¿Por qué esa apatía, esa desconfianza de las y los trabajadores en participar en sus sindicatos? Porque los poderes han podido “domesticar” las luchas sindicales, creando una aristocracia obrera que, merced a prebendas que ha ido recibiendo, la distancia crecientemente de la masa trabajadora, de sus necesidades y de sus luchas, terminando siendo, en muchos casos, propietaria de empresas.
Marcelo Colussi / Para Con Nuestra América
Desde Ciudad de Guatemala
“Arbeit macht frei” -El trabajo hace libre- podía leerse en la entrada de los campos de trabajos forzados y exterminio erigidos por los nazis en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Que el trabajo libere, es posible, pero en las condiciones en que se ha venido desarrollando en las sociedades de clase desde hace 10,000 años, no parece. En esos campos de concentración, la frase suena a cruel y cínica burla. El trabajo, en los diversos modos de producción existentes en la historia desde que hay excedente social, y por tanto lucha de clases (modo despótico tributario, esclavista, feudal, capitalista), no libera de nada. Por el contrario, es un yugo, una pesada carga. Por eso se puede decir que es alienado: el trabajador no es dueño del producto de su trabajo.
