Argüir que Argentina
vuelve al mundo –al menos, la Argentina que representa Macri-, y que es la
derecha la responsable de ese retorno, supone una actualización de aquel viejo
antagonismo entre civilización y barbarie que está en la génesis de la construcción
de las identidades nacionales latinoamericanas.
Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa
Rica
| En Davos, el presidente Macri se reunió con el vicepresidente de los EE.UU, Joseph Biden. |
"Estas son las
postales de un viaje en el que volvimos al mundo", proclamó eufórico el
presidente argentino Mauricio Macri, al publicar una serie de fotografías en su
cuenta de una red social, con las que pretendió
rendir testimonio de su participación en el Foro Económico de Mundial en
Davos, Suiza. Menos de 24 horas después de este singular anuncio, el
mandatario, aduciendo razones de salud –una costilla fisurada- que más parecen
encubrir un acto de soberbia, la debilidad de su política exterior y sus
poderosos prejuicios ideológicos, declinó la participación en la Cumbre de la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) que se realizó esta
semana en Quito. Algunos periodistas argentinos dicen que a Macri, empresario
del fútbol vinculado durante muchos años al club Boca Juniors, no le agrada
jugar de visitante y con el público en su contra; o que, en definitiva,
sostienen, a la costilla no le gusta
viajar por la región.
