La reciente presencia en México de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, es parte de esa agenda ultraconservadora y neocolonial surgida como un intento fallido de establecer una estrategia que “permitiera” a los hoy grupos de oposición en México y España, provocar un conflicto internacional que afecte las relaciones diplomáticas entre gobiernos.
Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.
Las derechas española y mexicana desde un tiempo atrás han estado fortaleciendo su alianza de forma cada vez más visible, la relación particular entre organizaciones como VOX, PAN y el Partido Popular se ha estrechado en el marco de la reconfiguración global de los grupos ultraconservadores y neofascistas, notándose, sobre todo, a través de un intercambio de visitas políticas y acuerdos pragmáticos que buscan reescribir la narrativa del acontecer histórico y actual bajo una mirada neocolonial.
La reciente presencia en México de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, es parte de esa agenda ultraconservadora y neocolonial surgida como un intento fallido de establecer una estrategia que “permitiera” a los hoy grupos de oposición en México y España, provocar un conflicto internacional que afecte las relaciones diplomáticas entre gobiernos; sobre todo, considerando que apenas unas semanas atrás la presidente Claudia Sheinbaum visitó de forma oficial el país ibérico y participó junto al presidente español Pedro Sánchez Pérez-Castejón en una reunión de mandatarios progresistas de la región, donde también estuvo el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, durante la IV Cumbre en Defensa de la Democracia.
En esa cumbre, los mandatarios mencionados expresaron posturas en relación a los vínculos históricos que unen a los pueblos y sobre el acontecer internacional en el marco de la avanzada imperialista de los Estados Unidos, cuyo mandatario Donald Trump ha puesto al mundo en una situación alarmante por la posibilidad del estallido de un conflicto a gran escala como resultado de las acciones de guerra emprendidas contra Irán y Líbano en contubernio con el gobierno sionista de Benjamin Netanyahu, mismo que mantiene el genocidio en Palestina. Además, al término de esa misma reunión, los gobiernos de Brasil, España y México emitieron una declaración conjunta donde expresaron su preocupación por “la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo de Cuba” como resultado de las medidas restrictivas del bloqueo económico impuesto por el imperialismo estadounidense hace más de 65 años a la isla caribeña, y también en el comunicado señalaron “la necesidad de respetar en todo momento el Derecho Internacional y los principios de integridad territorial, igualdad soberana y arreglo pacífico de las controversias, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, en franca alusión a las amenazadas belicistas de Trump contra el gobierno y pueblo cubano.
Por todo esto, la presencia de Isabel Díaz Ayuso no fue casualidad, su estadía en México ha sido un burdo intentó enemistar a los gobiernos y a los pueblos, usando para ello la nostalgia colonial al evocar a Hernán Cortés y al proceso de Conquista como elementos ya no solo simbólicos, sino como armas políticas de ataque, pues las derechas española y mexicana saben bien que la identidad mexicana tiene raíz en los pueblos originarios, y que esa identidad se ha defendido con fuerza desde el pasado siglo con los movimientos reivindicativos del respeto a sus derechos, especialmente después del levantamiento zapatista de 1994, cuando la voz de rebelde de los pueblos originarios volvió a retumbar en las entrañas de una nación que la negó mucho tiempo con políticas opresivas y con una cultura colonizada que se expresa como racismo, segregación, explotación y discriminación en todos los sentidos.
Las voces ultraconservadoras y prohispanistas, tanto en México como en España, siguen evocando a la Conquista como un ideal de “civilización”, así como hoy Israel lo hace con el genocidio contra el pueblo palestino, o Trump al invadir país soberanos para imponer sus democracias títeres. El hecho de homenajear a Hernán Cortés no solo es tratar de blanquear el mayor genocidio de la historia humana; es la ruta actual de la política ultraconservadora que quiere perpetuar las formas de opresión coloniales aún presentes en las sociedades, pues sus discursos parten de una supremacía racial y cultural que refuerza el racismo y la discriminación contra los pueblos originarios, la clase trabajadora y los sectores populares, así como avanza contra los derechos de las mujeres ganados en las luchas feministas al enfrentar al machismo y el patriarcado, pues los valores ultraconservadores son los mismos fundamentos de los regímenes coloniales impuestos a espada y sangre en América.
Es también importante recordar que las derechas mexicana y española iniciaron una campaña de ataques contra el Gobierno Federal de México a raíz de que el ex presidente Andrés Manuel López Obrador dijera, en su momento, que el país ibérico debía emitir una carta de disculpa por los horrores y crímenes de lesa humanidad cometidos durante la conquista, y esos ataques de los sectores ultraconservadores han continuado a la fecha. Por eso no es casual el homenaje a Hernán Cortés y el blanqueamiento de la Conquista, ya que son también parte de la guerra cultural que la propia derecha global ha reconocido emprender, la cual, para el caso mexicano, se expresa, entre otras formas, mediante el intento de restaurar del pensamiento hispanista cuya carga racista y colonialista podemos observar en la reivindicación de símbolos de opresión, como son las estatuas a los conquistadores (en Yucatán a los Montejo), el nombramiento de avenidas y calles principales con nombres de conquistadores y gobernantes del periodo colonial o de franca orientación de derecha, así como la reescritura de la historia con una aparente mirada “neutral”, pero que en realidad no es otra cosa que una estrategia ideológica de suplantación de los pueblos originarios, las mujeres y los ideales de libertad, soberanía, autodeterminación, al igual que la imposición de una identidad hispanista-occidental que oprime a la diversidad de nuestra América.
Lo de Isabel Díaz Ayuso fue burdo y dejó en evidencia a la oposición mexicana y a la ultraderecha española, pero también es una advertencia más de que la derecha global se organiza y busca con su guerra cultural y otras estrategias establecer regímenes neocoloniales, y para ello su sometimiento al imperialismo estadounidense es clave y cada vez más visible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario