La felicidad es un
“estado de grata satisfacción espiritual y física”, o la “persona, situación,
objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz”, según la vigésima
tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), publicada
en octubre de 2014. En la 22.ª edición, la definición de felicidad era principalmente
material, el “estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”.
Fander Falconí / El Telégrafo
Si se concibe la
felicidad como un estado espiritual, su medición es imposible: un estado de
satisfacción espiritual es algo inconmensurable.
Pero si se trata de esa
felicidad definida en el último DRAE (… objeto o conjunto de ellos que
contribuyen a hacer feliz), su medición sería uno de los retos que propusieron
los premios Nobel de Economía Stiglitz, Sen y Fitoussi en su famoso ‘Informe
Sarkozy’ de 2009 a la métrica de la cultura del capitalismo, es decir, poner
más atención a las mediciones del bienestar humano y de la satisfacción
individual (si se quiere, poner menos atención al lado de la oferta, como la
medición del Producto Interno Bruto, y más atención a las condiciones de
bienestar de los seres humanos en forma amplia y no solo monetaria).














