sábado, 21 de diciembre de 2013

El enigma Lula

En un mundo donde han desaparecido los grandes estadistas, donde cada uno parece dedicarse a defender los intereses inmediatos de su país, el liderazgo de Lula se proyecta con más fuerza todavía. Porque él representa la visión y las propuestas del Sur del mundo, de América Latina en particular.

Emir Sader / ALAI

Lula da Silva, expresidente de Brasil.
El éxito de Lula como líder político de proyección mundial generó una especie de consenso a escala internacional. Hubo países –como Argentina o Perú – en los que todos los sectores políticos reivindicaban al líder brasileño. Cada uno haciendo su lectura de lo que habría sido el gobierno Lula, reivindicándolo en contra de otras fuerzas políticas, de gobierno o de oposición.

La prioridad de las políticas sociales en el gobierno Lula es lo que ha permitido que Brasil, el país más desigual del continente y del mundo, por primera vez, haya tenido grandes avances en la lucha en contra de la desigualdad, la pobreza y la miseria. Sin mayores análisis, de parte de algunos, de las condiciones que han permitido esos avances.

sábado, 14 de diciembre de 2013

México y la reforma de PEMEX

Esta semana que termina, el Congreso mexicano ha votado afirmativamente la reforma a la compañía petrolera estatal, PEMEX, y pronto empezará la rebatiña para repartírsela. Ese es el futuro que espera a los países que los Estados Unidos, en la reconformación de su poder en América Latina, ha aglutinado en la Alianza del Pacífico.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-COSTA RICA

La reforma de PEMEX: la traición a uno de
los últimos hitos de la Revolución Mexicana.
México se constituyó en un referente mayor para América Latina cuando, en los albores del siglo XX, una revolución agraria y nacionalista puso las bases de la nación moderna mexicana.

La Revolución Mexicana de 1910 tuvo varias vertientes, la más radical de ellas seguramente la agrarista de Emiliano Zapata, que con profundas raíces en los sufridos campesinos desposeídos, luchó por una reforma agraria que diera tierra a quien la trabaja.

La institucionalización de la revolución, después de 1917, encaminó el proceso hacia otros rumbos, sobre todo cuando el aparato gubernamental fue copado por grupos de la burguesía nacional, corporativos y mafiosos que, a través del PRI, se mantuvieron en el poder prácticamente todo el siglo XX.

Costa Rica y las elecciones de 2014: una oportunidad para derrotar al neoliberalismo

Derrotar al neoliberalismo criollo y, a la vez, sumar otro gobierno y otro proyecto posneoliberal al cambio de época latinoamericano, se presentan como una posibilidad real en Costa Rica. Concretar ese horizonte de esperanza dependerá de la unidad de las fuerzas progresistas.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

José María Villalta, diputado y candidato
presidencial del Frente Amplio de Costa Rica.
En un país donde la resignación se disfraza de “felicidad”, y donde el sentido común neoliberal instaló con éxito el dictum de que no existen alternativas al orden social y económico imperante (el de la derrota del Estado Social de Derecho, y el triunfo de un modelo  político y económico de pocos ganadores y muchos perdedores o víctimas inevitables), la gran noticia de la campaña electoral en Costa Rica es que, a poco menos de dos meses de las elecciones presidenciales (febrero de 2014), las encuestas de opinión del mes de diciembre abren la posibilidad de que el proceso se defina en una segunda ronda, con un partido de izquierda como protagonista con opciones reales de triunfo. Algo inédito en los últimos 70 años de historia costarricense.

Persistir

Las ideas para la transformación social no pueden ser más sencillas: establecer un orden social que sea popular por lo revolucionario; revolucionario por lo democrático, y democrático por su capacidad para incorporar a las grandes mayorías de nuestras sociedades a la efectiva construcción de su propio destino: esto es, por su capacidad para contradecir y contrarrestar los hábitos de gobierno oligárquico que han devorado una y otra vez nuestras esperanzas.

Guillermo Castro H. / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad Panamá

En 1998, al anunciar que no aspiraría a la reelección como Presidente de Sudáfrica tras concluir su período en el cargo, Nelson Mandela explicó que a cada hombre le tocaba una tarea propia de su circunstancia, y que la suya había sido de la de llevar a su país a la democracia. Múltiples reflexiones podrían venir a cuenta de esto en nuestra América. De entre ellas, destaca la que se refiere a la importancia que tiene la claridad de los propósitos para organizar de manera adecuada las acciones necesarias para lograrlos.

No han faltado los adictos a las candilejas que acusaron entonces y acusan hoy a Mandela de no haber hecho la revolución socialista en su tierra, como no le han faltado a Lula, a Correa, a los Kirchner, a Mujica, y al propio Omar Torrijos, en su tiempo. El hecho es que ninguno de ellos se propuso hacer tal cosa, y tendría que ser de evidente justicia juzgarlos por lo mucho o poco que hayan logrado en lo que sí se plantearon hacer.

Bienvenida a Argentina (Algunas reflexiones sobre los disturbios en Córdoba)

Me siento bienvenida a la Argentina, no por los disturbios, sino por todo lo que los disturbios me están revelando de una idiosincrasia que devela con gran transparencia uno de los costados más oscuros de las clases medias latinoamericanas. ¡Bienvenida a América Latina, querida Argentina! Aunque a tantos les duela.

Carmen Elena Villacorta / Especial para Con Nuestra América
Desde Córdoba, Argentina 


La crisis policial en Córdoba... y lo que hay detrás.
“Bienvenida a la Argentina”, me dicen mientras comentamos los disturbios de los primeros días de diciembre en Córdoba. Llamativa frase para alguien que creció en Bogotá, nació y fue universitaria en San Salvador y vivió ocho años en el Distrito Federal. Capitales de países extremadamente violentos. Será por eso, o porque en el barrio del centro de Córdoba en el que vivo no escuché tiros ni me vi asediada por muchachos en moto, que ni me sorprendí, ni me espanté con lo ocurrido. Mi padre llamó, desde El Salvador, angustiado; y también mi madre y su esposo, en Colombia, se preocuparon, porque en los noticieros del mundo el “caos” en Córdoba causó revuelo. Las imágenes de jóvenes y rabiosos rostros saqueando supermercados, tiendas de ropa y concesionarias llevaron a mi padre a extrañarse de que en los países centroamericanos inundados por las maras (o pandillas juveniles) no se hubiese visto algo semejante. Cierto es que se trató de un fenómeno fuera de lo común, por tratarse de Argentina. En Centroamérica, Colombia y México pasan todos los días cosas mucho peores, pero como terminan naturalizándose, pasan desapercibidas ante la prensa internacional.

Legalidad y legitimidad democrática

Mientras Venezuela mide fuerzas una y otra vez en el marco de la democracia consagrada en la Constitución Nacional, en la vecina Colombia, vendida como adalid del modelo de democracia a construir, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, elegido legítimamente por el pueblo, fue destituido por la decisión unilateral del Procurador General de la República.

Sergio Rodríguez Gelfenstein / Especial para Con Nuestra América
Desde Caracas, Venezuela

Los últimos eventos eleccionarios en Chile, Honduras y Venezuela nos han mantenido ocupados en el análisis de sus resultados, las perspectivas y consecuencias que de ellos se derivan. Aunque no he escrito sobre las elecciones del pasado domingo en Venezuela porque, siendo un tema nacional, hay otros colegas que con mucho más conocimiento e información han emitido valiosos documentos de análisis. Es menester decir que al escribir estas líneas, hoy lunes 9 de diciembre, después de una revisión de la prensa internacional que reseña tal acontecimiento, se puede generalizar afirmando que fue imposible para los medios de comunicación de la derecha foránea obviar la importante victoria obtenida por el gobierno de Venezuela y las fuerzas políticas que lo sustentan, rompiendo una supuesta tendencia iniciada en abril, a través de la cual la derecha opositora suponía un camino de deslegitimación institucional que los conduciría el poder.

Mandela, el subversivo

Como todo gran líder o gran estadista, Mandela siempre combinó  un apego estricto a los principios con un notable pragmatismo. Y esta combinación, como suele suceder, lo libró del obcecamiento principista y del oportunismo.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

Murió  Nelson Mandela. El gran Madiba entra en el terreno de la inmortalidad  cobijado ahora  por la  memoria del mundo. Olvidando que el Departamento de Estado lo borró de la lista de terroristas hasta en 2008, Barack Obama dijo al saber de la muerte del prócer mundial que “No puedo imaginar mi vida sin el ejemplo de Mandela”.  Frase conmovedora si uno olvida que Obama ha conducido  con entusiasmo  las intervenciones en Afganistán, Irak, Libia y que semanalmente ha seleccionado con un equipo la muerte a través de drones  de aquellos a quienes la CIA y otros organismos estadounidenses consideran terroristas peligrosos.

La grandeza de Nelson Mandela radica en  que tuvo muchísimos motivos para odiar y murió sin hacerlo. Cinco años antes de salir de la cárcel, Madela mandó señales a sus seguidores de que la única posibilidad de hacer de Sudáfrica una nación viable  era evidenciar enérgicamente una voluntad de reconciliación  entre negros y blancos en un país desgarrado por el apartheid.

Mandela y el sueño inconcluso de la libertad

El régimen del apartheid era un mundo partido en dos. No era meramente un sistema político caracterizado por la segregación y negación más absoluta de derechos iguales, sino que sobre todo era un sistema económico, el capitalista, que en el caso de Sudáfrica esgrimía el racismo como mecanismo que validaba el hecho de que una minoría blanca tuviera el control total de las minas, las tierras, las fábricas, los comercios y los bancos.

Carlos Rivera Lugo / Especial para Con Nuestra América
Desde Puerto Rico

El 24 de junio de 1975 aterricé en Lorenço Marques, capital de Mozambique, entonces provincia portuguesa de ultramar.  Así constaba en el sello con el que el oficial portugués de inmigración registraba mi entrada al país.  Estaba lleno de emoción para presenciar un acontecimiento histórico: a las doce de la medianoche se declararía formalmente la independencia de Mozambique.  Iba en representación del Secretariado de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), mejor conocida como la Tricontinental. 

Poco antes de las doce fui llevado a un estadio donde se produjo finalmente el traspaso del poder a manos del nuevo gobierno del Mozambique libre, encabezado por Samora Machel, líder máximo del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), cuyo compromiso era impulsar el socialismo para potenciar un desarrollo que beneficiase a todo el pueblo, particularmente la mayoría negra.

¡Adiós Madiba!

Así lo llamaban los ancianos de su tribu, los Xosa, a cuya jefatura hereditaria alguna remota vez supo renunciar, para emprender cruzadas mayores…

José Miguel Corrales* / Para Con Nuestra América

Agradecemos el envío de este texto a nuestro colaborador José Luis Callaci

Hace pocos años en Sudáfrica, cuando la FIFA puso en sus manos anfitrionas la Copa del Mundial, dio la vuelta al mundo una gráfica con un primerísimo plano de su rostro. En ella la miraba con ternura, como si la copa fuera alguna de sus tres hijas, mientras decoraban su topografía facial una serie de accidentes de la piel, meandros, montes y valles diminutos, con que el alma modelaba sobre su carne cansada la expresión de una fatiga centenaria. Aquella Copa simbolizaba el homenaje a ese guerrero inclaudicable que puso a su raza en el mapa mundial de la dignidad, mientras el planeta entero lo aplaudía, consciente que su lucha valía más que todos los mundiales juntos.

Venezuela: Unidad o uniformidad

El sentimiento bolivariano volvió a triunfar en las sabanas llaneras. A un año de la última aparición pública del  exmandatario bolivariano, Comandante Hugo Chávez Frías, y contra toda especulación, las fuerzas revolucionarias bolivarianas avasallaron en las últimas elecciones municipales en la República Bolivariana de Venezuela.  La oposición –como reacción inmediata– denunció la existencia de un país dividido y sin dueño.

José Toledo Alcalde 
Especial para Con Nuestra América
Desde Estados Unidos

Los cuadros opositores no se dejaron esperar. Valiéndose de todos sus medios de comunicación habidos, manifestaron su desacuerdo. Entre ellos, el ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski se rasgó las vestiduras denunciando que el triunfo bolivariano lo único que demuestra es la “división” del país y la inexistencia de dueños: “Para mí hoy el mensaje del país es muy claro: Venezuela es un país dividido, nuestro país no tiene dueño y los que aquí estamos para construir una alternativa de país no descansaremos hasta unir a Venezuela”.

Venezuela: Ganar sin Chávez, consolidar el chavismo

En una discusión en el barrio de San Agustín, una mujer le dice a otra: “¡Ay chica, tú es que hablas como Chávez!”. Y la señora le contesta: “No, es que Chávez hablaba como nosotros”. Y así anda este pueblo. Hablándose, encontrándose, convocándose.


Juan Carlos Monedero / Rebelion

Dijeron que era un plebiscito y fueron con todo. Que los ricos siempre van sobrados. Aún más si te apoyan los Estados Unidos. Contaban con que el empujón definitivo contra Maduro venía este 8 de diciembre. Llevaban unos meses en la tarea. Desabastecimiento inducido, sabotaje eléctrico, acaparamiento, inseguridad. Más los errores propios del gobierno (que eso ya lo ponen ellos). El mismo escenario que le prepararon a Allende antes del golpe de 1973. Desde Estados Unidos, Roger Noriega escribió la tesis del colapso total, que vendría a rematar, cuando la situación fuera insostenible, el ejército norteamericano. Que Venezuela tiene demasiado petróleo. Pleno acuerdo de una parte importante de la oposición. Por fin, el chavismo aniquilado. Fin de la pesadilla. Malditos rojos.

¿Ecología o extractivismo?

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.

Boaventura de Sousa Santos / Público.es

Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.

Fútbol profesional: una crítica necesaria

Si algo podemos criticar con fuerza no es el fútbol como deporte (¡que vivan todos los deportes, por supuesto!, y ojalá todos practiquemos alguno -e invitamos que sea fútbol, porque creemos que es muy bonito-) sino todo el circuito político-económico que ha ido formando su profesionalización creciente así como su utilización en tanto mecanismo de control de masas, ahora ya a nivel planetario.

Marcelo Colussi / Especial para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

¡Fútbol, pasión de multitudes! De eso no caben dudas. El fútbol es, hoy por hoy, el deporte más difundido a nivel mundial. Que sea o no el más bonito de todos, no es el propósito de estas breves líneas discutirlo. Para sus fanáticos, obviamente lo será. Sin dudas tiene algo de atractivo, porque sus seguidores se cuentan por millones, y van en aumento. Años atrás era cosa sólo "de hombres"; hoy son innumerables las mujeres que también lo siguen con pasión, o incluso lo practican. Lo importante a rescatar ahora es que -y en esto podemos estar totalmente de acuerdo- resulta por lejos el más popular.

La lengua de Martí

Martí fue, además, el hombre maduro, en el cual se retarda la infancia y de otro lado se anticipa la vejez; hombre cenital que goza desde un punto mágico las dos mitades del cielo. Por eso se abre en pulpas humanas por donde se le toque Y por eso sabe tanto del negocio de vivir, de padecer, de caer y de levantarse.

Gabriela Mistral
Conferencia dictada en 1934 en La Habana

Imitación. La imitación cubre en América la época anterior y la posterior a Martí: cien años de calco romántico y cincuenta de furor modernista son los cortes en que aparece dividido nuestro suelo literario. Tenemos que confesar que la imitación aparece en nosotros más que como un gesto como una naturaleza; nuestra piel toda poros es lo mejor y lo peor que nos ha tocado en suerte y a causa de ella vivimos a merced de la atmósfera.

Por esto, la originalidad adquiere en Indoamérica el aspecto de un asa salvadora de nuestro decoro y el escritor sin préstamo o con un mínimum de préstamos vale por el golpe seco de una afirmación. El fenómeno del escritor que procede de sí mismo aunque haya vivido en la corte de los maestros, oyéndolos hablar y recitándolos sin estropeo del acento propio, significa en nuestros pueblos un hecho digno de ser hurgado para exprimirle el ejemplo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Mandela: no permitir la trivialización de su legado

Como la figura emblemática del Che Guevara, pronto Mandela aparecerá en afiches, camisetas y todo tipo de referencias vagas que tratarán de desnudarlo del carácter rebelde, subversivo y antisistémico que entraña. Por eso hoy, ante su muerte, vale la pena traer a colación su verdadero carácter, la esencia de su lucha, para que no se olvide.

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

Nelson Mandela y Fidel Castro, durante la visita
del líder surafricano a Cuba, en 1991.
Ahora que ha muerto Nelson Mandela, no hay voz que no se lamente de su partida ni político que no se sienta identificado con su legado. Casi parece un santo cuyos principios humanísticos coincidieran con los de todo el mundo, una especie de Juan Pablo II laico que no tardará en ser beatificado vía exprés y que, desde el cielo, repartirá milagros.

Mandela es, en efecto, uno de los grandes luchadores de nuestro tiempo, un símbolo de lo que la tenacidad y la consecuencia con los principios puede hacer. En otras palabras, un “imprescindible”, al decir de Bertold Brecht.