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sábado, 25 de octubre de 2014

Argentina: El kirchnerismo como cultura política

Tan lejos del apocalipsis como de la idealización, mi tesis es que, más allá del resultado de las elecciones del año que viene, del peso institucional que retenga y la incidencia política que logre conservar, el kirchnerismo sobrevivirá bajo la forma de una cultura política.

José Natanson / Le Monde Diplomatique (Edición Cono Sur)

Qué quedará del kirchnerismo cuando el kirchnerismo, tal como lo conocemos, deje el poder?

Los más críticos, los que defienden la idea de que el actual ciclo político fue una sucesión de impulsos destructivos disimulados tras una tenue máscara de falso progresismo, imaginan una escena al estilo Volver al futuro II, en la que Marty McFly, el doctor Brown y Jennifer (interpretada por una deslumbrante Elisabeth Shue) viajan a una ciudad pos-industrial desolada por la polución, desprovista de espacios públicos (el viejo colegio de Marty, el instituto Hill Valley, ya no existe) y en donde la policía patrulla día y noche las cuadras de casas enrejadas para evitar una… ¡ola de inseguridad! Vistas así las cosas, el próximo gobierno deberá encarar una delicada tarea de reconstrucción sobre tierra arrasada.

sábado, 24 de mayo de 2014

Argentina: El nombre del kirchnerismo

El nombre del Kirchnerismo, su impronta informal y desacartonadora de discursos y prácticas, nos habilitó para volver a soñar con un país que habíamos perdido en medio del desierto de una época caracterizada por las proclamas del fin de la historia y la muerte de las ideologías e incluso de la política.

Ricardo Forster / Página12

Desplegando una política audaz y a contrapelo de las hegemonías mundiales; subvirtiendo las “formas” institucionales aprovechando el profundo descrédito en el que habían caído esas mismas instituciones en el giro del siglo y en medio del estallido del 2001 para devolverles una legitimidad perdida; rescatando lenguajes y tradiciones sobre las que el paso del tiempo y las garras de los vencedores habían dejado sus marcas envenenadas; ejerciendo, con fuerza anticipatoria, una decisiva reparación del pasado que habilitó, en un doble sentido, un camino de justicia y una intensa querella interpretativa de ese mismo pasado que tan hondamente había marcado un tiempo histórico rescatado del ostracismo, Néstor Kirchner rediseñó, hacia atrás y hacia adelante, la travesía del país. Conmoción e interpelación. Dos palabras para dar cuenta del impacto que en muchos de nosotros provocó esa inesperada fisura de una historia que parecía destinada a la reproducción eterna de nuestra inagotable barbarie. Ruptura, entonces, de lo pensado y de lo conocido hasta ese discurso insólito que necesitaba encontrarse con una materialidad histórica que, eso pensábamos, huía de retóricas del engaño o la autoconmiseración. El kirchnerismo, ese nombre que se fue pronunciando de a poco y no sin inquietudes, desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable, aireó lo asfixiante de una realidad miasmática y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia.