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sábado, 2 de junio de 2012

Argentina: Los trabajadores de YPF

Los trabajadores petroleros de YPF, excluidos por el neoliberalismo, pusieron en pie desde abajo un proyecto colectivo alternativo en la ciudad de General Mosconi, que es ejemplo y referencia los excluidos del mundo. En estos 10 años empezaron a mirar en horizontal, hacia los pueblos cercanos, las comunidades indígenas y los poblados de la región hacia donde crece el movimiento.

Raúl Zibechi / LA JORNADA

Los verdaderos protagonistas de la historia social suelen ser opacados por la cultura hegemónica que sigue colocando en lugar destacado a caudillos y autoridades estatales, en los que se enfocan las luminarias mediáticas. Así sucede, en particular, cuando los protagonistas son gente de abajo, mujeres y jóvenes de piel oscura, que viven lejos de las grandes ciudades y son portadores de culturas largamente discriminadas.

En la etapa actual del capitalismo, en la que el sistema muestra su obscena decadencia militarizada, los ademanes colonialistas vuelven a ser agitados por las clases opulentas para exorcizar sus más rancios temores. Instalar a hombres y mujeres protagonistas de las resistencias en el lugar que les corresponde, no es sólo un acto de justicia histórica, sino algo más importante aún: revelar que sigue siendo posible cambiar el mundo, o sea, hacerlo desde abajo.

La historia reciente de los trabadores de YPF, desde la privatización de dos décadas atrás que los llevó al desempleo y la exclusión hasta la reciente nacionalización por el gobierno de Cristina Fernández, nos enseña lo que puede hacer la energía colectiva de los trabajadores. En la ciudad de General Mosconi, Salta, uno de los núcleos de la estatal YPF, se pasó de la resistencia a la creación de un mundo nuevo en el que participan más de 2 mil familias en una población de 16 mil habitantes.

sábado, 5 de mayo de 2012

Patriotas de mentiras

Ser patriota es entre otras cosas apoyar la autodeterminación, defender los intereses de la nación en su conjunto y no sólo los de la minoría privilegiada, preservar la cultura nacional que generalmente es de naturaleza plural, resguardar los recursos naturales y usarlos racionalmente.

Carlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América
Desde Puebla, México

El 10 de octubre de 1868  el patriota cubano Carlos Manuel de Céspedes lanzó el famoso grito de Yara en su ingenio La Demajagua en Bayamo. Proclamó  carcomido el dominio español y declaró  la independencia de Cuba. Liberó a sus esclavos e inició la primera guerra de independencia de Cuba (1868-1878) con 147 hombres los cuales con el tiempo habrían de convertirse en un ejército de 17 mil efectivos. Temiendo la acción feroz  de Valmaseda, el Capitán General de Cuba,  poco tiempo después los habitantes de Bayamo dirigidos por  esa oligarquía patriota incendiarían la ciudad para que los españoles al tomarla sólo ocuparan sus cenizas. Entre los que incendiaron sus propiedades y se unieron a Céspedes estaba  José Joaquín Palma, el autor de la letra del himno nacional de Guatemala. Una gesta similar a la de los bayameses había sido registrada por la historia: los rusos en 1812 incendiarían Moscú para que Napoleón solamente ocupara sus ruinas. Y la  proeza sería inmortalizada por Tchaikovski  en la “Obertura 1812”.

En un discurso pronunciado en los primeros años de la revolución cubana, Carlos Rafael Rodríguez  el brillante economista y dirigente cubano, habría de decir  que estaban lejos los tiempos en los cuales un sector de la oligarquía cubana incendiaba sus propiedades para defender los intereses de la patria: ahora sus descendientes incendiaban a la patria para defender a sus intereses. Aludía a la serie de atentados terroristas que sufriría  la isla bajo el auspicio de la CIA y con la diligencia de los exiliados cubanos en Miami. Todo esto y mucho más recordé cuando leí en la prensa cómo el presidente Pérez Molina  en Guatemala y Calderón en México, se rasgaron las vestiduras lamentando la expropiación  de la parte que poseía en la YPF argentina la petrolera española  Repsol. Ambos mandatarios no apoyaron  el gesto patriótico del gobierno de Cristina Fernández sino se pusieron de lado de la petrolera española. Este gesto y la permisividad a las compañías mineras extranjeras en ambos países están entre los múltiples hechos que hacen que la palabra patria y patriota sea una palabra vacía en labios de ellos y de sus partidarios.