El presidente tiene las garantías constitucionales que le dan amplias facultades ejecutivas para hacer todas las barbaridades que hizo y seguirá haciendo; ya fagocitó a sus aliados del PRO, alianza en extinción y ahora lidera la derecha y la extrema derecha dentro del escenario político nacional. Una bisagra histórica, imposible de ignorar.
Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina
Siempre hay un antes y un después donde un hecho particular cambia el rumbo de la sociedad; una bisagra de la historia. El escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad, ahora la reconocida y renombrada, Andis, deja al descubierto el entretejido íntimo dentro del amplio universo de favores entre los laboratorios privados y las autoridades de la actual administración. Algo que, convengamos, es un vicio o defecto que siempre ha circulado por los sótanos o los túneles subterráneos de la sociedad, esos subterfugios profundos que ponen a prueba a la conducta humana, mucho más cuando se ocupa un cargo público; ni que hablar de un presidente de la Nación y sus íntimos.
Un acontecimiento imposible de ocultar en un momento eleccionario que puede cambiar el rumbo de la política y del país. Mucho más si los perjudicados o víctimas, son los discapacitados a los que se les ha estado negando atención y recursos, sobre todo, insumos médicos indispensables. Un tema que hiere la sensibilidad colectiva. Un drama que recién comienza.
Algo que, en la vorágine del día a día, agita de sobremanera el avispero comunicacional y se impone como un tsunami imparable, donde nadie quiere dejar de opinar, donde quienes tienen la obligación de responder, esquivan el bulto de manera escandalosa. Una bisagra histórica, dentro de una historia plagada de sucesos semejantes...
Convengamos que con la llegada de Colón a lo que sería América, comienzan hechos bisagra; por ejemplo, la quema de la naves de Hernán Cortés frente a las costas de México para obligar a su tropa a adentrarse al territorio continental. Cuando recorriendo las costas del Atlántico sur, Juan Díaz de Solís descubre el río de la Plata, una década y algo más, se enfrenta con los habitantes belicosos de estas tierras que le cobran muy caro su atrevimiento; unas pocas yeguas y decenas de equinos son liberados a su suerte, luego vienen otros y al salir disparados, dejan unas vacas; cabalgaduras y ganado cimarrón que modifican las pasturas y se multiplican por cientos de millares, dando paso al futuro país ganadero centrado en la pampa húmeda. Otra bisagra de la historia.
La expulsión de los jesuitas en 1767 por Carlos III y la creación del Virreinato del Río de la Plata, fueron otras bisagras de la historia.
La invasión napoléonica a España y el desencanto de los jóvenes oficiales españoles que pelearon contra su admirado Napoleón, jóvenes idealistas que armaron la logia de Cádiz, desde donde salió José de San Martín para partir hacia Londres y participar de otra logia masónica, la logia Lautaro con el propósito de erradicar de América al agónico imperio, con la metrópoli en manos francesas. Otra bisagra de la historia.
La vida independiente desde 1816 en adelante tuvo varias bisagras, tantas como disidencias entre unitarios y federales, disputas entre un interior compuesto de provincias pobres que intentaban superar la arcaica estructura productiva colonial, los “trece ranchos” de Mitre de la primera mitad del siglo XIX y los intereses porteños unitarios, que siempre miraron allende los mares.
Rosas, el Restaurador y su lucha contra el bloqueo anglofrancés, tras la batalla de la vuelta de Obligado fue otra bisagra, como lo fue, años más tarde, la batalla de Caseros, donde fue vencido Rosas por otro caudillo federal entrerriano, Justo José de Urquiza en 1852.
La Constitución liberal dictada al año siguiente, fue un antes y un después que sentaría las bases de la organización nacional de la República Argentina, imponiéndose en pocos años a la Confederación y al gobierno de Buenos Aires, tras las batallas de Cepeda y luego Pavón, son jalones que nuestras jóvenes naciones sufrirían y vivirían infinidad de veces, tironeados por los intereses externos de las potencias hegemónicas que siempre estuvieron tutelando nuestros destinos. No fuera que lográramos las condiciones suficientes como para utilizar los inmensos recursos en beneficio propio. Mucho más si osáramos volver a reconstruir la antigua unidad lingüística y territorial hispánica, pero ahora como una unidad autónoma, capaz de competir con otros países del mundo.
La ley Sáenz Peña de 1912, rompió con medio siglo de régimen conservador, oligárquico y liberal, para dar paso al voto secreto que hace posible el acceso de Hipólito Yrigoyen a la presidencia dando oportunidad de que las masas populares por primera vez pudieran tener su representante y peleara sus derechos. Una bisagra de la historia que rompe con los gobiernos de los poderosos, dueños de la pampa húmeda. El golpe militar de 1930 destruye la democracia y socaba las instituciones republicanas, retrocediendo a épocas anteriores, propio del orden conservador decimonónico. Bisagra de la historia que va a ser revertida por el 17 de octubre de 1945; una verdadera revolución, cuyos alcances y magnitud sólo pueden destruirse con un feroz golpe civil, militar y eclesiástico, capaz de prohibir, perseguir, reprimir, secuestrar, encarcelar, asesinar, bombardear la plaza de Mayo en 1955, dando lugar a un pendulismo entre la izquierda y la derecha, que renuevan el enfrentamiento, cuyo eje de discusión, son los derechos sociales adquiridos por la población; establecidos, justamente por el peronismo; origen de todo. Lo bueno y lo malo. El amor y el odio. Justamente, cuando se reivindica el odio apasionadamente desde el poder, tanto por razones personales como colectivas, propias y en línea con el patrón octagenario norteño.
No es que saltemos el regreso de Perón en 1973 luego de 18 años de obligado exilio, su vuelta con sus disputas internas, su muerte, su sucesión y la respuesta armada de la dictadura feroz; siempre en la misma línea binaria de pasiones encontradas, cubiertas con el manto de la democracia recuperada que, en definitiva no es más que un manto que cubre esos subsuelos del poder donde se deposita toda la mugre.
Diego Spagnuolo ahora bajo el artilugio jurídico de “testigo encubierto” puede que logre adoptar el rol de “Garganta profunda” en el caso Watergate que, una vez elegido presidente, Richard Nixon, fue obligado a renunciar al cargo, cediendo el gobierno al vice, Gerald Ford, en un momento bisagra de la historia que ponía fin a los “treinta gloriosos” del Estado de Bienestar; los países árabes productores de petróleo asociados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo OPEP, aplicaron un embargo a Occidente, sobre todo a EE. UU. subiendo el precio del barril del combustible extraordinariamente, dando una vuelta de tuerca en la fabricación automotriz de Detroit en favor de los económicos vehículos asiáticos, sobre todo, japoneses.
El impacto social de esta noticia ha despertado en la sociedad sentimientos encontrados, desde la indignación de los votantes libertarios discapacitados y sus familiares, mientras que el núcleo íntimo del gobierno se llamó a silencio nueve días y, nuevamente ya en campaña, una campaña accidentada, cuidando no ser reconocidos por temor a la agresión, hasta la comprensión cómplice de los libertarios convencidos que lo votaron, cueste lo que cueste; ese treinta por ciento de la sociedad dentro de la polarización instalada. Estos últimos se plegaron a echarle la culpa a los kirchneristas. Lo que no pueden ocultar, es el remanido hecho, alguna vez denunciado por José Luis Manzano en el gobierno de Menem, es el “robo para la corona” y que Karina es la cajera, mientras su hermano, el primer mandatario, pone la cara.
Sea cual sea el resultado de las elecciones, no seamos incautos, no va a modificar mucho las cosas, como desea la oposición. El mal está hecho, el escenario político argentino ya está gangrenado. Ya hay una camada de legisladores nacionales, provinciales y concejales instalados en el poder legislativo, como otros en los poderes Ejecutivo y Judicial. El daño ya está hecho. Sería demasiado iluso desconocer la podredumbre dirigencial inmerso en la degradación social que ha significado el gobierno libertario.
El presidente tiene las garantías constitucionales que le dan amplias facultades ejecutivas para hacer todas las barbaridades que hizo y seguirá haciendo; ya fagocitó a sus aliados del PRO, alianza en extinción y ahora lidera la derecha y la extrema derecha dentro del escenario político nacional. Una bisagra histórica, imposible de ignorar. Es un dato de la realidad aunque no sea del agrado de muchos.
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