Cuanto más pequeño es el viajero más fácilmente pasa las barreras, y el virus se filtró por todas partes con una eficiencia que les hace honor a todos nuestros avances: el de la velocidad, el de la comunicación, el de la igualdad, el de la globalidad. El virus mostró sus credenciales modernas: veloz, omnipresente, igualitario, “viral” y universal.
Metrópolis sin gente, cielos sin aviones, la lógica implacable de la realidad detenida bruscamente por una ansiosa alarma planetaria… no dejó de ser un alivio en medio de la angustia y aun del pánico descubrir que el mundo puede cambiar de la noche a la mañana, que hay cosas sorprendentes e imprevisibles que pueden ocurrirle de pronto, no a los individuos como es costumbre, sino a la humanidad.














