Este lunes 24 de marzo, a 49 años del golpe militar perpetuado por las Fuerzas Armadas, los grandes grupos económicos en connivencia con algunos sectores de la Iglesia, el pueblo argentino salió a las calles de todo el país con decisión y alegría dando un poderoso no al negacionismo instalado en el gobierno libertario de Javier Milei.
Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina
La marcha fue en paz y armonía y el gobierno no sacó sus poderosas fuerzas organizadas por la ministra Patricia Bullrich a reprimir, como sí lo volvió a hacer este último miércoles de marzo, donde siguieron apaleando a ancianos, hasta a una niña de ocho años que fue afectada por los gases disparados a mansalva. Dos caras de una misma moneda imposible de no volver a denunciar como lo hacemos semana a semana y seguiremos haciéndolo por todos aquellos hermanos invisibilizados que se mueven como sombras, mendigando un mendrugo, arrastrando sus vidas sin perder la dignidad, ante un gobierno indignante y perverso.
Enarbolando la bandera en defensa de la “gente de bien”, que de bien sólo es el privilegio de la ganancia extrema sobre la extrema pobreza de la mayoría, sobre todo en momentos en que se discute un nuevo acuerdo con el FMI, cuya gestión fue entre gallos y media noche, con la mal intencionada participación del jefe de la Cámara de Diputados, Martín Menem y habiendo afectado los fondos de la ANSES, el gobierno difundió el video “Memoria completa” a cargo del joven politólogo cordobés, de 36 años, Agustín Antonio Laje Urruti, así como en 2024 lo hizo el periodista y escritor Juan Bautista “Tata” Yofre, funcionario menemista jefe de los Servicios de Inteligencia del Estado SIDE y, como su jefe (Carlos Menem) salía con la vedete Amalia Yuyito González - actual pareja de presidente Milei -, él lo hizo con Adriana “Bebota” Brodsky. Una marca del estilo corrupto y exhibicionista ostentoso de los noventa, en donde la burla intentaba ocultaba la perversidad, situación opuesta en la actualidad.
Hacemos la salvedad de la edad de Laje, porque la línea de tiempo es el eje narrativo que utiliza este escritor para negar la historia reciente, en un relato que dura alrededor de 20 minutos. Una línea de tiempo escandalosamente sesgada que muestra una ignorancia total de la historia argentina desde 1955, cuyos horrores, entre ellos todos los muertos y presos políticos que involucró el bombardeo a la Plaza de Mayo de ese fatídico año de 1955, en donde sí hubo vencedores y vencidos, en adelante, incluidos gobiernos militares y civiles con un peronismo proscripto durante 18 años.
Dentro de su pueril ignorancia y su escasa capacidad de investigar, dado el preponderante lugar en que lo han colocado, al menos como al descuido, se podría llevar por delante bibliotecas enteras de historia argentina desde la Independencia de España en adelante y advertir la grandeza del General José de San Martín en alejarse del continente americano para no derramar sangre de sus hermanos, luego de que Bernardino Rivadavia le impidiera volver al país por él liberado; pero claro, no le pidamos tanto a Laje si su presidente, quien ahora gobierna el país, no sabe el nombre del Padre de la Patria, en consonancia, no sabe de las luchas entre unitarios ni federales; desconoce la defensa de la soberanía nacional por parte de Juan Manuel de Rosas frente a la embestida anglofrancesa entre 1844 y 1848, mucho menos Caseros, Pavón, Cepeda, la fratricida Triple Alianza ni la “expansión de la frontera agropecuaria de 1879 pagada por la Sociedad Rural” encabezada por el General Roca exterminando y esclavizando a los pueblos originarios, como tampoco la sentencia sarmientina de no ahorrar sangre de gauchos, y mucho menos las persecuciones y muertes de miles de obreros que se levantaban en defensa de la cuestión social ni los obreros rurales fusilados de la Patagonia trágica en la década de 1920, ni la sucesión de golpes militares a partir de “la hora de la espada” invocada por Leopoldo Lugones, incitando a romper la democracia en 1930 con el General Uriburu a la cabeza, inaugurando la “Década infame”, más que infame... Pero pasemos a la década siguiente, finalizada la Segunda Guerra Mundial y ese interregno de la Guerra Fría, con un mundo partido en dos y una tercera posición austral emergente.
Durante sus dos gobiernos constitucionales el General Perón no adhirió al Fondo Monetario Internacional, pero si lo hizo la revolución Libertadora en marzo de 1956 de la mano de Álvaro Alsogaray, quien luego sería en los noventa socio político del menemismo. Más que libertadora, la dictadura del General Pedro Eugenio Aramburu, luego secuestrado y ejecutado por Montoneros en 1969, nos entregó de pies y manos al imperio del norte, cuestión que el imberbe Laje parece desconocer porque todavía no había nacido, como el presidente libertario al que asiste y representó en la oportunidad, como él mismo dice, está encargado no de la gestión económica encabezada por Luis Caputo, sino de la batalla cultural, en una visión tuerta de la historia reciente; relato en que se apoya su gestión.
Batalla cultural que intenta negar y tapar si es que puede, los intentos de golpes previos a la caída de Perón y las bombas puestas en las manifestaciones peronistas y luego el bombardeo feroz a la Plaza de Mayo el 16 de septiembre de 1955 y los fusilamientos de José León Suárez al año siguiente, denunciados e inmortalizados en Operación Masacre de Rodolfo Walsh, quien desafió y murió por su Carta abierta de un escritor a la dictadura militar.
Batalla cultural que tiene fundamentos liberales decimonónicos dentro de la tradición occidental y cristiana, luego reducida a la mofa oxidental y cretina que hunde sus raíces en el elitismo de la Generación del ochenta retomados en 1973 por el Grupo Azcuénaga y el Grupo Perriaux, que alimentará a los economistas mentores de las privatizaciones: Celestino Rodrigo y Alfredo Martínez de Hoz, que pregonaban: “achicar el Estado es agrandar la nación”. Jaime Perriaux es uno de los contertulios que se reúnen en Recoleta de donde sale la “mesa chica” del videlismo, con eje en Martínez de Hoz y la participación de Mario Cadenas Madariaga, Horacio García Belsunse (padre), Enrique Loncan y Armando Braun[1].
Nada nuevo, cambio de ropaje dentro de esa concepción que vio a la Ley Sáenz Peña de 1912, como el ingreso irrestricto de las masas iletradas a la órbita de la política. Siglo de las masas, según Ortega y Gasset, se opone al elitismo clasista que debe gobernar a la horda insurgente o, aluvión zoológico, como denominaron a las masas obreras a mitad del siglo pasado los intelectuales liberales que movían los hilos tras bambalinas.
Gatopardistas en su mejor versión siglo XXI, “que todo cambie, para que todo siga igual”, tuvieron como aliada a la pandemia, los celulares y las redes sociales, que les ayudaron a distorsionar la realidad para esclavizar las subjetividades y canalizar la rebeldía y el hartazgo colectivo a través de las urnas. Corrupción, estafas y represión son un combo irresistible bajo el rótulo anarco libertario.
Cara visible de ese grupo invisible que los maneja como marionetas, continúan endeudando y vaciando, empobreciendo y reprimiendo, desnacionalizando y generando dependencia exterior de los organismos de crédito, ahora de la mano de Luis Toto Caputo, de quien ya existe una petición a la Guía Guinnes para inscribirlo como el mayor endeudador del mundo desde que comenzó este organismo encargado de monitorear los récords mundiales de diversas actividades humanas, según comentaba el periodista Reynaldo Sietecase.
A pesar del negacionismo, el pueblo dijo No, negacionismo oficial que anuncia la desclasificación de los archivos de la SIDE sobre la dictadura, Milei intenta calificar como delito de Lesa Humanidad al asesinato del militar Humberto Viola y su hija ocurrido en 1974 a manos del PRT-ERP, intentando reinstalar “la teoría de los dos demonios”. Hecho refutado estos días por Agustín Rossi, ex ministro de Defensa de Cristina Kirchner en radio AM750.
A pesar del negacionismo, el actual presidente Javier Milei opinaba lo contrario en 2018 sobre el abultado endeudamiento de Mauricio Macri gestionado por su ministro Luis Toto Caputo ante el FMI, consideraba que era inmoral porque lo pagarían quienes no han nacido. Ahora, el mismo Caputo, Luis Toto, es su ministro estrella y el préstamo en ciernes, cuyo monto está en dudas, si tiene sentido. La vocera del FMI desmiente lo dicho por Caputo y deja que la burocracia administrativa adormezca los trámites, total.... la paciencia imperial no condice con la impaciencia de sus súbditos.
Todo mentira como siempre y desde siempre. Recordemos entonces, porque todo está guardado en la memoria, como dice León Gieco, el préstamo otorgado a Bernardino Rivadavia en 1822, terminó pagándose después de ochenta años, es decir, en el siglo siguiente.
Dato que nos vuelve a recordar que somos semicolonias y continuamos presos de la sentencia de la Carta de Jamaica del Libertador Simón Bolívar de 1815, “Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil, y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan; las opiniones dividen, las pasiones las agitan, y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio.”
[1] Alejandra Dandan, “Un petit hotel para la usina del golpe de Estado”, Página 12, 26 de agosto de 2013.
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