de tres monopolios en América latina: el de las armas, el dinero y la palabra. Este último, según su análisis, es el más sólido.
–Es más que el control de la palabra y la información; es el monopolio de un estilo de vida. Es el estilo de vida Hollywood, que nos dice quién es bueno, quién es malo, qué debemos consumir... nadie le disputa la hegemonía a ese enorme aparato. La mayor fortaleza de Estados Unidos no es su fuerza militar ni su fuerza económica... es su cultura.
–Pero el monopolio de la palabra también se refiere a los grandes medios de comunicación locales.
–Sí. En Brasil casi toda la prensa cotidiana es parte de una oposición sólida al gobierno de Lula. Sin embargo, el presidente tiene 84 por ciento de apoyo y sólo cinco por ciento de rechazo. Para los gobiernos progresistas de la región, los medios son hoy el frente opositor más sólido. En muchos países, Argentina entre ellos, son unos puñados de familias que se pasan las empresas de padres a hijos. Identifican la libertad de prensa con la prensa privada; determinan si un país es democrático si tiene elecciones, partidos políticos y... empresas privadas.
–Ante el aparente debilitamiento de la derecha, ¿esos medios de comunicación están ocupando el rol de opositores?
–¡Es que son políticos! Las derechas latinoamericanas se quedaron sin su Norte. No tienen una alternativa clara para ofrecer y perdieron la orientación de Estados Unidos. Localmente sólo les queda el enfrentamiento con los gobiernos, con el proyecto de integración regional. Como no tienen planteamientos propios, sólo pueden combatir e inviabilizar los avances de los gobiernos, que a pesar de no ser iguales la mayoría comparte un rechazo abierto a los Tratados de Libre Comercio. Además, hoy más que nunca, Estados Unidos no es un buen socio.
–¿No hay posibilidad de un acercamiento comercial con Estados Unidos bajo el nuevo gobierno de Barack Obama?
–Lo que plantearon Obama y Lula en la reunión en Washington fue el saneamiento de los bancos y la expansión del crédito, no la promoción del comercio. Y en la reunión de Trinidad y Tobago tampoco va a ser el tema central. La cumbre va a empezar así: “Good morning mister president... and Cuba?” Ahí veremos qué tipo de estadista es el nuevo presidente norteamericano.
–Para usted, Venezuela y Bolivia están viviendo un posneoliberalismo. ¿Argentina también?
–Brasil, Argentina y Uruguay tienen hoy gobiernos contradictorios. Menem era absolutamente coherente, como lo era Cardoso. Hoy son más contradictorios; heredan modelos y los mantienen en parte. Conservan el modelo financiero, los agronegocios; pero no el modelo económico porque retoman las políticas de desarrollo, que habían sido sustituidas por la estabilidad monetaria. En lo que cambian –política exterior, programas sociales– son mejores. Frente a esto, en Brasil la izquierda adoptó dos opciones. Una es decir que Lula es el mejor administrador de neoliberalismo y, por lo tanto, hay que destruirlo para poder construir una izquierda sana, pura... Esa es una posición derrotada porque pelea contra la realidad. Lula no es Cardoso. La otra posición es que es un gobierno contradictorio, con un sector progresista y un sector conservador. Uno tiene que sumarse a uno de ellos y pelear porque ese predomine. La oposición a esos gobiernos no está a la izquierda, sino a la derecha. El intelectual puede decir lo que se le dé la gana, pero la realidad te polariza.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Costa Rica reestablece relaciones diplomáticas con Cuba

Costa Rica rompió las relaciones diplomáticas con Cuba desde 1961, coincidiendo con el inicio del férreo bloqueo de Estados Unidos, contra la isla, que aún se mantiene, y al que se han opuesto pueblos, diferentes mandatarios del mundo y Premios Nobel.
NOTA RELACIONADA:
TeleSUR
(En la imagen, el Canciller costarricense Bruno Stagno).
El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, anunció este miércoles que pone fin a la lejanía diplomática de casi 50 años que su país mantenía con el Gobierno de Cuba, para "terminar con el silencio oficial" entre dos naciones que mantienen contactos comerciales y cultuales "importantes".
"Ha llegado la hora de establecer un diálogo directo y abierto de relaciones oficiales y normales que nos permitan abordar nuestras diferencias y desacuerdos hablándonos de frente a frente, con respeto", afirmó el presidente Arias de forma sorpresiva.
El restablecimiento quedó por sentado en mediante un decreto ejecutivo, que fue una decisión, según el Jefe de Estado costarricense, que ha meditado "con mucho detenimiento y responsabilidad".
En su intervención, el presidente costarricense recordó que en 1961 el entonces gobernante Mario Echandi decidió mediante un decreto romper las relaciones con las autoridades cubanas.
"Hoy el mundo es diametralmente distinto a aquellos días, por eso hoy (miércoles) voy a firmar un decreto para restablecer las relaciones con Cuba", agregó.
En el anuncio, que se originó en una rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno semanal, el mandatario afirmó "Convencido de que los tiempos cambian y Costa Rica tiene que cambiar con ellos".
De igual manera, el mandatario agregó que "este es el momento oportuno" de reanudar los lazos con Cuba y anunció que espera que en los próximos días se realice el intercambio de embajadores.
La determinación aporta "coherencia" a la política exterior costarricense y demuestra que este país quiere ser reconocido "por nuestra amistad" y "disposición para ayudar y no por intransigencia", continuó.
"Sólo tiene derecho a criticar quien tiene voluntad de colaborar. No quisiera mantener el silencio oficial que por décadas ha imperado entre Cuba y Costa Rica. De ese silencio no se extraerá beneficio para nuestros pueblos", apuntó.
En los últimos meses, los contactos entre ambos países se intensificaron, tanto en el ámbito comercial como en el diplomático.
Hace dos semanas, por ejemplo, el canciller costarricense, Bruno Stagno, recibió en su despacho al cónsul de Cuba en San José, Antonio Pardo, quien le entregó una invitación para la Cumbre de Países No Alineados que se celebrará en La Habana en abril próximo.
Costa Rica apoyó en diciembre pasado el ingreso de Cuba al Grupo de Río, lo que dejaba ver la disposición de las naciones a un acercamiento.
El presidente Arias, además, se mostró partidario en que Estados Unidos cambie su política hacia Cuba.
"Ya se acabó la guerra fría y sigo pensando que el presidente (estadounidense, Barack) Obama tarde o temprano tendrá que acercarse a hacer un diálogo con el régimen cubano".
Obama "anunció que cerrará la prisión en Guantánamo (...), yo he ido más allá, he dicho que tarde o temprano Guantánamo debería devolvérsele al pueblo cubano y ser parte de su territorio", añadió el presidente costarricense.
Por otra parte, el recién electo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, anunció este miércoles, 18 de marzo de 2009, durante una rueda de prensa en la capital de la nación, que en su futuro Gobierno restablecerá las relaciones diplomáticas con Cuba, suspendidas desde 1959.
Costa Rica y El Salvador, cuyo presidente electo, Mauricio Funes, anunció también este miércoles que en su Gobierno restablecerá relaciones plenas con La Habana, eran los únicos países latinoamericanos que no tenían lazos diplomáticos con la isla.

lunes, 16 de marzo de 2009

El Salvador: Mauricio Funes y el FMLN derrotan a la derecha

NOTAS RELACIONADAS:
"El largo camino del FMLN", de Martín Suaya para Página/12 (Argentina)
"Ganó la izquierda en El Salvador", Página/12 (Argentina)
"El izquierdista Funes proclama su victoria", La Jornada (México)
Funes: ''Hemos firmado un nuevo acuerdo de paz y reconciliación'', TeleSUR
"Presidente electo salvadoreño llama a la unidad nacional", Prensa Latina
Editorial Diario CoLatino / El Salvador
El FMLN, principal partido de izquierda, y su fórmula presidencial, integrada por el periodista Mauricio Funes, Presidente, y el profesor Salvador Sánchez Cerén, Vicepresidente, consiguieron, una victoria histórica en los comicios presidenciales de ayer domingo, 15 de marzo.
La victoria de Funes y el Frente es significativamente representativa, pues derrotó a tres rabiosos poderes: el poder político, el poder económico y el poder mediático.
Y es que Funes y el FMLN, aliado al final con el Partido Cambio Democrático, y con el apoyo de la fórmula presidencial del PCN, compuesta por Tomás Chévez, y el Comisionado Rafael Antonio Garcíaguirre, así como de la vieja guardia del PDC, representado por el histórico Antonio Morales Erlich y José Napoleón Duarte hijo, y por la mayoría de la base del partido Frente Democrático Revolucionario (FDR), y, por supuesto, el Movimiento “Amigos de Mauricio Funes”, se enfrentó a la derecha política salvadoreña, representada por ARENA y sus aliados, las cúpulas conservadoras del PDC y el PCN.
El triunfo del FMLN en las elecciones del 18 de enero, que ganó por más de 90 mil votos al partido gobernante, hizo que la derecha política hiciera movimientos estratégicos, y ordenó el retiro, de forma desvergonzada, de los candidatos presidenciales del PDC y el PCN.
La derecha hizo cuentas alegres de los votos que el PDC y el PCN obtuvieron en las elecciones para alcaldes y diputados, y, de forma automática los sumó para sí, y así comenzó, con la colaboración del poder mediático, a difundir la idea de que el triunfo de la derecha era un hecho.
Por supuesto, que la colaboración mediática no inicia el 18 de enero, sino, desde que el FMLN anuncia a Mauricio Funes como su candidato presidencial. Es más, el más fuerte contendiente de Mauricio y el FMLN fue el poder mediático, y no el poder político y el poder económico.
Los medios y sus columnistas, atacan inmisericordemente, rabiosamente, a Mauricio Funes y a su compañero de fórmula el ex comandante Salvador Sánchez Cerén. Los medios y sus “analistas” –muchos de ellos provenientes de la izquierda-, hicieron el trabajo más bochornoso y bajo, que la prensa ideológica haya hecho jamás en el país. Es decir, la principal victoria de Mauricio fue contra los medios, para luego vencer a la derecha política.
Por su parte, el poder económico intentó, a última hora, mediante la amenaza y la manipulación, obligar a sus trabajadores a votar por el partido gobernante. Los empresarios afines a ARENA amenazaron con quitar a los trabajadores sus empleos, si el FMLN ganaba. Los trabajadores, por supuesto, desobedecieron, cansados de los 20 años de mal gobierno de ARENA, pues gobernó primero para argollas económicas, y luego, para argollas políticas, muy ligadas al Presidente Elías Antonio Saca.
Por supuesto, Mauricio Funes y el FMLN no han ganado la revolución, solamente una histórica elección, el cual es importante para iniciar, para realizar un buen gobierno, un proceso de cambios profundos a favor de las grandes mayorías. De ahí que la primera acción de Mauricio y el Frente no debe ser el triunfalismo, sino tender las manos para iniciar un gobierno de amplia participación, tal como lo ha prometido el Presidente Electo, Mauricio Funes, acompañado de los más amplios sectores populares.

domingo, 15 de marzo de 2009

Pensar la crisis y construir alternativas

En su más reciente edición, la revista de cultura cubana LA JIRIBILLA presenta una memoria del XI Encuentro Internacional de Economistas sobre globalización y problemas del desarrollo, realizado en días pasados en La Habana.
Les recomendamos consultar esta publicación y analizar los distintos análisis y reflexiones de los participantes, que constituyen un valioso aporte para la compresión de la actual crisis global y la construcción de alternativas.

Tiempo para la reflexión y el cambio
Marianela González / LA JIRIBILLA
Desde mediados de 2007, “crisis” es lenguaje común. Así, a nadie sorprende que en el XI Encuentro, desarrollado entre el 2 y el 6 de marzo en el Palacio de las Convenciones de La Habana, haya sido palabra de orden. Los 1 500 participantes de 52 países —entre ellos los Premios Nobel de Economía Robert Mundell, Edmund Phelps y Robert Engle— reconocieron como urgente la necesidad de esclarecer los verdaderos apellidos de la crisis: ¿financiera?, ¿económica?, ¿global?, ¿sistémica?... en momentos donde al trance financiero se unen crisis alimentarias, medioambientales y energéticas. Leer más

OTROS DOCUMENTOS DEL ENCUENTRO DISPONIBLES EN LA JIRIBILLA:

"Hay alternativas, aunque sean costosas", de Atilio Borón

"El papel de los intelectuales", de François Houtart

"Lo posible y lo imposible en el capitalismo", de Pablo González Casanova

"El imperio insostenible", de John Saxe-Fernández

"Lección acelerada de capitalismo", de Claudio Katz

"Alternativas: el retorno", de Éric Touissaint

"Cuba en la prensa occidental: caso de escuela para estudiar la desinformación", de Salim Lamrani

"¿Debacle financiera, crisis sistémica?", de Samir Amin

De la guerra infinita a la crisis infinita

Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis económica, o financiera. Se trata de una crisis integral de un modelo civilizatorio que es insostenible económicamente, por los estragos que está causando; políticamente, porque requiere apelar cada vez más a la violencia en contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible socialmente, porque degrada la condición humana hasta límites inimaginables y destruye la trama misma de la vida social.
Atilio Borón / ALAI
(Ponencia presentada al XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, La Habana, Cuba, 2-6 Marzo, 2009).
En las páginas que siguen quisiéramos exponer algunas ideas en torno a la actual crisis capitalista, sus probables “salidas” y el papel que en ella podría desempeñar una opción socialista. Dadas las restricciones de tiempo evitaremos innecesarios tecnicismos y trataremos de plantear las cosas de forma simple, pero sin caer en simplismos.
1. Comencemos caracterizando a esta crisis por la negativa, diciendo lo que esta crisis no es. Esto es importante porque el bombardeo mediático al que están sometidas nuestras sociedades presenta a los economistas y otros publicistas del establishment hablando de una “crisis financiera” o “crisis bancaria”. Poco antes, ni siquiera eso: se decía que estábamos en presencia de una crisis de las hipotecas “sub-prime”. Se pretende, de este modo, minimizar a la crisis, subestimarla, presentarla ante los ojos de la población como un incidente relativamente menor en la marcha de los mercados y que para nada pone en cuestión la salud y viabilidad del capitalismo como supuesta “forma natural” de organización de la vida económica. El paso del tiempo se encargó de demoler todas estas falacias.
2. ¿Qué clase de crisis, entonces? Si bien estamos apenas transitando su primera fase y aún cuando aquélla “no ha tocado fondo” no sería temerario pronosticar que nos hallamos ante una crisis general del sistema capitalista en su conjunto, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en1929 y a la llamada “Larga Depresión” de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos el tiempo se encargará de demostrar que será de mayor envergadura que las que le precedieron.
3. La crisis se torna visible, inocultable, por el estallido de la burbuja creada en torno a las hipotecas “sub-prime” y luego se transmite, rápidamente, a los bancos e instituciones financieras de Wall Street, y finalmente se extiende a todos los sectores y a la economía mundial. Pero la burbuja, y su estallido, es el síntoma; es como la fiebre que denuncia la presencia de una peligrosa infección. No es tanto la enfermedad (aunque podría argumentarse que la tendencia permanente en el capitalismo a formar burbujas especulativas también es un signo de insalubridad) como su manifestación externa, la que por momentos adquiere contornos ridículos o aberrantes. Ejemplo: la compra que efectúa en Marzo del 2008 el gigantesco banco JP Morgan del Banco de Inversiones Bear Stearns, el quinto en importancia en Wall Street, operación que se cierra por la irrisoria suma de $ 236 millones. Una semana más tarde el precio de esa firma se multiplicó por cinco. Pocos meses después, en Septiembre, y ante la pasividad de las autoridades económicas, se produce la bancarrota de Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversión de Estados Unidos. Merrill Lynch, su competidor en ese rubro, es vendido de urgencia al Bank of America en 50.000 millones de dólares. Leer más...

Los marines llegaron ya

La guerra asimétrica o de cuarta generación es descentralizada, dispersa y utiliza escenarios combinados sobre un territorio. En su desarrollo se borran las fronteras entre el soldado y los civiles, entre los campos de batalla y la seguridad urbana, y adquiere la forma de una violencia social extrema y sin orden aparente de continuidad.
Carlos Fazio / LA JORNADA
Finalmente, Estados Unidos tiene a México donde quería: en la fase de colombianización. Es decir, al borde de una intervención larvada y por etapas del Pentágono. Pasaron 13 años desde que el entonces secretario de Defensa estadunidense William Perry dijera ante 10 mil soldados y cadetes y la plana mayor de las fuerzas armadas mexicanas, en el Campo Militar No. 1, que la seguridad nacional entre su país y México era el tercer vínculo sobre el que ambas naciones cimentarían una relación unida, ya, por lazos políticos y económicos. Desde entonces, la sana distancia que había prevalecido en las relaciones entre los ejércitos de Estados Unidos y México comenzó a acortarse, y los últimos residuos de nacionalismo castrense cedieron paso a una remozada doctrina contrainsurgente de cuño estadunidense, que tomó como el enemigo interno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Ejército Popular Revolucionario (EPR), y en años recientes a los ejidatarios de Atenco y La Parota y los pueblos de Oaxaca.
Con la coartada de la soberanía limitada y la seguridad democrática, valiéndose de eufemismos tales como la cooperación militar y las acciones mancomunadas de las fuerzas armadas de ambos países contra los cárteles de la droga, el intervencionismo bueno del Pentágono no será ahora con bombas, misiles y proyectiles, sino con asesores, agentes encubiertos y mercenarios (que bajo la fachada de contratistas privados de seguridad serán los encargados del trabajo sucio en la guerra de Felipe Calderón contra los malos).
Todo eso ya existe, claro. Pero se intensificará con la ampliación de la llamada Iniciativa Mérida, que al final resultó que era el Plan México disfrazado, símil del fracasado Plan Colombia, según reveló sin aspavientos Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Y cosa curiosa: Mullen, el militar de más alto rango de la administración de Barack Obama, cuyo comando había identificado a México como un Estado fallido próximo a un colapso rápido y repentino, y por tanto sujeto de una intervención militar de Estados Unidos, no acaparó las primeras planas a su paso por México.
La razón es obvia: ya había hecho su tarea. La guerra de intoxicación mediática que arreció en vísperas y tras la asunción de Obama en la Casa Blanca en enero pasado, en la que participaron el presidente saliente, George W. Bush (México, primera línea de guerra), el jefe del Pentágono, Robert Gates, y los titulares de los principales organismos de seguridad e inteligencia de la administración demócrata (CIA, FBI, DEA, Seguridad Interna) lograron construir la noción de México como Estado fallido, para el aterrizaje suave, ahora, de la ayuda invasora (Javier Ibarrola dixit) que salvará a México de los malos.
Como en la ex Yugoslavia –balcanizada en siete pequeñas naciones por la alianza occidental comandada por Estados Unidos–, y después del 11 de septiembre de 2001 en Afganistán, Irak, Pakistán, Irán, Venezuela, Cuba, Bolivia y otros puntos calientes del orbe, Washington libra una guerra asimétrica contra México, con apoyo de sus alfiles locales. La guerra infinita de Bush contra el terrorismo –un enemigo sin fronteras– fue impuesta a Canadá y México por conducto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, 2005), y ante los fracasados intentos por fabricar una narcoguerrilla creíble, bajo el calderonismo adquirió la forma de una guerra a los cárteles de la droga, como elemento idóneo para la construcción social del caos y el miedo.
En ello han venido trabajando, sin éxito aparente por ahora, expertos en detonar desenlaces sociales y políticos mediante operaciones de guerra sicológica orientadas a direccionar y controlar la conducta social masiva.
La guerra asimétrica o de cuarta generación es descentralizada, dispersa y utiliza escenarios combinados sobre un territorio. En su desarrollo se borran las fronteras entre el soldado y los civiles, entre los campos de batalla y la seguridad urbana, y adquiere la forma de una violencia social extrema y sin orden aparente de continuidad. Elementos que están presentes en el México actual, un día en Ciudad Juárez, otro en Uruapan o Reynosa, otro más en Cancún o La Marquesa.
Dado que el empleo planificado de la propaganda y el uso de tácticas y estrategias de control social mediante la manipulación informativa y la acción sicológica le son consustanciales, en este tipo de guerra los medios de difusión masiva son los nuevos ejércitos de conquista. El bombardeo militar es sustituido por el bombardeo mediático. Las consignas y las imágenes sustituyen a las armas de destrucción masiva. Sólo que las consignas de Calderón en pro de una cruzada masiva contra los malos (vamos ganando por goleada, “negociar con el narco, idea estúpida”, sin esta guerra el próximo presidente sería narcotraficante) y las imágenes con montañas de decapitados desnudos y otras expresiones de violencia extrema, así como la operación limpieza de malos funcionarios (impuesta por el Congreso bipartidista de Estados Unidos para liberar los fondos del Plan México) y los llamados a los comunicadores a ejercer un periodismo patriótico no prenden todavía en las audiencias objetivo del mensaje.
En el fondo, se busca anular la capacidad de pensar. Son consignas dirigidas a destruir el pensamiento reflexivo (información-procesamiento-síntesis) y a sustituirlo por una sucesión de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada). El objetivo es que la gente no piense información (el qué, por qué y para qué de cada noticia), sino que consuma órdenes sicológicas direccionadas, de manera acrítica y pasiva. Cuando los medios bombardean a Bin Laden o Al Qaeda, se están consumiendo consignas de miedo asociadas con el terrorismo islámico. Igual ocurre con Los Zetas y otras fabricaciones en México. Sólo que aquí es una guerra de malos contra malos en un Estado fracasado. Y para que México no colapse, Obama ya enviará a sus marines. A eso vino el almirante Mullen.

Resistencia a la minería en Centroamérica

En Centroamérica, las inversiones de capitales de las distintas empresas mineras, fundamentalmente canadienses, norteamericanas y europeas, condicionan el escenario político mediante la corrupción y la violación de los derechos de las comunidades indígenas y rurales.
Marco Vinicio López Maldonado , Leonor Hurtado, Emilio Menéndez Pérez y Raúl Gutiérrez / ALAI
El incremento del valor de los minerales ha estado atrayendo grandes inversiones en Centroamérica durante los últimos años en búsqueda de enromes ganancias. Situación que se ha paralizado de golpe en lo referente a la minería de metales, salvo el oro, como consecuencia de la crisis fi nanciera mundial que afecta a la producción industrial por lo tanto a una disminución de la demanda. Según los datos del informe del Banco de Guatemala (central) la construcción y la explotación minera fueron los sectores de la economía guatemalteca más afectados durante 2008 por la crisis.
En estos países las inversiones de capitales de las distintas empresas mineras, fundamentalmente canadienses, norteamericanas y europeas, condicionan el escenario político mediante la corrupción y la violación de los derechos de las comunidades indígenas y rurales.
El desarrollo minero tiene también como consecuencia una degradación ambiental, social y laboral. La contaminación, la expropiación de tierras comunales y particulares son realidades permanentes en los últimos años en muchos países de la región.
Ante la ofensiva minera de estos años, los pueblos se vienen organizando y ofreciendo una gran resistencia que se fortalece día a día. En la mayoría de los países de Centroamérica se suceden las luchas antimineras y los movimientos sociales que se organizan y coordinan a nivel regional.
En el cuaderno que publicamos incluimos varios trabajos sobre la minería en Guatemala, que abarcan diversos puntos de vista, desde la repercusión sobre la producción de alimentos de las concesiones mineras hasta el movimiento de resistencia, se complementa el cuaderno con artículos sobre la minería del oro en El Salvador y una referencia al contexto de lucha antiminera en Honduras, donde los movimientos sociales luchan por un cambio en la Ley de Minas después de la lucha exitosa del valle de Siria.

Regresiones progresistas

Para los movimientos ha comenzado un periodo de gran complejidad. Todo indica que sin la presión y la movilización social los gobiernos progresistas seguirán atados a un modelo que dicen querer superar.
Raúl Zibechi / LA JORNADA
(En la fotografía: protestas contra la minería en Ecuador, del pasado 20 de enero)
La reciente creación del Consejo de Defensa de la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur) representa un salto cualitativo en la creciente autonomía de la región de cualquier injerencia extracontinental. El ataque de Colombia a un campamento de las FARC en suelo ecuatoriano, hace justo un año, desató una crisis regional que aceleró la creación del organismo coordinador y de cooperación entre las fuerzas armadas de los 12 países sudamericanos. De esa forma, no sólo se atajan futuras crisis sino que se coloca una valla a la expansión del militarismo, que es la estrategia que persigue el Plan Colombia.
Sin embargo, los pasos positivos que se vienen dando son a menudo ensombrecidos por acciones de esos mismos gobiernos que contradicen su declarada vocación progresista. Algo de esto ha sucedido en Paraguay y en Ecuador en las últimas semanas. El gobierno de Fernando Lugo militarizó dos departamentos que se caracterizaron por la potencia del movimiento campesino, en tanto Rafael Correa reprimió la jornada de movilización contra la minería del 20 de enero y luego retiró el permiso a la organización ambientalista Acción Ecológica, que se había destacado en la crítica a la Ley de Minería.
La militarización de Concepción y San Pedro, donde Lugo fue obispo y acompañó a los campesinos, fue una sorpresa mayor. Además de soyeros y campesinos organizados, en esos departamentos compiten las mafias que cultivan y trafican mariguana, cuestión que otorga a los conflictos sociales una buena dosis de complejidad y dramatismo. El 31 de diciembre fue incendiado un pequeño puesto militar en tierras de hacendados en San Pedro. El gobierno de Lugo decidió enviar tropas y policías, la Fuerza de Tarea Conjunta, encargada de la vigilancia, control de carreteras y acciones contra narcotraficantes y presuntos guerrilleros.
En los días siguientes, dirigentes campesinos aliados del gobierno, como Belarmino Balbuena, del Movimiento Campesino Paraguayo, dijeron que no existen guerrilleros en el país y que se trata de una excusa para reprimir. El obispo de Concepción, monseñor Zacarías Ortiz, denunció que los militares torturaron a campesinos, y el comandante de las fuerzas armadas, Cibar Benítez, reconoció que el objetivo del operativo es una causa nacional por la necesidad que se tiene de instalar el Estado (ABC, 14/1/09).
Lo cierto es que ya se produjeron tres muertes de dirigentes campesinos, al parecer asesinados por las mafias aprovechando el operativo militar-policial, ya que los movimientos campesinos son un obstáculo para los negocios ilícitos, por más que los conservadores medios de Asunción están empeñados en adosarles inexistentes alianzas con los narcos.
Una delegación de la Coordinadora de Derechos Humanos de Paraguay y del Serpaj realizó una vista a la zona militarizada, donde recogió testimonios de víctimas y de organizaciones sociales. El abogado Juan Maertens denunció que desde el día que se instalaron (los militares) están cometiendo abusos y atemorizando a la población. Afirma que el operativo está fuera de control del gobierno y que es muy difícil que con las mismas autoridades militares y judiciales de siempre se llegue a descubrir la verdad.
Esta misma semana el presidente decidió levantar el operativo luego de inaugurar dos destacamentos militares en San Pedro. Lugo dijo que servirán de soporte social para que en la zona se sienta la presencia del Estado, muy ausente durante muchos años. Una filosofía idéntica a la del Plan Colombia.
En Ecuador la aprobación de la Ley de Minería, a mediados de enero, fue respondida por los movimientos indígenas y ecologistas con una masiva jornada de protesta realizada el 20 de enero. Marchas, cortes de carreteras, ocupaciones de edificios públicos y huelgas de hambre en todo el país fueron reprimidos con gases lacrimógenos, balas, bastones y decenas de detenidos y heridos. La represión fue similar a la que practicaban los gobiernos de derecha, pero ahora fue llevada adelante por un gobierno que dice defender el socialismo del siglo XXI y proclama una revolución ciudadana, pero defiende una ley abiertamente neoliberal que promueve la gran minería a cielo abierto, que viene contaminando las aguas de las comunidades de toda la región.
La Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), principal organización social del país y una de las más importantes de América Latina, elevó una carta abierta al Foro Social Mundial realizado en Belém en enero, en la que rechazó la presencia de Correa en un espacio donde históricamente se construyen alternativas y garantías a los derechos de los pueblos y por la vida y no puede ser tribuna para un presidente con posiciones impregandas de racismo, machismo, paternalismo, discriminatorias, sexistas y violentas. La carta asegura que la larga noche neoliberal está presente en Ecuador.
Esta semana el Ministerio de Salud le retiró el permiso a Acción Ecológica. Según Correa, muchas ONG hacen lo que se les da la gana y se inmiscuyen en política. Cientos de organizaciones y de activistas rechazaron la decisión y exigieron a Correa dar marcha atrás. El escritor Eduardo Galeano y el Nobel Adolfo Pérez Esquivel, en la misma actitud valiente y coherente de siempre, se sumaron al pedido. Tres días después el Ministerio del Ambiente decidió devolver la personería a Acción Ecologista. Parece evidente que se intentó acallar una de las voces más críticas con la minería, convertida en uno de los ejes de la política de desarrollo de Correa.
Ambos casos revelan que las proclamadas rupturas con el modelo neoliberal no son consistentes. Para los movimientos ha comenzado un periodo de gran complejidad. Los gobiernos de Lugo y Correa forman parte de un nuevo tiempo político, en cuyo advenimiento los movimientos han jugado un papel activo y decisivo. Todo indica que sin la presión y la movilización social los gobiernos progresistas seguirán atados a un modelo que dicen querer superar.

El desafío de América Latina

Bolivia, junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.
Noam Chomsky / LA JORNADA
Hace más de un milenio, mucho antes de la conquista europea, una civilización perdida floreció en un área que conocemos ahora como Bolivia.
Los arqueólogos están descubriendo que Bolivia tenía una sociedad muy sofisticada y compleja, o, para usar sus palabras, uno de los medios ambientes artificiales más grandes, extraños y ecológicamente más ricos del planeta... sus poblaciones y ciudades eran grandes y formales, y eso creó un panorama que era una de las obras de arte más grandes de la humanidad.
Ahora Bolivia, junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.
Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido un impacto significativo en países y en la lenta emergencia de instituciones regionales.
Entre ellas figuran el Banco del Sur, respaldado en 2007 por el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, en Caracas, Venezuela; y el Alba, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, que podría demostrar ser un verdadero amanecer si su promesa inicial puede concretarse.
El Alba suele ser descrito como una alternativa al Tratado de Libre Comercio de las Américas patrocinado por Estados Unidos, pero los términos son engañosos. Debe ser entendido como un desarrollo independiente, no como una alternativa. Y además, los llamados acuerdos de libre comercio tienen sólo una limitada relación con el comercio libre, o inclusive con el comercio en cualquier sentido serio del término.
Y ciertamente no son acuerdos, al menos si las personas forman parte de sus países. Un término más preciso sería acuerdos para defender los derechos de los inversionistas, diseñados por corporaciones multinacionales y bancos y estados poderosos para satisfacer sus intereses, establecidos en buena parte en secreto, sin la participación del público, o sin que tengan conciencia de lo que está ocurriendo.
Otra prometedora organización regional es Unasur, la Unión de Naciones de América del Sur. Modelada en base a la Unión Europea, Unasur se propone establecer un Parlamento sudamericano en Cochabamba, Bolivia. Se trata de un sitio adecuado. En 2000, el pueblo de Cochabamba inició una valiente y exitosa lucha contra la privatización del agua. Eso despertó la solidaridad internacional, pues demostró lo que puede conseguirse a través de un activismo comprometido.
La dinámica del Cono Sur proviene en parte de Venezuela, con la elección de Hugo Chávez, un presidente izquierdista cuya intención es usar los ricos recursos de Venezuela para beneficio del pueblo venezolano en lugar de entregarlos para la riqueza y el privilegio de aquellos en su país y el exterior. También tiene el propósito de promover la integración regional que se necesita de manera desesperada como prerequisito de la independencia, para la democracia, y para un desarrollo positivo.
Chávez no está solo en esos objetivos. Bolivia, el país más pobre del continente, es tal vez el ejemplo más dramático. Bolivia ha trazado un importante sendero para la verdadera democratización del hemisferio. En 2005, la mayoría indígena, la población que ha sufrido más represiones en el hemisferio, ingresó en la arena política y eligió a uno de sus propias filas, Evo Morales, para impulsar programas que derivaban de organizaciones populares.
La elección fue solamente una etapa en las luchas en curso. Los tópicos eran bien conocidos y graves: el control de los recursos, los derechos culturales y la justicia en una compleja sociedad multiétnica, y la gran brecha económica y social entre la gran mayoría y la elite acaudalada, los gobernantes tradicionales.
En consecuencia, Bolivia es también ahora el escenario de la confrontación más peligrosa entre la democracia popular y las privilegiadas elites europeizadas que resienten la pérdida de sus privilegios políticos y se oponen por lo tanto a la democracia y a la justicia social, a veces de manera violenta. De manera rutinaria, disfrutan del firme respaldo de Estados Unidos.
En septiembre pasado, durante una reunión de emergencia de Unasur en Santiago, Chile, líderes sudamericanos declararon su firme y pleno respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, cuyo mandato fue ratificado por una gran mayoría, aludiendo a su victoria en el reciente referéndum.
Morales agradeció a Unasur, señalando que por primera vez en la historia de América del Sur, los países de nuestra región están decidiendo cómo resolver sus problemas, sin la presencia de Estados Unidos.
Estados Unidos ha dominado desde hace mucho la economía de Bolivia, especialmente mediante el procesamiento de sus exportaciones de estaño.
Como el experto en asuntos internacionales Stephen Zunes señala, a comienzos de la década de los años 50, en un momento crítico de los esfuerzos de la nación para convertirse en autosuficiente, el gobierno de Estados Unidos obligó a Bolivia a utilizar su escaso capital no para su propio desarrollo, sino para compensar a ex dueños de minas y repagar su deuda externa.
La política económica que se impuso a Bolivia en esa época fue precursora de los programas de ajuste estructural implementados en el continente 30 años más tarde, bajo los términos del neoliberal Consenso de Washington, que ha tenido por lo general efectos desastrosos.
Ahora, las víctimas del fundamentalismo del mercado neoliberal incluyen también a países ricos, donde la maldición de la liberalización financiera ha traído la peor crisis financiera desde la gran depresión.
Las modalidades tradicionales del control imperial –violencia y guerra económica– se han aflojado. América Latina tiene opciones reales. Washington entiende muy bien que esas opciones amenazan no sólo su dominación en el hemisferio, sino también su dominación global. El control de América Latina ha sido el objetivo de la política exterior de Estados Unidos desde los primeros días de la república.
Si Estados Unidos no puede controlar América Latina, no puede esperar concretar un orden exitoso en otras partes del mundo, concluyó en 1971 el Consejo Nacional de Seguridad en la época de Richard Nixon. También consideraba de importancia primordial destruir la democracia chilena, algo que hizo.
Expertos de la corriente tradicional reconocen que Washington sólo ha respaldado la democracia cuando contribuía a sus intereses económicos y estratégicos. Esa política ha continuado sin cambios, hasta el presente.
Esas preocupaciones antidemocráticas son la forma racional de la teoría del dominó, en ocasiones calificada, de manera precisa, como la amenaza del buen ejemplo. Por tales razones, inclusive la menor desviación de la más estricta obediencia es considerada una amenaza existencial que es respondida de manera dura. Eso va desde la organización del campesinado en remotas comunidades del norte de Laos, hasta la creación de cooperativas de pescadores en Granada.
En una América Latina con una flamante autoconfianza, la integración tiene al menos tres dimensiones. Una es regional, un prerrequisito crucial para la independencia, que dificulta al amo del hemisferio escoger países, uno después de otro. Otra es global, al establecer relaciones entre sur y sur y diversificar mercados e inversiones. China se ha convertido en un socio cada vez más importante en los asuntos hemisféricos. Y la última es interna, tal vez la dimensión más vital de todas.
América Latina es famosa por la extrema concentración de riqueza y de poder, y por la falta de responsabilidad de las elites privilegiadas con respecto al bienestar de sus países.
América Latina tiene grandes problemas, pero hay también desarrollos prometedores que podrían anunciar una época de verdadera globalización. Se trata de una integración internacional en favor de los intereses de pueblo, no de inversionistas y de otras concentraciones del poder.

(Los ensayos de Noam Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts de Cambridge).

sábado, 14 de marzo de 2009

Latinoamérica: en defensa de la universidad pública

Luchar por la gratuidad de la educación superior y por el compromiso de la universidad con su comunidad es seguir manteniendo viva la esperanza en que la vida no sólo puede concebirse como mercancía para vender. Defender la universidad pública –y más aún: defenderla en Latinoamérica, donde la universidad tiene una larga historia de lucha social y compromiso con el pensamiento crítico– es seguir apostando por otro mundo posible.
Marcelo Colussi / Rebelión
En Latinoamérica las universidades tienen una larga historia. Se crearon ya en los primeros años de la conquista; la primera de ellas nace en 1538: la Imperial y Pontificia de Santo Tomás de Aquino en la isla de Santo Domingo. Años más tarde, en 1551, se fundan la de Lima y la Nacional de México. En 1636, cuando apenas nacía la de Harvard en Estados Unidos, ya había trece universidades en la región latinoamericana, llegando más tarde a 31 en el momento en que se producen los procesos independentistas a comienzos del siglo XIX. En todos los casos, estas instituciones reflejaban el modelo medieval traído de Europa, asociado siempre con los poderes de la realeza y de la iglesia católica. Con la independencia de las nuevas repúblicas comienza a introducirse una nueva idea de universidad, acorde con el surgimiento de las nuevos Estados desarrollados sobre los modelos europeo y estadounidense, con la misión básica de formar profesionales liberales y desarrollar disciplinas académicas.
El modelo en juego imitaba el concepto napoleónico del siglo XIX, en el que la preparación profesional se separaba de los centros de generación del conocimiento, exclusivamente académicos y científicos. Frente a este modelo de profesional liberal fue surgiendo otra concepción en Alemania, donde aparece la "universidad de investigación". Allí la enseñanza técnica se combinaba con la generación del conocimiento puro y la ciencia, lo cual tuvo el valor de una verdadera revolución académica. Ese esquema investigativo fue consolidándose en Europa durante el siglo XIX y luego en Estados Unidos, acorde al crecimiento económico que iba impulsando más y más desarrollos técnicos para la floreciente industria capitalista. Ese modelo se fue solidificando y es el imperante hoy día, en el que se da una asociación directa del conocimiento generado en la universidad con su aplicación práctica en la esfera económica, vía empresas privadas básicamente. En el transcurso del siglo XX la investigación científico-técnica terminó por ligarse enteramente al crecimiento económico, y las ciencias pasaron a ser el sostén de la industria moderna. El modelo universitario, por tanto, pasó a ser una actividad inseparable del crecimiento económico del capitalismo desarrollado, ya completamente alejado de los esquemas medievales que llegaron a Latinoamérica con los años de colonia.
En el siglo XXI esa tendencia se mantiene y profundiza, más aún con los nuevos paradigmas de producción caracterizados por la globalización de la economía y el paso hacia la "sociedad del conocimiento", basada cada vez más en tecnologías hiper desarrolladas y sumamente cambiantes, enfermizamente competitivas. La tendencia, muy evidente en los países del Norte y que también llega al Sur, a veces provocando procesos distorsionados, forzados, es poner la universidad de investigación al total servicio del mercado, llegando así a la noción de "universidad empresarial", donde lo que cuenta es la óptima relación costo-beneficio concebida desde el lucro y donde se va esfumando la idea de desarrollo social, de extensión y servicio comunitario. Pero todos estos procesos, surgidos en los países que marcan el rumbo, llegan a la región latinoamericana como tibia copia. No ha habido, en general, procesos con dinámicas propias. Siempre se ha tratado de imitar al Norte, visto como opulento y modelo a seguir.
A principios del siglo XX, en toda Latinoamérica tienen lugar procesos de profunda autocrítica y explosión renovadora en el seno de las universidades. Surgidas en la de Córdoba, Argentina, las protestas estudiantiles denunciaban la permanencia de estructuras clasistas y oligarcas en instituciones que no respondían a los procesos de modernización social que vivía el país por aquel entonces, con casas de altos estudios aún organizadas según criterios semi-medievales arrastrados durante toda la colonia, sentando así las bases para una ola de reformas universitarias y crítica social que en las primeras décadas del siglo va a barrer toda la región. Pero esos explosivos movimientos reformistas sólo llegaron a resultados reales en el plano político, sin alcanzar a transformar las estructuras económico-sociales de base de sus respectivas sociedades.
Las banderas fundamentales levantadas por estos movimientos eran la autonomía universitaria y la cogestión, elementos que se consideraron principios necesarios para convertir a las universidades en motores eficientes de la democratización social y cultural, y por tanto del desarrollo nacional. Pero sin dudas esos cambios no fueron suficientes para transformar las sociedades en que tuvieron lugar. Las desigualdades sociales se mantuvieron y el acceso a la educación superior siguió siendo algo selectivo, tal como se mantiene a la fecha. En realidad, el principal logro concreto que obtuvieron los movimientos de reforma universitaria fue el de incorporar la representación estudiantil a los organismos de gobierno de las casas de altos estudios. Con la autonomía, las distintas universidades latinoamericanas se convirtieron en centros de denuncias, semillero de luchas políticas y protestas contra el orden social imperante. Por largas décadas estas instituciones fueron un referente en la vanguardia intelectual pasando a ser centros de pensamiento crítico, y en la segunda mitad del siglo XX, el lugar donde se inspiraron numerosas propuestas de transformación revolucionaria. Pero todo eso ha cambiado en estas últimas décadas. Cambiado, claro está, a favor del gran capital y no en provecho de las mayorías populares.
Es necesario decir que aquellas reformas de inicios del siglo XX, si bien contribuyeron a crear un espíritu crítico entre estudiantes y catedráticos que se mantuvo activo por décadas, no lograron articular enteramente a las universidades con la producción de conocimiento y su función social. En toda la región latinoamericana, las universidades no se centraron en la creciente importancia de la ciencia para el cambio técnico-productivo, ni pudieron servir a proyectos políticos que superaran los modelos económicos dependientes y progresaran hacia la industrialización autosuficiente.
La historia de las universidades en Latinoamérica se ha ligado, fundamentalmente, a la formación de profesionales; su faceta de investigación y producción de nuevos conocimientos, tal como se dio en sus homólogas del Norte, no es lo que más ha destacado. A ello se agrega recientemente un proceso que refuerza lo anterior: el crecimiento imparable de las universidades privadas, concebidas especialmente como formadoras del recurso adecuado a la empresa privada que la demanda.
Vale tener en cuenta la forma en que el venezolano Vladimir Acosta sintetiza el perfil de nuestras casas de estudio superior: " uno de los grandes problemas de las universidades latinoamericanas es que son unas universidades colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista y blanca de mirar el mundo. Son universidades donde los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país".
Hoy por hoy se ha instalado en la región la dinámica de universidad pública versus privada. Ese crecimiento enorme de las universidades privadas es un fenómeno muy propio de América Latina; ello se explica por las políticas neoliberales de los años 80 y 90 que, luego de las sangrientas dictaduras de décadas atrás, vinieron a privatizar todos los espacios. En la década de los 90 la privatización de la enseñanza superior alcanzó niveles notables en toda la región y a un ritmo muy acelerado, al mismo tiempo que se desarmaban los Estados nacionales y se privatizaban todos los servicios. En el transcurso de la década, la proporción de estudiantes matriculados en universidades privadas pasó de un 20% a cerca de 35%, lo que hace que la región cuente hoy con una de las mayores proporciones de estudiantes universitarios dentro de la opción privada en el mundo.
Estas universidades privadas se amoldan a cabalidad al modelo neoliberal que se ha impuesto, pues trabajan esencialmente para el mercado. Su visión se centra en la formación de recurso humano para las necesidades de la iniciativa privada, sin que cuente la idea de desarrollo nacional, de proyecto de país. Siempre copiando modelos de universidades "exitosas" (léase: privadas) del Norte, se prioriza la formación profesional de excelencia con criterios individualistas, sin pensamiento crítico. Los ideales de reforma universitaria de principios del siglo XX van quedando en el olvido. Disciplinas que fomenten la visión global de los procesos dando herramientas de análisis político-social para entender, y eventualmente transformar, las realidades nacionales, parecen ser cada vez menos importantes, reduciéndose su presencia en los planes de estudio, orientados más a la formación en aspectos técnicos.
De todos modos, como lo advierte Roberto Rodríguez Gómez , "la gran expansión del sector privado se ha realizado sobre la base de una multitud de pequeños establecimientos que, si bien ofrecen enseñanza de nivel profesional, carecen, por regla general, de estructuras de postrado y de investigación. Debe hacerse notar que no todas las instituciones de enseñanza superior pública en América Latina pueden ser clasificadas como "universidades de investigación", es decir, como instituciones que cumplen realmente con las funciones de docencia, investigación y difusión. En otros términos, ese auge de la privatización de la enseñanza universitaria no significa necesariamente una explosión de calidad y de excelencia académica. Es, en todo caso, un síntoma más de los tiempos que corren, marcados por la prédica neoliberal.
Pero lo más preocupante de todo esto no es la posible desaparición de la universidad pública bajo el desarrollo vertiginoso de las privadas. Eso no pareciera posible, por diversas razones históricas. De hecho, el peso de las públicas es –y todo indica que seguirá siendo– mucho mayor que el de las privadas, tanto en presupuesto, estudiantes matriculados, presencia social e impacto con su extensión comunitaria, así como en investigación y producción de nuevos conocimientos. Lo que sí es alarmante es la ideología privatizadora que está en juego. Las universidades públicas se están privatizando en su concepción. Como bien lo expresó Deiby Ramírez: "la Universidad es pública cuando además de ser financiada por el Estado, está abierta con carácter de servicio público a todos los estratos sociales, y los beneficios de esa educación superior son para toda la sociedad". Es decir: para ser un proyecto público no se trata sólo de recibir fondos públicos (la Nasa, en Estados Unidos, también los recibe, dicho sea de paso) sino de ver el modelo en función del que se trabaja. Las universidades públicas, acorde al nuevo dios-mercado que se ha impuesto con su omnímoda exigencia de eficiencia en la relación costo-beneficio (leyéndolo en clave capitalista: lo que no da ganancia hay que desecharlo, olvidémonos del interés social) se van constituyendo cada vez más en expresiones de la ideología privatista. Sus sistemas de post-grado lo evidencian de modo palmario: son todos pagos, en muchos casos más onerosos incluso que las ofertas de las universidades privadas. Lo cual no significa que, por fuerza, deba ser así: si hay voluntad política de mantener tanto ese segmento de la educación superior, como el proyecto universitario en su conjunto, en forma pública, se puede. Y el sistema no se resiente. Cuba, por ejemplo, que tiene excelentes universidades, mantiene todos sus post grados en forma gratuita para los propios ciudadanos cubanos. Evidentemente la decisión de adorar al dios mercado no es técnica; es política.
Amparándose en la idea de autosuficiencia financiera y desregulación (eufemismos para nombrar la privatización y la apología del mercado), las universidades públicas se han visto compelidas a diversificar sus fórmulas de financiamiento bajo la hipótesis de corresponsabilidad con el Estado por medio del cobro de cuotas de admisión y colegiaturas, venta de productos y servicios, concurrencia sobre financiamientos concursables, entre otras. Es decir: privatización encubierta.
Con todo ello, la universidad pública, aunque no desaparezca formalmente como tal, no deja de enviar un mensaje: hay que amoldarse a las fuerzas que lo deciden todo, es decir: el mercado. El proyecto en juego es seguir apuntalando un sistema económico basado en el lucro personal, que ya se ha demostrado infinitamente que no ofrece salida para las grandes mayorías de la población. Pero definitivamente hay otras opciones a ese modelo. Luchar por la gratuidad de la educación superior y por el compromiso de la universidad con su comunidad es seguir manteniendo viva la esperanza en que la vida no sólo puede concebirse como mercancía para vender. En ese sentido, defender la universidad pública –y más aún: defenderla en Latinoamérica, donde la universidad tiene una larga historia de lucha social y compromiso con el pensamiento crítico– es seguir apostando por otro mundo posible, por darle forma a las utopías, por no resignarse ante la injusticia.

Comunidades imaginadas: una reflexión sobre el bicentenario de la independencia de Argentina

Un siglo atrás, el sueño argentino de ser una potencia mundial estaba en su apogeo. Hoy el clima es muy distinto, demasiadas frustraciones, una larga y paulatina decadencia, dictaduras, miles de muertos, derrotas militares y corrupción hicieron añicos el sueño argentino. ¿Cómo pudo una nación que prometía ser tan gloriosa llegar a esto?
Sergio Wischñevsky * / Página12
Los preparativos para el Bicentenario ya están en marcha. No tienen, claro está, la magnitud ni las pretensiones de los festejos del Centenario. Un siglo atrás, el sueño argentino de ser una potencia mundial estaba en su apogeo, la gloria se vislumbraba hacia el futuro y la historia de esa gran nación se narraba plagada de héroes claros y decididos.
Hoy el clima es muy distinto, demasiadas frustraciones, una larga y paulatina decadencia, dictaduras, miles de muertos, derrotas militares y corrupción hicieron añicos el sueño argentino. Entonces el porvenir se tornó sombrío, sin sueños colectivos, cada uno apostando a la salvación individual o a lo sumo sectorial. ¿Cómo pudo una nación que prometía ser tan gloriosa llegar a esto? Lo sombrío se adueñó también del pasado y aparecieron los refutadores de mitos, los buscadores de miserias en los héroes, las explicaciones esencialistas. Y se fundaron nuevos mitos.
La llamada historia oficial ya no es tal. Nadie la sostiene. Ni siquiera es parte de los nuevos manuales escolares. Sin embargo, hay que reconocer que perdura en el sentido común general. Y su presencia es fuerte, aunque más no sea, para ser objeto de fuertes críticas. Podríamos decir que su creador fue Bartolomé Mitre, que eligió contar una historia que erigía próceres y villanos, pero que intentaba dar un sentido único al torrente de acontecimientos que se sucedieron desde mayo de 1810. Como bien definió Eric Hobsbawm, se trataba de inventar una tradición unificadora para una sociedad en plena formación y atravesada por múltiples contradicciones.
La historiografía argentina contemporánea parece circular básicamente por dos carriles: la historia académica y la historia de divulgación, por llamarla de alguna manera.
Los esfuerzos académicos florecen en múltiples investigaciones en todo el país, que con gran rigor y disímil calidad han logrado avanzar en muchos conocimientos. Pero esto se ha desarrollado de manera muy fragmentaria y no han conseguido, ni se lo han propuesto, poner esos conocimientos al servicio de un debate social intra y extraacadémico que nos ayude a interrogar sobre qué tipo de sociedad somos.
Este vacío lo han llenado historiadores que han tenido el enorme mérito de lograr un creciente interés por la historia armando un relato seductor con el recurso de relacionar los hechos históricos con temas de actualidad, convirtiendo a la historia argentina en una pelea de los malos de siempre contra los buenos. El máximo exponente de esta modalidad es Felipe Pigna. Sin embargo, el problema es que a pesar de la supuesta intención de disolver mitos, se cae en la vieja trampa del nacionalismo esencialista y se afirma hasta el cansancio que los argentinos fuimos siempre iguales, hay corruptos desde nuestros orígenes, vendepatrias, etc. Como si los motivos de nuestro fracaso lo lleváramos en el ADN nacional.
La idea de Nación fue concebida en sus orígenes, en la época de la Revolución Francesa, con un sentido inclusivo, pertenecían a ella todos aquellos dispuestos a luchar por la libertad. Luego el sentido del nacionalismo devino excluyente, si se era francés no se podía ser alemán, llegando al extremo nazi que igualó la nacionalidad con la raza. Pero en el fondo, todos los nacionalismos surgidos en el siglo XIX y principios del XX manejaban una concepción esencialista de lo nacional, se hablaba del ser nacional, de lo argentino, características que tendríamos, que adquirimos, por el solo hecho de ser argentinos.
Pero ¿qué es una nacionalidad? El historiador inglés Benedict Anderson lo define como una “comunidad imaginada”, de la que podemos sentirnos parte a pesar de que nunca conoceremos a la inmensa mayoría de sus integrantes.
Esta definición evidentemente se aleja de la idea de una esencia y hace hincapié en el hecho de que una nacionalidad no es un fenómeno natural ni eterno ni racial, sino que es una construcción social. Esta conclusión no está exenta de consecuencias. Si lo nacional es una invención, con toda una mitología que la sostiene, armada desde la escuela, los museos, los nombres de las calles, los monumentos y un relato histórico acorde, hay quien asocia invención con falsedad y da por tierra con el nacionalismo, que entró en un verdadero desprestigio después de la última dictadura. Pero invención también refiere la idea de creación. Una comunidad imaginada, así como fue la nación, podría ser otra, tal vez más abarcativa con nuestros vecinos, no exenta de tensiones, pero con mecanismos más democráticos para resolverlas, el peso habría que ponerlo en la palabra comunidad, que es el sentido de pertenencia que más se ha desarticulado y que más solos nos ha dejado a los individuos y, por lo tanto, más vulnerables. El Bicentenario más que un recordatorio de nuestra esencia podría ser una oportunidad para pensar cómo nos queremos imaginar como sociedad. Y animarnos.
* Profesor de historia.

domingo, 8 de marzo de 2009

Especial: Elecciones presidenciales en El Salvador - 15 de marzo

Ánimos electorales
Cecilia Medrano / ALAI
Pocos se atreven a hacer augurios sobre quién ganará las elecciones que se celebrarán el domingo 15 de marzo en El Salvador.
Después de que la mayoría de encuestas apenas un semestre atrás daba una significativa ventaja a Mauricio Funes, candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), pareciera que los resultados de las elecciones municipales y legislativas realizadas en enero pasado impactaron en el ánimo de voto de los salvadoreños. Dichos resultados fueron favorables a la ex guerrilla ahora partido político, pero el FMLN apostaba a mucho más, incluyendo ganar nuevamente la Alcaldía capitalina que estuvo bajo su mandato 15 años.
Ahora, las encuestas y percepciones arrojan resultados de los más diversos, pero todas coinciden en que el margen de ventaja de Funes se redujo en relación a su contrincante, el ex Director de la Policía Nacional Civil, Rodrígo Avila, de Alianza Republicana Nacionalista –ARENA-. Esta reducción apuntaba a que ninguno de los candidatos alcanzaría los votos necesarios para ganar en estas elecciones y sería inevitable una segunda ronda electoral en el mes de abril. Leer más...

La política del miedo en El Salvador
Roberto Torres Collazo / ADITAL
El próximo Domingo 15 de Marzo tendrán lugar las elecciones presidenciales en El Salvador, donde se medirán las fuerzas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) representado en su candidato Mauricio Funes y la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) con su aspirante Rodrigo Ávila. El segundo se está valiendose una vez más de la propaganda del miedo.
En el presente como en pasadas elecciones en El Salvador en que el FMLN se postula a los comisios, ARENA levanta siempre la bandera del miedo: ¡Cuidado!, que si los líderes del FMLN son ex-guerrilleros, comunistas, que los salvadoreños perderán su TPS o permiso de trabajo en Estados Unidos, que se abolirá la propiedad privada, que Hugo Chávez mandará en El Salvador y un largo etc…, todo sin pruebas confiables, válidas y sin fundamento. Leer más...
Libertad de expresión, una mentira más
Agredida la población a cada instante por la intensa campaña sucia de la mayoría de los grandes medios masivos de comunicación, ha aparecido recientemente un comercial, que siguiendo la misma estrategia de provocar miedo, inseguridad y temor en la población, hace halago de una supuesta libertad de expresión en El Salvador.
¿Hay libertad de expresión en El Salvador? Leer más...

Mauricio Funes promete gobierno de unidad nacional
Iván Escobar y Claudia Solórzano / Redacción Diario Co Latino
San Salvador, 7 de marzo.- Frente a una concentración masiva de simpatizantes del partido de izquierda, el candidato presidencial del FMLN, Mauricio Funes, emitió su discurso previo al cierre de campaña electoral en el cual prometió un gobierno de unidad nacional. Leer más...

Mauricio Funes y la Unión Nacional por el Cambio: reedición de la aliaza progresista de los años 70´s
Gilberto García / SIREL www.rel-uita.org
El pasado 5 de Marzo de 2009, 37 años después de aquel primer gran triunfo electoral de la UNO el 20 de febrero de 1972, las fuerzas progresistas ahora incluidas en el FMLN, las bases de la Democracia Cristiana que se autodenominaron de “la vieja guardia”, el Social Cristiano CDU, el Partido Social Demócrata PSD, algunos disidentes del FMLN y un importante abanico de fuerzas sociales, movimientos gremiales, empresariales y sociales, conformaron la llamada Unión Nacional por el Cambio (UNC), para respaldar la candidatura del periodista Mauricio Funes. Leer más...
(Agradecemos al Comité por el Cambio en El Salvador.México, por su contribución con el envío de este artículo).

El fraude de la “Paz y la Democracia” en El Salvador
Dany Burridge / ALAI
En muchos aspectos, El Salvador es un símbolo. Hay una broma que dice que como El Salvador fue enviado por Dios para juzgar al mundo, estamos todos en serios problemas; y es cierto. Sin embargo, a menos de una semana de un proceso electoral histórico, el 15 de marzo de 2009, El Salvador tiene la oportunidad de convertirse en un nuevo tipo de símbolo. Leer más...

¡Ojalá que se les acabe el petróleo!

En la mente estrecha de la “oposición democrática” latinoamericana, incluida la venezolana, solo si la Revolución Bolivariana se queda sin dinero podrán parar la racha de victorias electorales que los tiene nock out desde hace 10 años.
Rafael Cuevas Molina. Presidente de AUNA-Costa Rica
No hay deseo más ardiente de las huestes de la reacción en América Latina que Venezuela pierda la fuente de sus ingresos y, así, no pueda impulsar sus políticas “populistas”. Se alegran enormemente cuando bajan los precios del petróleo, y prenden velas a los santos por los que guardan mayor devoción para que, ¡¡ojalá!!, el cabecita caliente de Chávez no haya tomado ninguna previsión y se quede sin la plata necesaria que reparte entre el pobrerío que ahora lo acuerpa. Sueñan con el momento en el que los cerros de Caracas vuelvan a bajar en tropel hacia las avenidas de la urbe, arrasando con todo como en el Caracazo de 1989, pero esta vez suplicando porque vuelvan los planes del FMI, los préstamos del Banco Mundial, Carlos Andrés Pérez y el “ta barato, dame dos”.
¿Cómo hacer, si no, para bajar a ese señor tan feo de la silla presidencial en la que se ha instalado en el palacio de Miraflores? ¿Cómo sacar del Teatro Teresa Carreño a todos esos negros ignorantes que se creen con derecho a hollar con sus fondillos pobres los asientos que fueron concebidos para los perfumados que tuvieron que trasladarse a las duras bancas de la Plaza Altamira, en Chacao?
En la mente estrecha de la “oposición democrática” latinoamericana, incluida la venezolana, solo si la Revolución Bolivariana se queda sin dinero podrán parar la racha de victorias electorales que los tiene nock out desde hace 10 años. Fue por eso que se agarraron con uñas y dientes a PDVSA, y convocaron al paro petrolero en el 2002. Fueron más de dos meses en los que se puso a prueba la conciencia del pueblo venezolano que, aunque sitiado por el desabastecimiento y todo tipo de penurias, no dio un paso atrás.
El petróleo, el famoso petróleo, el mismo que alimentó los bolsillos de la burguesía de la Venezuela saudita, el que llenó las bolsas de billetes que subió –personalmente- Pérez Jiménez en el avión con el que escapó del país. El oro negro que ahora financia hospitales, escuelas, satélites espaciales que brindan servicio de Internet, telefonía, televisión, telemedicina y teleeducación a todo el pueblo. ¡¡Muerte al petróleo comunista!!
¡Qué extraño! Ninguno abogó por el agotamiento del petróleo cuando las ganancias que generaba eran repartidas a manos llenas entre una minoría. Bastó con que ayudara a financiar políticas dirigidas a subsanar las más ingentes necesidades de las grandes mayorías, para que se considerara que era una maldición. Es decir, lo que desean con fuerza es que los pobres sigan siendo pobres, que vuelvan al lugar al que pertenecen y del que nunca debieron de haber salido, que se les bajen los humos y dejen de creerse gente con derechos. Que sigan siendo objeto de chistes sangrones como aquel que se contaba en la década de los 70 en Caracas: “Blanco corriendo, deportista. Negro corriendo, ladrón”.
Una nueva era está pariéndose a principios del siglo XXI. No es la que anunciaban las histéricas alucinaciones previas a la llegada del año 2000, que predecían lluvias de meteoritos, inundaciones, pestes y privaciones sin fin. Es una cuyo perfil no es aún del todo claro pero que es resultado de varias tendencias que ya se perfilan con bastante claridad en nuestros días. Una de ellas es la que se expresa en Venezuela y otros movimientos socio-políticos latinoamericanos: la que apuesta por un desarrollo distinto al propuesto por el Consenso de Washington que tanta ruina ha traído por nuestras tierras.
Con petróleo o sin petróleo.