La importancia de crear una identidad nacional que
reagrupe al conjunto de identidades étnicas, reside en el hecho de que sólo
sintiéndose parte de un proyecto de nación común a todos, los guatemaltecos
podrán unir esfuerzos, diseñar estrategias y relacionarse con los demás países
del mundo con objetivos claros que favorezcan al conjunto de la nación.
Jorge
Murga Armas [1] / Especial para Con
Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
Existen
diferentes enfoques o maneras de plantear la identidad, y la importancia que en
cada uno de ellos se otorgue al aspecto social o individual, condicionará el
procedimiento y la definición del concepto. Para mí, en cualquier caso, la
identidad es historia, representación y estrategia.
La
identidad es historia, puesto que el conjunto de rasgos culturales propios de
un grupo étnico (lengua, religión, modo de vida, organización social,
costumbres, vestimenta, etc.), son el fruto de un contexto social y temporal
específico, pero también porque esos rasgos culturales llevan la marca de la
historia.
La
identidad es representación, porque los individuos y grupos sociales,
condicionados por el medio social y natural en que viven, construyen formas
específicas de percepción de sí mismos (percepción de la persona), modalidades
propias de concepción de la divinidad (percepción de la divinidad), formas
específicas de relación de los hombres con la naturaleza (taxonomía, modos de
apropiación) y formas propias de relación con los demás (relaciones sociales).













