En el mundo, el agua es cada vez más escasa debido a la contaminación, el extractivismo y la sobreexplotación del ecosistema, y eso la convierte en una mercancía potencialmente más lucrativa que el petróleo, por lo que grandes corporaciones transnacionales se encuentran a la caza de los principales acuíferos y reservas de agua dulce del planeta.
Cristóbal León Campos / Para Con Nuestra América
Desde Mérida, Yucatán. México.
El agua nuevamente se ha convertido en un tema central de la discusión pública y política de México. La represión ejercida el pasado domingo en Guadalajara, Jalisco, por el gobierno encabezado por Pablo Lemus, del partido Movimiento Ciudadano, desató no solo el rechazo por las acciones violentas contra los manifestantes que exigían agua limpia y la no privatización del vital líquido, además de la cancelación del pacto que va creciendo con empresas israelíes vinculadas con el genocidio que se comete en Palestina desde hace más de ocho décadas, sino que también propició una alerta que no puede pasar desapercibida, pues justamente el proceso privatizador del agua se ha denunciado desde décadas atrás, durante el periodo más agudo del neoliberalismo mexicano llevado a cabo por el PAN y el PRI.











