sábado, 28 de febrero de 2026

Trump y la “toma amistosa” de Cuba

Los cubanos han dado claras muestras en el pasado de plantar una férrea oposición a quienes intentan chantajearlos de esta u otras formas. Están en una situación apremiante, pero tienen reservas éticas y morales ejemplares que los convierten en un baluarte frente a estrategias mafiosas e inhumanas, que no se han tentado el alma para cometer un genocidio como el de Gaza. 

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

Este viernes 27 de febrero, el presidente estadounidense declaró a la prensa que su país está considerando una “toma amistosa” de Cuba. Solo en este mundo en el que los poderosos hacen lo que se les da la gana, exponen sus ideas abiertamente en público y son aplaudidos de pie prolongadamente -como hicieron los europeos ante el discurso de Marco Rubio en la recién pasada Conferencia de Seguridad de Múnich- una frase como esta no es recibida con indignación generalizada.
 
Dijo el presidente Trump que en Cuba “no tienen dinero, no tienen nada en este momento” y que por eso los Estados Unidos están en tratativas (que el gobierno cubano niega) para “una toma de control amistosa de Cuba”.
 
Cuba ha llegado, efectivamente, a una situación crítica que tiene paralizados, o marchando a media máquina, muchos de sus servicios básicos. Es un punto al que ha llegado básicamente tras más de sesenta años de bloqueo y el reciente cerco petrolero al que la administración norteamericana actual la tiene sometida.
 
Después de los acontecimientos de Venezuela en los que raptaron a su presidente, bombardearon su capital y mantienen una amenaza permanente de invasión masiva, el presidente norteamericano y la camarilla que lo rodea se han propuesto ir tras de Cuba. Seguramente tienen en mente una operación relativamente “limpia”, como la efectuada en Venezuela, que no implique muchos muertos ni permanencia de tropas en el país. 
 
Dos acontecimientos acaecidos esta semana puede ayudarnos a vislumbrar por dónde parece enrumbarse la estrategia norteamericana.
 
El primero es la llegada a la isla de una lancha con armas e intenciones de implantar una especie de foco armado que sirviera de catalizador para una insurrección popular. Independientemente de lo ilusorio de tales propósitos, el gobierno norteamericano pareció genuinamente sorprendido con esta aventura que se encontró de frente con el firme rechazo cubano.
 
Es posible que, por lo tanto, no sea este el camino escogido. Véase cómo Estados Unidos hace gala de fuerza cuando quiere mostrar músculo y, efectivamente, hace efectivo su poderío militar. Nuevamente Venezuela es un ejemplo reciente en nuestra parte del mundo, e Irán lo está siendo ahora. Una pequeña lancha como algunos aventureros a bordo no parece el estilo de la actual administración.
 
El segundo hecho es la limitada liberación de combustible para Cuba anunciado esta semana como un gesto humanitario. Es un canal exclusivo para las empresas privadas cubanas, las cuales ocupan un espacio relativamente pequeño en la sociedad. No constituye, por lo tanto, ningún aliciente real a la apremiante situación. Pero sí puede leerse como una indicación del rumbo que, eventualmente, puede haber escogido Trump y compañía para la “toma amistosa” que, de alguna manera y con sus propias características, ya estaría siendo ensayada en Venezuela: haz lo que te digo, no tengas muchas veleidades soberanistas, y yo te aflojaré un poco el lazo con el que te acogoto.
 
Los venezolanos ya pueden negociar su petróleo antes bloqueado y orientar recursos hacia necesidades antes sin financiamiento por esas restricciones. Todo bajo la vigilancia severa del gobierno norteamericano que no permite ni siquiera orientarlos hacia la defensa de su presidente secuestrado.
 
Seguramente eso es lo que Donald Trump considera una “toma amistosa” de un país. Los cubanos han dado claras muestras en el pasado de plantar una férrea oposición a quienes intentan chantajearlos de esta u otras formas. Están en una situación apremiante, pero tienen reservas éticas y morales ejemplares que los convierten en un baluarte frente a estas estrategias mafiosas e inhumanas, que no se han tentado el alma para cometer un genocidio como el de Gaza. 
 
Los gobiernos progresistas que aún quedan en América Latina, especialmente México y Brasil, deberían ser más solidarios con la isla. Ellos también están sometidos a presiones y chantajes, pero es indignante que estos energúmenos se paseen impunemente por nuestras tierras.  

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