Ocho países sudamericanos
decidieron embarcarse en un nuevo proyecto de cooperación regional. Sin
embargo, las visiones cortoplacistas y el carácter excluyente de la nueva
organización dejan serias dudas sobre su utilidad para resolver los problemas de la
región.
Alejandro Frenkel / Nueva Sociedad
Una
buena parte de la biblioteca sobre el regionalismo sostiene, casi como un
mantra, que el rumbo errático de la integración en América Latina se debe a dos
grandes problemas: la poca disposición a ceder soberanía para conformar
instituciones supranacionales y la alta propensión a crear instancias
regionales sin desechar las anteriores, lo que genera una superposición de
siglas cada vez mayor. «Latinoamérica tiene tantas cumbres que parece una
cordillera», dijo
una vez el presidente de Chile Sebastián Piñera.

