Ahora que atravesamos una tormenta de proporciones sísmicas, que no está dejando nada en su lugar y amenaza la vida en el planeta, podemos observar con mayor claridad cómo los grandes medios de comunicación se han convertido en maquinarias de instalar mentiras y falsas verdades, ocultando los hechos principales y desvirtuando la realidad según los intereses de la clase dominante.
La información mínimamente objetiva tiende a desaparecer y en su lugar aparece la propaganda. Se machacan ideas y prejuicios sin el menor pudor, con el objetivo de anular la capacidad de razonamiento de la población. Los grandes medios son parte del sistema capitalista, colonial-patriarcal: dependen de la publicidad de las empresas y, como ellas, se proponen convertir al ser humano en mero consumidor.


