Es
preciso que el imperativo masculino secularmente impuesto y que legitima las
agresiones psicológicas, físicas y sexuales contra las mujeres, cese ya. Es
hora de barrer por completo con el nefasto orden patriarcal, que justifica y sostiene
relaciones de subordinación y dependencia contra las mujeres y una falsa,
absurda y anacrónica superioridad masculina.
Pedro Rivera Ramos / Especial para
Con Nuestra América
Desde
Ciudad Panamá
No hay duda que la
mujer ha alcanzado grandes logros y no pocos avances en el ejercicio de sus
derechos y en la igualdad con sus semejantes. Pero esa mujer que ha sido
inspiración permanente de poetas, crucial en la caída de imperios poderosos y
que ha sido capaz hasta de fundar naciones, sigue aun confrontando en la
actualidad, no solo grandes obstáculos para su integración y desarrollo plenos,
sino soportando grandes injusticias y no pocas desigualdades. En el mundo de
hoy dos de cada tres personas analfabetas son mujeres y el 60 % de los pobres
están constituidos por ellas. Siguen siendo las principales víctimas del
desempleo, del empleo precario y de las agresiones familiares; de los salarios
injustos y el estereotipo de las profesiones; de las limitaciones a la
participación política y a la preservación de su salud reproductiva.









