Como la figura emblemática del Che
Guevara, pronto Mandela aparecerá en afiches, camisetas y todo tipo de
referencias vagas que tratarán de desnudarlo del carácter rebelde, subversivo y
antisistémico que entraña. Por eso hoy, ante su muerte, vale la pena traer a
colación su verdadero carácter, la esencia de su lucha, para que no se
olvide.
Rafael
Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica
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| Nelson Mandela y Fidel Castro, durante la visita del líder surafricano a Cuba, en 1991. |
Ahora que ha muerto Nelson Mandela, no
hay voz que no se lamente de su partida ni político que no se sienta
identificado con su legado. Casi parece un santo cuyos principios humanísticos
coincidieran con los de todo el mundo, una especie de Juan Pablo II laico que
no tardará en ser beatificado vía exprés y que, desde el cielo, repartirá
milagros.
Mandela es, en efecto, uno de los
grandes luchadores de nuestro tiempo, un símbolo de lo que la tenacidad y la
consecuencia con los principios puede hacer. En otras palabras, un
“imprescindible”, al decir de Bertold Brecht.













