En
todo el contexto de segregación y exclusión que se vive a diario en la ciudad
de Mérida, son los pobladores de origen maya quienes sufren una doble o triple
segregación.
Cristóbal León Campos / Especial
para Con Nuestra América
Desde
Mérida, Yucatán. México.
I
Al
ser construidas las metrópolis latinoamericanas durante la época colonial, una
de sus características fue la presencia de espacios físicos de marginación y
segregación, que de origen tuvieron como pretexto, las concepciones raciales y
étnicas que sirvieron como justificantes de la dominación y fijaron en el
imaginario social las diferencias como razones político-económicas y
socio-culturales, hoy, a más de quinientos años del inicio de la edificación de
las ciudades en nuestra América, y en muchos casos, doscientos años después de
las guerras de independencia y la conformación de los Estados-Nación, la marca
del racismo continua visible, los partidarios de la nostalgia colonial han
conseguido que se preserven espacios físicos segregados, y los reafirman con
las acciones cotidianas de gobierno que establece el llamado “orden social”. En
México, este hecho es reconocible en las capitales, y en particular, en Yucatán
la ciudad de Mérida mantiene esa división como una constante en el quehacer
diario, sin importar, que las leyes y el discurso oficial, hablen en otro
sentido, la realidad es, que el aire que aún se respira, está cargado de la
segregación como orden urbano y la viejas concepciones de superioridad entre
clases y sectores sociales. Mérida es aunque duela reconocerlo; una ciudad
donde el racismo persiste y se reproduce todos los días.