Asumir la obra martiana en su doble dimensión de estructura y proceso facilita conocer a un tiempo la forja de una visión del mundo dotada de una ética acorde a su estructura, y el ejercicio de esa ética en un quehacer político sostenido por la necesidad de luchar por el equilibrio del mundo.
Guillermo Castro H./ Especial para Con Nuestra América
En la búsqueda del vínculo entre la actualidad de lo pensado y la vigencia del pensar de Martí – esto es, de la obra martiana como elemento activo de nuestra cultura - conviene tener en cuenta lo advertido por Antonio Gramsci sobre los riesgos de aquel “heroico furor” que “se adueña de toda la personalidad” de quien aborda la vida y la obra de un autor apasionante, hasta que finalmente “se impone un equilibrio crítico y se estudia con profundidad, sin rendirse enseguida al atractivo del sistema o del autor estudiados”.[2]



