Seguramente pocas veces se han esperado con tanta expectación las elecciones de medio término en los Estados Unidos. Como bien se sabe, constituyen un termómetro para medir cómo le está yendo a la administración estadunidense de turno y le proporciona aire, o se lo resta, para lo que le queda de mandato.
Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica
En este caso, Donald Trump parece no tenerlas todas consigo. Aún incondicionales derechosas de toda la vida como la cubano americana María Elvira Salazar, miembro prominente de su base electoral republicana de La Florida, se distanció públicamente de él esta semana en sus redes sociales tratando de no sufrir por rebote las consecuencias de su negativa influencia que la lleve a perder su escaño en la Cámara de Representantes.
Asimismo, también esta misma semana su vecino, socio principalísimo con el que tiene una economía interdependiente como pocas, Canadá, anunció su orientación hacia la Unión Europea en un gesto que pone en evidencia que se ha hartado de los desplantes y arbitrariedades a los que ha sido sometido por esta administración trumpiana.
Ya no digamos el embrollo en el que está metido con Irán, en donde no tiene visos de desatascarse y que le está creando un enorme daño especialmente por la subida de los precios de los combustibles, algo que afecta a todo el mundo y no solo a Estados Unidos, granjeándole aún más rechazos y antipatías de las que ya ha cosechado hasta ahora.
Una situación de empantanamiento en contra de su voluntad también hay en el drama que desató con Groenlandia a la que, como se sabe, quiere adherir a su país. Si por él fuera, Groenlandia sería ya, a estas alturas, un nuevo estado de los Estados Unidos, lo mismo que Canadá o, por lo menos, su provincia de Alberta, pero la férrea oposición de prácticamente todo el mundo, especialmente de los directamente implicados, se lo ha impedido hasta ahora y, realmente, no parece que vaya a lograr su propósito.
Se trata de una serie de fracasos derivados de sus actitudes reñidas hasta con el sentido común que algunos catalogan hasta de imbecilidades. Aún así, como es tradicional en Estados Unidos, lo que suceda en el campo internacional no tiene una repercusión interna muy grande ni, mucho menos, determinante a la hora que los estadounidenses deciden su voto.
Lo son más decisiones que inciden sobre su vida cotidiana, en este caso el costo de la vida, el precio de los combustibles y su política migratoria, que ha puesto en jaque a comunidades que le han dado su voto. Es esta última razón la que ha llevado a correligionarios suyos, como es el caso de María Elvira Salazar antes mencionado, a distanciarse.
Esa pérdida de ascendencia positiva de la figura de Trump y su movimiento MAGA quedó patente en la última convención republicana realizada en Dallas, en la cual muchos candidatos de su partido para las elecciones de medio término prefirieron no asistir para evitar los efluvios negativos del presidente, quien dio su discurso ante un hemiciclo con grandes espacios vacíos.
No cabe duda que el lugar en el mundo en el que la influencia trumpiana es más fuerte es en América Latina, en donde su ejemplo ha empujado al posicionamiento de una ola de extrema derecha que le ha posibilitado impulsar iniciativas como el Escudo de las Américas, que promueve un intervencionismo rampante como no se veía desde hace mucho tiempo. Seguramente su mayor éxito en este su patio trasero ha sido su cruento golpe de Estado en Venezuela, el cual saca a relucir cada vez que tiene oportunidad porque lo considera su portaestandarte positivo, prácticamente el único que puede sacar a relucir.
Los fracasos de Donald Trump deben enmarcarse en el contexto del declive general que está sufriendo Estados Unidos en el mundo, y seguramente los fiascos que viva ese país en el futuro serán cada día más frecuentes, puesto que su capacidad hegemónica se ha deteriorado cada vez más ostensiblemente especialmente bajo su mandato.
Hay una recomposición del orden internacional en curso, y si Estados Unidos sigue por la vía que lleva en el futuro, digamos en un mandato posterior a Trump, ese reordenamiento se acelerará. Es muy posible que esta administración quede como un momento histórico en el que se evidenció con fuerza que el mundo se está orientando en otra dirección a la que había llevado desde la Segunda Guerra Mundial, y que aunque sus causas son tanto internas como externas a Estados Unidos, factores como la administración trumpiana lo aceleraron.

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