Hay todo el derecho a disentir, pero no lo hay a hacer el juego a los poderosos de siempre. Ojalá las izquierdas fueran capaces de hacer en serio una estrategia propia, que las llevaran a tener más matices en sus relaciones con los gobiernos populares de nuestra región.
Roberto Follari / El Telégrafo (Ecuador)

Los actuales gobiernos populares de Latinoamérica (Chávez, Evo, Correa, Cristina de Kirchner, Rousseff) no son perfectos, ni mucho menos. No han abolido el capitalismo, ni podrían hacerlo.
Entre otras cosas porque no nacen de revoluciones sociales (las cuales, en la actual cultura posmoderna, están totalmente fuera de posibilidad histórica); y porque, ciertamente, hay que considerar que los gobiernos surgidos de revoluciones sociales tampoco han acabado con el capitalismo (ver China, Vietnam, Argelia, por dar unos pocos casos).
De tal modo, el ideologismo de izquierda que pretende que solo apoyarían a un gobierno que acabe de cuajo con el capitalismo, peca hoy de idealismo e inadecuación a las posibilidades que se dan en la realidad.

























