sábado, 30 de julio de 2022

México: Soberanía y discordia

 No tengo duda de que es correcto detener y afrontar los discursos de quienes descalifican a nuestro país por usar formas diferentes a las acostumbradas maneras de sumisión, pero no debe perderse la claridad, los intereses económicos del imperialismo tienen en el Gobierno mexicano y en muchas empresas nacionales a sus grandes aliados. 

Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.

El nacionalismo exalta los ánimos y opaca los pensamientos, al menos así ha sucedido en diversos momentos de la historia, algunos semejantes a los que transcurren actualmente en México, donde la oposición reclama directamente al Gobierno Federal una supuesta “irreverencia” ante el imperialismo estadunidense. Los enfoques son muchos, pero comparten la miopía de quien no puede reconocerse parte de ese mismo mal, pues si bien las formas de actuar de AMLO no son las mismas que las de los presidente anteriores, eso dista mucho de un real distanciamiento en cuanto a intereses y relaciones económicas.

 

Nuestro país forma parte de la escalera de naciones con injerencia imperialista, esto, en los dos sentidos, ya que por décadas el sometimiento político y económico fue muy claro y propició una escalada en el grado de dependencia, así como de sometimiento, algunos de los efectos más tangibles se observan en las prácticas culturales que fueron implantadas y otras adoptadas, todas ellas tienen detrás al gran mercado de productos ofrecidos e impuestos por el imperialismo a través de diversas estrategias, algunas de ellas muy sutiles, que ayudaron a que se disfrazaran de “progreso y civilización y sí amable lector-lectora, en pleno siglo XXI ese discurso sigue presente aunque expresado mediante otras formas. 

 

Un ejemplo muy claro de lo anterior es el idioma inglés, el lenguaje del “progreso”, idea que refuerza el imperialismo cultural que somete a otras lenguas y avasalla las culturas, pues no olvidemos que es justamente en la lengua donde perviven los más profundos postulados filosóficos de las culturas originarias de América, las cuales han sobrevivido a siglos de colonialismo. Aún hoy es posible leer en planas de diversos medios –locales, nacionales e internacionales- noticias y opiniones que refuerzan ese pensamiento, situación que ayuda a explicar el porqué de la supuesta crítica efectuada por los conservadores al Presidente ante el hecho de que no hablara en inglés con Joe Biden. Una “crítica” tan absurda que solo sirve para revelar lo antes dicho. 

 

La defensa de la soberanía es también un campo de batalla, mucho más ideológico que real, debido a que el discurso nacionalista de AMLO exalta ese hecho frente a las acusaciones conservadoras y ante las opiniones de políticos estadunidenses reaccionarios; sin duda, es verdad que la injerencia imperialista también se muestra utilizando esas diatribas que buscan generar discordia al interior de México, confrontando a grupos políticos que sin pensarlo se confrontan bajo la mano la influencia de la mano que les mece la cuna. No tengo duda de que es correcto detener y afrontar los discursos de quienes descalifican a nuestro país por usar formas diferentes a las acostumbradas maneras de sumisión, pero no debe perderse la claridad, los intereses económicos del imperialismo tienen en el Gobierno mexicano y en muchas empresas nacionales a sus grandes aliados. 

 

México está suscrito en la órbita del imperialismo, ya no sólo como un país sometido, sino también como una nación que ejerce sus intereses sobre otras naciones de la región y, para quien lo dude, solo recuerde el monopolio de comunicación de Carlos Slim, un aliado de la 4T y uno de los empresarios más poderosos del mundo. Existe discordia por la soberanía, pero también una clara continuidad de las formas capitalistas (los monopolios son la base) que dan vida al imperialismo y sus intereses compartidos.

1 comentario:

Ester Kandel dijo...

No sólo habló en castellano, también apoya Cuba contra el bloqueo yanqui