El tema del “desarrollo” da para muchísimo. Si bien el sentido común, la ideología dominante que marca la cotidianeidad de la gente, lo emparenta con la acumulación de riqueza material, con la posesión de bienes concretos, planteado con seriedad, razonado en forma exhaustiva, el tema excede enteramente el ámbito económico.
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
La idea de “desarrollo humano”, que se viene usando ya desde hace algunas décadas, pretende ir más allá de un economicismo elemental y simplista, que se centra básicamente en el acceso al consumo. De hecho, esa noción de “desarrollo humano” fue introducida en el discurso de Naciones Unidas por gente de la izquierda italiana, con Luciano Carrino como su cabeza visible. El concepto trata de “medir” –o entrever, mejor dicho– el desarrollo como una compleja sumatoria donde se articulan elementos de acceso a satisfactores materiales (alimentación, vivienda, salud, educación, infraestructura básica) con respeto a las libertades individuales, la situación respecto a cualquier forma de opresión (patriarcado, racismo, homofobia) así como con el imprescindible cuidado del medio ambiente para lograr la sostenibilidad en el tiempo. Las asimetrías (cada vez más marcadas en el sistema capitalista) entre quienes poseen casi todo y los desposeídos, cada vez más empobrecidos, no es un tema meramente económico: es producto de cómo está armada la sociedad.




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