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sábado, 12 de noviembre de 2022

Un disparo a la conciencia

 La democracia, los derechos y las libertades acaban cuando la prensa engaña.

Carolina Vásquez Araya / https://carolinavasquezaraya.com

Una de las mas graves amenazas para la democracia son los atentados contra la libertad de expresión. Signo inequívoco de la corrupción del sistema, la intimidación y los actos de violencia contra periodistas y otros comunicadores revelan las intenciones nada nobles de sectores cuyo objetivo es mantener a la población en la ignorancia, y a la disidencia en el silencio. De acuerdo con datos proporcionados por Unesco, al menos 827 periodistas fueron asesinados en la última década.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Una carta, una historia

La comunicación epistolar es un recuerdo del pasado, una práctica obsoleta.

 

Carolina Vásquez Araya / https://carolinavasquezaraya.com

 

En un afán por escapar de un presente lleno de incertidumbre y contradicciones, prefiero echar la mirada a los pasados siglos para rescatar de esas brumas de la memoria uno de los objetos más preciados: la carta. Heredera de los antiguos manuscritos, en donde se plasmaba con exquisito estilo la Historia de la Humanidad, la carta -ese trozo de papel cargado de significado- sobrevivió a las guerras, los avances de la industria, las crisis existenciales y los obstáculos geográficos que retardaban su trayectoria, hasta que la derrotó el siglo actual. Alrededor del mundo, los sistemas de distribución del correo representaron una de las instituciones mas sólidas y de mayor credibilidad, por la importancia depositada en esa práctica.

sábado, 5 de marzo de 2022

Realidades paralelas

 Nada tan inquietante como el hecho de ignorarlo todo.

Carolina Vásquez Araya / https://carolinavasquezaraya.com


“Aprendeher la realidad sumergiéndose de lleno en ella” era el lema de Ryszard Kapuscinski, el gran reportero polaco cuyo paso por este planeta dejó huellas profundas en el periodismo y en la manera de comprender al mundo. Su trayectoria, impecable y cargada de valores humanos, viene a recordarnos una vez más la existencia de una vocación imprescindible: un periodismo en cuyo ejercicio deben primar el compromiso, la verdad y la sensibilidad ante la tragedia de los pueblos sometidos a la violencia incomprensible de la guerra.

sábado, 5 de diciembre de 2020

El peligro de no saber

 Es enorme el valor de una prensa libre, independiente, ética y con capacidad investigativa.

Carolina Vásquez Araya / https://carolinavasquezaraya.com


Una de las principales estrategias de las dictaduras –explícitas, solapadas o en plena evolución- es atacar a la prensa independiente para cercenar de un certero golpe la capacidad de reflexión, análisis y convocatoria de la ciudadanía ante los abusos de sus gobernantes. La prensa correctamente orientada hacia el ejercicio irrestricto de la libertad de expresión y el derecho del pueblo a ser informado, es el instrumento indispensable en la consolidación de las democracias. Esto lo saben bien quienes aspiran a ejercer el poder sin fuerzas opuestas, en un ambiente controlado al cual no tenga acceso la mirada pública.

sábado, 24 de marzo de 2018

Hegemonía, poder y periodismo

En un mundo donde se busca ser importante antes de ser útil a la sociedad, el periodismo autentico es ejemplo por su ética de compromiso social. ¡Honremos al periodismo reponiéndole a la palabra su función transformadora y comprometiéndonos con la igualdad, la justica y la libertad!

Cristóbal León Campos / Especial para Con Nuestra América
Desde Yucatán, México

I

Es conocido que en este mundo regido por la economía de mercado y la lógica de ganancia por encima de todo, se valora el trabajo del hombre principalmente por la utilidad práctica que tenga. Por ende, el pensamiento crítico se desecha por considerársele inservible, al mismo tiempo en que se ve a los intelectuales críticos como seres que no aportan nada útil a la sociedad.

En esta sociedad lucrativa las ideas no son rentables. Por eso en la enseñanza básica y media superior se recorta la impartición de las materias generadoras de pensamiento (literatura, historia, filosofía), para que las disciplinas favorables al mercado sean estudiadas a fondo. Para beneficio del mercado han proliferado las universidades privadas, asegurando así, las demandas de fuerza de trabajo, mientras los gobiernos recortan a las universidades públicas los recursos económicos y obligan a la población a optar por la educación privada.

sábado, 8 de julio de 2017

Ser periodista en tiempos de gobiernos neoliberales

Levantar la voz en tiempos en los que nos gobiernan “clicas” criminales, es sinónimo de entereza, integridad, convicción y responsabilidad absoluta; porque fácil es no arriesgarse, pero ser portador de  la luz que alumbra el sendero exige además de la cabalidad, la consecuencia política y humana de quien se atreve a hacer la diferencia en  el tiempo en el que le ha tocado vivir.

Ilka Oliva Corado / Para Con Nuestra América
Desde Estados Unidos

Enorme represión se vive en la Latinoamérica de gobiernos neoliberales, un sistema de mando cimentado en la post dictadura en la región. Amenazas, tortura, desapariciones forzadas y asesinatos que quedan en la impunidad. El único fin es silenciar las voces de quienes se atreven a hacer pública su opinión y con esto despertar las mentes dormidas de las masas. Ése es el temor de los estados fallidos y corruptos; el despertar de las masas y en esto el papel del periodismo con conciencia social es vital. Porque si las masas despiertan, cambia el sistema.

sábado, 20 de mayo de 2017

México: Mártires de la información

Desde el año 2000 han sido asesinados o desaparecidos 128 periodistas. Una cifra notable si tomamos en cuenta que en términos formales, México no vive una guerra,  ni los periodistas asesinados o desaparecidos son corresponsales de guerra. Lo que si vive México de manera sorprendente, dada la solidez de su Estado en el pasado, es un deterioro institucional y una falencia estatal sin precedentes.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

México se conmocionó en los últimos días por el asesinato  del periodista sinaloense Javier Valdez Cárdenas. Javier fue en  los últimos años crítico de la corrupción gubernamental y  abierto opositor a las actividades del narcotráfico, conductas ambas que expresaba en artículos en La Jornada, periódico del cual era corresponsal, y también en un semanario creado y dirigido por él,  Ríodoce. El lunes 15 de mayo, el valiente periodista salió de las oficinas del semanario, abordó su automóvil y una cuadras adelante,   en una céntrica calle de la ciudad de Culiacán, su auto fue interceptado por otro vehículo. Dos hombres encapuchados, lo sacaron violentamente  de su  auto  y lo mataron con doce balazos. Por supuesto nadie acudió en auxilio de Javier, su cuerpo quedó tirado en medio de la calle, hasta que después de tres horas y cumplidos los procedimientos  burocráticos, fue llevado a la morgue.

sábado, 18 de julio de 2015

Jacobo Zabludovsky, ficción y realidad

No fue Zabludovsky un prócer del periodismo mexicano como lo fueron Julio Scherer, Miguel Ángel Granados Chapa o Vicente Leñero. O como ahora lo es Carmen Aristégui. Su mérito será el haberse reinventado y tratar de compensar en sus últimos años,  el daño que hizo durante buena parte de su carrera.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

La madrugada del  viernes 3 de julio leí diversos artículos acerca de la muerte de Jacobo Zabludovsky. Y encontré uno en el que se le atribuía un discurso estremecedor en el momento en que recibió la medalla al Mérito Cívico Eduardo Neri, otorgada por la Cámara de Diputados en abril  de 2013. Durante los últimos 45 años  vi, escuché y leí a Jacobo Zabludovsky y pasé de la cólera y del desprecio,  a la sorpresa y aún admiración. Pude observar en su programa “De 1 a 3”, opiniones políticas insólitas en aquel obsecuente periodista que el día 2 de octubre de 1968 -cuando la Plaza de Tlatelolco estaba bañada en sangre-, comenzó su programa con un “Hoy fue un día soleado”. Advertí que le hizo entrevistas profesionales al satanizado Andrés Manuel López Obrador,  como éste lo ha reconocido al comentar el deceso del periodista. Y el estar fuera de la jaula de oro de Televisa, se me reveló un personaje de extraordinaria cultura y sensibilidades insospechadas. No cabe duda que estar dentro de Televisa envilece a quien ha sido digno fuera de ella y a veces dignifica a quien sale de ella.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Periodismo, verdad y justicia

A quienes buscan la verdad y la justicia; a quienes anteponen la ética a las seducciones del poder y del dinero; y a quienes comprenden que en el periodismo también se juega la vida y la construcción del otro mundo posible: a ellos y ellas hay que celebrar por siempre.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

“Aquí pasa, señores, / que me juego la muerte”.
Juan Gelman

Cada 8 de setiembre se conmemora el Día Internacional del Periodista, efeméride establecida en 1968 por la Organización Internacional de Periodistas, como homenaje póstumo al sacrificio del escritor y comunicador checo Julius Fucík,  torturado y asesinado por el ejército nazi en esa misma fecha, pero del año 1943, en un campo de concentración en Berlín. 

Fucík fue un reconocido crítico cultural, militante comunista y editor del diario del Partido Comunista de Checoslovaquia, Rudé právo, hasta el momento de su detención en Praga, en 1942, producto de la delación de algunos de sus camaradas, víctimas como él del horror del ejército de ocupación y sus esbirros locales. En circunstancias asombrosas, y gracias a la ayuda de un oficial, pudo escribir el testimonio de su cautiverio y divulgarlo fuera de los muros de la cárcel de Pankrác, que más tarde se convirtió en una célebre obra periodística titulada Reportaje al pie de la horca.

sábado, 15 de febrero de 2014

Periodismo y Derechos Humanos

Condenamos la impunidad ante el asesinato de mas de treinta periodistas. Demandamos el cese de la persecución, hostigamiento y discriminación  de los trabajadores de la palabra  en Honduras, y demandamos justicia y verdad ante la impunidad de los crímenes contra la libertad de expresión.

Juan Almendares / Especial para Con Nuestra América
Desde Tegucigalpa, Honduras

“La ética debe acompañar al periodismo, como el zumbido al moscardón”
Gabriel García Márquez
Escribir  y comunicar  son tareas complejas que requieren no solo el talento creativo, sino el talante para desafiar  y hacer tangible lo intangible,  y tornar visible lo que no está a la luz de la verdad en una sociedad donde predomina la injusticia social de la turbidez.

El campo periodístico y de la comunicación social tienen una riqueza inagotable e innovadora que va desde la noticia, la narración, la investigación, el sentido pedagógico, poético y la expresión no solo estética sino de la conciencia critica sobre la vida cotidiana, y  los escenarios políticos y sociales del sistema vigente.

sábado, 18 de mayo de 2013

Periodismo y diversidad

Reivindico una mirada más amplia sobre la producción periodística como un todo. El periodismo, por definición, es una actividad que, a despecho de limitaciones y coerciones, tiene que ver con la libertad de expresión y la diversidad, estando en contacto privilegiado con la condición humana, a partir de sus vínculos con la realidad social.

Dénis de Moraes  / ALAI

El escenario del periodismo actual es complejo. De un lado, hay una profusión de contenidos distribuidos por canales y plataformas digitales. De otro, verificamos una dramática concentración de los medios de comunicación por pocos conglomerados empresariales, en sintonía con la meta de ampliar el valor mercantil y los patrones de acumulación y lucro del sector. En razón de esta concentración, lo que es difundido generalmente evidencia valores y visiones de mundo que reproducen las conveniencias de los grupos controladores.

La "diversidad" pregonada por los voceros del neoliberalismo está, casi siempre, bajo fuerte control de las fuentes de emisión, responsables de la mercantilización generalizada de la producción simbólica. Por otro lado, el acceso a los contenidos y conocimientos es profundamente desigual. Hay grave asimetría entre la expansión de los sistemas tecnológicos y la capacidad de inclusión de la base de la sociedad en los beneficios del progreso tecnocientífico. Los países más ricos y las élites dominantes son los que más disfrutan de los accesos, usos y ventajas del avance tecnológico.

lunes, 19 de mayo de 2008

El poder blando de Estados Unidos

Por Diego Hernán Córdoba (*)
Agencia Periodística del MERCOSUR

Siete de cada diez conceptos teóricos son producidos por el país del norte. Su industria cultural ha penetrado e invadido la región desde el siglo pasado. ¿Cómo afecta esta situación a Latinoamérica?

La estrategia de Estados Unidos tras el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue aprovechar las ventajas de su liderazgo y la potencialidad de sus industrias culturales. Por este motivo se comenzó a utilizar lo que los estadounidenses denominaron el “soft power” (poder blando), para racionalizar el uso del poder duro, basado en la coacción que se deriva del poderío militar y económico. El soft power está basado en la cultura, los ideales políticos y las medidas políticas.

Por consiguiente, la invasión cultural consiste en imponer -obligatoria o disimuladamente- a sociedades que aún no han logrado desarrollar plenamente su conciencia de identidad, la manera de ver, simbolizar, valorar, entender, explicar y actuar de las llamadas sociedades del primer mundo.

Marcos Roitman, sociólogo y docente de la Universidad Complutense de Madrid, en el informe especial realizado sobre éste tema que hizo el programa de radio argentino “Marca de Radio” en La Red AM 910, señaló: “El lenguaje produce una manera de entender el mundo, si nosotros no tenemos palabras para entender el mundo otros pondrán en nosotros ese vocabulario sobre el cual nosotros incorporamos y vivimos el mundo”.

En ese contexto, agregó que se utilizan palabras como transfusión, democracia, gobernabilidad, terrorismo sin conocer su significado. “Eso quiere decir que otros están produciendo el significado de las cosas y nosotros simplemente actuamos sin saber que es lo que estamos diciendo. Es decir, usted no lo piense que el sistema lo ha pensado por usted”, agregó.

La capacidad mediática y económica que posee Estados Unidos de inundar al mundo con los “pepers" hace que en Latinoamérica se debata lo que ellos ponen sobre la mesa. Al respecto, Marcos Roitman sostiene: “Si lo planteamos en término de lenguaje donde somos seres humanos y por tanto desde la lógica de la comunicación, podríamos entender que siete de cada diez conceptos teóricos son producidos por los tanques de conocimiento de Estados Unidos”.

Al respecto, el escritor argentino Arturo Jauretche, en su libro “Los Profetas del Odio y la Yapa” simboliza esta situación como la Colonización Pedagógica, la cual afecta a gran parte de los intelectuales latinoamericanos que piensan su país desde un pensamiento europeizado. Por consiguiente, no siempre es posible encontrar huellas del pensamiento nacional latinoamericano en las más altas esferas de la ciencia, la política, la filosofía y académicas”.

Por esa senda, con acierto, la socióloga argentina Alcira Argumedo en su libro “Los Silencios y las Voces en América Latina” señala que deben explotarse otros registros: desde las proclamas políticas de los movimientos de masas, hasta las tradiciones culturales de los pueblos, pasando por la obra de determinados autores que se ubican realmente como intelectuales nacionales. Es decir, que han operado algún grado importante de ruptura con la cosmovisión dominante, y pasan a sistematizar otras ideas y proyectos.

En ese sentido, Argumedo destaca que esas otras ideas y proyectos forman parte de una matriz autónoma de pensamiento nacional y popular, un paradigma teórico político alternativo a las matrices de pensamiento extranjeras incapaces de dar cuenta de todos los sincronismos históricos.

Asimismo, Fernando Baéz escritor y director de la Biblioteca Nacional de Venezuela, en el informe especial realizado por la emisión radial mencionada sostuvo: “Cuando sacamos estadísticas de ¿Cuántos libros latinoamericanos se traducen al ingles en Estados Unidos? El porcentaje no llega ni siquiera al 8 por ciento. En cambio ¿Cuantos porcentajes de libros de autores estadounidenses se traducen en este momento al español? Alrededor del 80 por ciento”.
Pero no sólo los intelectuales son influenciados por pensamientos de los países centrales, también la sociedad se encuentra empapada de la cultura estadounidense. “Fue (en alusión a los Estados Unidos) un proceso de uniformización muy grande tanto en el leguaje, cómo en la vestimenta, como en los hábitos de consumo, y eso le dio a la cultura estadounidense un aire de democracia, que las culturas tradicionales europeas no lo tenían, eran culturas más estamentales”, afirmó en “Marca de Radio”, el sociólogo y docente universitario Atilio Borón.

“Eso se ve claramente en la difusión de algunos elementos de la cultura estadounidense -añadió Borón- como la indumentaria, fundamentalmente los jeans que fueron parte de esa gran expansión. La generalización de la “Fast Food” (comidas rápidas), todo eso se impuso, con un enorme aparato publicitario, detrás toda la industria cinematográfica y la televisión promoviendo eso, como lo sigue haciendo hasta el día de hoy”.

Armando Mattelart y Ariel Dorfman en 1971 publicaron el libro “Para Leer al Pato Donald”, que permitió entender la naturalización que le daba este dibujo animado al derecho a la propiedad privada de los medios de producción. Donald es la metáfora del pensamiento burgués; es la manifestación simbólica de una cultura que articula sus significaciones alrededor del oro y que lo vuelve inocente al despegarlo de su función social. Para Dorfman y Mattelart, detrás de la máscara del mito Disney se esconde el inevitable mensaje propagandístico del imperialismo cultural, del capitalismo estadounidense y del mítico "American Way of Life" (Modo de vivir Americano).

Cuando Estados Unidos en el año 2006 comenzó la negociación para firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia, uno de los temas más duramente se discutió fue levantar la prohibición que existía en el horario central de la televisión colombiana, para obtener la entrada de las series estadounidenses.

Por otro lado, todos los años en Las Vegas, Estados Unidos, se reúnen los directivos de cadenas miembros de la Asociación Nacional de Ejecutivos de Programación Televisiva con el fin de comprar los formatos de televisión que allí se venden. “Amas de casa desesperadas”, “La Niñera”, “Casados con Hijos”, “¿Quién es el Jefe?”, entre otros programas se adquieren allí para luego realizar la versión latinoamericana en cada país.

Asimismo, cabe destacar que India es el primer productor mundial de películas. Produce hasta mil por año, en diversos idiomas, pero sin embargo las diez películas más vistas en el mundo fueron realizadas en Estados Unidos: “Titanic”, “Episodio 1 Star Wars”, “Jurassic Park”, “El Día de la Independencia”, “Star Wars”, “El Rey León”, “E.T. (El Extraterrestre)”, “Forrest Gump”, “Sexto Sentido” y “Jurassic Park 2”. La primera de ellas recaudo 1.835 millones de dólares.

Muy pocas entidades quedan por fuera de esta gran potencia. Situación que demuestra lo dificultoso de resistir la presión de la industria cultural del capitalismo. Con un dinamismo avasallante y con cifras astronómicas, es un mercado que tiene una enorme capacidad de absorción de lo diferente.

Cuando se plantean cuestiones más de fondo que van al corazón del sistema, ahí la respuesta claramente es una represión brutal: la aplicación del poder duro. Pero por ahora con el poder blando llegan muy lejos, sino preguntémonos: ¿Por qué tomamos Coca-Cola? ¿Por qué verdaderamente nos gusta o por la feroz campaña publicitaria que existe?

(*) El autor de esta nota es alumno del Seminario “Periodismo en Escenarios Políticos Latinoamericanos” que actualmente dicta la Agencia Periodística del Mercosur (APM) en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

jueves, 15 de mayo de 2008

"Ante la dictadura mediática es imperiosa la necesidad de una prensa pública en América Latina"

Fernando Arellano Ortiz
www.cronicon.net/Rebelión

Además del monopolio del dinero y de las armas, América Latina es víctima del "monopolio de la palabra", ha dicho el sociólogo brasileño Emir Sader, quien actualmente se desempeña como Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), ante la impúdica manipulación mediática de los grandes conglomerados de la comunicación que solo les interesa fabricar una opinión pública que les permita seguir manteniendo el criminal modelo económico del libre mercado y satanizar las alternativas y gobiernos progresistas que vienen irrumpiendo en el hemisferio.

Para Sader, la prensa privada latinoamericana constituye "un circuito cerrado que condiciona lo que se denomina opinión pública, porque es una opinión selectiva determinada por el mercado de las agencias de publicidad. Esta es, -agrega-, la dinámica de la prensa mercantil que se financia no por la compra de los lectores sino por dichas agencias. Lo que les interesa es la capacidad de compra de los lectores".

Además, otra característica de la "gran prensa" en el continente que anota el sociólogo brasileño es su condición de monopolio, frecuentemente familiar y con estrechos vínculos tanto con el partido político hegemónico como con el establecimiento.

Por eso plantea la necesidad de buscar alternativas para que en los países de América Latina se abra paso una prensa pública que permita revertir la hegemonía neoliberal. En esta lucha por el posneoliberalismo que se viene dando en diversos países del continente, señala Sader, "un rol central es la construcción de una prensa pública que no debe ser solo de debate sino también de consolidación de nuevos valores, porque no hay otra forma de vida hoy día que dispute la hegemonía capitalista de la vida norteamericana. Ellos penetran en el mundo prácticamente sin defensa, sin resistencia fuerte, no hay otra forma de sociabilidad que se les oponga con fuerza a nivel global y bastante también a nivel local. Una prensa pública no debe sólo dedicarse a la información, al debate y a la construcción de valores, sino que debe dar una especial atención a los jóvenes pobres. Gran parte de nuestro futuro se está definiendo con esos jóvenes de la periferia de las grandes ciudades, que son la mayoría de la población y que no tienen futuro en el mercado capitalista, no son los consumidores de lujo del futuro, no son los obreros calificados del futuro, pero son la mayoría y hoy día están abandonados a la ideología dominante, a las alternativas que les presentan el consumo, el evangelismo, el narcotráfico, etc."

De lo que se trata es de "desmercantilizar y llevar al ámbito de la solidaridad, de la complementariedad y del intercambio a la esfera pública".
La esencia entonces de generar una prensa pública no es solamente "incentivar el debate político, el debate formativo, es también dar espacios de construcción de identidades diversificadas, de identidades autónomas que, en gran medida, se orienten hacia los jóvenes porque son aquellos que tienen más disponibilidad ideológica. La mayor demostración de la hegemonía ideológica del modo de vida norteamericano es cuando los pobres, los más masacrados y víctimas de la globalización neoliberal, asumen valores y expectativas que son las exportadas por Estados Unidos. Un objetivo central de una prensa pública es apoyar la construcción de sociabilidades, identidades alternativas, consensos alternativos en el marco de la construcción de una hegemonía alternativa a la neoliberal".
En diálogo con http://www.cronicon.net/, Emir Sader se refirió a lo que el denomina "el monopolio de la palabra" y al momento político de Latinoamérica.
- Usted ha señalado que América Latina marcha hacia el posneoliberalismo, sin embargo los países de la región siguen enfrentando el esquema del capitalismo salvaje de mercado. ¿Considera usted que se está avanzando hacia otro modelo económico?
- En la década los años 90 había una lucha popular de resistencia al neoliberalismo que era casi unánime en América Latina. A partir de la elección de algunos gobiernos que dan paso hacia la ruptura con el neoliberalismo ya se pueden ver algunos espacios desde los que se practican políticas alternativas. Hoy en día se sigue manteniendo hegemónicamente el modelo neoliberal en países tan grandes como México, Argentina, Brasil, Chile y Colombia, pero otros como Venezuela, Ecuador, Bolivia, están dando pasos importantes, incluso proyectos como el ALBA, en el cual participa Cuba, empieza a generar un espacio de comercio justo, de intercambios que no dependen de la ley del mercado. Entonces, pasamos de la etapa defensiva a una de construcción de alternativas.
- Otra de las reflexiones suyas es que en Latinoamérica enfrentamos además del monopolio económico y de las armas, el de la palabra. ¿Cómo combatir este fenómeno que está generando manipulación mediática y propagandística a favor de los sectores dominantes?
- Es prioritario buscar mecanismos que permitan romper el monopolio privado de los mass media que están imponiendo las pautas de instrucción y producción de las ideas que dominan la mente de las personas, para lo cual hay que democratizar los medios de comunicación. Sin democratización de los medios de comunicación difícilmente habrá democracia en América Latina, hay que construir medios alternativos, hay que diversificar las programaciones, hay que promover diversas y múltiples formas de la expresión popular y, sobre todo, formas pluralistas de medios de comunicación.
- ¿Qué opinión le merecen los medios de comunicación estatales que generalmente son satanizados por considerar que son canales propagandísticos de los gobiernos?
- Una prensa estatal es perfectamente posible, no es vergonzante, porque en caso contrario se coloca a la defensiva lo que se opone a la esfera mercantil, pretendiendo caracterizar que todo lo que es estatal es antidemocrático. Los gobiernos no se atreven a decir que tienen una prensa oficial, una prensa que da el punto de vista del gobierno, pero cuando son elegidos democráticamente tienen todo el derecho y la obligación de informar, si no quedan de rehenes de los espacios que da la prensa privada, de los espacios de la televisión, que a veces tienen derecho de reivindicar.
- Hablemos un poco de su país. ¿Cómo analiza la gestión del presidente Lula da Silva? ¿Se quedó aprisionado en los esquemas neoliberales?
- Mantiene el modelo económico que aunque flexibilizado es todavía el que heredó del gobierno de Cardozo, modelo neoliberal. Lo que sí hay es una política exterior que privilegia la integración regional, hay una política cultural muy democrática y una de educación que ha roto con los procesos de privatizaciones. Hay elementos en el gobierno brasileño de importantes alternativas, pero el marco general es de mantener el modelo económico, lo cual hace que sean posibles políticas sociales pero no suficientemente para cambiar la cara socioeconómica de Brasil. En consecuencia, se puede decir que es un gobierno contradictorio, porque tan importante como el modelo neoliberal es la política exterior. Los países que firman tratados de libre comercio están en la peor situación posible y hay algunos que aún mantienen el modelo como Brasil, Argentina y Uruguay que sin embargo privilegian la integración regional y eso es positivo.
- ¿Cómo visualiza usted el Socialismo del Siglo XXI en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y otros que seguramente van a optar por modelos alternativos?
- Creo que lo fundamental hoy en día es combatir la mercantilización del mundo, combatir esa idea y esa práctica de que todo tiene precio, todo se vende, todo se compra, todo es mercancía. Democratizar es desmercantilizar, crear espacios públicos en que los derechos predominen sobre las mercancías y sobre la concurrencia, ese es el primer paso para empezar a crear una democracia que puede llegar a ser el Socialismo del Siglo XXI. Se trata de refundar el Estado alrededor de la esfera pública y desmercantilizar todo lo que sea posible en la sociedad para darle paso a la universalización de los derechos.
- ¿La concepción del Estado liberal hizo crisis?
- Sí, seguramente hizo crisis porque no logró ni retomar el desarrollo económico y menos todavía promover bienestar social, derechos. Y de lo que se trata ahora es de construir alternativas; luchar por otro mundo posible es avanzar en proyectos antineoliberales.
- En América Latina uno de los más firmes aliados a Washington es el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia. ¿Cuál es su percepción en torno del proceso de derecha que ha impuesto Uribe en este país andino?
- Con enorme simpatía he observado el triunfo del Polo Democrático Alternativo en Bogotá con Samuel Moreno Rojas, que en el contexto colombiano aparece como una gran fuerza popular, democrática, antineoliberal, que se opone a Uribe y al tratado de libre comercio con Estados Unidos. En América Latina vemos con mucha esperanza el surgimiento y avance de una fuerza como el Polo que viene a ocupar un espacio que hasta hace poco estaba de alguna manera vacío y que ahora se ha constituido en una oposición democrática y popular de masas al gobierno derechista de Uribe.

martes, 13 de mayo de 2008

El País y El Tiempo, unidos una vez más mintiendo sobre Chávez... Y La Nación también.

En su sitio web http://www.pascualserrano.net/, el periodista Pascual Serrano denuncia la manipulación realizada por los diarios El País (España) y El Tiempo (Colombia) sobre las declaraciones del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en relación con la Canciller alemana Ángela Merkel.
El texto de la nota de Serrano dice así:
"Una noticia de agencia publicada por el diario El País del 12 de mayor se titula: "¿Por qué no te callas, Ángela Merkel?". Y continúa con el subtítulo: "El mandatario venezolano Hugo Chávez la toma con la canciller alemana en su programa 'Aló, presidente'". Es evidente que ese titular indica que el presidente de Venezuela le dirigió a la primera ministra alemana la famosa frase que usó Juan Carlos de Borbón hacia él en la Cumbre de Santiago de Chile.

De hecho en el texto El País afirma:

Durante su programa televisado Aló, presidente, Chávez ha cargado duramente y con su habitual incontinencia verbal contra la canciller alemana Ángela Merkel, a la que ha espetado: "¿Por qué no te callas?", tomando prestada la frase que profirió el monarca español para frenar la acalorada intervención de Chávez en la cumbre de Santiago.

No ha sido el diario español el único, también El Tiempo de Bogotá, últimamente muy coordinado con el de Madrid, hace la misma afirmación:

Al margen de esa cumbre, está previsto un encuentro bilateral entre Merkel y Chávez. "Quizás la vea, yo le diga algo y ella se ponga brava y le diga ¿por qué no te callas, carajo?", advirtió Chávez tomando prestada la frase que le lanzó el rey de España, Juan Carlos I, para frenar una acalorada intervención de Chávez en la cumbre de Santiago.

Pues eso es simplemente mentira, las palabras de Chávez fueron las siguientes:

"Vaya usted, como es una dama no le digo nada más. (...) Por favor, vaya usted. Ahora, yo no sé si voy a la reunión a Lima. Entonces, ellos quieren que uno se quede callado. Si voy a Lima, de repente le digo algo y se pone brava, entonces se va a parar también y decir: 'Por qué no te callas'. ¿Por qué no te callas?, carajo, porque aquí hay dignidad en esta tierra”

Es decir, él plantea la hipótesis de que sea Angel Merkel quien le diga a él “¿Por qué no te callas”, nunca que sea el presidente venezolano quien utilice la expresión dirigiéndose a la alemana.

Aquí se puede ver el vídeo del fragmento de las palabras de Chávez: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67339

Tal y como han hecho los últimos días los dos periódicos, afirmando al unísono que Venezuela armaba y financiaba a las FARC, según esa computadora del campamento de las FARC que sólo han visto ellos, ahora también vuelven a trabajar juntos. Quizás las declaraciones que publican de Chávez diciéndole a Merkel que se callara las tomaron de la computadora y no del Aló Presidente".
AHORA, LA NACIÓN.
Siguiendo la estrategia de desinformación de El País y El Tiempo, el diario costarricense La Nación, en su edición del 13 de mayo (página 28A, Internacionales), incurre en los mismos errores.
Bajo el pomposo título "Chávez asemeja a Hitler con Canciller alemana", La Nación publica -con base en cables de las agencias AP y DPA- la siguiente frase atribuida al Presidente venezolano:
"Señora Canciller, se puede ir a... Como es una dama no le digo más nada", manifestó Chávez en su programa Aló Presidente."
La tergiversación resulta evidente y así se puede comprobar en el video que aporta Serrano, o bien, en el sitio web del programa Aló Presidente: http://alopresidente.gob.ve/transmisiones-anteriores/, donde se puede observar y descargar la edición número 311.
La redacción

viernes, 14 de marzo de 2008

José Ignacio López Vigil: "La radio, en especial la latinoamericana, ha servido como intercomunicador de grandes zonas de silencio".

Carlos Rafael Diéguez. B*

Mi entrevistado José Ignacio López Vigil, un hombre de la radio y la comunicación social en Latinoamérica ha dicho en más de una ocasión: “La responsabilidad social de los medios es ser espacios donde se construyan los nuevos valores ciudadanos.” Con esta máxima abordé al destacado profesional, maestro de radialistas en América y el mundo en un intercambio de preguntas y respuestas a través del correo electrónico gracias a las nuevas tecnologías. López Vigil es fundador de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMAR) que este año cumple su aniversario veinticinco. http://www.amarc.org/

P ¿Qué impresiones recuerda de la fundación de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias al cumplirse 25 años?
LV: Yo estaba en Managua en 1988 cuando se realizó la tercera Asamblea Mundial de AMARC. Ahí fue que conocí a AMARC. Era una sensación nueva y grata porque intercambiabas con radialistas de todo el mundo. Hasta de Alaska vinieron esa vez. De Australia, de África, de todas partes. A pesar de las lenguas diferentes, había una gran comunicación. AMARC se había fundado en 1983 y todavía estaban frescos y entusiastas los ideales de aquel inicio. Ahora ya son 25 años. Ya es adultez. Confío en que el primer amor, lejos de haberse perdido, haya madurado.

P: ¿Qué fortalezas y debilidades presentan las Radios Comunitarias al arribar al primer cuarto de siglo?
LV: Lo que pasa es que decir "radios comunitarias" es ambiguo porque son realidades muy distintas en continentes como África a las radios canadienses que dieron origen a la articulación del movimiento. En América Latina los nombres han cambiado mucho: radios educativas, populares, participativas, comunitarias... Ahora se emplea mucho el concepto de radios ciudadanas.
Las fortalezas son la juventud que sostiene a muchas experiencias. Fortaleza es también que se ha avanzado en el concepto de radio comunitaria (al menos en América Latina) superando "purismos" (como que en una radio comunitaria no se pueden pasar anuncios comerciales o que no se puede tocar música moderna). Fortaleza es también el trabajo en red que muchas están haciendo.
Creo que la mayor debilidad hoy no es, como se suele decir, el problema económico y de sustentabilidad, sino la desorientación "política" de muchas de estas experiencias. El mundo cambió. Cuando tenían las respuestas, les cambiaron las preguntas.

P: AMARC reúne más de 3500 miembros repartidos en 118 países ¿Qué actividades de bien público y de mejoramiento humano promueve hoy la radio a nivel mundial?
LV: Bueno, la radio, en especial la latinoamericana, ha servido como intercomunicador de grandes zonas de silencio, de teléfono al aire libre, de escuela sin paredes, de sindicato sin tribuna. Nuestras radios han hecho lo más importante: devolver al pueblo silenciado durante tanto tiempo la palabra robada. Nada humaniza más que la palabra. Y nada ciudadaniza mejor que la palabra pública. Y las radios comunitarias han dado la voz a mayorías silenciadas.

P: Según su experiencia ¿Cómo la radio en Latinoamérica pudiera fortalecer la incidencia social del medio en la lucha contra la pobreza y la injusticia?
LV: En la medida en que la gente habla, reclama sus derechos, protesta, opina...se fortalece lo que hoy es más urgente en América Latina, la democracia participativa. De "representantes" estamos ya bastante saturados. Necesitamos que el pueblo ejerza su ciudadanía a través de medios con responsabilidad social. En la lucha contra la pobreza, lo más importante es que las pobres y los pobres asumen su indispensable protagonismo. Y para eso, el camino más directo es la "intermediación social" que puede lograrse a través de la radio.

P: ¿Qué valoraciones UD puede ofrecer a la discusión si la radio es arte o no?
LV: En la palabra radialista se encuentra todas las letras de la palabra "artista". Porque la buena radio es arte, claro. Y un arte delicado porque trabaja con un sentido (el oído) que es caprichoso, que se aburre pronto, que no tolera las palabras rebuscadas ni las sofisticaciones ni las tonteras. El oído es muy exigente y nos obliga a ser artistas de la palabra.

P: En uno de los capítulos de su libro “Manual urgente para radialistas apasionados” UD revelaba la cantidad de radio receptores por habitantes que existían en algunos países de América ¿pudiera actualizar esos datos?
LV: No puedo actualizarlos porque, hasta dónde sé, no se cuenta con estadísticas fidedignas. CIESPAL, por ejemplo, no las tiene. Lo que sí sabemos es que siguen y siguen aumentando las radios, especialmente en FM. Y radio ilegales, no porque sean piratas, sino porque no les dan las licencias a las que tienen derecho.

P: ¿Sigue siendo un defensor de la radio interactiva?
LV: Por supuesto. No es pensable una radio que no sea participativa, interactiva. La radio es comunicación. Y la comunicación, si no es de doble vía, no es. La moda actual de buscar un software para que automatice la programación es matar a la radio. Convertirla en un equipo de sonido al viento. La gracia de la radio está en la interacción con un público que más que público es interlocutor.

P: He visto en la Internet varias agrupaciones que se denominan “Capítulos en defensa de la humanidad” ¿Puede la radio comunitaria asumir uno de estos capítulos?
LV: No conozco estos capítulos. Pero una radio sensible a la injusticia que padecemos en la humanidad tiene que asumir su papel. La radio no es espectadora, sino actora. Como tal, tiene que participar en la construcción de un mundo donde a nadie le sobre y a nadie le falte.

P: ¿Qué significan las nuevas tecnologías para la radio y como pueden contribuir a un desarrollo local sostenido?
LV: Hablar de la revolución digital sería no acabar nunca. Asistimos a la mayor transformación tecnológica nunca vista por la humanidad. No se compara a nada anterior. Para la radio es una oportunidad maravillosa para repensarse de forma "multimedial".
Las nuevas tecnologías significan la posibilidad real (nunca antes ni sospechada) de construir una verdadera sociedad del conocimiento. El Internet es un cerebro colectivo. Confiemos en que USA nunca logre lo que desea, que es privatizar el Internet.

P: ¿Hábleme de la Radioteca? (http://www.radioteca.net/quienes.php)
LV: La radioteca es un portal libre de intercambio de audios. Vamos bien, tanto por la cantidad de audios subidos como por la gran cantidad de audios que están bajando los radialistas de lengua latina especialmente.
Se decía que a las radios sólo les interesaban las noticias. Noticias y más noticias. Esto es falso. El mejor argumento es el uso que están dando a la Radioteca.
En la Radioteca buscamos programas con perspectiva ciudadana y con vigencia. Y nos están llegando tantos que no damos a basto para digitalizarlos y subirlos.

P: ¿Pudiera contarnos algunos de sus actuales proyectos y sueños futuros?
LV: Un sueño que acabo de concluir es la producción de la serie (100 capítulos) titulada Otro Dios es Posible. Es una serie "herética". La ficción literaria es la segunda venida de Jesucristo a la tierra para conocer qué han dicho y hecho en su ausencia y en su nombre.
El otro sueño en que ando empeñado es potenciar tanto Radialistas como Radioteca y lograr que estos portales crezcan y sirvan cada vez más a los radialistas, especialmente de nuestra Patria Grande.

P: ¿Se imagina a José Martí en la era de la Internet y las computadoras?
LV: Martí hubiera disfrutado estas enormes posibilidades. Las hubiera aprovechado al máximo. Todo buen revolucionario se maravilla antes el "poder ciudadano" que se puede construir desde estas tecnologías. Pero somos tímidos, somos miopes. Martí, con sus luces largas, se hubiera empleado a fondo para optimizar el uso del Internet.

* Tomado de Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64615

jueves, 28 de febrero de 2008

Otro periodismo también es posible

Pascual Serrano

Son numerosas las ocasiones en que cuando participo en conferencias o tertulias sobre comunicación alternativa donde asisten profesionales jóvenes me preguntan sobre cómo afrontar la aparenta incompatibilidad entre servir a un modelo periodístico alternativo al de las grandes empresas y desenvolverse en un panorama dominante por estas empresas.

El modelo económico vigente en el neoliberalismo arroja a los profesionales de la comunicación a un futuro laboral que suele ser en gabinetes de comunicación al servicio de imágenes corporativas y empresariales, o bien a medios de comunicación con instrucciones precisas de servir diligentemente a accionistas y anunciantes. Medios donde no existe participación colectiva en la toma de decisiones, donde los contenidos están condicionados a presiones de lobbys empresariales, anunciantes que no permiten contenidos críticos hacia sus firmas y con agendas informativas pautadas por resultados de rentabilidad económica a costa de empobrecer la investigación periodística o el trabajo riguroso.

Yo soy consciente de que los estudiantes aspiran a licenciarse en periodismo, trabajar de periodistas y vivir de ello. A esos profesionales yo les quiero siempre recordar que tenemos una obligación moral, la obligación moral de informar al mundo sobre tantas y tantas luchas de hombres y mujeres que combaten por su supervivencia y su dignidad. Ellos no organizan lujosas ruedas de prensa, ni invitan a cenar a los periodistas, ni ofrecen bonitos y esplendorosos dosiers de prensa en papel couché. Los jefes de las empresas que contratan a los jóvenes periodistas no tienen ningún interés por llevar a la sociedad la verdad, ellos son dueños o asalariados al servicio de un proyecto económico. No van a denunciar las masacres del gobierno kuwaití si peligra la publicidad de las petroleras; ni van a informar de los despidos de una cadena de supermercados en plena campaña de Navidad; ni de las condiciones laborales de los trabajadores de un conglomerado bancario, si es una de las empresas accionistas de ese medio o se va a necesitar su financiación.

A esos profesionales nunca hemos de cansarnos de explicarles que, cuando estén atravesando la impoluta moqueta de un ministerio acudiendo a una rueda de prensa de un ministro de trabajo, se acuerden de los inmigrantes sin papeles que viven en la clandestinidad, o de quienes trabajan doce horas al día en condiciones laborales precarias. También ellos tienen muchos asuntos laborales para informar en rueda de prensa. Que cuando les llegue un dosier con brillantes gráficos de barras y quesos de una petrolera que opera en América Latina, piensen en esos indígenas que han expulsado de sus tierras para extraer el petróleo, ellos también podrían facilitar muchos datos para un buen dosier de prensa.

Esas gentes también tienen derecho a ser oídas, su voz también debe ser llevada a nuestras páginas, nuestras ondas o nuestras imágenes. Además, es un derecho de los ciudadanos del mundo escucharles. Es el derecho ciudadano a informar y a ser informado, como reza el título de estas jornadas.

Hubo un tiempo en que, bajo crueles dictaduras, los periodistas y los medios no gubernamentales levantaron la bandera de la resistencia. La causa de la libertad de expresión servía para reivindicar su trabajo en duras condiciones de persecución y represión. Ha pasado el tiempo y el panorama actual es diferente. El despegue tecnológico ha provocado que sólo el acceso y el control de grandes tecnologías permitan poner en marcha en condiciones de igualdad un proyecto de comunicación. Los profesionales independientes que servían con honestidad a su profesión han sido laminados y sustituidos por consorcios mediáticos que tienen el control y la exclusividad para informar y filtrar el acceso a participar en sus contenidos. Refugiados en un uso prostituido de la libertad de expresión, se adscriben la exclusividad y la propiedad para decirle a los ciudadanos lo que deben conocer y lo que no, quiénes pueden ser oídos y quiénes condenados al silencio, qué gobiernos tienen su bendición y quiénes deben ser derrocados. Ellos ahora convierten ese derecho ciudadano conquistado con la lucha y la sangre de tantas generaciones en impunidad para la conspiración y la desestabilización. Esos medios, que sólo son emporios económicos e intereses imperialistas bastardos, reniegan de cualquier mecanismo democrático para su funcionamiento. Los pueblos que han logrado alcanzar mecanismos de elección, participación y representación para la vida política, asisten a la impotencia de una oligarquía de medios de comunicación impermeable a cualquier mecanismo de control y participación democrática. Esos medios han heredado todas las perversiones de las dictaduras: silencian al díscolo, ignoran a la ciudadanía, evaden las leyes y disfrutan de la impunidad.

En las universidades y en los grandes eventos de comunicación se habla mucho de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. La información es una guerra, una guerra entre modelos sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y auténticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los días se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar del cine, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de representantes de instituciones financieras internacionales del mundo rico. Frente a ello, muchos periodistas hemos decidido informar de los crímenes que cometen los paramilitares en América Latina, de cómo son perseguidas las minorías étnicas ahora en el Kosovo otanizado, de las cifras de pobreza de EEUU que todos ocultan, de cómo están conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cómo se levantan los indígenas en Bolivia o en Ecuador. Me temo que esta visión del periodismo es otra de las tantas cosas que no se enseñaba en la universidad. Como dice Howard Zinn, no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que circula una velocidad enloquecida y que no dispone de frenos.

Ellos hablan de neutralidad periodística con periodistas empotrados entre las filas del ejército estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales para el pueblo; de objetividad pero sus páginas y espacios informativos están reservados para el oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas. Ellos silencian cientos de miles de hombres y mujeres que han recuperado la vista gracias al trabajo de gobiernos dignos, ignoran las campañas que han logrado que millones de personas aprendan a leer y a escribir, ocultan las movilizaciones de pueblos que exigen tierra y libertad y les llaman terroristas.

No, no se trata de convertir el periodismo en panfleto, pero sí de decir bien alta la verdad y la voz de los sin voz, condenados al ostracismo por un modelo comunicacional miserable al servicio del mercado. A todos los periodistas les digo que esta es una profesión noble y vocacional que ha sido convertida en miserable por los dueños de las empresas que nos obligan a trabajar al dictado de sus intereses. Debemos recuperar la dignidad y servir a la comunidad, a la justicia social, a la soberanía de los pueblos y a las libertades. No será periodismo si no se hace así, como no es medicina curar sólo a quienes tienen dinero para pagarla. Llevar esa causa y esos principios a los medios empotrados en el mercado es tarea difícil, no lo voy a negar. Por eso es imprescindible que todo periodista ponga al servicio de esos ideales sus conocimientos y su trabajo si quiere que la decencia sea emblema e insignia de su vida y su profesión. Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, los precarios medios alternativos están necesitados de profesionales comprometidos con otro modelo de periodismo, humanista, social, que apueste por otro orden social más justo. Ni siquiera hablo de militancia, hablo de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una multinacional de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, el militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o el que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.

Maldigo al poeta que no toma partido, dijo Gabriel Celaya. Yo maldigo al periodista que no toma partido por los pobres, los sin voz, los indígenas, los trabajadores, los humillados, los olvidados, los que sufren, los que resisten, los que luchan.

(Intervención en las Jornadas Internacionales “El derecho ciudadano a informar y estar informados”. Caracas 18 al 20de mayo de 2007)

http://www.pascualserrano.net/

viernes, 22 de febrero de 2008

América Latina, el gran latifundio mediático

Globalización y concentración de la propiedad de los medios de comunicación social: implicaciones culturales y democráticas.

Andrés Mora Ramírez

Introducción

En su prólogo al libro Periodistas y magnates (Mastrini y Becerra, 2006), Armand Mattelart afirma que, después de la caída del Muro de Berlín y con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, se ha puesto en marcha, a escala global, un “proyecto de sociedad” determinada por el uso y control del recurso informacional.
¿Qué características tendría esa sociedad, cuando asistimos hoy al fenómeno de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación –y de las industrias culturales- en unos cuantos conglomerados empresariales? ¿Qué lugar ocuparían y qué función desempeñarían los países latinoamericanos?
En el apogeo de la globalización neoliberal, América Latina, esa “inmensa provincia del subdesarrollo”, a decir del escritor uruguayo Mario Benedetti (1987), se asemeja cada vez más a un gran latifundio mediático, dominado por los poderosos grupos transnacionales de la comunicación y sus interlocutores regionales.
Los datos son contundentes: Estados Unidos y la Unión Europea controlan el 90% de toda la información del planeta; de las 300 principales compañías del sector, 144 son de Estados Unidos, 80 de la Unión Europea y 49 de Japón. En contraste, los países pobres, donde vive el 75 % de la humanidad, poseen únicamente el 30% de los periódicos del mundo (Uribe, 2005).
Un estudio reciente del Instituto Prensa y Sociedad (Mastrini y Becerra, 2006) sobre la concentración de medios, efectuado en nueve países de América Latina, determinó que “el primer operador acapara, en promedio, más del 30% del mercado, mientras que los cuatro primeros superan el 80%. El medio con mayor índice de concentración es la TV abierta, con 85%, seguido por la TV por cable (84%) y la prensa (62%). La radio es el medio menos concentrado, con 31% de cuota de mercado para los cuatro primeros operadores”. Entre esos primeros operadores figuran empresas de los grupos: Televisa de México, Cisneros de Venezuela, Globo de Brasil y Clarín de Argentina.
Distintos autores coinciden en que los altos índices de concentración de la propiedad -uno de los mecanismos de control del recurso informacional- comprometen seriamente la realización de los supuestos que dan sustento a un sistema democrático. El proceso en curso, afirman Mattelart (2003) y Ramonet (2001), amenaza la diversidad cultural, pone en desventaja a los países y grupos de población más pobres y limita la diversidad de fuentes para que los ciudadanos puedan conocer y participar de los asuntos públicos.
Esta situación no es nueva y, por el contrario, refleja en forma dramática la agudización de las desigualdades económicas, culturales y tecnológicas que coartan las posibilidades de desarrollo de los países latinoamericanos, y del Tercer Mundo en general, como viene siendo denunciado por organismos internacionales desde hace casi tres décadas.
En efecto, en 1980 el Informe de la Comisión Internacional sobre Problemas de la Comunicación, conocido como Informe Macbride, advirtió al foro de la Conferencia General de la UNESCO que “la industria de la comunicación está dominada por un número relativamente pequeño de empresas que engloban todos los aspectos de la producción y la distribución, las cuales están situadas en los principales países desarrollados y cuyas actividades son transnacionales” (UNESCO, 1980).
En 1995, una vez más la UNESCO, en su informe Medios de Comunicación y la Democracia en América Latina y el Caribe, concluyó que “concentración significa posesión de los medios en menos manos, y ello estrecha la pluralidad que se promueve en el campo político y dificulta el florecimiento democrático (…)”.
En uno de los trabajos incluidos en este documento, Luis Suárez, entonces Secretario General de la Federación Latinoamericana de Periodistas, explicaba que las tendencias a la desregulación, el libre mercado, y el abandono por parte de los Estados de actividades esenciales como la comunicación y la cultura, asumidas ahora por agentes privados, dificultaban la democratización de las sociedades de la región.
Las paradojas de la globalización estaban en el centro de este problema: “al mismo tiempo que se proclama y ejerce la libertad de mercado, esa misma posibilidad, con la ausencia del compromiso estatal y la debilidad económica de las organizaciones sociales, fortalece la monopolización y concentración, incluso extranjera, de los medios de comunicación”. (UNESCO, 1995).
Más recientemente, la Relatoría de la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA), en su informe anual del 2004, dio cuenta de “las continuas denuncias recibidas (…) en relación con prácticas monopólicas y oligopólicas en la propiedad de los medios de comunicación social”, así como de la preocupación de distintos sectores de la sociedad civil por lo que esto puede representar para garantizar el pluralismo político e informativo.
Para la Relatoría, la existencia de estas prácticas “afecta seriamente la libertad de expresión y el derecho de información de los ciudadanos de los Estados miembros, y no son compatibles con el ejercicio del derecho a la libertad de expresión en una sociedad democrática” (OEA 2004).
La afectación, en mayor o menor medida, de Derechos Humanos y Culturales fundamentales, dice de un sistema de medios de comunicación que, emulando la estructura de propiedad de los latifundios del siglo XIX y principios del XX, genera un tipo de relaciones sociales e intercambios simbólicos basados en el autoritarismo y la subordinación al poder del más fuerte.
Si el Premio Nobel de Literatura, José Saramago (2003), describía en una de sus novelas al latifundio como “…este presente de tierra ahora repartida entre los dueños del hacha y según el tamaño y el hierro o filo del hacha…”, en el caso de los medios en América Latina sería preciso hablar de un espacio audiovisual e impreso distribuido según el poder financiero y los intereses de los actores privados, y no con arreglo a los derechos de los ciudadanos y ciudadanas.
Universalmente se reconoce y destaca la importancia de los medios en la integración social, en la aplicación de políticas culturales e incluso en la reafirmación de la identidad y los modos de expresión de millones de personas (UNESCO, 1980). De ahí que, por sus profundas y complejas implicaciones, la concentración de la propiedad sea un problema directamente vinculado con las transformaciones y el futuro de la cultura, la calidad de la democracia y la memoria colectiva de los pueblos latinoamericanos.
Por esta misma razón, resulta casi imposible no compartir las preocupaciones de Arbilla (2006), para quien, en el panorama actual de la región, produce un desasosiego “la posibilidad que todo ese inmenso campo de la información sea manejado por cuatro o cinco grupos de poder, tan ajenos a las reales necesidades e inquietudes de la sociedad y tan alejados de sus intereses y ansiedades, como lo están los satélites que dan vuelta por el espacio y desde allí dominan o pretenden dominar las comunicaciones”.


1. La globalización y la industria de los medios de comunicación.

El proyecto de sociedad que avizora y sobre el que advierte Mattelart, es el proyecto de sociedad de la globalización neoliberal, que coloca a la rentabilidad económica y la competitividad como incontestables criterios de validez.
Se trata, como explica Castells (2004), de un sistema global constituido a partir de redes de intercambio y flujos de comunicación, que “es a la vez extremadamente incluyente y extremadamente excluyente. Incluyente de todo lo que tiene algún valor según los códigos dominantes en los flujos, y excluyente de todo aquello que, según dichos códigos, no tiene valor o deja de tenerlo”.
En América Latina, los procesos económicos, sociales, políticos y culturales que hacen a la globalización, se expresan con mayor intensidad a partir de los años 1980 y 1990, con la aplicación indiscriminada, en prácticamente todos los países, de los programas de reforma y ajuste estructural inspirados en el marco ideológico del Consenso de Washington.
Estas políticas fueron orientadas hacia (y en ocasiones forzaron) la apertura de mercados, la liberalización de los flujos financieros y la privatización de activos estatales. Mattelart (2006) considera que la inflexión del orden jurídico hacia las leyes del mercado, consumada en 1998 con el Acuerdo sobre Liberalización de las Telecomunicaciones en la Organización Mundial del Comercio, creó las condiciones para el desarrollo de una estructura oligopólica de la propiedad de los medios de comunicación, reclutando “sus primeros adeptos en los regímenes neoliberales como en el caso de (…) Argentina, Chile, México o Venezuela”.
En este período se manifestaron dos características fundamentales del proyecto de sociedad de la globalización neoliberal: la concentración de la riqueza (incluidos los factores de producción comunicacionales) y el aumento de la desigualdad. Por un lado, la iniciativa privada se expandió en la región y numerosas empresas públicas de medios de comunicación y telecomunicaciones fueron subastadas, en polémicas privatizaciones, entre grupos interesados en aumentar su poder político y financiero; y por el otro, la economía latinoamericana se estancó y puso al descubierto la inequidad en la distribución de la riqueza generada por las nuevas políticas: según datos de CEPAL, desde 1983 la pobreza pasó del 40% al 44%; la tasa de desocupación se elevó de un 6% a un 9%; el número de personas que sobreviven en la economía informal creció de un 40% a un 60%; además, 218 millones de personas todavía carecen de protección en salud y 100 millones no tienen acceso a servicios básicos de salud (Kliksberg, 2003).
La imagen del latifundio mediático -que también se extiende a otros ámbitos- se refuerza en la misma medida en que se constatan las escandalosas contradicciones entre los emergentes ricos latinoamericanos (grupos de empresas familiares de la región y grupos transnacionales) y los cada vez más numerosos pobres, que estarán subordinados a los propietarios y detentadores del recurso informacional.
Así, en el proyecto de sociedad de la globalización neoliberal, el sistema de los medios desempeña una función de organización del mundo simbólico y económico, a través de procesos de inclusión/exclusión, configurando “nuevas relaciones de fuerza entre economías, entre culturas, entre Estados, nuevas formas de hegemonía, modos inéditos de gobernanza de las sociedades contemporáneas y del planeta” (Mattelart, 2006).
En lo que puede definirse como la profundización de un paradigma comunicacional autoritario, las empresas propietarias de medios tienden a concentrar o fusionar sus actividades, para mantener y asegurar la posición dominante en el mercado. En adelante, será el poder financiero, y los valores culturales o democráticos, los que impondrán las pautas de la comunicación social.
De esta forma, sostiene Guinsburg (2001), queda “relegada la esencia de la educación, el entretenimiento y la información por la conversión del ciudadano en consumidor. La política, por su parte, queda relegada a la oferta publicitaria. Esta fenomenología se centra en la cruenta ocupación del espacio de la comunicación social por grupos económicos de actividad diversificada en negocios de diferente índole”.
Mastrini y Becerra (2006) analizan, precisamente, la estructura de este sistema y las interrelaciones comerciales entre sus protagonistas, estableciendo tres niveles de participación:

En el primer nivel, se ubican los principales grupos transnacionales, como General Electric, AT&T, Disney, Time Warner, Sony, News Corp., Viacom, Seagram y Bertelsmann. A partir del mercado estadounidense, estas compañías han desarrollado redes globales que les permiten operar “con todo el planeta como mercado y cuyas cotas de penetración en las diferentes regiones y países encuentran pocas barreras”.
En el segundo nivel, se agrupan a cerca de 50 grandes grupos con sede en Europa, Estados Unidos o Japón, cuyas operaciones se verifican a escala regional (entre varios estados). Entre estos se encuentran: Dow Jones, Comcast, The New York Times, The Washington Post, Hearst, McGraw Hill, CBS, Times-Mirror, Reader’s Digest, Pearson, Kirch, Havas, Mediaset, Hachette, Canal+, Prisa y Reuters. Los autores consideran que dichos grupos son “el núcleo dinámico del sistema global, pues establecen relaciones con los aproximadamente diez primeros, que se encuentran en posición dominante, y permiten traducir las estrategias de los más grandes a los entornos regionales más apetecibles como nichos de mercado, pues constituyen áreas geográficas centrales por los ingresos de los consumidores allí radicados”.
El tercer nivel está conformado por unas 90 corporaciones líderes de mercados subregionales y regionales, entre las que se cuentan las más importantes empresas latinoamericanas. Mastrini y Becerra señalan que “estos actores poderosos en la región antes estaban más supeditados a las tradiciones y condiciones locales y nacionales que ahora”, cuando sus vínculos con las transnacionales son más estrechos y, sobre todo, condicionados desde una perspectiva financiera.

Esta última observación remite a uno de los debates más polémicos en el ámbito de los estudios de la comunicación y la cultura, y de las relaciones entre el Primer y el Tercer Mundo: la acción de las empresas transnacionales no solo como movilizadoras de capitales y tecnologías, sino como agentes capaces de “modificar la orientación sociocultural de toda la sociedad” (UNESCO, 1980), dada su enorme influencia sobre los aparatos de producción económica y simbólica.

2. Distribución de la propiedad de los medios en América Latina.

En el latifundio mediático latinoamericano, los altos índices de concentración hallados en las investigaciones más recientes, más allá de dar cuenta del nuevo orden de la información propiciado por las reformas neoliberales, expresan también la consolidación de un proceso histórico de identificación y asociación de los medios con los sectores y grupos hegemónicos de la región.
A diferencia del modelo que promovió el Informe Macbride, que abogaba por “el establecimiento de un nuevo sistema [de comunicaciones] basado en el principio de igualdad de derechos, la independencia y el libre desarrollo de los pueblos” (UNESCO, 1980), como condición para proteger la diversidad cultural y democratizar los flujos mundiales de información; el sistema global vigente, sobre la base de la desregulación, debilita la tutela del Estado y fortalece el poder del mercado y los actores privados, que asumen el control de la propiedad de los medios y las nuevas tecnologías (Herman y McChesney, 1999; y Mattelart, 2003).
Autoritarismo y subordinación, primacía del interés comercial sobre el servicio público, negación de las posibilidades de democratización: son todas relaciones características de la vida en el latifundio, también presentes en el actual modelo liberal competitivo de la comunicación, y que recorren transversalmente la historia del desarrollo de los medios y sus formas de propiedad en América Latina (Sánchez Ruiz, 1994).

2.1. Un balance histórico de la concentración.

La biografía de los problemas vinculados a la concentración de los medios puede ser narrada desde dos dimensiones: una geográfica, como se observó en la década de 1960, donde la centralización de la producción, distribución y consumo cultural en los grandes centros urbanos, provocó la marginación de extensos territorios, en cuanto al acceso a la televisión, la radio, la prensa escrita y los circuitos cinematográficos. Mastrini y Becerra (2006) concluyen que, en esta situación, “la diversidad cultural de los países de la región se vio reducida en muchos casos a la visión de las elites capitalinas (…) La propiedad de los medios de comunicación en manos de los grupos hegemónicos dificultaba la aparición en los medios de voces que cuestionaran las estructuras sociales vigentes”.
Los problemas asociados a la dimensión económica son más visibles a partir de los años 1990, cuando la internacionalización de los mercados prepara el terreno para la conformación de grupos de comunicación hegemónicos a escala regional, como los ya citados Televisa, Cisneros, Globo y Clarín, donde la expresión de las voces disidentes serán aún más difícil.
Estos grupos responderán a una lógica idéntica a la de los consorcios globales: la convergencia de actividades comunicacionales (telecomunicaciones, informática, industria gráfica), la participación en otras áreas de la industria y el comercio, y la intensificación de economías de escala. Pero, además, establecerán negocios cruzados entre sí y con los principales grupos a nivel mundial.
Tales alianzas, en criterio de Mastrini y Becerra (2003), proveen beneficios a ambas partes: los grupos regionales fortalecen su capacidad financiera, e incorporan nuevos contenidos y tecnología; en tanto que los grandes consorcios planetarios reducen el riesgo de inversión en nuevos mercados, aprovechando la capacidad instalada y “los contactos y la influencia política, en el sentido más amplio, que los grupos locales y regionales han venido desarrollando históricamente en su contexto”.
Sin embargo, en este intercambio, el sistema de medios global encuentra interlocutores que, como las principales empresas latinoamericanas, “complementan y vigorizan la estructura de dominancia ejercida por los principales grupos del planeta” (Mastrini y Becerra, 2003).

2.2. Los terratenientes de la comunicación.

Las investigaciones de Mastrini y Becerra (2003 y 2006) constituyen uno de los más completos y minuciosos trabajos de análisis sobre la concentración de los medios en América Latina. Sus hallazgos permiten trazar el retrato de la realidad de la región, en términos del control de la comunicación social por unos cuantos, pero poderosos, grupos y sus empresas subsidiarias.
Una breve caracterización de estos conglomerados, a partir de los datos recabados por ambos autores, comprueba la gama de negocios que han desarrollado, los sectores estratégicos en que incursionan y el tipo de relación que mantienen con empresas similares, a nivel mundial y regional:

Televisa (México): dispone de más de 300 estaciones de televisión en México, de las que recibe el 60% de sus ingresos. Su producción televisiva, al año 2003, alcanzaba más de 50.000 horas anuales. Tiene participación accionaria en la cadena de televisión hispana Univisión, una de las más destacadas en los Estados Unidos. Además, controla el 51% de la empresa Cablevisión, el segundo operador por cable del país (más de 500 mil abonados), y el 60% de Innova, controladora de la señal de DTH Sky (25.000 suscriptores). Mantiene acuerdos comerciales con el empresario Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina y propietario de la telefonía básica mexicana Telmex.
Grupo Cisneros (Venezuela): pertenece a un holding industrial con múltiples inversiones (no solo en industrias culturales), y con ingresos anuales de más de $4.000 millones de dólares. Se ha expandido en el control de estaciones de televisión en América Latina, con participación en estaciones en Chilevisión (Chile), Caracol (Colombia), la Caribean Communication Company (Caribe) y Venevisión (Venezuela). Estas operaciones son financiadas mediante el fondo de inversión Ibero-American Media Partners, junto al fondo financiero norteamericano Hicks, Muse, Tate & Furst. El Grupo Cisneros es el mayor accionista de la cadena hispana Univisión y de Galavisión, ambas en Estados Unidos. Es socio de la televisión prepago DirecTV Latin America. Con la estadounidense America On Line, desarrolla AOL Latin América, uno de los principales proveedores de Internet de la región latinoamericana.
Globo (Brasil): este grupo produce anualmente más de 4.400 horas de contenidos televisivos, para el consumo del mercado local y para la exportación al resto del mundo. Es propietario la principal red brasileña de TV por cable, Globocabo (Microsoft es propietaria del 15%); del diario O’Globo, y participa en la operadora de televisión satelital SkyLA. Es propietario de compañías de radio, comunicaciones satelitales y de telecomunicaciones. Desarrolla proyectos para dar acceso a Internet a través de la TV por cable, mendiate sus 25 mil kilómetros de tendido de red.
Grupo Clarín (Argentina): editor del diario El Clarín y propietaria de Radio Mitre, una de las de mayor audiencia de Buenos Aires. En el negocio de la televisión, es dueño de Canal 13 y de la empresa de TV por cable Multicanal (con más de 1,5 millones de abonados). Incursionó en el negocio de las telecomunicaciones con la Compañía de Teléfonos del Interior (CTI), y en la televisión satelital a través de DirecTV Latin America. El 18% de las acciones del Grupo Clarín pertenecen al banco estadounidense Goldman Sachs.

Pese a la aparente fortaleza de estos grupos, y la solidez de sus actividades comerciales, recientemente los grupos Clarín y Globo convocaron a una asamblea de acreedores, para buscar soluciones a sus problemas financieros. Mastrini y Becerra (2006) señalan aquí otra de las paradojas de la economía globalizada: “para poder insertarse en el mercado mundial, estos poderosos actores debieron asumir importantes deudas, que en el presente les resulta muy dificultoso saldar. Sin embargo, todos los empresarios señalan que no tenían otra alternativa que encarar el proceso de crecimiento para no verse absorbidos por grupos internacionales más grandes”.
Es decir, el latifundio mediático de América Latina se inserta subordinadamente dentro de un latifundio de mayores proporciones. Concentración y dependencia, como tantas otras veces en la historia del continente, se encuentran aquí también para dibujar otra faceta de la globalización.

3. Amenazas para la diversidad cultural.

Para el caso específico de la cultura en América Latina, la UNESCO (1995) ha descrito con exactitud lo que representa la relación desigual entre nuestros países y el poder de las transnacionales de la comunicación: “una globalización absorbente (…) desplaza de la actividad a empresarios y editores nacionales apegados cuando menos a las tradiciones culturales de sus respectivos países, con amor a la lengua y a las ideas de la integración latinoamericana y del iberoamericanismo. Y como globalidad y concentración significan también engarce y desposesión por parte de los grandes centros y sedes monopólicos, en buena medida el fenómeno puede conducir a una cierta, y en algunos casos segura, desnacionalización”.
El desplazamiento no obedece únicamente a las asimetrías económicas que, en un esquema de libre mercado, colocan en desventaja a los más débiles. Los intereses de los defensores del status quo comunicacional (reflejo de un orden político, social y económico), conspiran contra los empeños –individuales y colectivos- por alcanzar una auténtica democratización de la cultura.
En estos años de triunfo neoliberal, reflexiona Colussi (2005), la información y la comunicación se han convertido en el más poderoso medio de sujeción de las poblaciones por parte de las elites: “la producción cultural actual, en vez de ser liberadora de la humanidad, dentro de los parámetros con que viene desplegándose en forma creciente no sólo es un fabuloso negocio monopolizado, sino que se ha transformado en una poderosa arma de control social uniformando sociedades e imponiendo un discurso único, favorable obviamente a los cada vez más reconcentrados grupos de poder”.
En un sentido similar, Anderson (1999) sostiene que “el alto grado de concentración de la propiedad de los medios, en manos de las elites económicas y políticas, han clausurado hasta ahora las opciones de un desarrollo más democrático”, lo que revela la dificultad de las clases hegemónicas regionales “para articular un modelo de acumulación que integre al conjunto de las sociedades”.
Tal y como lo advierten la Relatoría de la Libertad de Expresión de la OEA y la UNESCO, e incluso algunos manifiestos de la sociedad civil durante la Cumbre de la Sociedad de la Información, efectuada en Ginebra en el 2003, la concentración es un fenómeno que amenaza el derecho de los individuos y los pueblos a promover, proteger su identidad y buscar caminos propios para su desarrollo cultural.
En este punto, Sánchez Ruiz (2006) establece una relación directa entre la posibilidad de hacer uso y de tener acceso a una pluralidad de fuentes de información y comunicación, y la expresión de las formas de vida y manifestaciones de creatividad “con las que los seres humanos producimos sentido, significamos el mundo, lo entendemos y lo proyectamos para las generaciones venideras”.
Las limitaciones a la expresión de la diversidad, asociadas a la dependencia de los países latinoamericanos de los productos de la cultura de masas provenientes de Estados Unidos, y en menor medida de Europa, y de los flujos de intercambio financiero y comunicacional globales, están provocando problemas de invisibilidad social y exclusión en nuestras sociedades.

En el informe Medios de Comunicación y la Democracia en América Latina y el Caribe, la UNESCO (1995) analizó el tema de la visibilidad y la representación de los grupos de población más vulnerables, y estableció lo siguiente:

En los medios de comunicación latinoamericanos “las voces de las mujeres y las minorías son solo tenues murmullos (…). Las palabras relativas a las mujeres y las minorías marcan un contexto en que el murmullo es significativo: marginado, invisible, desposeído, empobrecido”.
Hay acuerdo en que la cobertura de temas de interés para la mujer (desempleo, subempleo, educación, mortalidad femenina causada por el aborto, discriminación) ha mejorado en los últimos años. Sin embargo, “no hay consenso acerca de si ha ocurrido lo propio con la cobertura de los temas de interés para las minorías”.
Los pueblos indígenas, que sobreviven “en los márgenes de la sociedad y en la pobreza”, comparten preocupaciones con otros grupos en temas como el desempleo, la educación y la salud, pero además “tienen urgentes problemas acerca de su identidad y la preservación de valores multiculturales, multilingues y multiétnicos”. Estos intereses, de acuerdo con el informe, permanecen silenciados en los medios de comunicación hegemónicos.
El idioma de los indígenas, cuya población en América Latina se estima en más 40 millones de personas, y la ausencia de opciones de medios para estos grupos plantea un serio desafío para la democracia y la protección de su especificidad cultural: “si un 35% de la población no conoce el español y si toda la información se difunde en español, ese 35% está excluido de la participación en la sociedad”.
Los latinoamericanos negros “son poblaciones ‘ocultas’, postergadas por sus gobiernos, aisladas del público y desconectadas de los negros residentes en otros lugares”.

Según Sánchez Ruiz (2006), algo similar ocurre “en términos de la función referencial de los medios, es decir, las visibilidades de quienes se presentan (en los géneros informativos), o quienes se representan (en los géneros de ficción) a través de los mensajes mediáticos”.
Distintas investigaciones realizadas a nivel mundial (incluyendo muestras latinoamericanas) para determinar quién figura en las noticias, confirman que “las mujeres siguen siendo el género sexual con menor visibilidad, a pesar de claros avances logrados durante los últimos decenios (…), tienden a aparecer en un segundo plano, además de que la propia desigualdad de género no se considera de interés noticioso. Igual pasa con etnias/razas, movimientos sociales, profesiones, y otras categorías sociales” (Sánchez Ruiz, 2006).
El sistema de medios de comunicación concentrados en América Latina, con sus mecanismos de organización simbólica de las relaciones sociales, parece constreñir las posibilidades de participación ciudadana efectiva y las garantías de que los puntos de vista de todos los sectores y grupos puedan hacerse oír en la sociedad, bajo una premisa que refleja el autoritarismo de la estructura oligopólica: “Lo que ‘existe’ en los medios no es tan diverso como el mundo real” (Sánchez Ruiz, 2006).

4. La democracia mediática: una democracia limitada

En condiciones ideales, los medios de comunicación posibilitarían la participación informada de los ciudadanos y ciudadanas, con igualdad de derechos, en cada uno de los supuestos que dan sustento a un sistema democrático: el conocimiento de las normas, el control sobre la arbitrariedad, la libre difusión de las ideas y de información alternativa (de manera que, eventualmente, las minorías puedan convertirse en mayoría), el sufragio, la publicidad de los actos administrativos, entre otros.
Sin embargo, este vínculo no se traduce, necesariamente, en consecuencias positivas per se, y mucho menos cuando la propiedad de los medios se concentra en cuatro grupos empresariales hegemónicos. Como explica Spellegrini (1991), el aporte de los medios a la vida democrática dependerá de cuánto contribuyan “efectivamente al equilibrio y distribución del poder. De otro modo, pueden destruir la democracia o al menos significativamente no contribuir a ella”.

Esta autora señala que la acción polarizada o ideologizada de algunos medios puede llevar a que la sociedad se disuelva en compartimentos estancos, que no se interrelacionan ni siquiera para iniciar una discusión entre sus respectivas proposiciones. Un riesgo que es particularmente alto en aquellos países con regímenes democráticos que no están consolidados, y donde “el poder político convierte a los medios en simples extensiones de su función, o voceros de sus propios postulados” (Spellegrini, 1991).
En el contexto y complejidad de la globalización neoliberal, las sociedades latinoamericanas no han logrado establecer, en su praxis de la democracia, más allá de las formas y convenciones, una separación absoluta entre quienes representan los poderes institucionales y los poderes fácticos. Así, según lo describe Navarro Zamora (2005), “el poder real suele residir en instituciones a las que las normas asignan otras funciones o en grupos que no forman parte del orden político-institucional (familias tradicionales, grupos económicos y otros). Ante este divorcio se presenta un desconocimiento a los poderes decretados y en muchas ocasiones un descontento absoluto a los reales. En estos poderes reales hemos ubicado al poder mediático”.
Este poder mediático emerge y se consolida a partir del diálogo entre el poder político y el poder económico (no siempre en ejercicio formal de la autoridad, valga decirlo) que, en criterio del sociólogo español Alberto Moncada (citado por Guinsburg, 2001), están implicados “corporativamente en que la democracia siga siendo manipulada desde arriba”.
De tal suerte, la relación simbiótica entre medios de comunicación y poder político-económico en América Latina, conduce a lo que Guinsburg (2001) llama la democracia mediática que, a partir de la concentración de la propiedad de los medios y el manejo de la pauta publicitaria, opera en función de los negocios de los sectores vinculados a los poderes fácticos. Navarro Zamora (2005) considera que esta alianza les otorga a los empresarios de la comunicación “gran capacidad de generar opinión, determinar temas de agenda e incidir sobre la imagen pública de los funcionarios, partidos políticos e instituciones”.
Una consecuencia inmediata de este asalto al poder institucional por parte de algunos medios y grupos con pretensiones hegemónicas, es que los ciudadanos y ciudadanas no se vinculan a un proceso pleno y efectivo de discusión pública; al mismo tiempo, los representantes políticos en los parlamentos asisten a la discusión de temas que ya han sido resueltos previamente a nivel mediático. Spellegrini (1991) identifica aquí una grave amenaza, porque “esta opinión pública simulada puede asemejarse más a una especie de absolutismo ilustrado que a un estado de derecho social y democrático”.
Un ejemplo paradigmático permite ilustrar y contextualizar esta problemática. Se trata de la forma en que los cinco principales canales de televisión privados de Venezuela (Venevisión, Radio Caracas Televisión, Globovisión, Televen y CMT) y nueve de los diez grandes diarios nacionales (entre ellos El Universal, El Nacional, Tal Cual, El Impulso, El Nuevo País y El Mundo), se involucraron en el golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez, el 11 de abril de 2002, prestando sus servicios a la difusión de información sesgada o manipulada.
Luis Bilbao (2002), periodista de Le Monde Diplomatique, considera que “los medios de comunicación en Venezuela dejaron de reflejar e interpretar los acontecimientos para pasar a diseñarlos según su voluntad, imponerlos como realidad virtual y luego conducirlos. La osada operación ha fallado. Pero deja hondas y peligrosas heridas en la sociedad venezolana e inaugura una fase singular de la lucha política, más allá de aquel país y del presidente Hugo Chávez (…)”.

5. En los linderos del latifundio, se gestan las alternativas.

En su comentario al Informe Macbride, Gabriel García Márquez, miembro de la Comisión Internacional sobre Problemas de la Comunicación, dijo: “Unas estructuras más democráticas de comunicación constituyen una exigencia nacional e internacional para los pueblos de todo el mundo (…). La quiebra del poder concentrado en las manos de los intereses comerciales o burocráticos es un imperativo universal, y reviste una importancia especialmente crucial para los países del Tercer Mundo” (UNESCO, 1980).
¿Cómo avanzar hacia este objetivo? El periodista uruguayo Aram Aharonian (2005), director de la cadena TELESUR, señala una ruta: “comenzar a desalambrar los latifundios mediáticos latinoamericanos” (el resaltado no es del original).
La metáfora del desalambrado es más que una sugestiva construcción retórica: constituye una exigencia ética para posibilitar un desarrollo democrático, con justicia social, tolerancia, pluralidad y equidad en la región, en especial ante el vertiginoso avance de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el contexto de la globalización neoliberal.
Las dos realidades del latifundio mediático han sido descritas por UNESCO (1995) como la convivencia de dos polos en América Latina: “en uno, la gran concentración de los medios que disponen de las tecnologías; en el otro, la proliferación de los medios regionales –que con sus limitaciones resultan propiciadores del pluralismo y la democratización- y de pequeños medios comunitarios, alternativos y populares”.
Justamente es desde este último polo, ese que subsiste marginalmente en los linderos de la estructura oligopólica de la propiedad de los medios, y por encima de las abrumadoras diferencias materiales, donde se están gestando importantes transformaciones políticas y culturales en la esfera de la comunicación social.
Desde la sociedad civil, un vigoroso movimiento de radios comunitarias crece, especialmente, en el cono Sur del continente y en México; en la Internet, se multiplican los periódicos, revistas, radioemisoras alternativas en línea y otros foros interactivos, que articulando una amplia y representativa red de comunicación y resistencia entre los movimientos sociales latinoamericanos, “proporcionando voz a millones de personas que hasta ahora carecían de ella” (UNESCO, 1995). Además, se consolidan organizaciones de comunicación regionales como ALER, ALAI, OCLACC, AMARC, WACC-Al (Mattelart, 2006).
Por su parte, algunos Estados recuperan, poco a poco, los espacios que fueron obligados a abandonar por la aplicación de las políticas del Consenso de Washington. Dos importantes y ambiciosos proyectos, que pretenden contribuir a la integración regional y al rescate de la memoria histórica, las tradiciones y la cultura latinoamericanas, ya se han puesto en marcha: la cadena TELESUR, financiada por los gobiernos de Argentina, Cuba, Venezuela y Uruguay; y la Televisión del Sur, que promueve el gobierno de Lula da Silva en Brasil, para el fortalecimiento del MERCOSUR.
Del mismo modo, parece existir consenso en torno a la necesidad de establecer instrumentos legales que permitan controlar los procesos de concentración y fomenten el pluralismo y la diversidad de opiniones y culturas. Por ejemplo, la UNESCO (1980) y la OEA (2004) llaman la atención de sus Estados miembros para que adopten medidas jurídicas eficaces, congruentes con la doctrina de los Derechos Humanos, para limitar las prácticas monopólicas y oligopólicas en la propiedad de los medios; reducir la influencia de la publicidad sobre la política de redacción y los programas de radiodifusión; establecer directrices que planteen criterios de balance entre la eficiencia de los mercados de la comunicación y la pluralidad de la información; y, en definitiva, que estimulen el desarrollo de nuevos emprendimientos, de carácter ciudadano, independiente, o autónomo de los principales grupos productores y distribuidores de contenidos mediáticos.
Esta diversidad de propietarios y contenidos, consideran Mastrini y Becerra (2006) debe quedar reflejada en todos los niveles relevantes, para asegurar que “los medios de comunicación permitan la expresión del conjunto de las opiniones políticas y no sólo de aquellas afines a los intereses de los propietarios; (…) que las diferentes culturas presentes en un país o región encuentren un canal de comunicación [y reflejen] la diversidad, que es consustancial a toda sociedad moderna (…); [y para que] las minorías lingüísticas puedan expresarse y recibir información y programas en su lengua”.
Las consideraciones expuestas adoptan, cada vez más, la forma de exigencias insoslayables para que la democracia no acabe en la emisión periódica del sufragio, sino que, por el contrario, asuma en las sociedades latinoamericanas su condición ideal de proceso continuo de ejercicio y repartición del poder, de modo de vida “que tiene que estar profundamente arraigada en los patrones culturales que se producen y reproducen en la vida cotidiana, en la familia, la escuela, el trabajo, los medios de difusión, y otros lugares de las esferas pública y privada” (Sánchez Ruiz, 1994).
En el reverso de la imagen de América Latina como “inmensa provincia del subdesarrollo”, afirma Beneddetti (1987), hay también una historia “evidente e inconfundible: la que se escribe con hechos, con batallas, con trabajo, con dependencias y liberaciones”. En el ámbito de las comunicaciones sociales, nuestros países tienen todavía una historia de liberación pendiente de escribir.




FUENTES CONSULTADAS

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