El que participaran, a partir del 2010, 33 países de Nuestra América en la conformación de la CELAC, motiva la búsqueda de sus raíces: algunas en las construcciones republicanas decimonónicas; otras en la descolonización colonial de la segunda posguerra. Empero, se observa la existencia de “normas habilitantes” en la mayoría de las constituciones políticas vigentes, con las que se legitiman compromisos de integración o unidad latinoamericana.
Jaime Delgado Rojas / AUNA-Costa Rica

Las hay en ocho de las diez constituciones sudamericanas (excluyo a Guyana y Surinam) y en unas se hace uso del término “comunidad”. Son ejemplares Brasil que “…buscará la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina, con vistas a la formación de una comunidad latinoamericana de naciones” (art. 4); Colombia donde su Estado: “… promoverá la integración económica, social y política con las demás naciones y especialmente, con los países de América Latina y del Caribe mediante la celebración de tratados que sobre bases de equidad, igualdad y reciprocidad, creen organismos supranacionales, inclusive para conformar una comunidad latinoamericana de naciones” (art. 227) y Perú “[c]onvencidos de la necesidad de impulsar la integración de los pueblos latinoamericanos y de afirmar su independencia contra todo imperialismo (Preámbulo, texto de 1979); no cito los textos emblemáticos del nuevo constitucionalismo latinoamericano expresado en las cartas magnas de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Las naciones centroamericanas, por su parte, son más entusiastas en añorar la Federación de inicios del Siglo XIX y la de Nicaragua, además, evoca los liderazgos inspiradores de Sandino y Bolívar.