La pandemia del covid19 provocó un retroceso brutal en los indicadores de desempeño socioeconómico de nuestra región, exacerbando “las grandes brechas estructurales” y enfrentándonos a “un momento de elevada incertidumbre, en el que aún no están delineadas ni la forma ni la velocidad de la salida de la crisis”: así lo documenta la CEPAL en su informe Panorama Social de América Latina 2020, presentado recientemente por el organismo.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

La crisis alcanza tales dimensiones que tendríamos que remontarnos hasta inicios del siglo XXI, cuando todavía sufríamos la herencia de los años más duros del neoliberalismo salvaje de la década de 1990, para encontrar registros similares en materia de pobreza extrema: en 2020, el porcentaje de personas viviendo en esta condición fue de 12,5% de la población (8 millones más que en 2019), apenas una décima más alto que el 12,4% alcanzado en el año 2000, en los tiempos en que gobernaban los Fernando de la Rúa, Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo, Hugo Banzer o Gustavo Noboa, por citar sólo algunos de los paladines del neoliberalismo criollo. Y si miramos la variable de la pobreza, encontramos que en 2020 cayeron en esta condición 22 millones de personas más que en 2019, un 33,7% de la población. Esto equivale a 209 millones de personas. Es decir, un tercio de los habitantes de nuestra América no logra satisfacer sus necesidades básicas (alimentación, acceso a bienes y servicios mínimos). Un dato muy próximo al del año 2005, en los albores del ciclo progresista y nacional-popular, cuando se registraron 210 millones de latinoamericanas y latinoamericanos bajo el umbral de la pobreza. Y todo esto, en un escenario en el que la desigualdad en la distribución del ingreso fue un 5,6% más alta que en el 2019 y la tasa de desocupación llegó al 10,7%.