En Honduras el lobo neoliberal no
se pone careta, no baila ridículamente en el balcón de la casa presidencial ni
se hace pasar por impoluto anticorrupción. Ahí se viste de militar, de
paramilitar, de mara, y arremete para despejar el camino de las mineras, el
agronegocio y los megaproyectos hidroeléctricos.
Rafael
Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
La forma concreta de existencia el
capitalismo contemporáneo, el neoliberalismo, se camufla bajo distintos
disfraces y, como camaleón, adopta los colores del lugar en donde se esté
jugando la primacía.
En América Latina hoy, después de
más de una década de gobiernos nacional-populares, asume la careta del cambio.
Es un cambio para peor, un retroceso, pero se camufla, como en Argentina, como
un cambio alegre en el que parece que fuéramos para el carnaval.
En Brasil la careta es el hastío
de la corrupción, pero a la vuelta de la esquina está el lobo afilándose los
dientes para dar marcha atrás con las políticas que posibilitaron que millones
de brasileños lograran mejorar su nivel de vida.











