Si el actual proceso de
paz en Colombia no se maneja con la sabiduría y la audacia necesarias, podría
desencadenar una oleada de violencia como la de los años cincuenta y como la de
los años noventa del siglo XX.
William Ospina / El Espectador
En ambos casos un sector de la sociedad anclado en el pasado,
minoritario pero poderoso y violento, eficaz en su propaganda e implacable en
la ejecución de sus planes, produjo verdaderos holocaustos que se sumaron a las
viejas tragedias de nuestra historia y marcaron de un modo sombrío el destino
de la nación.
Cientos de miles de muertos, millones de víctimas, millones de hectáreas
arrebatadas, millones de desterrados y una larga cadena de consecuencias en
términos de pobreza, marginalidad, deterioro de la salud pública, delincuencia,
degradación totémica y crisis de la convivencia, han sido consecuencias de esa
barbarie.













