sábado, 18 de agosto de 2012

Ecuador: Cinco años en la historia inmediata

Desde 2007 hay una nueva historia en Ecuador, que comparte época con procesos similares marcados por otros gobiernos identificados con la nueva izquierda de América Latina.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo

Entre 1979-2006 Ecuador vivió un ciclo de su historia política, caracterizado por cuatro procesos: 1. la progresiva consolidación de un “modelo empresarial” de desarrollo, inspirado en la ideología neoliberal, que colocó los intereses privados y del mercado por encima de los intereses públicos; 2. la edificación de un “Estado de Partidos”, es decir, manejado por una clase política tradicional, que actuó en su beneficio y en el de los intereses del gran capital; 3. la desinstitucionalización del Estado Nacional; y 4. La acelerada pérdida de las condiciones de vida y trabajo para amplias capas sociales del país.

En varios trabajos que publiqué antes de 2007 (el primero en 1996), ya adelanté este análisis, que el paso del tiempo ha comprobado correcto.

Como la pasión política impide ver con objetividad la realidad histórica del Ecuador, todavía hay resistencias a considerar que desde 2007 se inició un nuevo ciclo en la vida política del país. Pero lo cierto es que así ha ocurrido.

La historia oculta destella el futuro

Desde el pasado de América, llegan las luces de su camino presente. Solo hace un año el continente vitoreó el bicentenario de su independencia en un contexto de cambios profundos hacia la integración que una vez soñaron sus próceres. Las voces de estos hombres y mujeres a favor de una región de paz, prosperidad y soberanía son el mejor aliciente para lo que hoy emprenden las naciones latinoamericanas. Una entrevista con el historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy.

Cristina Hernández / LA JIRIBILLA

El historiador Sergio Guerra Vilaboy
En efecto, mantener vigente la herencia del pensamiento progresista en Latinoamérica ha sido uno de los propósitos de varios historiadores de los países del ALBA, quienes recientemente celebraron su segundo encuentro en Caracas, Venezuela.

A propósito de este evento, intercambiamos con el académico cubano Sergio Guerra Vilaboy,  director  del  Departamento  de  Historia  de la Universidad  de La Habana, presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) y Académico de Número de la Academia de la Historia de Cuba. Guerra recibió en 2010 el Premio Extraordinario Casa de las Américas por el Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana por el texto La Integración Latinoamericana en la Historia. Un sueño bicentenario. Además, es autor de libros como El dilema de la independencia; Cinco siglos de historiografía latinoamericana; Breve historia de América Latina; Cronología del Bicentenario y Jugar con Fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina.

La apropiación de los legados que ha dejado la tradición rebelde latinoamericana constituye una de las mejores herramientas intelectuales de cara a los peligros que impone a la humanidad un modelo global depredador. Repensar la manera en que se ha construido esa historia, y otorgar espacio a quienes fueron soslayados por razones clasistas y discriminatorias, es una faena que ocupa a los intelectuales conscientes, como Guerra, de que también en estos cambios de paradigmas globales se albergan la sobrevivencia y justicia humanas.

La periferia europea podría mirar a Latinoamérica

La América Latina de ayer no es la periferia Europa de hoy. Son muchísimas las diferencias en términos políticos-sociales-culturales-ecológicos-económicos. Pero sí son muy parecidas las políticas económicas dictadas por los mismos poderes económicos para ese lugar común que podría ser llamado periferia.

Alfredo Serrano Mancilla * / Página12

Chávez, Kirchner y Lula: líderes del giro
posneoliberal latinoamericano.
Los procesos progresistas de América Latina observan estupefactos los acontecimientos que vive la periferia europea. América Latina sabe muy bien lo que es ser periferia en plena gestión neoliberal del sistema capitalista y conoce en sus propias venas el padecimiento de todas las políticas de ajustes y programas estructurales. Los años ochenta y noventa fueron décadas muy sufridas para las grandes mayorías. La democracia, la soberanía y la justicia social fueron suplantadas por el riesgo país, la confianza de los mercados y la seguridad jurídica.

El punto final llegó, poco a poco, con tensiones y contradicciones, y no sin esfuerzos, después de muchas protestas y demandas, después de mucha interpelación a una legalidad ilegítima, después de haberse perdido elecciones en las urnas de democracias pactadas por la minoría, y después de haberlo intentando una y mil veces, teniendo en cuenta que los de Abajo eran las verdaderas mayorías. Fue primero Chávez en 1998; Lula en Brasil y Kirchner en Argentina; Evo Morales en Bolivia en 2005; Rafael Correa en Ecuador en 2006. Hoy, la América Latina progresista va convirtiéndose en otro polo mundial, con mayorías representadas en democracias dinámicas, siendo una región cada vez menos dependiente, con nuevas relaciones geopolíticas, y con un desafío pendiente: integrarse bajo un principio básico de la justicia, tratamiento desigual de los desiguales para una convivencia más equitativa.

Westfalia mediática

Para Marcelo García el periodismo y la comunicación constituyen terrenos de batalla claves para la disputa geopolítica y ninguno de los jugadores quiere quedarse rezagado, pero la actualidad muestra que el dominio de las cadenas de Estados Unidos y Europa está cuestionado.

Marcelo J. García * / Página12

Telesur es uno de los actores del nuevo
mapa global de la comunicación.
Hace veinte años el mundo era uno solo. La Historia había terminado gracias a la fisión nuclear Fukuyama. La televisión global única bombardeaba guerras sin sangre que para muchos no habían tenido lugar. CNN era el espejismo de los hechos –con hache de Hollywoood–. Lo que decía mostrando era verdad –con ve de victoria–. Las academias estudiaban el “efecto CNN” sobre las relaciones exteriores del hegemón global y sobre las opiniones del votante estadounidense acerca de un mundo lejano que creía (y quería) dominar. Pero la Historia siempre vuelve. Y hoy entramos en una nueva Westfalia que tiene su propia dimensión mediática, esta vez global, cada vez con más actores.

Existe a nivel planetario una lucha soberano-mediática: hay organizaciones periodísticas nuevas que “militan” por causas geopolíticas nacionales. No está claro si existe algún “independiente”.

La educación prohibida

Más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres; un recorrido por 8 países de Iberoamérica pasando por 45 experiencias educativas no convencionales; más de 25.000 seguidores en las redes sociales antes de su estreno y un total de 704 coproductores que participaron en su financiación colectiva, convirtieron a "La Educación Prohibida" en un fenómeno único.

La escuela ha cumplido ya más de 200 años de existencia y es aun considerada la principal forma de acceso a la educación. Hoy en día, la escuela y la educación son conceptos ampliamente discutidos en foros académicos, políticas públicas, instituciones educativas, medios de comunicación y espacios de la sociedad civil. Desde su origen, la institución escolar ha estado caracterizada por estructuras y prácticas que hoy se consideran mayormente obsoletas y anacrónicas. Decimos que no acompañan las necesidades del Siglo XXI. Su principal falencia se encuentra en un diseño que no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo.

A partir de estas reflexiones críticas han surgido, a lo largo de los años, propuestas y prácticas que pensaron y piensan la educación de una forma diferente. "La Educación Prohibida" es una película documental que propone recuperar muchas de ellas, explorar sus ideas y visibilizar aquellas experiencias que se han atrevido a cambiar las estructuras del modelo educativo de la escuela tradicional.

sábado, 11 de agosto de 2012

Indígenas americanos y mentalidad colonial

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Los pueblos indígenas: protagonistas del proceso
 de cambio en Bolivia y nuestra América.
Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.

Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.

¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.

Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.

Centroamérica: la paz inconclusa, o la continuidad de la guerra por otros medios

Las diversas expresiones de conflictividad social, cultural y económica centroamericanas, rebasaron las expectativas de cambio de los pacificadores de la década de 1980 y, desgraciadamente, también ampliaron las condiciones de injusticia,  desigualdad e impunidad en nuestros países.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La impunidad y el militarismo siguen presentes
en Centroamérica en tiempos de "paz".
Con marcados desencuentros entre los gobiernos; con fantasmas del pasado militar y golpista acechando a democracias frágiles e incompletas; y con una alta dosis de desesperanza ciudadana por el presente y el futuro de la región, Centroamérica recordó los 25 años de la firma del Acuerdo de Esquipulas II (un 7 de agosto de 1987), documento que sentó las bases definitivas para la negociación del proceso de paz.

Tanto este acuerdo, como los que le sucedieron a nivel regional y nacional hasta mediados de la década de 1990, sirvieron fundamentalmente para detener una guerra de amplio espectro que conducía a nuestras sociedades hacia lo que bien caracterizó la Comisión de la Verdad de El Salvador como el “paroxismo de la locura”: en efecto,  entre las décadas de 1960 y 1990, cientos de miles de centroamericanos y centroamericanas murieron y desaparecieron en guerras civiles, revoluciones  y, también, en contrarrevoluciones imperialistas. Distintas fuentes registran más de 250 mil víctimas en Guatemala, más de 150 mil en Nicaragua y más de 75 mil en El Salvador.

Historia ambiental latinoamericana. Nuevos desafíos, nuevas oportunidades.

Hoy, empezamos a entender que el neoliberalismo no creó los problemas que padecemos en la relación de nuestras sociedades con la naturaleza, sino que llevó hasta sus últimas consecuencias la premisas del culto al crecimiento económico como un fin en sí mismo creadas por el liberalismo desarrollista que lo precedió.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

Una de las debilidades de la historia ambiental latinoamericana radica en su limitado dominio de la economía, que resulta sobre todo de una formación académica organizada en la tríada Ciencias Naturales / Humanidades / Ciencias Sociales. Esta debilidad viene a ser, así, tan importante como la que resulta del limitado dominio del razonar correspondiente a las ciencias naturales, aun cuando en este caso el problema suele ser menos agudo, dada la evidente afinidad de los problemas que interesan a la historia ambiental con aquellos de que se ocupan disciplinas como la ecología.

La economía, en tanto disciplina que se ocupa de la asignación de recursos escasos entre fines múltiples y excluyentes en cambio, ha priorizado en nuestro medio académico los problemas correspondientes a un crecimiento económico incesante, antes que a los relativos a la producción de las condiciones sociales, territoriales y naturales que hacen posible la producción y pueden garantizar – o no – la sostenibilidad del desarrollo de la especie que somos. Esta tendencia, ya presente en el desarrollismo liberal entre 1950 y 1970, vino a adquirir rasgos cuasi patológicos en los años de hierro del pensamiento único neoliberal.

La intervención imperial en Siria. Marco regional y global.

Siria es una pieza fundamental para el control primario del Medio Oriente, región rica en recursos energéticos, incluyendo el agua dulce de los Ríos Tigris y Éufrates y por su ubicación geográfica. Quienes pretenden mostrar lo que ocurre en Siria como una guerra civil, en realidad de lo que están hablando es de lo que quisieran que aconteciera.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Los medios de prensa occidentales se han apresurado en informar que el gobierno sirio vivía sus últimos días. Sin embargo, las cosas parecen estar cambiand: el domingo pasado, citando un cable de la Agencia Francesa de Prensa, el periódico El Tiempo de Bogotá informó en una nota: “Bastión rebelde sirio, acorralado”.

Lo más increíble de esta situación es constatar cómo Estados Unidos y Europa, ahora con el apoyo de las monarquías árabes,  manejan a su antojo y tergiversan los patrones del comportamiento democrático para –sin inmutarse- imponer “soluciones particulares” a un problema que lo ven como general. Así, produjeron recambios en Túnez y Egipto, invadieron Libia, antes lo habían hecho en Afganistán e Irak, acusan al gobierno sirio de estar constituido por una minoría religiosa, pero en Bahréin,  donde ocurre lo mismo, apuntalaron la grosera y brutal entrada de los tanques sauditas que reprimieron a la población causando muchos muertos entre la población civil. En Yemen, trataron hasta el final de sostener el régimen, para que, cuando esto se hizo imposible, hacer una transición acorde a sus intereses.

Economía y medallas

En muchos países de América Latina las políticas sociales han variado radicalmente desde los noventa y se han realizado grandes esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de los habitantes y, sobre todo, luchar contra la pobreza. Sin embargo, para que esto se vea reflejado en el resultado de los Juegos Olímpicos falta mucho.

Roberto Utrero / Especial para Con Nuestra América
Desde Mendoza, Argentina

El triunfo olímpico también es expresión de políticas
públicas y una cultura de promoción del deporte.
En algún momento en mi época de profesor de secundaria, tuve la peregrina y no muy original idea, de intentar incentivar el interés de los alumnos por la materia que dictaba, Política Económica y, para ello, viendo que los jóvenes estaban entusiasmados con los juegos olímpicos de Atlanta, cruzamos producto bruto per cápita, gasto social (extraído del mismo) y resultado en el medallero. Me hago cargo del grosero método y la torpeza de emplear las estadísticas en tal empeño, en la remota pretensión de dejar algo.

Con sorpresa fuimos advirtiendo, incluido yo mismo, que Cuba superaba de lejos a los grandes de América Latina, Argentina, Brasil y México. Cuba en Atlanta 1996, se ubicó en 8vo. lugar, luego de EEUU, Rusia, Alemania, China, Francia, Italia y Australia, con 25 preseas (9 de oro, 8 de plata y 8 de bronce). En tanto los tres grandes, Brasil, en puesto 25, con 15 preseas (3 – 3 – 9), Argentina, puesto 54, con 3 medallas (0 – 2 – 1) y México, en el puesto 72 con una medalla de bronce.[1]

Comparando los gastos del gobierno central, entre 1986 y 1992, según UNICEF, los porcentajes del mismo para Salud, Educación y Defensa eran Argentina: 3(salud), 10 (educ) y 10 (def); Brasil: 7, 3, 4; Cuba: 23, 10, 0 y México: 2, 14, 2. La inversión de Cuba en salud y educación era lejos, la más elevada y, si a esto le sumábamos la promoción al deporte, la cuestión estaba clara. [2]

Comentarios de un deportista amateur

La práctica deportiva en tanto desarrollo sistemático de habilidades y destrezas físicas, en tanto recreación sana, ocupa indudablemente un lugar importante entre las construcciones humanas; pero secundario si se la compara con el peso específico que ha ido adquiriendo su profesionalización. El deporte, desde hace ya varias décadas, y cada vez más, se ha tornado 1) gran negocio, y 2) instrumento de control político.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

"El espíritu amateur que se pusiera en marcha con la reedición moderna de los Juegos Olímpicos de la mano del Barón Pierre de Coubertin en 1896 en Atenas, ya no existe. El deporte, por cierto, no nació como actividad profesional; distintas sociedades, a su modo, lo han cultivado a través de la historia, siempre como culto a la destreza corporal. La profesionalización y su transformación en gran negocio a escala planetaria es algo que solo el capitalismo moderno pudo generar", declaró hace unos años un funcionario del Comité Olímpico Internacional. Por supuesto, eso le valió su expulsión.

Hablar de "amateurismo" en el deporte hoy puede ser motivo de risas, de escarnio, por no decir causa para ir al manicomio (que es una forma elegante de sacar de circulación a quien no encaja en los patrones normales, quizá algo menos violento que ir a la cárcel). Es más: muchos jóvenes ni siquiera escucharon jamás el término "deporte amateur" en toda su vida. Y pronunciarlo ahora, en medio de la fiebre olímpica que invade el planeta (culto a la hiper-profesionalización y al mercado de atletas), hasta podría pasar por un absoluto absurdo.

Venezuela: “Son tantas las emociones”

Razón y emoción se encuentran en este desborde de cariño por el líder que superó la enfermedad, que conmovió a su pueblo feliz de verlo hablar durante 2 horas bajo el sol, sin ninguna manifestación de debilidad. Verlo afirmar que el camino socialista para Venezuela solamente es posible si el pueblo es capaz de garantizarlo.

Theotonio Dos Santos / ALAI

El presidente Chávez visitó el estado Zulia
el pasado 21 de julio, como parte de su campaña.
Nuestras oligarquías están acostumbradas a desvalorizar el rol de la emoción en la actividad política.  Les gusta descalificar a los líderes con apoyo popular. Fidel habla demasiado. Hugo Chávez apela a la jocosidad, al baile, etc. Correa es más moderado pero también es muy emocional. Lula juega con su pasado popular y se vuelve burlesco. Evo Morales usa trajes  indígenas que desentonan en las recepciones formales. Mujica, además de usar zapatos empolvados, se hace pasar por hacendado pobre. Cristina Kirchner trata de imitar los vestidos “exagerados” de Evita Perón. 

Cuanto más liderazgo muestren   se les descubrirá este aire popular y romántico que, según ellos, pertenece al mundo de la demagogia y no al de los “jefes de Estado”. Los jefes de Estado usan trajes sobrios, hablan moderadamente y no cumplen sus compromisos electorales, pues no son demagogos que hacen lo que el pueblo exige. A las oligarquías les duele así el mundo democrático, las victorias electorales de los “demagogos” y sus diálogos con las fuerzas populares organizadas, aún después de electos. No lo confiesan, pero les duele incluso el juego democrático norteamericano, pero frente a esto se quedan tranquilos, porque sus líderes no pretenden cumplir sus promesas electorales.

Por esto me siento obligado a establecer un marco romántico y emocional para describir mi último viaje a Venezuela. No puedo dejar de consignar el sentimiento de victoria popular y el placer de contar con su líder otra vez. ¿Por qué no apelar entonces a la música de Roberto Carlos?:  ¿“Son tantas las emociones”?

Bolivia antes y después de Evo

En siete años Bolivia erradicó el analfabetismo, su economía ha crecido a un promedio de 4.7 por ciento anual, casi sextuplicó sus reservas internacionales de divisas, duplicó el PIB por habitante y dejó de ser aquel Estado mendicante, calificado de fallido, que dependía de la ayuda internacional hasta para pagar a sus empleados públicos.

Ángel Guerra Cabrera / LA PUPILA INSOMNE

Evo Morales, presidente de Bolivia.
En Bolivia una exigua minoría opulenta oprimía y negaba sus derechos humanos básicos a aimaras, quechuas, guaraníes y otros pueblos originarios que forman la mayor parte de la población. Mucho menos les reconocía sus derechos colectivos a la identidad cultural, la autonomía y el territorio. 90 por ciento de la población rural vivía en la pobreza y el país disputaba a Haití y Honduras  el peor desempeño  en la región por su índice de desarrollo humano.   Las empresas públicas creadas por la revolución de 1952 fueron privatizadas a precio de remate en cumplimiento de las directivas del Consenso de Washington mediante disposiciones anticonstitucionales y escandalosos negocios armados entre la oligarquía y las transnacionales. Valga este ejemplo para ilustrar el saqueo: sólo el presidente neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-97; 2002-03) hizo una fortuna superior a los 250 millones de dólares a expensas de las privatizaciones, del desempleo ocasionado por estas a decenas de miles de trabajadores, de la entrega de los recursos naturales y la soberanía nacional y la sangrienta represión contra los movimientos que rechazaban estas políticas.

América Latina: Entre el qué hacer y los cambios

“Existe una alternativa al capital”, dice Isabel Rauber, autora del libro “Revoluciones desde abajo”. Pero no se trata de una cuestión de fe sino, como muestra en esta charla, una manera de rastrear las reacciones de los pueblos ante la realidad.

Miguel Russo / Miradas al Sur

La investigadora Isabel Rauber.
Acaba de publicar un libro que se llama Revoluciones desde abajo y, bajo el subtítulo “gobiernos populares y cambio social en Latinoamérica”, hace foco en los desafíos culturales de la región. Mientras prepara su nueva ponencia en un nuevo congreso europeo que, como los de todo el mundo, la tiene como presencia inevitable a la hora de hablar de América latina, Isabel Rauber se hace un tiempo para un cortado en el bar de la esquina del Congreso. Y con el cortado, la charla.

–¿Qué cambios culturales deben hacerse para llevar adelante la pelea con el postcapitalismo?

–Yo siempre hablo desde el pie de América latina, que es donde vivo y desde donde dialogo con los movimientos sociales. Desde allí busco el porqué de la gran derrota de los ’70 y los ’80 en la región y la desaparición del sistema socialista mundial como el fin de las alternativas. En ese tiempo del eterno capitalismo, emergen en el continente nuevos movimientos sociales fuertes: Chiapas, que es el que más llama la atención por su cuestión mediática; el Movimiento Sin Tierra, de Brasil; el movimiento indígena de Bolivia, que era muy fuerte aunque desconocido por cierta prensa de izquierda.

Qué reclamar al capitalismo neoliberal en crisis

El gran desafío es cómo procesar la transición rumbo a un mundo postcapitalista liberal, entendido como un sistema social que esté orientado por el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, que sustente toda la vida y que exprese una relación nueva de pertenencia y de sinergia con la naturaleza y con la Tierra.

Leonardo Boff / Servicios Koinonia

La crisis del neoliberalismo ha alcanzado el corazón de los países centrales que se arrogaban el derecho de conducir no solo los procesos económico-financieros sino también el propio curso de la historia humana. Es la crisis de la ideología política del estado mínimo y de las privatizaciones de los bienes públicos, pero también del modo de producción capitalista exacerbado en extremo por una concentración de poder como nunca antes se había visto en la historia. Estimamos que esta crisis tiene carácter sistémico y terminal.

El genio del capitalismo siempre ha encontrado salidas para su propósito de acumulación ilimitada. Para eso ha usado todos los medios, inclusive la guerra. Ganaba destruyendo y ganaba reconstruyendo. La crisis de 1929 se resolvió no por la vía de la economía sino por la vía de la Segunda Guerra Mundial. Ese recurso parece ahora impracticable, pues las guerras son tan destructivas que podrían exterminar la vida humana y gran parte de la biosfera. Pero no estamos seguros de que, en su insania, el capitalismo no use este medio.