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sábado, 10 de enero de 2026

¡Sindicatos eran los de antes!

 ¿Por qué esa apatía, esa desconfianza de las y los trabajadores en participar en sus sindicatos? Porque los poderes han podido “domesticar” las luchas sindicales, creando una aristocracia obrera que, merced a prebendas que ha ido recibiendo, la distancia crecientemente de la masa trabajadora, de sus necesidades y de sus luchas, terminando siendo, en muchos casos, propietaria de empresas.

Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala

“Arbeit macht frei” -El trabajo hace libre- podía leerse en la entrada de los campos de trabajos forzados y exterminio erigidos por los nazis en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Que el trabajo libere, es posible, pero en las condiciones en que se ha venido desarrollando en las sociedades de clase desde hace 10,000 años, no parece. En esos campos de concentración, la frase suena a cruel y cínica burla. El trabajo, en los diversos modos de producción existentes en la historia desde que hay excedente social, y por tanto lucha de clases (modo despótico tributario, esclavista, feudal, capitalista), no libera de nada. Por el contrario, es un yugo, una pesada carga. Por eso se puede decir que es alienado: el trabajador no es dueño del producto de su trabajo.

sábado, 30 de marzo de 2013

Sindicatos analizan la crisis capitalista

Para discutir la crisis del capitalismo se realizó en Panamá el Encuentro Sindical de Nuestra América (ESNA) con la participación de importantes delegaciones obreras del continente y una amplia representación del sindicalismo panameño.

Marco A. Gandásegui, h. / ALAI

Hace un par de décadas un sociólogo norteamericano – Jeremy Rifkin - celebró el “fin del trabajo”. El triunfalismo de los neoliberales prácticamente no tenía límite. Unos años antes, Francis Fukuyama – desde sus oficinas en el Departamento de Estado en Washington - había decretado el “fin de la historia”. Para Fukuyama el fin de la historia quería decir la derrota de la clase obrera y sus pretensiones de construir un mundo mejor.

El ejemplo soviético se había hundido y ya no existía una sociedad alternativa hacia la cual la clase obrera mundial podía orientar su visión. Fukuyama y sus seguidores ‘libertarios’ no entendieron que la relación entre trabajo y capital es la variable que explica las tensiones y luchas geopolíticas y no al revés. Hace poco Fukuyama reconoció su error y ha estado tratando de enmendar sus escritos.

El filosofo norteamericano reconoce ahora que el liberalismo capitalista –en cualquiera de sus formas en que se presenta– tiene como base el trabajo humano (creador de toda la riqueza social) y su explotación por agentes (organizados en una clase social bautizada con el nombre de burguesía) al servicio de la acumulación de capital.