sábado, 11 de agosto de 2012

Qué reclamar al capitalismo neoliberal en crisis

El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter sistémico y terminal.

El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.

Expropiando a los expropiadores

En plena crisis está cobrando forma una clase integrada por los más oprimidos, los del sótano, que van descubriéndose entre sí y van develando los modos y formas de la opresión, hasta mostrar a la luz pública a los expropiadores. Cuando los de abajo se atreven a gritarle a la cara a los de arriba –nos enseña James C. Scott– es porque ha llegado el momento de las grandes y contundentes acciones.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Militantes del Sindicato Andaluz de Trabajadores
irrumpieron en supermercados para llevar alimentos
a los comedores social afectados por los recortes.
Las crisis suelen ser momentos de honda creatividad colectiva que, en buena medida, consisten en ir más allá de lo establecido, inventando formas de acción que superan las constricciones y los límites que impone el sistema. La más importante, la que marca el límite que los de arriba no están dispuestos a tolerar, es la acción colectiva y directa para resolver problemas de la vida cotidiana: alimentación, vivienda, salud, empleo y educación.

Los obreros organizados en el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), en el sur de España, ingresaron el martes pasado en grandes supermercados (Mercadona, Carrefour), llenaron carros con alimentos y salieron a repartirlos en comedores sociales donde acuden desocupados e inmigrantes. Desde hace 15 días el SAT mantiene ocupada una finca del Ejército reclamando la cesión de tierras a los agricultores que estén pasando hambre.

Se conmemora el bicentenario de las primeras cartas magnas en América Latina y el Caribe: 1812-2012

Del 11 al 15 de diciembre, se realizará en La Habana el Coloquio Internacional Bicentenario de las primeras constituciones latinoamericanas, que organiza la Sección Cubana de la ADHILAC, y cuyo objetivo es reflexionar sobre las constituciones y su papel en la historia posterior de América Latina.

Raquel Marreno Yanes / Granma

Sergio Guerra Vilaboy, historiador cubano
Este año conmemoramos el aniversario 200 de las primeras constituciones de los países latinoamericanos. Fue en 1812 cuando se aprobaron las cartas magnas fundacionales de las actuales repúblicas de Ecuador (Quito), el 15 de febrero; Colombia (Cartagena), el 15 de junio; y Chile el 27 de octubre. Ello abrió el proceso de consolidación institucional de los nuevos estados como parte de la lucha por la independencia.

A propósito de estos acontecimientos, Granma conversó con el doctor Sergio Guerra Vilaboy, presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), quien, además, es el secretario ejecutivo del Grupo Nacional del Bicentenario de la Independencia de América Latina.

En Buenos Aires —explica—, el 8 de octubre de 1812, las tropas de José de San Martín derrocaron al gobierno moderado exigiendo “Independencia y Constitución”. Este proceso se inició en Caracas, el 21 de diciembre de 1811, con la aprobación de la Constitución de la República de Venezuela, la primera en establecer un estado independiente.

sábado, 4 de agosto de 2012

Desde que el mundo es mundo, la unión hace la fuerza

Las iniciativas para construir la tan ansiada aproximación entre nosotros mismos, la integración, son posibles por la presencia de una nueva generación de políticos con conciencia latinoamericanista.

Rafael Cuevas Molina /Presidente AUNA-Costa Rica

La unión hace la fuerza en nuestra América.
La reciente integración de Venezuela al MERCOSUR permite la conformación de un bloque económico poderoso regido por aspiraciones latinoamericanistas como no se había visto nunca en nuestro subcontinente.

Es, por lo tanto, uno de los signos más esperanzadores de los tiempos que vivimos.

Desde el siglo XIX, cuando accedimos a la independencia política de España y se conformaron los estados nacionales en nuestras tierras, una desiderata ha estado presente siempre, la de una unión similar a la que pudieron mantener los territorios otrora bajo dominio lusitano, pero que en nosotros no fue posible.

Las fuerzas centrípetas que ya venían de la administración colonial, los interés creados en las mismas guerras de independencia y los estrechos horizontes de los mandamases regionales (aquellos a los que Martí ridiculizó en su ensayo Nuestra América: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea…”) dieron al traste con lo que era una de las aspiraciones máximas del Libertador quien, al morir en Santa Marta en diciembre de 1830 y ver la fragmentación y las pugnas de todos contra todos, solo atinó a decir: “He arado en el mar”.

La integración estratégica de nuestra América

Los cambios que hoy tienen lugar en el Mercosur, y los temas de debate que allí se han instalado en los últimos meses, confirman que hay una transformación en curso: el paso del paradigma economicista dominante en los años noventa del pasado siglo, al nuevo paradigma de la integración independiente y multidimensional de nuestra América.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La Cumbre del Mercosur en Brasilia formalizó el
ingreso de Venezuela a ese organismo regional.
El ingreso de Venezuela al Mercosur, formalizado el pasado 31 de julio en la Cumbre de Brasilia, es más que la simple apertura de una plaza para el comercio en América del Sur: constituye una acción estratégica de la mayor importancia, enmarcada en las grandes líneas de la política exterior suramericana –en sus expresiones progresistas y nacional-populares- y en lo que el exrepresentante de este organismo, Samuel Pinheiro Guimaraes, definió hace unos días como “la disputa por [la] influencia económica y política en América del Sur y de su futuro como región soberana y desarrollada”, frente al proyecto de libre comercio panamericanista de los Estados Unidos.

Desde el Congreso Internacional de Washington de 1889, esta pretensión de los Estados Unidos de imponer y afirmar su hegemonía a través del comercio ha sido uno de los ejes fundamentales de las relaciones interamericanas. “Nunca hubo en América Latina, desde la independencia, un asunto que exigiese más conocimiento, que obligase a más vigilancia, que demandase un examen más claro y minucioso, que la invitación cursada por los Estados Unidos, poderosos, desbordantes de productos invendibles y determinados a extender su dominación en América”, escribió José Martí, en una de sus crónicas para el periódico argentino La Nación, relatando su experiencia de aquel cónclave[1].

Derrota del imperio: Venezuela ingresó al Mercosur

Comienza una nueva y decisiva etapa, en donde a un conjunto de países sudamericanos grandes productores de alimentos -y, en los casos de Argentina y Brasil, poseedores de una importante base industrial y significativas riquezas mineras- se le agrega la mayor potencia petrolera del planeta: Venezuela.

Atilio A. Borón / Para Con Nuestra América
Desde Buenos Aires, Argentina

En el día de ayer [31 de julio] se ratificó en Brasilia el ingreso de Venezuela al Mercosur. De este modo el bloque comercial sudamericano se refuerza tanto cuantitativa como cualitativamente. Lo primero, porque agrega a un nuevo socio con un producto bruto estimado -por el World Economic Outlook del FMI en paridad de poder adquisitivo- en 397.000 millones de dólares. Es decir, se agrega una economía de un tamaño ligeramente superior a la de Suecia. El Mercosur agrandado cuenta ahora con un producto interno bruto total de 3.635.000 millones de dólares, lo que lo convierte en la quinta economía del mundo, sólo superado por Estados Unidos, China, India y Japón, y claramente por encima de la locomotora europea, Alemania.[i]

Cualitativamente hablando la incorporación de Venezuela significa integrar a un país que, según el último anuario de la OPEP, dispone de las mayores reservas certificadas de petróleo del mundo, habiendo desplazado de ese sitial a quien lo ocupara por varias décadas: Arabia Saudita.[ii] Además, desde el punto de vista de la complementación económica de sus partes el Mercosur luce como un espacio económico mucho más armónico y equilibrado que la Unión Europea, cuya fragilidad energética constituye su  insanable talón de Aquiles y una fuente permanente de dependencia externa.

Venezuela: La demencial política internacional de Capriles

Los últimos años marcan un cambio radical respecto de la presencia de Venezuela en el mundo, con los efectos positivos que esto ha tenido en el funcionamiento de la economía y en el mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos. Todo eso se perdería si volviéramos al pasado de sumisión colonial e imperial que ofrece el candidato de la derecha Capriles Radonsky.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

En 1998 Venezuela era un país que poseía un marco muy estrecho en sus relaciones internacionales. Visto de otra forma, sus vínculos con el mundo –más allá de con cuántos Estados tuviera relaciones- se orientaban casi exclusivamente a ser un apéndice de la hegemonía estadunidense, lo cual se manifestaba en el aspecto político y también en el económico.  Nuestro papel en los organismos multilaterales siempre fue opaco, restringido y poco protagónico.

Eso comenzó a cambiar con la llegada del presidente Chávez al poder, se reorientaron las  prioridades, se diversificaron los mercados para nuestros productos de exportación, en primer lugar -por razones obvias- para el petróleo, se privilegiaron las relaciones sur-sur,  se puso de relieve la necesidad vital de la integración latinoamericana y caribeña, se reavivó la OPEP, se jugó un protagonismo trascendente en la creación de nuevos mecanismos de integración como Alba, Petrocaribe, Unasur, Celac y el Banco del Sur y hemos hecho los mayores esfuerzos por entrar a Mercosur con el objetivo de ser partícipes y pugnar por relaciones económicas de otro tipo entre los países de la región. Por otro lado hemos abierto vínculos con innumerables países de África, Asia,  los que en el pasado  -salvo en muy escasas excepciones- prácticamente no existían en el quehacer cotidiano de nuestra diplomacia.  Hemos establecido relaciones de equidad con centros de poder mundial como China, Rusia y Europa, dejando atrás la dependencia unilateral hacia Estados Unidos.

Partidos políticos y dinero

En países como los latinoamericanos, privilegiar el financiamiento  privado ahonda más lo que ya estamos observando: campañas multimillonarias de fuentes oscuras y hasta ilícitas, poderes ocultos que resultan determinantes, corrupción incontrolable, anulación de lo público ante lo privado, grandes medios de comunicación enriquecidos por una política televisiva y radiofónica que privilegia las guerras de lodo.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

En un contexto  en el cual  el sector  más desprestigiado desde hace muchos años en América latina son los partidos políticos y la clase política, el tema del financiamiento de los primeros  ha cobrado importancia. El argumento que escucho frecuentemente en los medios de comunicación electrónicos y escritos, es que los partidos políticos no deben recibir  subsidios estatales para  realizar sus funciones porque los contribuyentes no debemos  estarles pagando a una bola de zánganos. Y hay que reconocer que el argumento tiene consistencia: los partidos en mi experiencia se han convertido en grupos de interés cada vez más alejados de los intereses de los ciudadanos. Sus dirigencias tienen su principal interés en conservar cotos de poder, influencias y dinero. Los partidos han dejado de ser lo que eran antaño: agrupaciones  articuladas ciertamente en torno a intereses económicos y sociales  y por ello mismo articulados en torno a intereses políticos e ideológicos. Comparemos a los grandes partidos de la Guatemala de hace 50-60 años con los actuales y veremos claramente la diferencia. La ultraderecha anticomunista contaba con el Movimiento de Liberación Nacional, el pensamiento social cristiano tenía a la Democracia Cristiana, la socialdemocracia tenía una vertiente de derecha en el Partido Revolucionario y una de centro izquierda en la Unidad Revolucionaria Democrática y sus siglas sucesoras. Finalmente en la clandestinidad y fuertemente reprimido, el comunismo se agrupaba en el partido Guatemalteco del Trabajo.

México: #YoSoy132 y la organización posible

Ustedes nos han convocado, y nos han testimoniado que cuando llegamos estaba el mundo y éramos ya un pueblo con hambre y con siglos de opresión, por eso, ¡queridos estudiantes de #YoSoy132, manténganse unidos y abiertos a los otros movimientos sociales, y organícense, la patria se los encomienda!

Enrique Dussel / LA JORNADA

“Convocados por una vergüenza que nos afrenta”, comienza el texto que ha conmovido a muchas conciencias en la impresionante declaración del movimiento #YoSoy132 del 27 de julio de 2012 ante las puertas de Televisa (medio monopólico antidemocrático de comunicación denunciado en esa convocaria y mostrada en toda su indigna inmoralidad). Es un texto que pasará a la historia de México, no sólo literariamente espléndido (como siguiendo los pasos del Sub, que sabe que la retórica política puede ser bellamente expresada), sino también por su precisión política. El movimiento merece todo el respeto de los maestros que, como dice un texto semita, debemos despertar cada mañana con el oído de discípulos. Sí, discípulos de nuestros discípulos, maestros generosos de una senda de la que tantos políticos viejos sería bueno que aprendieran a caminar.

Con el oído de discípulo me permito opinar para agregar un leño al fuego chispeante de la discusión en torno a ¿cómo se organiza el movimiento?

Hace años intervine igualmente sobre este asunto. Ahí explicaba que casi hace un siglo, en 1918, hubo en la Universidad de Córdoba un movimiento famoso que luchó por la autonomía universitaria y por la representación estudiantil en los órganos directivos de las universidades, y se denominó la Reforma Universitaria. 

Cuba: Las cosas como son

No es raro escuchar en la isla discrepancias y críticas a la gestión gubernamental pero ningún cubano patriota forma parte de los grupos pagados y entrenados en su sede por la Oficina de Intereses de Estados Unidos o por “turistas” como Modig y Carromero.

Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA

Jens Modig, líder de la derecha sueca
El 19 de julio entraron en Cuba con visa de turistas el sueco Jens Aron Modig y el español Ángel Carromero Barrios. Pero no se dedicaron a hacer turismo pues tenían otros intereses a los que se entregaron no más llegar. Uno en su condición de líder del Partido Demócrata Cristiano sueco (formación afín al estadunidense Tea Party) y presidente de su organización juvenil y el otro de vicesecretario general de Nuevas Generaciones (NG), rama de juventud del Partido Popular (PP) español, se apresuraron a reunirse con Oswaldo Payá, líder del contrarrevolucionario Movimiento Cristiano Liberación (MLC). Y es que a que a eso iban.

Según admitió Modig a la prensa nacional y extranjera el viaje tenía tres propósitos: entregar dinero a Payá, asesorarlo en la creación de una organización juvenil del MCL y transportarlo a donde necesitara. En síntesis, el sueco y el español se involucraron en una operación contra el orden constitucional de Cuba, diseñada por altos mandos de los mencionados partidos, conocidos por su trayectoria en la dirección y financiamiento de actividades insertas en los planes anticubanos de Estados Unidos. 

Panamá: “La Patria boba” no regresará

Quien gana la lucha por la historia se adueña del futuro. En el caso de Panamá, se está discutiendo en los oscuros recintos de la Asamblea Nacional de Diputados un proyecto de ley para eliminar una materia del currículo escolar que tiene como objetivo enseñarle a la juventud del país las relaciones entre Panamá y EEUU. Parece increíble, pero es cierto.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

La historia de un pueblo es su posesión más preciosa. No tanto por el pasado, sus hechos, fechas o personajes. Más bien por su percepción del futuro. Los pueblos se definen no por lo que fueron capaces de hacer, sino por el potencial que poseen para construir su propio destino. Un pueblo sin historia, obviamente, no puede tener una visión de futuro.

La historia de un pueblo o de un país, como dicen muchos, es de quien la escribe. Si no hay quien narre los acontecimientos del pasado y les dé sentido “histórico” a los hechos, el pueblo pierde su sentido de ser y su dirección. La historia es de los triunfadores, de los conquistadores y de quienes construyen el futuro. En la historia se destacan las grandes revoluciones no tanto por lo que fueron – sangrientas experiencias que es mejor ni recordar – sino por lo que prometieron ser en el futuro.

Muchas de ellas se tambalean, a pesar de los esfuerzos que se hacen a escala global para sostenerlas. En Nuestra América tenemos las guerras por la independencia, encabezadas por los grandes caudillos. En el siglo XX los latinoamericanos tenemos como símbolos de nuestros proyectos de nación las revoluciones mexicana (1910) y cubana (1959). Pero, al igual, que en otras latitudes, en la región la historia es un campo de batalla, de luchas ideológicas y de enfrentamientos entre intereses materiales.

Ecuador: ¿Revolución “popular” o “ciudadana”?

En Venezuela el carácter “popular” del proceso ha provocado que los estratos populares se involucren directamente en la acción política, estén organizados y movilizados con auténtico fervor. En Ecuador, el carácter “ciudadano” no ha implicado la gran movilización ni la organización masiva de los sectores populares, pero sí un respaldo amplio y fuerte, “pluriclasista” al proceso que vive el país.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo (Ecuador)

En Caracas acaba de realizarse el II Encuentro de Historiadores de los países de la ALBA. Uno de los actos que coincidieron con este evento de los historiadores latinoamericanos fue la presentación de la imagen de Simón Bolívar, conseguida a partir de técnicas de antropología forense y la investigación realizada por un grupo de especialistas en la vida del Libertador.

Además, lo interesante del encuentro ha sido la participación de gente común. La historia convoca y a los venezolanos les gusta intervenir opinando sobre las exposiciones. Como toda visita, también es una oportunidad para conversar con diversas personas, observar directamente lo que ocurre y verificar los alcances y los límites de la Revolución Bolivariana.

Ante todo llama la atención el fervor que tienen los sectores populares cuando se refieren al presidente Hugo Chávez y a los logros y beneficios de los que ahora gozan, nunca antes alcanzados. Los sectores populares se identifican con el proceso bolivariano y lo defienden con pasión. Las “Misiones” les han sido inmensamente favorables y así lo reconocen. El pueblo está organizado y movilizado.

Colombia: El cofre mágico

No será la guerra, estoy convencido, lo que nos llevará a encontrar el cofre mágico de la convivencia. Una negociación firme y clara, con la participación protagónica de los poderes, que ponga a Colombia por encima de odios y facciones, es la única alternativa para vislumbrar un camino. Y exige, de todos los bandos, a la vez humildad y grandeza.

William Ospina / EL ESPECTADOR

Álvaro Uribe pudo haber logrado la negociación política del conflicto que diezma a Colombia desde hace medio siglo.

Tenía lo principal, lo que caracteriza a sus enemigos: verticalidad, firmeza, capacidad de persistir en una posición. Nunca podrá negociar con la guerrilla quien cambie de actitud y de perspectiva al ritmo de sus emociones o de las circunstancias. Y lo que ha impedido ese acuerdo, además de la extrema crueldad y desconfianza de los insurgentes, es la volubilidad de gobiernos que un día dialogan y otro bombardean, que llegan a acuerdos por encima de la mesa y mueven sombras por debajo de ella, que declaran aceptar las reglas del juego, por ejemplo la Unión Patriótica, y después permiten su exterminio.

Tal vez no estaba en manos de Belisario Betancur, ni de Virgilio Barco, ni de César Gaviria, ni de Ernesto Samper, controlar esas fuerzas desbocadas que siempre frustran el esfuerzo de la negociación. Pero Uribe sí habría podido hacerlo.

Chile: Los peligros de pensar

Desde las demandas históricas del pueblo mapuche -cuya lucha ejemplar e indomable causa admiración-, hasta las sorprendentes acciones de los deudores habitacionales en los centros urbanos, la protesta social anuncia que la paciencia y la resignación han llegado a su fin.

Manuel Cabieses Donoso / Revista Punto Final

El pueblo chileno en la jornada de
 protesta del pasado 28 de junio.
Cuando un pueblo comienza a pensar su presente y a discutir su futuro, el sistema de dominación se pone a temblar: es un síntoma claro que vienen grandes cambios en la sociedad. Eso es lo que está sucediendo en Chile. El pueblo ha comenzado a reflexionar. Empieza a mirar cara a cara su realidad, sin intermediarios ni vendedores de espejismos. Aunque todavía no es una categórica y organizada mayoría, son cada día más los sectores que logran sustraerse al embrujo de la tarjeta de crédito y escapar a la dictadura ideológica de la televisión comercial.

El artífice de este cambio -que va ganando terreno- es la protesta social, que comenzó con los “pingüinos” y que más tarde resurgió en Magallanes. La protesta desató el año pasado las movilizaciones de estudiantes universitarios y secundarios más grandes que registra la historia del país. La ira, fruto del pensamiento que hurga en la realidad, se rebeló también en Aysén, Freirina, Pelequén y Coronel, y detona casi a diario en el campo y en las ciudades, motivada por los reclamos más diversos.

La integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

En un contexto de creación de una comunidad política sudamericana, los conflictos y desafíos del desarrollo sustentable se vuelven invariablemente preocupaciones de todo el bloque regional. Mientras antes podamos avanzar sobre nuevos consensos en materia de recursos naturales, mejor estaremos preparados para avanzar en la profundización de nuevas bases de soberanía. 

Marcelo Saguier / ALAI

La oposición a la minería:  uno de los escenarios
de conflictividad socio-ambiental.
Los procesos de integración regional en Sudamérica han dado importantes pasos en la construcción de una comunidad política en base a valores y expectativas comunes. La defensa de la democracia, la resolución de conflictos mediante la diplomacia, el resguardo de la paz y la reivindicación conjunta de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas ante los diferendos con el Reino Unido han sido algunos de campos en donde se logró alcanzar un inédito dinamismo y convergencia regional. Muchos de estos consensos acompañaron el surgimiento de nuevas formas institucionales como la UNASUR, ALBA y la Comunidad de Estados Latinoamericana y Caribeños (CELAC).

No obstante tales avances, existe otra dimensión del proceso regional en la que es menos evidente que consensos se expresan. Las dinámicas de la región, como espacio socio-político en construcción, actualmente está regida por los patrones de conflictos y cooperación entre gobiernos, empresas y actores sociales en torno a la utilización de los recursos naturales para fines de exportación y de insumos para la industria. Este es el caso de los recursos minerales y del agua de ríos para la generación de energía hidroeléctrica. A diferencia de las avances alcanzados en materia de construcción política regional en otros campos, el lugar que hoy ocupan los recursos naturales en la integración es más inquietante y potencialmente una fuente de tensiones.