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sábado, 5 de diciembre de 2020

Argentina: diez lecciones del Diez

 Han corrido ríos de tinta en vida de Diego Armando Maradona, otros tantos con su repentino fallecimiento; muchos más van a correr después de su entierro, poniendo de manifiesto las lecciones que deja este jugador único en su paso por este mundo entristecido. 

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América

Desde Mendoza, Argentina


Él sólo vino a maravillarnos con sus piruetas y gambetas antológicas y sus goles. Brindó alegría a millones que lo vimos en la cancha, desde una platea o por televisión. 

 

El niño ilusionado que salió de Villa Fiorito con sus simples dos deseos: jugar en la selección nacional y salir campeón del mundo, deja muchas lecciones.

Maradona: La víctima de una cruel idolatría

 … Y lamentablemente ocurrió la anunciada muerte de Diego Armando Maradona. Los dioses creados por la actual subcultura neopagana, caen desde sus altares; y cabe responsabilizar a buena parte de los adoradores del futbolista por haberlo empujado al previsible final.  

Carlos María Romero Sosa / Especial para Con Nuestra América

Desde Buenos Aires, Argentina



Un triste epílogo producto de los excesos que cometió, debido en gran medida a tanto machacarle los infaltables amigos del campeón y creérselo él, que era todopoderoso y eterno.  Sin duda ese final se dilató un par de décadas en razón de su físico excepcional, resistente a tantos malos tratos en los que no estuvo ausente, sino al contrario, el cruel negocio montado sobre su persona con un trasfondo de dealers de la droga y hetairas.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Maradona como símbolo

 Maradona ha muerto. Se va el díscolo y rebelde; el ídolo de multitudes, el de la gambeta imparable y la famosa “mano de Dios”; el Maradona que se le plantó a esa mafia que dirige la FIFA y acompañó las mejores causas de Nuestra América. 

Rafael Cuevas Molina/presidente AUNA-Costa Rica


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Poco se puede decir después de los ríos de tinta que han corrido exaltándolo o denostándolo; de alguien del que todo mundo tiene algo que decir, cultos e incultos, ricos o pobres, jóvenes o adultos, mujeres y hombres. No murió un escritor querido o famoso, quien por mucho que tuviera un círculo de seguidores o admiradores no tocaría a quienes solo tienen la televisión o, ahora, el celular para ir más allá de su estrecho círculo cotidiano. Murió alguien que atrajo la atención de todos y que desató las emociones más profundas con sus triunfos y sus derrotas; un hijo de las barriadas bonaerenses, un “cabecita negra”, como llama la oligarquía argentina a los de abajo, sintetizado en esa expresión la explotación propia de nuestra realidad colonial.

Diego, el único

 Estamos a miles de años de la Hélade y el Olimpo, donde los dioses se mezclaban con los humanos y sus hijos mostraban sus puntos vulnerables. Tampoco Villa Fiorito está cerca del Mare Nostrum romano que baña Grecia o a Nápoles, donde fue consagrado por sobre todos los mortales. Sin embargo el barro que pisó de niño no mutó sus pies de ídolo indiscutido. 

Roberto Utrero Guerra / Especial para Con Nuestra América

Desde Mendoza, Argentina


Se nos fue el Diego, el único. Se paró el mundo. Ni el espanto de la pandemia produjo tal conmoción. Ni el pánico al contagio al virus frenó las multitudes para despedirlo. Su muerte fue cuestión de Estado que lo más sensato fue velarlo en la Casa Rosada y abrir las puertas al pueblo para el último adiós. Vendrá la andanada de críticas. Seguro habrá contagios. Aunque el contagio de angustia colectiva fue total. La indiferencia se deshizo al menos en el amplio territorio nacional que lo llora a moco tendido. Nadie estaba preparado para esta catástrofe emotiva, para tanto dolor.