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sábado, 22 de octubre de 2011

Kadafi y la hipocresía de Occidente

Al festejar la muerte del líder libio, Estados Unidos y Europa omiten el hecho de que, hasta hace menos de un año, Kadafi era recibido con cordialidad extrema por Barack Obama, José Luis Rodríguez Zapatero, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi, y que hay señalamientos sobre el financiamiento de las campañas políticas de los dos últimos por parte del régimen depuesto.

Editorial de LA JORNADA (México, 21 de octubre de 2011)

El asesinato de Muammar Kadafi, perpetrado ayer [jueves, para los lectores] en su natal Sirte, marca el triunfo definitivo de la revuelta que empezó en Libia hace ocho meses y que fue desvirtuada, poco después de su inicio, por una masiva intervención militar de las potencias occidentales en la nación norafricana. Lo que habría sido una insurrección popular democratizadora fue convertida en una incursión de saqueo neocolonial, alentada por la ambición de Estados Unidos y Europa ante los enormes recursos energéticos del territorio sirio, en un nuevo mercado de armamento y, presumiblemente, en una vasta oportunidad para los negocios de “reconstrucción”, a la manera de los realizados tras la invasión y destrucción de Irak, cuyos contratos beneficiaron a las empresas y consultoras del entorno del ex presidente George W. Bush.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El método “libio”, grave amenaza para América Latina

El tema fundamental ahora es la grave amenaza de repetición de este engañoso y taimado esquema en otros países con recursos de interés estratégico para Washington y sus aliados o intolerables posturas políticas independientes, como unos cuantos en América Latina y el Caribe.

Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA

Con la fórmula desplegada en la agresión contra Libia por la OTAN se intenta configurar un nuevo patrón, aplicable a otros países con algunas variantes. Según declaró Ben Rhodes, vicejefe del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos en entrevista con Foreign Affairs, el “método” utilizado por la administración de Obama en el país norafricano es “más efectivo” al de gran despliegue de tropas aplicado por Bush en Irak y Afganistán. Cabría añadir que continuado por el actual inquilino de la Casa Blanca, y superado en el segundo país, pero no nos distraigamos. El tema fundamental ahora es la grave amenaza de repetición de este engañoso y taimado esquema en otros países con recursos de interés estratégico para Washington y sus aliados o intolerables posturas políticas independientes, como unos cuantos en América Latina y el Caribe.

sábado, 2 de abril de 2011

¿Intenta Obama imitar a Bush?

Debe haber personas honestas entre los alzados libios. Lo grave es que el imperialismo se ha apropiado de lo que parecía inicialmente una protesta social legítima en Bengasi para así justificar los bombardeos a mansalva en Libia.

Ángel Guerra Cabrera / LA JORNADA (México)

Olvidémonos de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU y su zona de exclusión aérea, con toda su carga ilegal e inmoral. Lo que quería el trío de la muerte (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) era la patente de corso de la “comunidad internacional” para sacar a Kadafi del poder y decidir a su antojo el futuro de Libia, como clamaban a coro el martes en la reunión de Londres a la que el trío convocó a la comparsa que lo acompañará en el “grupo de contacto”, supuesta dirección política de la intervención.

El día antes Obama dijo en un mensaje a la nación para explicar su agresión a Libia –calcado, diríase, de su aguerrido antecesor–, que aunque la resolución no facultara a la “coalición” para derrocar a Kadafi por “medios militares” (¿por cuáles entonces?) buscaremos cómo hacerlo. Fue asombrosa la cantidad de mentiras y la arrogancia obsequiadas por el comandante en jefe a su complaciente auditorio en la Universidad Nacional de Defensa. Pero en la cita de Londres esta de mister Cameron es la gran perla verbal: “La razón por la que estamos aquí es porque el pueblo libio no puede alcanzar ese futuro por sí solo…” Cecil Rhodes habría muerto de envidia. Lea el artículo completo aquí…

La gran maniobra de distracción libia

Los defensores de la intervención humanitaria parecen tener un criterio cuantitativo. Si un gobierno mata a diez manifestantes, esto es "normal" o en todo caso sólo es algo digno de una declaración de condena. Si se mata a 10.000, esto ya es criminal, y requiere de una intervención humanitaria. ¿Cuántas personas tienen que morir antes de que lo normal se convierte en criminal?

Immanuele Wallerstein / Rebelion - ZNet

El conflicto libio de este último mes mirado en su totalidad -la guerra civil en Libia, la acción militar contra Gadafi liderada por los Estados Unidos- no tiene que ver con cuestiones humanitarias ni tampoco con el suministro mundial de petroleo en la actualidad. Lo que de hecho constituye es una gran maniobra de distracción -una distracción deliberada- que tiene como objetivo dejar en la penumbra la principal batalla política que se está llevando a cabo en el mundo árabe. Hay algo en lo que tanto Gadafi como los líderes occidentales, independientemente de sus puntos de vista políticos, están totalmente de acuerdo. Todos quieren ralentizar, canalizar, cooptar, limitar la segunda ola revolucionaria árabe y evitar que cambien las realidades políticas fundamentales del mundo árabe y su papel actual en el teatro geopolítico del sistema-mundo.



Para apreciar esto, se tiene que seguir la secuencia cronológica de los acontecimientos. Aunque los rumores políticos en los Estados árabes y los intentos por parte de diversas fuerzas externas de apoyar a unos u otros elementos dentro de ciertos Estados han sido una constante durante largo tiempo, el suicidio de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 marcó el inicio de un proceso bien diferente.



Para mí este proceso es la continuación del espíritu de la revolución mundial de 1968. En 1968, al igual que en el mundo árabe durante estos últimos meses el grupo que ha tenido el valor y la voluntad para iniciar las protestas contra los poderes establecidos ha sido la gente joven. Les motivaban muchas cosas: la arbitrariedad, la crueldad, la corrupción de los que están en el poder, su depauperada situación económica, y sobre todo la persecución de su derecho, moral y político, a ser los actores principales que determinen su propio destino cultural y político. Además han protestado contra la estructura general del sistema-mundo y el modo en que sus líderes se han plegado a las presiones exteriores de las grandes potencias. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 26 de marzo de 2011

“¡Procedan!”, dijo Obama, y se marchó sin pena ni gloria

¿Algo nuevo bajo el sol? Absolutamente nada. ¡Qué lástima, Obama! Con las esperanzas que cifraron en él tantos ingenuos de su país y de por estos lares.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

Sin la menor deferencia, con toda la prepotencia imperial que le confiere su cargo, Obama dio la orden de iniciar el ataque a Libia mientras se entrevistaba en Brasil con la presidenta Dilma Roussef.

Gira a tono con los tiempos la del presidente de los Estados Unidos por América Latina: Obama inicia la guerra que le correspondía (como buen presidente estadounidense), en medio de un periplo que ni siquiera mereció más que uno que otro comentario en las páginas interiores de los periódicos de sus mismos correligionarios y prosélitos de la región.

Convertido en un mercachifle de lujo, como otrora los vendedores ambulantes que visitaban puerta por puerta las casas de la vecindad, llegó a Brasil a promover aviones y asegurar las materias primas que necesita baratas la decadente industria norteamericana. Solamente la cada vez más ordinaria CNN le dio espacio a “comentaristas” de universidades norteamericanas y representantes del trasnochado “exilio” latinoamericano en los Estados Unidos, que retomaron la vieja y gastada promoción de Chile como modelo de desarrollo para América Latina.

En ese país, por cierto, no hizo el más mínimo comentario sobre el papel de su país en el golpe de Estado de 1973, que derrocó a Salvador Allende. Aprovechó su discurso, sin embargo, para retomar y reafirmar el sonsonete contra Cuba. ¿Algo nuevo bajo el sol? Absolutamente nada. ¡Qué lástima, Obama! Con las esperanzas que cifraron en él tantos ingenuos de su país y de por estos lares.

La visita a El Salvador no fue sino la confirmación del papel de fiel aliado de Washington que viene jugando la administración de Mauricio Funes en la región. Una decepción más ésta de la administración del Frente Farabundo Martí que, en aras de un pragmatismo que se quiere a tono con el espacio geoestratégico que es Centroamérica para los Estados Unidos, ha continuado sin pena ni gloria la política internacional que la extrema derecha, expresada en el partido ARENA, llevó a cabo durante 20 años en el pulgarcito de América. Para cerrar con broche de oro esta tendencia, solo falta que manden un contingente a Libia para apoyar a la OTAN.

Las expectativas que abrió el presidente de los Estados Unidos en la Cumbre de las Américas de Barbados hace poco tiempo se han esfumado. La “nueva era” de relaciones entre el Norte y el Sur del continente no llegó a dar ni el primer paso. Honduras la inauguró, confirmando las tradicionales e invariables posiciones que los Estados Unidos han mantenido durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, y la gira de Obama de estos días no hace sino reeditarlas sin lucidez ni brillo.

Mientras esto sucedía en lo que los Estados Unidos conocen como el Hemisferio Occidental, en el Norte de Africa la primera potencia bélica del mundo ejercía su papel de gendarme internacional avalado por una cada vez más servil Organización de Naciones Unidas. Países petroleros latinoamericanos, ¡a poner las barbas en remojo! pues, como ha quedado en evidencia, la legalidad internacional no existe, la soberanía es papel mojado y las excusas sobran. La fortaleza en contra de esta estrategia solo puede encontrase en la unidad interna y latinoamericana, en el acompañamiento que, como ha demostrado la UNASUR en un par de ocasiones, es efectiva y necesaria.

Aunque deslucida, la visita del presidente norteamericano nos permite reflexionar sobre los tiempos que vivimos y sacar las enseñanzas que, aunque conocidas, no está de más remarcarlas y refrescarlas.

El Occidente imperialista y este extraño siglo

Afganistán, Irak, Libia… El Occidente imperialista bombardea a los "enemigos" que su propio sistema de dominación y explotación ha creado.

Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

El odio y la locura bautizaron con sangre, en los atentados del 11 de setiembre de 2001, el siglo XXI que nacía, o quería nacer, como promesa para una humanidad azolada por las grandes guerras. Pero aquellos demonios -vástagos imperiales en tiempos de la Guerra Fría-, que tumbaron las Torres Gemelas en Nueva York, también desataron con su inaceptable masacre las furias y apetitos de las potencias Occidentales. Guerra terrorista contra el terrorismo, llamó Ramón Grosfoguel al oscuro período que inauguró esa tragedia.

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Y entonces, el Occidente imperialista mintió deliberadamente y asaltó el derecho internacional; se armó, fraguó una alianza con pares y vasallos. Cuatro pobres repúblicas centroamericanas, por ejemplo, prestaron tropas y juramentos a la cruzada, a cambio de un acuerdo comercial con la potencia del Norte. El entonces presidente y comandante en jefe de EE.UU., G.W. Bush, sentenció el requerimiento neocolonial: o están con nosotros o están con los terroristas.

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Afganistán e Irak recibieron, de primera mano, los rigores de la vara con la que el imperialismo medirá, de ahora en adelante, a sus enemigos. En la bolsa de valores del mundo al revés, el precio de la democracia made in USA se tasó según el tipo de cambio que definen las intervenciones militares y el saqueo.

En el 2005, año del establecimiento de la democracia absoluta en Irak, Antonio Tabucchi, el escritor italiano, ironizaba: “cien mil muertos, la verdad, resultan un pelín excesivos”, es cierto, pero “mojar un dedo en tinta y levantarlo con el orgullo de quien puede afirmar: con esta huella digital en la papeleta yo sanciono la libertad de elegir a mi representante en el Parlamento democrático que los Estados Unidos nos han regalado”, bien vale el dolor de una invasión.

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Esa democracia absoluta también quiso ser impuesta en nuestra América. Pero aquí, pueblos y gobiernos supieron resistir y vencer: un golpe petro-militar-oligárquico fue derrotado en las calles de Venezuela, mientras en las urnas empezaron a caer, una tras otra, las viejas administraciones neoliberales. En Mar del Plata, en 2005, el panamericanismo asistió al fracaso de su centenario proyecto de dominación por la vía del libre comercio: el ALCA. Y entre aciertos y errores, entre obstáculos y maniobras desestabilizadoras, van avanzando las ideas de la unidad latinoamericana y de la integración regional.

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Pero los imperios jamás renuncian a sus indefendibles modales, a su voracidad ingénita. Bien lo sabía José Martí: “El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa”. Ahora, en medio de una profunda crisis capitalista, una vez más, la razón imperial afila armas y argumentos –en ese orden- para sostener los endebles pilares del dominio universal, sacudidos por las insólitas rebeliones populares en el mundo árabe.

Los colonialistas e imperialistas de ayer, las modernas potencias occidentales, reverdecen laureles al mando de un Premio Nobel de la Paz. Y para frenar la locura de un viejo caudillo antiimperialista, devenido en autócrata neoliberal y socio en los negocios del casino mundial, prometen larga estancia en Libia. ¡La democracia absoluta así lo exige!

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El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, se justifica hoy ante la historia: “Estamos frenando la locura asesina”. Como lo hizo G.W. Bush en Afganistán e Irak, o como antes lo hicieron Bill Clinton y la OTAN en los Balcanes. Otra vez, a la atrocidad se le opone una atrocidad mayor, una agresión más destructiva que la que se pretende combatir.

El Occidente imperialista bombardea a los "enemigos" que su propio sistema de dominación y explotación ha creado. Y por supuesto, prueba la lealtad de sus vasallos: la petro-monarquía saudita, campeona de la antidemocracia y gorda de abundancia y privilegios, se pone a resguardo de los petro-cañones y los petro-cazas, mientras reprime a su pueblo y se suma al coro de la vieja Europa y los EE.UU.

Aquí, como en tantos otros conflictos, el Consejo de Seguridad de la ONU prefiere mirar hacia otra parte.

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Lúcido, el teólogo brasileño Frei Betto hace las preguntas incómodas, ante las que calla la tantas veces invocada comunidad internacional: “Las potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos, se hacen de la boca gruesa en defensa de los derechos humanos en Libia. ¿Y las ocupaciones genocidas de Iraq y de Afganistán? ¿Quién dobla las campanas por un millón de muertos en Iraq? ¿Quién lleva a la Corte Internacional de Justicia de la ONU a los asesinos confesos en Afganistán y a los responsables de crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué el Consejo de Seguridad de la ONU no dice una palabra contra las masacres practicadas contra los pueblos iraquí, afgano y palestino?”

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En 1966, antes de su combate definitivo en Bolivia, Ernesto Guevara envió una emotiva carta a sus hijos. En uno de sus pasajes, les habló así, con voz de futuro: “Tatico, tú crece y hazte hombre que después veremos qué se hace. Si hay imperialismo todavía salimos a pelearlo, si eso se acaba, tú, Camilo y yo podemos irnos de vacaciones a la Luna”[1].

Visto está, a casi medio siglo de que fueran escritas esas líneas, que la de la Luna seguirá siendo, para todos y todas, una temporada imposible.


NOTA:

[1] En: Casaus, Víctor (ed.) (2006). Che desde la memoria. La Habana: Ocean Sur – Centro de Estudios Che Guevara. Pág. 229.

Obstruir la estrategia imperial en Libia era una prueba

El conflicto libio se ve definido ya, en el plano bélico. Nos encontramos ante un caso como el de Iraq: se podría llegar a una ocupación sostenida y criminal.

Aurelio Alonso / LA VENTANA (Cuba)

Cuando ninguno de los Estados con poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se atrevió, el sábado 18 de marzo de 2011, a oponerse a la escalada invasora sobre Libia, quedaron descifrados varios enigmas. Diez votos a favor y cinco abstenciones: creo nunca antes las abstenciones habían sido más reveladoras que los votos definidos.

Antes de formular otra observación, admito que quedé impresionado por la aceptación generalizada, entre los abstinentes, de la coartada de la «zona de exclusión aérea», para que el acuerdo no fuera explícitamente el de invadir, como si de todos modos no significara cruzar el umbral mismo de una nueva cruzada imperialista, con toda la agresividad y la sofisticación de armamento de la guerra moderna, que se exhibió ya en Iraq. Una decisión que terminará masacrando a la población civil bajo la falacia de la protección de la población civil.

Entre las cinco abstenciones, hay que diferenciar a China y a Rusia, cuyo poder de veto convierte esta opción, prácticamente, en un enmascaramiento del voto positivo. No pude dejar de recordar con nostalgia las veces que vi, en otros tiempos, al representante de la Unión Soviética impedir con el veto que se consumaran maniobras imperiales. De China, la potencia emergente cuyo ímpetu económico querríamos creer acompasado con una postura antiimperialista, toda vez que en teoría se declara fiel a su legado revolucionario, recibí una inquietante sorpresa.

De las tres abstenciones restantes, que no hubieran impedido la escalada, saludo la de Alemania, cuya pertenencia al bloque de poder no le fuerza a renunciar a una posición digna; me desagrada como ninguna otra la de Brasil, y me pregunto (solo me pregunto) si esa hubiera sido la actuación en tiempos de Lula. La de la India la valoro positivamente, frente a otros que votaron con los poderosos y que debieron al menos haberse abstenido.

De todos modos, a partir de la votación del Consejo de Seguridad, la suerte parece haber quedado echada para el Estado libio y para sus líderes actuales, al margen de evaluaciones de sus cuarenta años de ejercicio de poder, ya que no es por decisión del pueblo que va a cambiar su destino. Lea el artículo completo aquí…

sábado, 19 de marzo de 2011

Libia: Antes de que sea demasiado tarde

Algunos de los aparatos que están bombardeando y matando a civiles y rebeldes en Libia son los mismos jets franceses que vendió Sarkozy a Gadafi cortejándolo con insistencia para encajarle aviones terroríficos de entre los más caros del mundo. De ahí que en estas horas, y hasta el final, solo vale la opción por la paz.

Angelo Del Boca / Editorial de Il Manifesto

Traducción de Alma Allende y Gorka Larrabeiti para Rebelion

Escapemos a la trampa de la alternativa entre el tirano libio que debe salir de escena y los bombardeos “humanitarios” de la OTAN. Digamos claramente lo que está ocurriendo. La decisión del Consejo de Seguridad de la ONU, tomada con cinco abstenciones y diez votos a favor -bajo la presión de Francia e Inglaterra, de vuelta al Próximo Oriente, y también al final de los recalcitrantes EEUU- es una intervención militar. No debe haber dudas al respecto. Aunque esté camuflada una vez más de intervención “humanitaria” para “proteger a los civiles” y aunque excluya, de momento, la ocupación por tierra. La zona de exclusión aérea, decidida sin ninguna relación con Trípoli, sólo puede ser impuesta mediante bombardeos. En estas ocasiones se prefiere hablar de “objetivos selectivos” y “operaciones quirúrgicas”. Con la posibilidad -es decir- de nuevas matanzas de civiles, como ocurrió en Iraq y en Afganistán y como vimos en los Balcanes. Tenemos infinitas pruebas de esta enorme mentira.

Rusia y Alemania, países que se abstuvieron en el Palacio de Cristal, expresaron precisamente esta preocupación, con la incorporación en el último momento de la necesidad, antes que nada, de una declaración de alto el fuego por las dos partes en conflicto. No es una casualidad que Alemania justifique ahora su rechazo a la zona de exclusión aérea por “los considerables riesgos y peligros” que comporta. Peligros y riesgos confirmados, por lo demás, por el hecho de que, apenas Trípoli ha aceptado el alto el fuego, se ha gritado “tongo”.

Pero tampoco debemos callar sobre la necesidad de que Gadafi salga realmente de escena. El y su régimen, que dura ya demasiado tiempo y que en cualquier caso se ha hecho pedazos, sus delirios de omnipotencia y sus graves responsabilidades en la degeneración de la crisis. Desde este punto de vista todo estaba aún en juego hasta hace diez días. Se había anticipado la posibilidad de un exilio, para Gadafi y su familia, con un salvoconducto hacia un país neutral. Pero se anunció también, a requerimiento de los EEUU -los cuales, sin embargo, no reconocen la Corte Penal de DDHH- su procesamiento ante este Tribunal por “crímenes de guerra” todavía sin probar. A pesar de la insistencia de Fohg Rasmussen, secretario general de la OTAN -que de víctimas civiles es un experto-, en denunciarlos. Crímenes que, junto a un exceso de propaganda, sin duda se han producido y deben ser castigados. Pero que, según el procurador de la Corte Penal Moreno Ocampo, conciernen “a las dos partes en armas”.

Así que la posibilidad de que Gadafi saliera de escena se ha acabado perdiendo. Ahora todo parece haber terminado en un callejón sin salida. Sin más opción que la de un baño de sangre, pues tal y como están las cosas, parece que el único objetivo que queda sea el ataque militar con bombardeos aéreos. Se olvida que algunos de los aparatos que están bombardeando y matando a civiles y rebeldes en Libia son los mismos jets franceses que vendió Sarkozy a Gadafi cortejándolo con insistencia para encajarle aviones terroríficos de entre los más caros del mundo.

Finalmente, ahí está la ambigüedad del gobierno italiano, que hasta hace diez días era un valeroso aliado de Gadafi, a quien le pedía que “contuviera” la inmigración del Magreb recluyendo en nuevos campos de concentración a los desesperados que huían de la miseria de África, y que ahora se candida como plataforma de lanzamiento para ataques aéreos y bloqueo naval militar. Y quizá no sea tan solo base, ya que el dannunziano ministro de Defensa, Ignazio La Russa, reivindica el “derecho” de bombardear también para los aviones italianos. Me pregunto si históricamente Italia tiene ganas de repetir, a sesenta años de lo sucedido cuando el colonialismo, un ataque militar a un país al que ya provocó 100.000 muertos, un octavo de la población libia [de entonces]. Me pregunto si nos vamos a asumir de verdad esta responsabilidad. Por la memoria histórica hay que decir no. Pero también por el presente.

Qué triste epílogo sería para las primaveras en el mundo árabe. La señal sería la de la sangre y la represón militar, como sucede en Yemen; como ha ocurrido en medio del silencio general durante estos días en Bahrein, donde los mismos países del Golfo que actúan ahora en la zona de exclusión aérea de Libia intervinieron militarmente en Manama para respaldar al “Gadafi” local.

En estas horas, y hasta el final, cabe también mediar por la paz. El camino es el alto el fuego, según parece deducirse a última hora incluso de las palabras del presidente Barack Obama, el cual se las debe ver ahora con otro conflicto armado que apesta a petróleo. Alto el fuego que ha de ir acompañado de una intervención de observadores ONU que se interponga y defienda las vidas humanas. De no ser así, sólo vuela de verdad la guerra.

sábado, 12 de marzo de 2011

Libia: con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

Gadafi no solamente inició el proceso de reformas neoliberales sino que, además, se transformó en eficaz guardafronteras que supo cerrar el paso a quienes querían ingresar a la ciudad de la abundancia europea desde África. Miles de migrantes fueron detenidos de forma violenta, y cientos de ellos murieron, antes que llegaran a las costas de Italia, Francia o España.

Rafael Cuevas Molina / Presidente AUNA-Costa Rica

rafaelcuevasmolina@hotmail.com

En relación con los Estados Unidos, todos saben que no tiene amigos sino solamente intereses. La misma norma le están aplicando a Libia los europeos que hasta hace unos días lo trataban como amigo dilecto. Invitado a Italia el año pasado, Gadafi fue objeto de atenciones y halagos, eventos especiales como aquel al que solo fueron invitadas mujeres a las que el dirigente libio les habló de las bondades del Libro Verde. En Francia, Sarkozy le recibió de beso en la mejilla y sonrientes posaron para la prensa en las gradas del Eliseo.

Gadafi había salido del ostracismo al que lo habían sometido durante años acusado de terrorista. El punto de inflexión lo marcó la liberación de uno de los acusados del atentado de Lockerbie, en el que fue volado en pleno vuelo un avión de Pan Am sobre el Reino Unido. ¿Cuál fue la causa de que, de pronto, Occidente cambiara su postura hacia el otrora denostado dirigente y se iniciara esa luna de miel que lo llevó a las principales capitales del viejo mundo? ¿Hizo, acaso, Gadafi, algún adendum al Libro Verde en el que hacía mea culpa en relación con posturas o hechos censurados?

Nada de eso. Gadafi siguió siendo el excéntrico dirigente que recibía a sus visitantes extranjeros en una carpa en medio del desierto pero, sin que el Libro Verde sufriera la más mínima variación y siguiera apostando por una tercera vía de desarrollo entre socialismo y capitalismo, realizó una serie de transformaciones de su política interna que dejó muy satisfechas a las grandes potencias europeas y a sus transnacionales.

En efecto, desde hace aproximadamente 7 años, Libia inició una serie de “reformas modernizadoras” que permitieron la desnacionalización de su principal recurso natural, el petróleo, que pasó a ser explotado por grandes firmas europeas. Hoy, aproximadamente el 30% de la explotación del oro negro que exporta Libia sale por esa vía. De ahí que de pronto Gadafi pasara a formar parte de los amigos dilectos de Europa.

Gadafi no solamente inició el proceso de reformas neoliberales sino que, además, se transformó en eficaz guardafronteras que supo cerrar el paso a quienes querían ingresar a la ciudad de la abundancia europea desde África. Miles de migrantes fueron detenidos de forma violenta, y cientos de ellos murieron, antes que llegaran a las costas de Italia, Francia o España.

Y por si fuera poco, el líder libio alejó el espectro de un régimen musulmán fundamentalista que habría sido un quebradero de cabeza en el mar Mediterráneo.

Pero ahora que su poder es cuestionado internamente después de un quiebre de la alianza gobernante, los amigos ponen pies en polvorosa y se olvidan de las sonrisas y los abrazos. Vacilan, sin embargo, en lanzarse a la aventura bélica y sacar de una vez por todas del poder al contradictorio personaje. Lo hacen solamente por razones eminentemente pragmáticas: los que ahora quieren voltear a Gadafi no ofrecen seguridades suficientes de la continuidad de esas políticas que les venían favoreciendo. Temen, también, una radicalización de los movimientos civiles de los distintos países árabes en ebullición que, como en el caso egipcio, hasta ahora se han comportado “civilizadamente” y no han saltado la valla que los llevé a cambios verdaderamente profundos.

Los Estados Unidos, cuyas transnacionales no habían participado de la misma forma que las europeas en la repartición del botín de los recursos naturales libios, ven los acontecimientos desde una distancia prudencial, y dejan que sean los Sarkozys y los Berlusconis los que se ensucien las manos en el fangal norafricano.

Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?