sábado, 23 de diciembre de 2023

Navidad con conciencia

 Aunque se hable de tiempos de hermandad y convivencia familiar, no se debe obviar el trasfondo que la vorágine del sistema imprime a las relaciones sociales que hoy vivimos y que nos lleva a niveles altos de desmemoria y falta de conciencia, aunque creamos estar en la órbita del saber y el comprender aquello que a nuestro alrededor sucede.

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.

Se acerca la hora de la celebración de la Navidad en Occidente y otras partes del mundo, y todo pareciera ir en orden según lo establecido desde hace mucho tiempo, pues los aparadores de los comercios están abarrotados de objetos de todo tipo y de marcas diversas para que la compra-venta llegue a buen fin, garantizando así la alegría de quienes han decidido consumir de forma desprovista y regidos por la lógica del mercado capitalista, que, ante todo, pondera el tener o poseer muy por encima del ser y el rasgo humano de las personas.
 
Y es que aunque se hable de tiempos de hermandad y convivencia familiar, no se debe obviar el trasfondo que la vorágine del sistema imprime a las relaciones sociales que hoy vivimos y que nos lleva a niveles altos de desmemoria y falta de conciencia, aunque creamos estar en la órbita del saber y el comprender aquello que a nuestro alrededor sucede. 
 
Es en este contexto, en el que el consumo desmedido y la exaltación de tradiciones cada día más tergiversadas, donde vamos adentrándonos a realidades más profundas y dolorosas que no se publicitan en los escaparates de las grandes compañías ni se reconoce en los informes de Gobierno, y no hablo de otra cosa que del avance de la pobreza y los rezagos económicos que afectan a millones de seres humanos, y que, aunque se hable de “otros datos”, basta mirar a los alrededores del Centro Histórico de la ciudad blanca para constatar que el número de personas en situaciones de calle se ha incrementado considerablemente, pudiéndose observar a familias enteras deambulando por las calles para encontrar algunas monedas, un poco de comida desechada por los restaurantes, o algún rincón donde pasar la noche, y ante estas condiciones de vida de tanta gente invisibilizada en la sociedad, ¿qué tan importante puede ser el consumir objetos (para regalos o autoconsumo) que en su mayoría no son indispensables mientras otros seres humanos agonizan en los linderos de la ignominia social? 
 
No es primera vez que me refiero a estos temas, pero lamentablemente estoy seguro que no será la última ocasión, pues no creo debamos cerrar los ojos ante lo que acontece a nuestro alrededor y lo que como sociedad nos lastima, ya que la desigualdad social no es una condena divina ni una predisposición natural que se establece antes de la existencia, sino que es resultado de las acciones políticas-económicas que nos han regulado la vida en sociedad y que han marcado el viacrucis de la vida para miles de seres humanos, que, hoy, mañana y pasado, y muchos días más mientras nada hagamos al respecto, pasarán estas fechas en las calles buscando alcanzar un poco de la sobrevida a la que se les condenó en la mayoría de los casos sin que algo pudieran hacer, debido a que negar que existen circunstancias de vida que sobrepasan los deseos personales de superación, sería negar u ocultar la urgente necesidad de tomar conciencia por el bien de la humanidad, en esta Navidad, como en todas la venideras en nuestras vidas. 
 
Adenda: como si se tratara de una Margarita deshojada, a mí también me duele esta Navidad, y siento en la piel y el alma indignación por el horror de las bombas que caen sobre Palestina, así como por el hambre que deambula por el mundo, en las selvas, los montes y los poblados olvidados, al igual que en la urbes más modernas, pues los fantasmas inhumanos siempre rondan las navidades de Occidente y más allá…

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