El movimiento obrero norteamericano tuvo un importante papel en la formación política de Martí. Por un lado, le llevó a tomar conciencia del papel indispensable de los trabajadores asalariados en cualquier proceso de desarrollo político para la transformación social. Por otro, confirmó su convicción sobre el papel decisivo de la educación y a organización de los trabajadores para el cumplimiento de esa tarea.
Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá
“Lo que acontece en la América española no puede verse como un hecho aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en este magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el Cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros.”
José Martí, 1883[1]
Suele decirse que José Martí - hijo de una Hispanoamérica atrasada, cuyas élites de fines del siglo XIX veían al moderno sistema mundial como un campo de batalla entre la civilización y la barbarie -, vino a entrar en contacto con las luchas de la clase obrera durante su exilio en Estados Unidos entre 1881 y 1895. Eso no es del todo cierto. Durante su exilio de juventud en España en entre 1871 y 1875, Martí había recibido una formación liberal democrática que, si bien lo llevaba a rechazar el ejemplo de la Comuna de París en 1871, lo interesó también en los problemas de los trabajadores.













