El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo
postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado
por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y
que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y
con la Tierra.
Leonardo Boff / Servicios Koinonia
La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el
corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo
los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia
humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las
privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción
capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca
antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter
sistémico y terminal.
El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito
de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la
guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se
resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra
Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan
destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera.
Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este
medio.














